La pregunta la planteaba hace escasamente seis años el historiador Juan Francisco Fuentes: "¿Sabremos algún día toda la verdad sobre el 23-F?". Y la planteaba precisamente para recordar la "ingenua tendencia" a sobrevalorar la "capacidad del ser humano para llegar a saberlo todo sobre lo ya vivido". Porque que queden aristas incompletas, algo borrosas, de un hecho del pasado, no significa que no se conozca qué pasó con bastante exactitud, ni justifica una "teoría conspirativa". El "error", subraya el catedrático de la Universidad Complutense, reside en considerar que un relato solo puede ser "veraz cuando explica un acontecimiento en su totalidad y no deja resquicio por esclarecer", cuando lo cierto es que una reconstrucción integral, minuto por minuto, con detalles a veces nimios, "solo está al alcance de la ficción, de la mentira y de aquellos géneros seudohistóricos que proporcionan una narración acabada y completa, sin fisuras ni puntos ciegos, de un oscuro episodio del pasado".
Mucha historia, y mucha literatura también, pesa sobre el golpe de Estado fallido del 23 de febrero de 1981. Pero la pila de documentos desclasificados este miércoles por el Gobierno —167, para ser exactos— y publicados en la web de la Moncloa, no cambian el relato ya construido sólidamente en todos estos años por los investigadores. Era lo que se esperaba. La razón por la que el escritor Javier Cercas, autor de la exitosa Anatomía de un instante, instó al jefe del Ejecutivo a tomar la decisión de levantar el secreto sobre los archivos ocultos de aquella rebelión frustrada. Para evitar más proliferación de "bulos y bolas". En efecto, los papeles que este 25 de febrero de 2026, 45 años y dos días después del asalto al Congreso, confirmaron lo que ya se sabía.
Ratificaron, sí, la narración ya expuesta en muchos obras. Y la figura más delicada del tablero, la del rey Juan Carlos I, quedaba salvaguardada. Porque no han trascendido grabaciones, si es que existieron, que le dejen en mal lugar ni que le sitúen siendo condescendiente con los golpistas en esa jornada infausta o en las que la precedieron. Tampoco los documentos dibujan un alineamiento aquel día con su antiguo preceptor y secretario de su Casa, Alfonso Armada. Señalan, de hecho, todo lo contrario. Aunque es cierto que tampoco en los ficheros desclasificados este miércoles hay registro de las intrigas previas que caldearon un ambiente que acabó siendo propicio para la conjura. Los papeles proyectan un monarca que deja claro desde los primeros momentos que no respalda las pretensiones de Armada y que exhorta a los golpistas a que depongan su actitud.
En el centenar largo de documentos publicados, no hay audios. Sí transcripciones, pero ninguna de ellas refleja las conversaciones que mantuvo desde la Zarzuela el hoy rey emérito con las capitanías generales para detener la rebelión militar. Mucho se había especulado sobre la existencia de esas grabaciones, que habrían sido útiles para conocer exactamente la posición de los jefes de las regiones militares y las admoniciones del monarca. Pero, si existieron, no están o fueron destruidas. Desde la Moncloa sí confirmaban este miércoles que no hay "nada" que se haya reservado por razones de seguridad nacional. Todo lo que figuraba como secreto en los ministerios de Interior, Defensa y Exteriores se ha difundido, insisten fuentes oficiales.
Sin embargo, sí hay algunos archivos que definen la respuesta del monarca aquel 23-F. El más detallado es uno a cargo del Cesid —el antecesor del actual Centro Nacional de Inteligencia (CNI)—, rubricado Sucinto relato de los sucesos de los días 23 de febrero de 1981 y 24 a raíz del asalto al Congreso de los Diputados según fueron conocidos en el palacio de la Zarzuela. El texto recoge fragmentos de conversaciones, algunas muy relevantes, pero no especifica si proceden de grabaciones o de testimonios orales.
Así, se describe que entre las 18.30 y las 19 —el teniente coronel Antonio Tejero, fallecido precisamente este miércoles, había entrado en el hemiciclo pistola en mano a las 18.22—, el Rey recibió una llamada del general Alfonso Armada, en la que le comunicaba su intención de ir a la Zarzuela. Juan Carlos I le contestó "que no, que continúe en su puesto". Una conversación, precisa el informe, conocida por haberla referido él mismo por el secretario general de la Casa, Sabino Fernández Campo y el coronel Gómez López. A las 19, el secretario general habló con el jefe de la División Acorazada Brunete, general José Juste. Este le preguntó "insistentemente" si Armada se encontraba en la Zarzuela, y "tenía más interés por conocer dicha noticia que por dar conocimiento de la situación de la División". Fernández Campo le trasladó que "en absoluto" estaba allí Armada.
No incorpora el documento la frase que quedó para la historia, el "ni está ni se le espera" que el número dos de la Casa trasladó al general Juste. Pero sí se recoge la respuesta muy ilustrativa de este: "Esto cambia totalmente la situación". El jefe de la Brunete se dio cuenta en ese momento de que el Rey no respaldaba la asonada militar porque no tenía a Armada a su lado. Más aún, según sigue detallando el informe, Juan Carlos I decide no autorizar a Armada, "de ninguna forma", a que acuda a la Zarzuela.
El fichero del Cesid sigue narrando que el Rey habló a continuación con todas las capitanías generales, zonas marítimas y regiones aéreas pero el contacto con la III Región Militar, la que dirigía el teniente general Jaime Milans del Bosch, que había sublevado Valencia y sacado los tanques a la calle, "resulta difícil". Finalmente, consiguió contactar con él, "sobre las 19 o las 19.15", y este le preguntó si había hablado con el general Armada. Le pidió que lo hiciera.
A las 19.30 se decidió que se transmitiese por televisión un mensaje por televisión, pero en aquel momento RTVE seguía ocupada por los golpistas. Hacia las 20.20 horas, Fernández Campo pudo conversar telefónicamente con el atrincherado Tejero. "¿Qué es lo que pretendes? Depón tu actitud inmediatamente", le espetó al teniente coronel, que le dijo que no recibía más órdenes que las de Milans. "Pero tú has invocado el nombre de Su Majestad el Rey. ¿Por qué? ¿Por qué?", le inquirió "repetidas veces". Y Tejero le reiteró que él solo obedecía a Milans.
Entre las 20 y las 21 horas se produjo otra llamada decisiva. Una conversación "muy tensa" del Rey con Armada, de la que no se cuentan detalles. Se añade que el monarca pasó el teléfono a Fernández Campo. También sobre esa hora el jefe del Estado decidió transmitir a la Junta de Jefes de Estado Mayor (Jujem) y a todos los capitantes generales un mensaje muy similar al que luego leería ante las cámaras de TVE: que para "evitar cualquier posible confusión", confirmaba que había ordenado a las autoridades civiles y a la Jujem que tomasen las "medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente". Es decir, que bajo ningún concepto respaldaba el golpe.
A las 23.30, un equipo de TVE pudo por fin acceder a la Zarzuela, pero no salió de allí con la grabación del mensaje del Rey, vestido con uniforme de capitán general del Ejército de Tierra, hasta una hora más tarde. El discurso se emitió a la 1.12 de la madrugada y ocho minutos más tarde don Juan Carlos transmitió por teléfono a Milans su "rotunda decisión" de mantener el orden constitucional. "Después de este mensaje ya no puedo volverme atrás. Cualquier golpe de Estado no podrá escudarse en el Rey, es contra el Rey", le dijo. Le ordenó que retirase todas las unidades que había movido y que a su vez dijera a Tejero que depusiera su actitud. Y dejó otra sentencia para la historia: "Juro que ni abdicaré la Corona, ni abandonaré España. Quien se subleve, está dispuesto a provocar y será responsable de ello, una nueva Guerra Civil". Milans se comprometió a cumplir sus órdenes pero le avisó de que Tejero ya no le obedecía.
Valencia aún tardaría algo más en rendirse. Hizo falta una nueva llamada del Rey a Milans, a las 4 de la mañana del 24 de febrero. "Esto tiene que acabar de una vez", le advirtió, rogándole que lanzara un nuevo bando que sustituyera el que había dictado la tarde anterior. El nuevo comunicado se emitió a las seis de la mañana. El siguiente en rendirse fue Tejero.
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