Que Vox está siendo el revulsivo de este ciclo electoral no se le escapa a nadie. Que lo hace sobre todo atrayendo a los descontentos con el sistema político e institucional, tampoco. En esa cruzada, la figura de Felipe VI se ha convertido en un elemento movilizador al que, de una forma u otra, se ha vinculado al Gobierno y a Pedro Sánchez. En octubre, Santiago Abascal decretó entre los suyos que se acababa el compartir espacios con el Ejecutivo y el PSOE más allá de los plenos y las sesiones de control, y eso afectaba a la vez a todo acto compartido con la Casa Real. El motivo: sus pactos con el independentismo pero esencialmente la corrupción tras el escándalo Koldo y su derivada con Santos Cerdán.
Así, Vox no fue a la apertura del año judicial en septiembre. Abascal acudió al desfile militar del 12-O como civil sin integrarse en la tribuna de autoridades. Tampoco fue a la recepción posterior en el Palacio Real ni a los actos por el día de la Constitución en el Congreso -aunque su partido hizo declaraciones en el exterior y sí estuvo en el izado de bandera en la Plaza de las Cortes-. Mucho menos Vox acudió a la conmemoración parlamentaria de los 50 años de monarquía parlamentaria enmarcado en el aniversario por el medio siglo desde la muerte de Franco. No se quiere "blanquear" a un "Gobierno corrupto" y se reprocha que se instrumentalice a la monarquía en el juego, dicen, del sanchismo.
Lo cierto es que de base, o al menos hasta ahora, Vox viene siendo uno de los principales defensores de la forma del Estado, de la bandera, de gran parte del régimen de 1978, con matices como el sistema autonómico. Sin embargo, este distanciamiento de los actos oficiales con la Corona justificada por la participación del Gobierno le ha posicionado muy cerca de partidos independentistas, que de lejos vienen rechazando dejarse fotografiar con los Reyes, o de partidos de histórica tendencia republicana como Podemos y Sumar. En los últimos años éstos han ido dejándose ver más, especialmente en el Congreso, aunque en modo reivindicativo.
Hubo una excepción de Vox el martes pasado en el Congreso de los Diputados, que acogió un breve acto conmemorativo del periodo constitucional más longevo de nuestra historia. Allí estuvieron diputados y senadores para atender a los discursos oficiales de la presidenta de la Cámara, Francina Armengol, y, sobre todo, de Felipe VI, que fue acompañado por doña Letizia. No se quedaron al coloquio posterior entre padres de la constitución, los propios monarcas o diputados. Sí se dejaron ver desde miembros del PP y el PSOE, del Gobierno e incluso de Sumar. A ese acto previo, en todo caso, no acudió Abascal, que priorizó su agenda internacional y acudió a Roma a una reunión de su familia europea, Patriots, la cuál preside. Aún es pronto para calcular si esta presencia de Vox supone una rectificación en la estrategia o una excepción.
Según fuentes nacionales de Vox, Abascal excusaba su presencia por haberse alargado la jornada de trabajo del día previo. Del lunes llegaban imágenes del presidente de Vox fotografiándose con medio centenar de jóvenes españoles, de excursión por Roma, en la escalinata de la Plaza de España. Entre el competidor directo de Vox, como es el PP, los "desplantes" de Abascal se ven como un distanciamiento artificial. Creen que se busca agitar al electorado más radical y al mismo tiempo competir en votos con el PP abriendo una brecha en la que sabe que los populares no van a entrar. Los votantes de Alberto Núñez Feijóo, de hecho, son los que más valoración tienen por Felipe VI.
Dos años de progresiva desconexión
En el partido, la postura oficial, dicen, sigue siendo la misma que antaño, no afirman que se haya producido ningún cambio Extraoficialmente se apunta a una "contaminación" política por parte del Gobierno a la institución.
Lo cierto es que en los dos últimos años ha habido un distanciamiento progresivo de Vox, que puede abordarse objetivamente. En 2023 Abascal acompañó a Felipe VI en septiembre durante las consultas postelectorales para una investidura. Después acudió a la recepción del Día de la Hispanidad y semanas después a la jura de la Constitución en el Congreso por parte de la heredera, la princesa Leonor. En ese cierre de año, además, el partido valoró por última vez un discurso de Navidad del monarca.
Durante 2024 ha habido varias cuestiones que han abierto brecha clara. Una de ellas es el posicionamiento favorable de Felipe VI a la reforma del artículo 49 de la Constitución, que rechazó Vox, o en pro de la inmigración regular como "un vector de desarrollo" mientras que Bambú zigzaguea entre avalar ese tipo de inmigración y pedir deportaciones masivas o cierre de fronteras hasta que vuelvan los jóvenes que se han marchado a buscar un futuro mejor fuera.
Se pronunció así en la última Asamblea de la ONU en la que participó junto a Sánchez. Pero también en el discurso de nochebuena de 2024, tras el que Vox ya guardó silencio. "La inmigración es un fenómeno complejo y de una gran sensibilidad social" sin la que "no podrían explicarse las sociedades del presente, abiertas e interconectadas". Clamó por una gestión adecuada, a un esfuerzo conjunto para la "integración" y "al reconocimiento de la dignidad que todo ser humano merece" a la vez que se garantiza el cumplimiento de "las leyes y las normas básicas de convivencia y civismo". "La manera en la que seamos capaces de abordar la inmigración en coordinación con nuestros socios europeos y los países de origen y tránsito, dirá mucho sobre nuestros principios y la calidad de nuestra democracia". De los aplausos dedicados a su discurso en redes en 2023, Vox pasó al rotundo silencio en 2024.
En 2025 tampoco hubo reacción clara, de aval como dos años antes. En una comparecencia días después el portavoz nacional José Antonio Fúster afirmó que "no nos apropiamos de los discursos del Rey ni de sus palabras". Aunque matizó que es "un símbolo de la unidad, sobre todo del futuro de la patria". En 2024, además, transcurrió la tramitación y posterior aprobación de la ley de amnistía. La contundencia del monarca con su discurso posterior al referéndum ilegal del 1-O en 2017 contrastaba para Vox con la resignación ante esa norma que el propio Felipe VI tuvo que sancionar. En una comparecencia en el Congreso, a mediados de año, la portavoz parlamentaria de Vox, Pepa Millán, insinuó que no debería firmarlo. Apeló a la necesidad de una "respuesta de las instituciones, los jueces y la Corona".
Tampoco ha gustado en Vox que Felipe VI entre en debates como el de Palestina cuando el principal aliado del partido en Oriente Medio es Israel y Benjamin Netanyahu. Lo hizo en esa intervención desde la ONU el año pasado, junto a Sánchez. Condenó "la masacre" en Gaza y además valoró el papel de la institución, algo que choca con el discurso antiglobalista de Vox. No tardaron en reaccionar figuras relevantes de la formación, como el eurodiputado Hermann Tertsch, que afirmó a través de las redes que con sus palabras el monarca se dejó "colar" un "panfleto socialista, globalista y totalitario". No hubo posición oficial de la formación en todo caso. La sintonía mantenida con Sánchez tan solo 24 horas antes agitó a las cuentas fake afines al partido así como algunos trabajadores o asesores afines, que criticaron la actitud con el presidente.
El Rey, en la diana de la ultraderecha en redes
No ha sido la única vez en la que se han llevado a cabo campañas de desprestigio contra el Rey, principalmente en redes sociales como X. Ocurrió durante el ciclo de protestas frente a la sede socialista de Ferraz entre 2023 y 2024 por la amnistía y los pactos con Carles Puigdemont, con campañas bajo hashtags como #FelpudoVI. Anteriormente sucedió con los indultos a los líderes del procés tras su paso por prisión y recientemente se ha dado con sucesos como la tragedia ferroviaria en Adamuz hacia doña Letizia. Precisamente, este tipo de campañas se viralizaron desde la concesión de esos indultos en 2021 y se ha dado irregularmente en estos años. Principalmente desde entornos muy juveniles vinculados a en redes sociales, pero también entre seguidores generales de Falange, nostálgicos del franquismo o de corte neonazi.
Otras figuras del espectro de ultraderecha más antisistema, como puede ser Alvise Pérez y Se Acabó la Fiesta, también han coqueteado con esta posición antiestablishment que incluye a la monarquía, y precisamente ha contribuido a la competencia con Vox.
La valoración sobre Felipe VI ha ido cayendo desde 2022 entre los votantes de Vox. Según Sociométrica, ha bajado del 7,2 al 5,5 sobre 10 actual
En Vox existe descontento con el posicionamiento de algunos temas. También internacionales que van en contra de sus intereses, como la intervención de Trump en Venezuela, la gestión del estadounidense su segundo mandato o su fijación con Groenlandia, o el acuerdo UE-Mercosur, paralizado, ha hecho a distintas figuras del partido transmitir variadas quejas a Zarzuela, según publicaba El Periódico de Cataluña este sábado aludiendo a fuentes de Casa Real. No les gusta, según el diario, sus continuas alusiones a la polarización o al respeto del derecho internacional. De hecho, este martes pasado apeló al entendimiento entre diferentes.
Discurso antisistema que afecta a la Corona
Las nuevas capas de la ultraderecha española, las más jóvenes, coquetean con ese concepto antimonárquico. Ven a la institución como un apéndice más del sanchismo, además de un ente desconectado del pueblo y que supone un gasto público mientras se les cierra de bruces el acceso a la vivienda o la estabilidad laboral. Hay que recordar que la mayoría de electores menores de 30 años han crecido no con la etapa de esplendor tras la Transición, sino con la de decadencia -según las encuestas de entre 2008 y 2014- de la Corona que acabó zanjándose con la abdicación de Juan Carlos I y la sucesión.
Aunque el distanciamiento provocado por Vox no es rupturista, sí que permite influir a la hora de ensanchar sus nichos electorales. Además de aglutinar a votante más nostálgicos, residuales, permite abrirse a los populares que extrañan un Rey más duro y a más jóvenes desencantados, pero también a electores que no se identifican con ninguna sigla, que vienen situándose en la abstención durante mucho tiempo y que en otras ocasiones incluso han podido apoyar regularmente a la izquierda. Al hablar del problema de la vivienda, independientemente del punto de vista con el que se haga, completamente opuesto a la izquierda; del deterioro de servicios públicos y de los barrios -ligándolo a la inmigración-, y otros temas de corte social, que haya un distanciamiento con Zarzuela supone un plus estratégico.
Precisamente ese giro discursivo, que se potencia desde finales de 2023 y en estos dos últimos años con la expulsión de figuras clásicas y el ascenso de nuevas voces como el diputado y portavoz nacional de Vivienda, Carlos H. Quero, ha permitido ensanchar la base a Vox. Durante los últimos años se ha aprendido de los socios europeos, de las fórmulas para abrir espacios y consolidarse entre el electorado más allá de los segmentos de derecha tradicional. Vox ha virado de una posición muy conservadora, especialmente en lo moral, hacia una propuesta ampliamente populista de corte nacional, nativista y antielitista, y eso le permite ahora en Aragón y Extremadura ganarse el voto protesta contra el bipartidismo y las élites -en las que podría incluirse la monarquía como parte del régimen del 78- y ubicarse en un techo del 18% de los votos a nivel nacional sobre las encuestas.
Este proceso se inspira, entre otros, en los atravesados por la Reagrupación Nacional de Francia, por la lepenización que ha permitido aunar a obreros y desencantados del sistema en torno al antiguo Frente Nacional y a lo que reman figuras como el gurú electoral de Abascal, Kiko Méndez Monasterio. La simbiosis en Patriots es de ayuda.
Una base cada vez más alejada de Felipe VI
El partido, en definitiva, se adapta a lo que quieren sus votantes. Y solo hay que atender a lo que reflejan las encuestas más recientes que cruzan la valoración del reinado de Felipe VI con la vinculación a un partido político. Según la macroencuesta de Sociométrica para El Español publicada a principios de enero, los votantes de Vox otorgan una nota peor a Felipe VI (un 5,5 sobre 10) de la que le dan el PP (7,9) o PSOE (6,51). Los socialistas, de tradición republicana y más críticos con la Corona quedan por encima. Esto refleja un distanciamiento de las bases del partido de Abascal con la institución en los últimos años.
Va de la mano con la nota baja que se le da a la reina doña Letizia -ha sido descrita en biografías no autorizadas como de tendencia republicana, agnóstica y de izquierdas- o a la princesa Sofía, no a la heredera la princesa Leonor, que consigue un 7,1, muy parejo a las valoraciones del resto. Se aprecia un contraste importante que apunta a que es este Rey y no la monarquía el problema para los votantes de Vox: los votantes de Abascal son los únicos que dan el aprobado al emérito Juan Carlos I con un 5,4. La encuesta no revela su tamaño de muestra.
Meses antes, en octubre, cuando Vox empieza a agitar ese distanciamiento de la Corona con el Gobierno como pretexto, Opina 360, la encuestadora de Iván Redondo, elevaba 1,2 puntos la valoración a Felipe VI. Era del 6,7 frente al 8,7 del PP y el 6,5 del PSOE. Suspende por debajo del 4,5 para Sumar. En este caso, la muestra fue de 1.201 entrevistas.
Se aprecia un ligero deterioro de Felipe VI entre las bases del partido aunque hay que tener en cuenta las distintas fórmulas de medición de las dos encuestadoras. Ahora bien, en 2022 la misma demoscópica, Sociométrica, publicó un estudio similar donde la nota era muy superior, del 7,2 sobre 10. Entonces un tercio afirmaba que el reinado era "muy bueno", otro tercio lo consideraba "bueno" y el resto lo veía algo "indiferente". En contraste, más de la mitad de los votantes del PP se quedaban con la máxima nota.
La base sociológica de respaldo a Vox, especialmente después de la última legislatura está cambiando. Aunque esta sigue siendo muy heterogenia. El distanciamiento de Abascal de la institución también se da de otras como la Iglesia católica. Al igual que monárquico, Vox tiene sentimiento religioso. La clave del éxito o el fracaso, según los analistas políticos consultados por El Independiente, es la capacidad de aunar a esas almas dispares que apoyan a la formación. Y muchas veces el silencio es el mejor método.
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