Se acerca la hora. Las 9.30 de la mañana. Los ministros departen como siempre en el café previo a la reunión del Gabinete. Los cinco de Sumar se separan. Se marchan a una sala contigua, situada enfrente de donde están todos los demás. Se plantan. Es su gesto. Su forma de verbalizar que no van a entrar al Consejo de Ministros. No si no se soluciona su discrepancia. Quieren que se incluya en el paquete anticrisis por la guerra de Irán la prórroga de los alquileres y la limitación de los márgenes empresariales. Y advierten que no cederán si no se busca una fórmula que satisfaga a todos.
El bloqueo. Sumar necesitaba este viernes echar un pulso, y muy fuerte, para intentar mover al PSOE. Las conversaciones sobre el plan de respuesta integral a la guerra de Irán habían colonizado los últimos días y se habían prolongado hasta la madrugada anterior. Era Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, el que había estado en las horas previas hablando con los grupos y con el socio minoritario. Pero este viernes él no estaba allí, en la Moncloa, sino en Roma. Acompañaba a los Reyes a su primera audiencia con el papa León XIV en Ciudad del Vaticano.
Los ministros de Sumar habían llegado al complejo presidencial conjurados. Habían comprobado que en el borrador de real decreto ley que les había hecho llegar Bolaños no aparecían sus dos principales demandas. Ni la prórroga automática de los alquileres, una vieja reclamación que llevaban meses poniendo sobre la mesa y que el PSOE rechazaba —en buena medida, porque la consideraba contraria a la Constitución—, ni un mayor control de los márgenes empresariales, para evitar que las ayudas fiscales no acabaran trasladándose a precios. Los socialistas no habían dado su brazo a torcer, con el argumento de que si se introducían medidas no consensuadas, no transversales, podrían decaer, porque Junts, cuyos siete votos son decisivos en el Congreso, mantiene en vivienda posiciones tan duras como las del PP. Pero sus socios no se rinden. No les basta ese argumento.
Por eso, cuando ya está finalizándose el café previo al Consejo, los cinco ministros de Sumar —Yolanda Díaz, Pablo Bustinduy, Mónica García, Ernest Urtasun y Sira Rego— se apartan y se marchan a otra sola. Urtasun, portavoz del socio minoritario, se dirige a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, la otra gran negociadora socialista. Es ella, dada la ausencia de Bolaños, la que habla con el ministro, luego también con Díaz. No hay forma de desencallar la situación.
Los ministros de Sumar marchan a una sala contigua. Se plantan. A partir de ahí Urtasun y Díaz hablan con Montero. Después se une Sánchez, que entra en la negociación con los cinco responsables de Sumar del lado de su dos y de Cuerpo
Sánchez entonces entra en la negociación. Deja la zona del café con los ministros socialistas y se dirige a la sala donde están congregados los cinco de Sumar. Y allí, con Montero al lado, y también con el titular de Economía, Carlos Cuerpo —otro de los hombres claves de esta semana, y cuyo peso ha ido creciendo en el seno del Gabinete—, y con Bolaños al teléfono desde el Vaticano, van desbrozando el acuerdo. No hay una charla a dos, entre Sánchez y Díaz, sino a ocho. Y así se halla la fórmula que salva la crisis. La puerta de salida: que se apruebe no uno, sino dos decretos leyes. Uno, con todas las medidas para aliviar la subida de los precios de los combustibles y que también incorpore el añadido que exige Sumar, la vigilancia de los márgenes empresariales, aunque con una redacción algo menos ambiciosa, puesto que lo que se pacta es dotar de más poder de supervisión y sanción a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).
El segundo decreto, solo con la congelación de los contratos de arrendamiento y el tope del 2% de las actualizaciones de las subidas del alquiler. La idea es que no peligre el primer texto, el que engloba el grueso de las medidas, que obtenga la convalidación de la mayoría de los grupos la semana que viene en el Congreso. El de vivienda se someterá a debate más adelante, en el plazo de un mes, y lo probable es que decaiga por falta de apoyos, pero el socio minoritario cree necesario dar la batalla política, forzar a la derecha a que se retrate y explique por qué quiere desproteger a los inquilinos en plena subida de precios.
Así, se ata la redacción, lo más trabajoso, lo que más tiempo lleva. Pero el reloj corre. Pasadas las 11.30, después de algo más de dos horas de conversaciones, de tira y afloja, el acuerdo ya está trabado y puede comenzar el Consejo de Ministros, aunque en Sumar algunos trasladan el mensaje de que el toque final se cierra en plena reunión del Gabinete. En ella, los ministros afectados por el contenido de los decretos explican a sus compañeros el contenido. Al cabo de una hora, el Consejo concluye.
El presidente comparece algo más de dos horas después de lo previsto y anuncia un paquete de 80 medidas y 5.000 millones y se centra menos en el segundo decreto, el de prórroga de los alquileres
Sobre las 13.10, dos horas y diez minutos más tarde de lo previsto, el presidente comparece ante los medios y explica los dos textos. Se centra sobre todo en el primero, en el que contiene 80 medidas para mitigar el impacto negativo del conflicto en Oriente Próximo y que supone una movilización de 5.000 millones de euros. Bajadas fiscales de la luz, de la gasolina, del gasóleo; ayudas a los transportistas, al campo y a la industria electrointensiva; prórroga del escudo social. Explica brevemente el segundo decreto, el de alquileres, y él mismo asume que no cuenta con la "mayoría suficiente" para ser convalidado. Los periodistas le preguntan qué ocurrió dentro, cómo vivió el plante de los ministros de Sumar.
—El salseo es interesante para los medios de comunicación —despacha Sánchez—, pero en fin, yo es que creo que estamos hablando de un plan muy relevante, muy importante y es al final el resultado de todas esas horas de negociación que hemos tenido a distintos niveles. Yo, por tanto, con eso me quedo.
Un gesto sin precedentes
Lo que el presidente motejaba como "salseo" había sido, en realidad, un capítulo inédito en la historia de la coalición. Desde 2020, el líder socialista capitanea gobiernos bipartitos, pero nunca su socio minoritario —antes, Unidas Podemos; ahora, Sumar— se había plantado y había frenado el arranque de un Consejo de Ministros. Se habían estirado las negociaciones hasta el límite, se había dado vueltas a los textos, se habían prolongado durante horas y horas reuniones del Gabinete, como en pandemia —él mismo lo recordó—, pero no la imagen de cinco ministros separándose del resto y advirtiendo de que no podrían avalar el plan de respuesta a la guerra si no se incluían medidas de vivienda y de limitación de los márgenes empresariales.
Para Sumar, es clave dar la "batalla" con el decreto de vivienda, aunque vaya a decaer en un mes: "Por primera vez en la legislatura vamos a una votación en el Congreso con el Gobierno a la ofensiva"
Sumar había decidido apretar a fondo. La noche anterior había sido "dura", como reconocen en el ala socialista. Pero, para la formación de Díaz, baldía. Así que sus ministros hicieron bloque. "Estamos innovando en la forma de presionar al PSOE", señala una ministra del sector magenta, satisfecha del acuerdo final y de la estrategia. Otro de sus compañeros se congratula, sin disfrazar la aspereza de las conversaciones con los socialistas: "Ha sido una negociación dura, difícil, sí, pero el resultado es muy bueno. La prórroga es una batalla crucial y todo el mundo sabía la importancia que tenía para nosotros y lo que ha costado conseguirla. Por primera vez en la legislatura vamos a una votación en el Congreso con el Gobierno a la ofensiva. Y hay dos millones de personas afectadas por esto. Gente de izquierdas y de derechas a las que les va a vencer su contrato. Vamos a dar la batalla con todo". Para Sumar, también es relevante haber conseguido reforzar el papel de la CNMC para supervisar y sancionar que las bajadas se trasladan a los ciudadanos: "Una rebaja fiscal sin mecanismos de control, con las dificultades que tenemos en el Congreso para adoptar gravámenes sobre beneficios extraordinarios [el que se impuso con la guerra de Ucrania para las energéticas no se pudo prorrogar por el rechazo de PNV y Junts] era absolutamente esencial".
Sumar, igual que el PSOE, es consciente de que el segundo decreto probablemente naufragará por el rechazo de los posconvergentes. Pero, a diferencia de sus socios, cree necesario al menos aumentar la presión sobre la derecha. Y por eso el mes de plazo que se abre ahora hasta el debate de convalidación de este texto —el otro, el que contiene las 80 medidas para aliviar el alza de los precios, se votará el próximo jueves— es fundamental para fijar el relato. Para dar la batalla política. "Este sábado se publica en el BOE y el domingo entra en vigor. Y lo vamos a pelear". El hermano pequeño del bipartito incide en que la prórroga de los alquileres no era solo "una cuestión interna" del Ejecutivo, porque estaba avalada por "cuatro grupos parlamentarios [ERC, Bildu, BNG y Podemos], los sindicatos y hasta Oxfam y Amnistía Internacional". "Y ahora que la congelación de los contratos de arrendamiento", continúa otro líder de Sumar, "está sola y separada en un texto único, va a ser difícil que se fije la atención solo en el Gobierno, porque ahora la derecha tendrá que decir qué es lo que no le gusta para hacerlo caer".
Tanto en Sumar como en el PSOE subrayan que, pese a la imagen trasladada hacia fuera, esas más de dos horas de incertidumbre con poca información en las que parecía que el Gobierno podía llegar a saltar por los aires, nunca se desbocó la tensión. "No estuvo sobre la mesa la ruptura de la coalición, en absoluto —relata una integrante de Sumar en el Consejo de Ministros—. Precisamente se ha visto que para influir es mejor estar dentro del Gobierno, porque desde fuera te limitas a votar sí o no, pero dentro puedes hacer que los textos cambian. Pero no fueron horas tensas. Nosotros claro que habríamos preferido que todo hubiera ido en un solo decreto ley".
"Se ha visto que para influir es mejor estar dentro del Gobierno, porque desde fuera te limitas a votar sí o no, pero dentro puedes hacer que los textos cambian", asegura una ministra de Sumar
La única salida disponible era la de trocear, una fórmula ya recurrente para evitar los tropiezos. "La idea de acordar dos decretos la hemos acordado ambos socios", indican las dos partes. "Y lo importante es que hemos sabido reconducirlo todo y llegar a un resultado satisfactorio", añade un ministro de Sumar. En público, satisfacción sin dudas: el acuerdo es "excelente" y el Gobierno sale "fortalecido", verbalizó Urtasun. "Estamos para gobernar y para lograr avances, ese es el papel de Sumar", continuó.
Para el PSOE, importan las medidas
También se felicitan en la Moncloa. En el equipo del presidente cuentan que no se sintió angustia, "ni crispación". Simplemente que Sumar entendía que no le valía el borrador de decreto, y que había que sentarse a trabajar para buscar una salida al laberinto. "Pero este viernes ha sido de éxito. Nada puede empañar las medidas tomadas, que es lo importante", como tampoco las diferencias que surgieron en aquellos Consejos de la pandemia opacaron las duras decisiones que hubo que tomar, indican en el ala socialista. "Tras más de seis años de Gobierno de coalición, se han visto las discrepancias, pero también la capacidad para llegar a acuerdos, y la convivencia es agradable dentro del Ejecutivo", prosiguen.
En el equipo de Sánchez subrayan que este viernes ha sido "de éxito", porque nada, tampoco la tensión en el Ejecutivo, puede "empañar las medidas". Lo sucedido muestra la capacidad de "acordar"
Sánchez minimizó en todo momento las diferencias internas, las calificó incluso de "activo", no de lastre, porque las iniciativas nacen de un rico "contraste" de ideas, de un debate interno, y eso carga de más "legitimidad" las decisiones tomadas. Y es, además, lo normal en Europa, el pan nuestro de cada día de los gobiernos de coalición, es "la política del siglo XXI". "No creemos para nada que haya sido un mal día, no se ha erosionado la imagen de la coalición. A los ciudadanos les llegan las medidas, estas cuestiones son para los más cafeteros", justifican en la sala de máquinas. Es, lo dijo el presidente, "salseo". Y si él se confesó "enfadado" no fue por su choque con sus socios, sino por "la situación a la que nos están llevando determinadas decisiones y determinados gobiernos", una guerra "ilegal" que está costando miles de vidas y que, en términos económicos, ya tiene una factura en España: 5.000 millones que podrían destinarse, añadió, al apuntalamiento del Estado del bienestar y que en cambio ahora se usarán para proteger a ciudadanos, empresas y sectores de la escalada de los precios.
En el PSOE se sienten satisfechos con la solución hallada porque salva la cara de las dos partes. Por un lado, porque casi con seguridad el paquete de medidas anticrisis resultará convalidado —el PP no aseguró su voto, aunque celebró que el Ejecutivo haya "copiado" sus medidas, y Junts aplaudió que Sánchez "compre" sus rebajas fiscales—, sin que se vea contaminado por la cuestión de los alquileres, que podía hacerlo descarrilar. Y por otro lado reconoce que al aprobar un segundo decreto se manda "un mensaje a la ciudadanía": que el Gobierno es "consciente" de que la vivienda es un severo problema, que se irá agravando, pero no tiene los votos necesarios para actuar. "El pulso no nos lo ha echado Sumar a nosotros, ni ha estado en riesgo la estabilidad del Gobierno", alegan en la Moncloa.
Entre los socialistas también se cree que su socio minoritario necesitaba sacar la cabeza tras el batacazo de Castilla y León y por su competencia con Sumar, y recuerdan que enviar un decreto sin apoyos es tanto como "celebrar derrotas"
Sin embargo, entre los socialistas también ha molestado la insistencia de Sumar en un asunto ahora trasladado a un decreto que apenas tendrá un mes de vida: "Celebran derrotas", en palabras de un ministro. La pataleta del socio minoritario, creen en la Moncloa, obedece a su voluntad de sacar la cabeza en un momento de caída electoral —se vio en Castilla y León— y de eterna competición con Podemos, que en los últimos días ha recibido más foco por el acto del 9 de abril de la eurodiputada Irene Montero y el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián.
Con votos para la convalidación (en teoría)
De entrada, al Ejecutivo le saldrían los números para el paquete anticrisis. Para empezar, porque Junts emitió un comunicacido con el que se jactaba, no sin retintín, la posición del Gobierno: Sánchez "ha comprado todas las rebajas fiscales" que el partido proponía, y eso es "clave" para valorar el voto favorable. Ni una palabra dedicó al decreto de vivienda. Pero también está de acuerdo ERC: "En el contexto actual, cualquier medida es buena, por muy insuficiente que sea. Rufián aplaudió que Sumar utilice "toda su fuerza negociadora" para empujar a los socialistas con un tema tan importante como la vivienda.
Junts se jacta de que Sánchez "ha comprado todas las rebajas fiscales" que planteaba. ERC aplaude que Sumar use su "fuerza negociadora" y recalca que toda medida es buena, aunque sea insuficiente
Bildu, por su parte, no comparte la "rebaja generalizada de impuestos sin control de precios", pero se alegra de que se rescate el escudo social. "Las consecuencias de esta guerra no las puede pagar la gente —valoró por su parte Ione Belarra, líder de Podemos—. Sin tope a los precios del carburante y los alimentos estas medidas solo servirán para engrosar a las grandes empresas y sus beneficios. Separar la vivienda es abocarla al fracaso. Así no". Los morados, no obstante, no adelantaron el sentido de su voto. El PNV tiene una visión más positiva: el plan "sigue la filosofía" de sus propuestas y está "satisfecho" de que se hayan atendido sus demandas. El articulado sobre vivienda lo deja en barbecho: se tomará "el tiempo necesario para estudiarlo".
Miguel Tellado, número dos del PP, se mofó del "chantaje" de Sumar al Gobierno, se burló de un presidente "vapuleado" e "hipotecado" y con la "dignidad política por los suelos". Pero sí reconoció que parte de sus propuestas estaban recogidas en el decreto. El principal partido de la oposición emitirá su voto tras conocer la letra pequeña del decreto. Al texto de vivienda sí respondió con un rotundo no.
Podemos objeta la división en dos decretos, pero no adelanta el sentido de su voto. El PNV, contento con el paquete anticrisis. El PP no dice qué hará, aunque celebra las bajadas fiscales
Sánchez salvaba la primera prueba a nivel doméstico de la guerra de Irán, pero sin evitarse un choque con Sumar que no pensaba que podía llegar tan lejos. El Gobierno en su conjunto aguanta. Pero este 20 de marzo de 2026, sin duda, quedará marcado en la historia de la coalición.
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