No a la guerra. Apenas habían pasado unos segundos desde que Pedro Sánchez subió a la tribuna del Congreso por primera vez este miércoles en el Congreso y ya entonó el grito que llenó las calles hace 23 años contra la invasión de Irak. Y desde entonces, esa comparación con lo que ocurrió en 2003, con una agresión que avaló el Gobierno de José María Aznar, y lo que ahora ocurre en Irán estuvo muy presente. Prácticamente en cada segundo de su intervención inicial en el pleno. Para insistir en que el "silencio" o el "apoyo" que hoy prestan PP y Vox a la incursión de EEUU e Israel sobre el régimen de Teherán también contribuyen al "desastre absoluto" de este conflicto. "Callar ante esta guerra injusta e ilegal no es prudencia y lealtad, es cobardía y complicidad", martilleó.

El presidente del Gobierno no quería que su comparecencia este 25 de marzo en la Cámara baja, cuando se cumple casi un mes de los primeros bombardeos de Washington y Tel Aviv sobre Irán, fuese burocrática, aséptica, descriptiva, como en otras intervenciones en sesiones monográficas, de esas que acoge el hemiciclo cada poco tiempo. Hiló un discurso netamente político y a la ofensiva desde el primer minuto, apoyándose en el No a la guerra y refrescando lo que supuso aquella agresión de EEUU que la España de Aznar apoyó sin fisuras. Su objetivo, y más en plena precampaña de las elecciones andaluzas del 17 de mayo, era contrastar la actuación de aquel Gobierno y del suyo, hasta en el terreno de las ayudas, porque entonces el Ejecutivo no hizo "absolutamente nada" para proteger a las familias, ciudadanos y empresas, y la actual coalición trabaja, como en las anteriores crisis, para "no dejar a nadie atrás". Ahora, con un primer paquete de respuesta de 80 medidas y 5.000 millones de euros movilizados.

Sánchez subraya que Aznar arrastró a España a la "locura" de la guerra de Irak solo para que Bush "le invitara a un puro y pudiera poner los pies sobre la mesa". "Una guerra a cambio de ego", señala

"Hay fechas que no se olvidan", se arrancó Sánchez, y una de ellas es la del 15 de febrero de 2003, cuando "más de tres millones de ciudadanos salieron a manifestarse" a las calles de toda España "con un mensaje sencillo y rotundo: No a la guerra". Era el lema de protesta contra la "locura" a la que Aznar arrastró a España porque quería "sentirse importante", porque quería, ridiculizó, que el entonces presidente americano, George W. Bush, "le invitara a un puro y pudiera poner los pies sobre la mesa". Apoyó la guerra "a cambio de ego, la dignidad de un país a cambio de una foto".

El presidente recordó que lo que vino después fue el "mayor desastre geopolítico desde Vietnam", una "guerra ilegal en Oriente Medio" que dejó más de 300.000 muertos, más de cinco millones de desplazados, un país "en ruinas" y un "torrente de inestabilidad que se extendió a toda la región", que sirvió para galvanizar a Al Qaeda, que estimuló la creación del Daesh y "reforzó" al régimen de los ayatolás". Subrayó que la posición de Aznar generó "tensiones" entre los Estados miembro de la UE por su apoyo a una intervención que generó alzas de precios, crisis migratoria, atentados yihadistas. "Y aun así el señor [Alberto Núñez] Feijóo insinuó que si ahora se produce una nueva ola de atentados será por la regularización de inmigrantes que prepara el Gobierno. ¡Qué cinismo y qué falta de respeto a las víctimas!", espetó.

La historia se repite, no como farsa, sino como tragedia", y a Aznar, dice, "le han reemplazado Feijóo y Abascal, y a Bush, Trump". "Callar ante una guerra injusta es cobardía y de complicidad"

Y si Bush y el primer ministro británico, Tony Blair, acabaron "pidiendo perdón" por Irak, por haber conducido al mundo a una guerra con la mentira de las armas de destrucción masiva, Aznar ha insistido en que "no se arrepiente de nada y que nunca lo hará, esa es su catadura moral", reprochó. Sánchez entonces saltó al presente, dado que "la historia se repite, no como farsa, sino como tragedia": a Aznar le han "reemplazado Feijóo y [Santiago] Abascal y a Bush, [Donald] Trump". "Y en lugar de Irak tenemos Irán, un país dos veces más poblado y con un peso en la economía global cinco veces mayor", alertó. Teherán, además, tiene más soldados regulares que Francia, Italia y Alemania juntos, y cuenta con tecnologías muy avanzadas para resistir. Así que este no es exactamente el mismo escenario que el de 2003, señaló, "estamos ante algo mucho peor, con un potencial de impacto más alto y más profundo".

Y, para el presidente, se ha llegado hasta aquí básicamente por el capricho de Trump, porque se estaba cerca de alcanzar un acuerdo antinuclear con Irán cuando decidió bombardear el país de la mano de Israel. Por lo pronto, recapituló, ya hay casi 2.000 muertos confirmados, cuatro millones de desplazados en Irán y Líbano, un primer ministro Benjamin Netanyahu "envalentonado" que quiere repetir "el mismo sufrimiento que Gaza", 12.000 millones de dólares de dinero público gastados en operaciones militares, una respuesta del régimen de los ayatolás "cruel e ilegal a sus países vecinos" que España "condena y rechaza", una contracción "severa" del turismo y del comercio mundiales, un impacto que ya está impactando en España con subidas de precios y una caída del Ibex acumulada de en torno a un 9% (las empresas españolas "han perdido 100.000 millones de euros en menos de un mes, casi 5.000 millones de euros por cada día de conflicto").

El presidente señala el paupérrimo balance tras casi un mes de guerra: más inseguridad y desestabilización en la región, más oxígeno para Putin, cambio de un Jameneí por otro "aún peor"

El balance, según relató Sánchez, no puede ser peor. Este mes de guerra solo ha servido para "socavar la legalidad internacional", "desestabilizar Oriente Medio", "reavivar los conflictos de Líbano e Irak", "enterrar" Gaza bajo los "escombros del olvido y la indiferencia", llevar "más inseguridad" a unos países del Golfo que hasta ahora sí eran refugios, dar más oxígeno a Vladímir Putin, agravar las "dificultades energéticas y logísticas" de Ucrania y en Teherán, "cambiar a un Jameneí [Alí] por otro Jameneí", su hijo Mojtaba, "aún peor, más dictatorial y sanguinario que su padre" y, este sí, partidario de que Irán "desarrolle armas nucleares". En definitiva, glosó el presidente, "un desastre absoluto". "Eso es lo que han logrado los promotores de esta guerra hasta la fecha —recriminó a Feijóo y Abascal—. Y eso es lo que sus señorías del PP y Vox han contribuido con su apoyo o con su silencio. Porque los ciudadanos deben tener una cosa clara: callar ante una guerra injusta no es prudencia ni lealtad. Es un acto de cobardía y de complicidad".

A partir de ese punto, Sánchez se dedicó a desgranar qué había hecho España, cómo había materializado ese No a la guerra. Primero, el Gobierno denegó a EEUU el uso de las bases de Rota y Morón, "y no ha sido fácil", reconoció, pero lo "permite" el acuerdo militar con Washington y España es "un país soberano que no quiere participar en guerras ilegales". El Ejecutivo también ha evacuado a 8.000 españoles que quedaron atrapados en Irán y en los países del Golfo y ha aprobado ya, resaltó, un plan de respuesta que este jueves convalidará el Congreso, "el mayor escudo social y económico de toda la UE". En cambio, el Gobierno de Aznar no hizo "absolutamente nada". Sánchez lo contrastó con la exigencia que le hace el PP ahora: "No aprobó ni una sola rebaja fiscal. Cero reformas, cero ayudas. Se ve que el señor [Cristóbal] Montoro estaba demasiado ocupado enriqueciéndose y traficando con el Boletín Oficial del Estado como para preocuparse por la ciudadanía", ironizó, aludiendo al caso de presunta corrupción por el que se investiga al exministro de Hacienda. "Aun así, vamos a escuchar hoy una retahíla de propuestas, de rebajas fiscales, por parte de la oposición. En fin, dando lecciones. ¡Qué cara más dura!", recriminó.

Sánchez contrapone su plan de respuesta con las "cero reformas, cero ayudas" de Aznar en 2003: "Se ve que Montoro estaba ocupado traficando con el BOE como para preocuparse de la ciudadanía"

Sánchez presumió también de haber impulsado, con este decreto ley aprobado en Consejo de Ministros el pasado viernes, más medidas para impulsar la transición energética. Y de haber desplegado una actividad diplomática intensa para "detener esta guerra". Más aún: España ha "logrado que la UE entera se mueva" en la defensa del derecho internacional, el multilateralismo y la diplomacia, porque esas herramientas son las "mejores", sostuvo, para frenar la escalada bélica y abrir el camino de la paz.

Para Sánchez, "lo último que necesitaba el mundo era esto, una guerra ilegal, absurda, cruel" que solo sirve para alejarnos de los "objetivos económicos, sociales y medioambientales", de las "prioridades de la gente", solo para "alimentar los intereses de unos pocos, de los de siempre, de los de arriba". Esa posición "clara" del Gobierno, de rechazo a esta guerra, no va a "cambiar". "Nosotros decimos no a la ruptura unilateral del derecho internacional. No a repetir los errores del pasado. No a vestir de democracia lo que en realidad es codicia y cálculo político. En definitiva, No a la guerra. El mismo No a la guerra de hace 23 años, que corearon junto a nuestros padres y abuelos millones de jóvenes". El hilo que unía 2003 y 2026 estaba presente en su discurso de principio a fin.

Patriotismo es oponerse a una guerra ilegal que en nada beneficia a los intereses de los españoles, ni de los europeos. España es hoy una referencia en defensa de la paz y del derecho internacional", dice

Y, como hizo en la campaña de Castilla y León, el presidente exhibió orgullo patrio. Advirtió a PP y Vox de que los "dobles estándares" no crean un mundo "más justo sino más inseguro". "Patriotismo es oponerse a una guerra ilegal que en nada beneficia a los intereses de los españoles, ni de los europeos. España es hoy una referencia internacional en defensa de la paz y del derecho internacional. En un mundo incierto y carente de empatía, es un orgullo ser español", reivindicó frente a las derechas. Su bancada le respondió con un fuerte aplauso. Otro más, porque su intervención estuvo constantemente salpicada de ovaciones y de gestos de aprobación de los suyos. Los socialistas saben que el No a la guerra les activa y les cohesiona. Más en medio de una precampaña electoral en Andalucía. Otro elemento que era imposible olvidar.

El jefe del Ejecutivo insistió en que nada le torcerá, en que nada le hará retroceder, ya que su camino elegido, el del No a la guerra es el "único posible" y el "único deseado por los españoles". "Porque no es justo que unos incendien el mundo y los demás tengamos que tragarnos sus cenizas".

Reivindica la potestad de un país soberano de poder poder "plantarse [ante EEUU] cuando el camino es equivocado". Ser socio no significa, avisa, "ni obediencia ni seguidismo ciego"

Frente a PP y Vox, Sánchez también remarcó que ser un país "amigo y aliado" no significa "ni obediencia ni seguidismo ciego", "significa lealtad a unos principios, tener el coraje de plantarse cuando el camino es el equivocado, es decirle la verdad, aunque sea incómodo". Y acabó con un aviso: "España no va a ser cómplice ni de agresiones ilegales, ni de mentiras disfrazadas de libertad. No esta vez, no mientras yo sea presidente del Gobierno". De nuevo, la comparación con 2003, con Aznar. Una labor de contraste con Irak que no desapareció en toda la sesión.