España

Se quieren un espacio liberal, dentro o fuera de Vox

Espinosa de los Monteros y los críticos de Vox manejan encuestas que les dan hasta 1,6 millones de votos en unas generales

"Hay mucha gente que anima a Iván a que monte un partido, pero él no lo tiene decidido", dicen fuentes próximas • Forzar un congreso en Vox, misión imposible

Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros en la sede de Vox, en mayo de 2023, tres meses antes de que Espinosa abandonase la política por desavenencias internas
Santiago Abascal e Iván Espinosa de los Monteros en la sede de Vox, en mayo de 2023, tres meses antes de que Espinosa abandonase la política por desavenencias internas | Europa Press/ Ricardo Rubio

Hace once días el exdiputado de Vox y crítico de la actual dirección del partido, Juan Luis Steegmann, ante el peligro de que el choque de Iván Espinosa de los Monteros con Bambú derivase en una escisión por la derecha, pedía calma a través de X: "A ningún español de bien se le ocurriría fundar otro partido de derechas antes de las próximas elecciones. El patriotismo de Espinosa y de Javier Ortega Smith se demuestra en que no lo han querido así, sino reformar el que fundaron. Un gesto que les honra al poner a España por encima de sus deseos personales, y que lamentablemente retrasará un poco la caída de los dueños de Vox. Ya llegará".

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Lo cierto es que, en estos momentos, desde el entorno más íntimo del exportavoz de Vox se asegura que hay un manejo de encuestas electorales. No se ahonda en los detalles, pero sí se indica que éstas son favorables y apuntan a que, de concurrir a en unas generales, cualquier proyecto de Espinosa con él al frente lograría un apoyo en urnas de aproximadamente 1.600.000 millones de votos. Saldrían mayoritariamente de Vox.

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A diferencia del criterio de Steegmann, la idea de escisión viene sobrevolando entre algunos de los críticos más moderados de Vox desde hace tiempo. Más si fracasa el intento de reforma del partido que se busca en estos instantes. Fuentes próximas a Espinosa consultadas por este diario hace unas semanas dejaban abierto cualquier futurible, incluso la viabilidad de crear ese nuevo partido. Pero algunas voces, con todo, trasladaban que por el momento "Iván no está en eso".

En nuevas conversaciones con el El Independiente, otras fuentes próximas a Espinosa hablan con mayor detalle. Aluden a las "dudas" que tendría el exdirigente de Vox para dar o no ese paso en vista de las buenas previsiones manejadas. "Aún no ha tomado una decisión". "Hay mucha gente que le está animando, que le viene pidiendo que monte un partido nuevo" desde hace mucho, comentan. Pero uno de los principales motivos para no hacerlo es el plano familiar. Espinosa se encuentra en un buen momento personal. Personalmente está "muy relajado" y quiere seguir pasando tiempo con los suyos.

Con anterioridad, mientras planteaba su think tank, Atenea, fuentes al tanto del proceso esbozaban un dilema similar. Aunque también abordaban una limitación económica. Es más, se comentó a este digital contactos de Espinosa con figuras del Ibex y del sector inmobiliario, en el que se movió Espinosa en sus primeros meses tras dejar la política.

Desde Vox, se anima a que los críticos hagan lo que quieran, si eso permite que se desvinculen de forma definitiva la organización. "Si lo que queréis es montar un partido, adelante, hace falta de todo. Nosotros estamos bien y tenemos claro el camino", llegó a escribir la diputada y sobrina de Kiko Méndez-Monasterio, Rocío de Meer, en X hace casi dos semanas, al anunciar Espinosa su manifiesto y recogida de firmas para la convocatoria de un congreso extraordinario para debatir el rumbo del partido y la "deriva" que habría propiciado el "búnker" de Abascal.

Un congreso complicado de forzar

Entre los críticos son conscientes de que la idea de reformar Vox y de forzar esa asamblea general extraordinaria es inviable por la "opacidad" de la organización y las trabas en el camino. Más tras la apertura de expediente disciplinario a Espinosa, que acabará expulsado como Ortega y Antelo. Pero los críticos saben que esto les permite tener atención y reconocimiento público al menos, algo importante de cara a cualquier salto político. De ahí, por ejemplo la tournée de entrevistas de Espinosa. También de Ortega Smith o Antelo, aunque no estarían tan implicados en un proceso electoral como otras figuras que colaboran activamente con Atenea.

La semana pasada Espinosa reconocía en redes haber superado las 2.000 firmas para presionar a esa convocatoria. Deducía que en vista de los avales de Abascal -el 10% requerido- para presentarse a la reelección en la última asamblea de 2024, harían falta entre 2.900 y 3.200 firmas para conseguir abrir ese debate formal.

En las cuentas de 2024 de Vox, las más actuales a falta de que se publiquen las del año pasado, se reconocía que de los más de 66.000 afiliados solo algo más de 32.000 están al día con sus cuotas y tienen pleno derecho de decisión [esto ya se daba con anterioridad]. La duda es si de esos más de 2.000 apoyos cosechados por los críticos, todos son afiliados y si esos cumplen con los pagos en Vox. Y es que la web promovida para impulsarlo deja opciones a simpatizantes y otros perfiles a mostrar el apoyo, lo que engordaría la suma. Así lo recalcan en Vox.

La pugna con Vox ha permitido a Espinosa y a los críticos estar de nuevo en el foco y ganar visibilidad entre los afines

El deseo de Espinosa y los suyos es devolver el carácter liberal inicial a Vox, cuando se creó en 2014 de la mano de figuras como Alejo Vidal-Quadras y un Abascal curtido en el PP y aupado hasta la fecha por la liberal Esperanza Aguirre. Se quiere ocupar un espacio ideológico de distancia con el PP, al que se ve cerca de principios de socialdemocracia, pero tampoco llegar al extremo del nacionalpopulismo que ahora impera en la estrategia de Vox, según los críticos. Un cambio de rumbo ideológico que tensionó la convivencia de Espinosa en Vox en 2023 y acabó con su salida en agosto.

Se busca una propuesta pro OTAN, sin matices, y que vuelva a ir de la mano de figuras como Giorgia Meloni en ECR y no con Viktor Orbán, con quien el partido se ha volcado recientemente en una cumbre de Patriotas y de cara a sus próximas elecciones generales de abril. Los críticos que están de lado de Espinosa quieren un partido que esté preocupado por la inmigración masiva, pero alejado del cierre total de fronteras o de conceptos como remigración. Sí que priorice una formada, regular y vinculada al trabajo para contribuir al país. Y que no se centre únicamente en los extranjeros, sino también en la economía y la sostenibilidad del sistema, entre otros, de pensiones. Algunas de las claves están en el libro de Espinosa, España tiene solución.

Es una distinción clave que, por ejemplo, no se da con Juan García-Gallardo, también crítico pero con una apuesta igual o más dura que Vox, aunque alejado de ese dominio del clan Ariza y de Méndez-Monasterio. De hecho, al margen de lo que se plantea en torno a Espinosa, hay quien cree que García-Gallardo busca un impulso electoral propio: un partido más duro en inmigración y más pegado a los intereses de los jóvenes. Unos espacios que a su juicio ha dejado huérfano Vox. Con anterioridad ha pedido por redes que haya un partido así, sin posicionarse para liderarlo, pero asegurando que "habrá novedades". Por ahora, participará en una conferencia sobre remigración organizado por la entidad Frontera.

Años sin hablar con Feijóo

Desde la creación de la fundación ha habido notable acercamiento del PP a Espinosa. Fue el único partido que acudió a su presentación en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) el pasado 25 de septiembre. Pero no al nivel que señala Vox, destacan los críticos. Bambú se lanza contra Espinosa y los suyos por dejar, dicen, teledirigirse desde Génova. Creen que el interés es el de o bien cambiar el rumbo de la dirección nacional para minar electoralmente en beneficio del PP de Alberto Núñez Feijóo, o bien dar ese giro ideológico para someterse al criterio de los populares como pasa entre PSOE y Sumar, ejemplifican.

Hay una estrategia clara de Vox de intento de desactivar a los excargos, que a la vez refleja un temor a que esto acabe deteriorando a la formación. Se declara que "no tiene sentido hacer ningún congreso extraordinario" en un periodo en el que el partido está creciendo, dijo la portavoz parlamentaria, Pepa Millán. Otras figuras como el portavoz económico de Vox, José María Figaredo, insisten en que ya hubo una asamblea en 2024 que dio su confianza para que Abascal y su Comité Ejecutivo Nacional (CEN) tomen las decisiones que consideren oportunas.

Desde el entorno de Espinosa sí se acreditan ofertas de colaboración por parte de los populares, como puede ser la participación como 'independientes' de algunas de las figuras de Atenea, y especialmente de Espinosa, en futuras listas electorales. A ello se habría dicho que no. Las conversaciones entre ambas partes sí se han ido incrementando con el tiempo. Aunque quien está al tanto de esas conversaciones las reduce principalmente a la diputada y portavoz adjunta en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, esporádicamente a Miguel Tellado, el secretario general del PP, y "algún otro". "Hace años que no habla con Feijóo", se matiza.

Sin embargo, estos contactos valen a Bambú para arremeter contra Génova y el líder del PP. El Independiente dio cuenta de un primer encuentro de tanteo por parte de un "alto cargo" del PP para fichar a Espinosa y a Rubén Manso. Fue en enero de 2024. El Confidencial dio cuenta de una segunda reunión meses después, en junio.

Una sangría de votos para Vox

Esos 1,6 millones de votos harían un importante roto territorial a Vox sin que eso permitiese a Espinosa competir necesariamente con Abascal en todas las provincias. Sí en las principales como Madrid, Barcelona, enclaves del mediterráneo y de Andalucía, o dentro de Castilla y León. En todo caso, sí podría afectar a la capacidad de Vox de conseguir escaños en el reparto con PP y PSOE -sin peligro de Sumar, muy desactivado ahora mismo-.

Esos mismos 1,6 millones de votos permitieron a Ciudadanos conseguir 10 escaños en las generales de noviembre de 2019

Esa estimación que manejan los críticos sería el 52,3% de los 3.057.000 papeletas que Abascal sacó en las últimas generales de 2023, fruto del 12,38% de los votos. Aunque ahora la base electoral de Vox según las encuestas es más ancha, en torno al 16-19% de los votos, lo que supondría un aumento aproximado a los 4 o 4,5 millones de votos. Ese robo de papeletas seguiría suponiendo una sangría importante: un tercio de esa fuerza actual.

Por hacer una comparativa, ese 1,6 millones de votos (6,8%) fue lo cosechado por Albert Rivera en las elecciones de noviembre de 2019, lo que le dio 10 diputados en el Congreso. Las encuestas publicadas en las últimas semanas no detectan ninguna caída de Vox, únicamente el CIS de marzo prevé una bajada del 18,9% al 16,6%. Hasta la fecha Se Acabó la Fiesta ha sido la única amenaza de Abascal, aunque se ha ido desinflando desde el golpe electoral de las europeas de 2024. Se ha pasado de un trasvase estimado en unas generales del 10-15% de Vox a SALF a que este sea menor al 5%.

Lo que pase en Andalucía en las elecciones del 17 de mayo permitirá comprobar el estado por el que pasan Abascal y Vox y puede ayudar a los críticos a decidir si se da o no ese salto. Desde la derecha se advierte que cualquier nuevo proyecto puede dinamitar el espacio y dar alas a Pedro Sánchez para repetir gobierno con todos sus socios. Por ahora, PP y PSOE superan los 180 escaños estimados.

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