El votante conservador, en todas sus franjas, tiende a ser el más movilizado que el progresista y de izquierdas. Así lo reflejan el cómputo de encuestas electorales en este último ciclo electoral, también a nivel nacional y en Andalucía. Allí, el próximo domingo 17 de mayo, será determinante para definir el próximo escenario que se plantea en el Parlamento de Andalucía y para la conformación de Gobierno.

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Los sondeos apenas se van moviendo en las últimas fechas. El PP de Juanma Moreno roza la mayoría absoluta, y ella pende de un baile de un par de escaños. De esa oscilación dependerá si Moreno Bonilla acaba condicionado por Manuel Gavira para seguir en la Junta y, por tanto, de Vox y de su cúpula en la sede madrileña de Bambú; de Santiago Abascal indirectamente. Si hay una movilización similar a las de las últimas convocatorias, de poco más de la mitad del censo electoral, está asegurado el éxito para las derechas sin entrar en si tendrán que unir sus caminos por primera vez en un gobierno autonómico. Pero si esta sube al 60-65% aproximadamente, la izquierda tendrá una oportunidad para dar la campanada tras su salida de la Junta en 2018, tras 37 años continuados de sucesivos gobiernos socialistas.

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El histórico de convocatorias así lo refleja. En las dos últimas, la participación fue muy baja, no superó esa barrera. Fue en ambos casos del 56%, lo que impidió sumar a la izquierda un importante grueso de escaños. Incluso en 2018, con el PSOE-A situado como primera fuerza, y ya con un escenario multipartidista consolidado que también dio la entrada a Vox. En 2012 y en 2015, fue de 62,2% y de casi el 63,9%, lo que permitió a los socialistas gobernar -con IU y después con Ciudadanos-. Incluso en el peor momento de la corrupción de los ERE, que les desgastó. Ese alrededor de 8 puntos porcentuales de diferencia, puede ser determinante si, en añadido, Vox no capitaliza el voto del público más descontento como si ocurrió en Extremadura. Los sondeos, por ahora no lo perciben, se conseguiría el mismo o hasta dos escaños más, un total de 16 de media, en el mejor de los casos.

Los microdatos del CENTRA y del CIS

¿Qué dicen las encuestas que ofrecen mayor detalle de microdatos? El sondeo preelectoral del Centro de Estudios Andaluces (CENTRA), publicado el pasado miércoles, minimiza el voto indeciso de la derecha y afianza a la mayoría de la base electoral del PP en torno a Moreno Bonilla y de Vox en torno a Gavira. El PP tiene un 4,9% y Vox un 3,3% de electores de 2022 que ahora se muestran indecisos de si repetir su voto. Se duplica en el caso de la izquierda: 6,7% en el PSOE-A, 7,9 en Por Andalucía y 10,2% en el caso de Adelante. Entre los abstencionistas de 2022 que ahora sí votarán, aunque PP y Vox parten con ventaja por la mínima, tanto el bloque de derecha como el de izquierda movilizan por igual a dos de cada diez abstencionistas que quieren participar.

El estudio refleja que hay 2,7 millones de personas que declaran que no saben si votar, casi uno de cada cuatro votantes de los más de 6,8 del censo llamados en la convocatoria. Con una derecha en máximos electorales y sin posibilidad de que la izquierda tenga opciones, el votante abstencionista que duda, de tendencia más conservadora, puede no tener el mismo aliciente para participar que el progresista, que no quiere que Vox pueda condicionar el gobierno. Aunque es difícil determinar la inclinación de toda esa masa electoral, el CENTRA insiste en la fidelidad de voto a la derecha, por lo que puede ser determinante para la izquierda una importante participación de ese nicho electoral. Hay un mayor margen para el espacio progresista cuando populares y ultraconservadores están en sus máximos.

¿Qué dice el CIS preelectoral? Publicado una semana antes, el centro público va en la misma línea que el centro regional. Aunque eleva ligeramente los indecisos en la derecha, más en Vox, hasta un 7,9%, lo que podría beneficiar a Moreno Bonilla, al PSOE-A lo sube hasta casi uno de cada diez electores que no saben por quién apostarán. Similar a la del CENTRA es para los otros dos partidos de la izquierda. Entre los abstencionistas que sí votarán, uno o dos de cada diez irán al PP y a PSOE. Un 14,5% a Vox y menos del 10% a Por Andalucía y a Adelante, lo que refleja esa menor movilización de la izquierda actualmente. Según el CIS, de los abstencionistas de 2022, un 17,8%, no sabe si lo hará en esta convocatoria. Es 1,2 millones solo de abstencionistas que podrían inclinar la balanza hacia la izquierda si se consigue convencer.

Antonio Maíllo, participa en la concentración por la huelga estatal en la educación de 0 a 3 años en Sevilla

Barrios obreros, zonas urbanas y jóvenes, claves

En un momento de desafección política, con un electorado joven menos comprometido, la candidatura de Adelante, que busca confrontar por el voto protesta con Vox, situándose en los mismos problemas, en el deterioro de servicios o la vivienda, pero señalando a los grandes empresarios o las privatizaciones, y no la inmigración, puede ser determinante. También para tirar del voto progresista más urbano que puede tener reticencias con Maíllo o Montero. En Málaga, donde es fundamental la movilización del voto joven de izquierdas está incidiendo bastante tanto Adelante como Por Andalucía.

Será clave si los barrios obreros de Sevilla, feudo clásico de los socialistas, o el área metropolitana se activa en torno a Montero. También el cinturón de Cádiz, más a la izquierda. Vox ha rebajado sus perspectivas en una arena que es complicada para los de Abascal por su planteamiento nacionalista. Más del 90% de los andaluces, en la encuesta de 'Identidad andaluza' muestran orgullo identitario, y Vox ha criticado que partidos como el PP busquen seducir con ese sentimiento autonomista el voto. El partido tiene opciones de profundizar en territorios como Almería o Huelva.

Consultado por El Independiente, el politólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, Pablo Simón, asegura que ese principio 'más participación = crecimiento de la izquierda' se cumple regularmente en las elecciones generales. Pero en Andalucía depende de las zonas donde se dé ese crecimiento. "Hay un absentismo diferencial" entre ambos escenarios. "Intuitivamente pensamos que la gente que se queda en casa es más de izquierdas que de derechas, pero hay mucha distorsión en esto. Normalmente las participaciones altas suelen ser señales o de polarización o de cambio, no necesariamente de victoria de la izquierda. El PSOE ha ganado con participaciones bajas y muy altas, ha llegado a convocar simultáneamente con las generales". Las bajas "son de continuidad y de pocos cambios", lo que sería un riesgo menor para el PP.

"Lo importante es mirar la movilización diferencial", comenta, es decir, ver en qué zonas sube esa participación durante la jornada electoral, lo que puede dar una idea dependiendo de si son feudos históricos de la izquierda o no. Hay que ser precavidos, matiza, porque puede que el perfil de votante que ahora participa en esos feudos ya no sea el mismo. Aunque insiste: "En zonas donde suele hacerlo bien la izquierda, Sevilla, Cádiz, Jaén, puede tener cierto sentido que si sube la participación suba el voto de izquierda, pero no necesariamente al PSOE". Y esa es una de las claves.

La izquierda clama por la movilización

No sorprende que los tres candidatos de esa izquierda, de PSOE-A, Por Andalucía y Adelante Andalucía, estén focalizados en llamar a la movilización. Entienden que tener opciones depende en buena parte de cuánta gente no se quede en casa. Es cierto que desde el PP o Vox también se ha hecho, pero la intencionalidad es distinta. Los de Moreno Bonilla buscan movilizar a esa misma base social que le brindó su primera mayoría absoluta. Vox quiere movilizar a esa base de derechas que apoyó al PP andaluz como opción útil pero quiere medidas más duras desde la Junta. Se evoca que un respaldo a Vox será un condicionante de cambio de hoja de ruta.

Recientemente, los socialistas han manifestado su convencimiento de que habrá una amplia movilización de su electorado. En un mitin a mitad de semana en Huelva, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, implicado de lleno en la campaña, consideró que será similar a la estatal en las elecciones de 2004 tras en 11-M para "echar a la derecha". María Jesús Montero, manifestó que "los andaluces son especialistas en vuelcos electorales".

Por otro lado, Antonio Maíllo, candidato de la coalición andaluza que engloba a IU, Sumar o Podemos, entre otros partidos, ha sido insistente en las últimas fechas sobre la importancia de que la participación sea masiva. Cree que si eso se produce, pueden salir "los números" y habrá capacidad para sacar al PP de la presidencia. En Por Andalucía vienen centrándose en ganar votos entre los abstencionistas, entre los descontentos de la izquierda que no quieren votar al PSOE. "La abstención refuerza que la derecha siga", lo que la encarrila en pos de su objetivo, que es "gobernar sola y si le faltan los votos, con Vox". Llamó a movilizarse en torno a sus siglas a familias preocupadas por la sanidad, por la dependencia, a los agricultores y ganaderos, y a los jóvenes que quieren estudiar y ganarse la vida en la región.

A ese público se dirige por igual Adelante Andalucía, la tercera lista de izquierdas que evitó coaligarse con Maíllo y el resto de siglas, dado que quieren dar una respuesta de apego al territorio y no subalterna de intereses de las formaciones en Madrid. Los de José Ignacio García, en todo caso, quieren ir más allá del eje derecha-izquierda. Con el andalucismo por bandera, un concepto que permite mayor amplitud, quieren incidir en una tipología de votante cabreado con el resto de partidos y que busca la mejora de la situación andaluza sin mirar a Madrid.

El candidato de Adelante, José Ignacio García, en un acto de campaña en Málaga

La división en tres candidaturas lo complica

Ahora bien, una concentración importante de ese público desmovilizado en torno a las candidaturas de la izquierda, mayoritariamente entre el PSOE-A, puede no traducirse necesariamente en escaños. El sistema electoral español, basado en la Ley D'Hondt, favorece las mayorías y, por lo tanto, a las candidaturas con mayor peso. El 56,8% que según el CENTRA concentran PP y Vox sería mejor rentabilizado en el reparto provincial de escaños que el 34,9% previsto para la izquierda encarnada por tres listas, al margen de los 20 puntos de distancia actuales.

Es más, por mucha movilización que haya en provincias como Jaén, Huelva o Almería de las fuerzas menores de la izquierda, se requiere en torno al 7-8% para poder transformar el voto en escaños, por lo que todo lo que no sea concentración en el PSOE-A más allá de Sevilla, Málaga o Cádiz penalizará y no rentabilizará. Se terminará beneficiando al PP y a Vox como tercera opción en el reparto de restos. 15.000 votos, de hecho, cree el PP, dejan en el aire repetir la mayoría absoluta. De ellos, divididos entre las ocho provincias, están en juego hasta 10 diputados regionales que mayoritariamente se guardó Moreno Bonilla por la existencia de tres listas a la izquierda en 2022.