La decisión anunciada este lunes por Pedro Sánchez de disolver las Cortes y convocar elecciones generales para el próximo 29 de noviembre pone punto final a una legislatura convulsa, marcada desde su origen por la extrema fragilidad de sus alianzas parlamentarias, la polarización política, la corrupción y, en las últimas semanas, la contestación social provocada por la crisis de la vivienda.
El Ejecutivo echó a andar en noviembre de 2023 tras los comicios del 23 de julio de aquel año sobre una compleja geometría parlamentaria. La coalición de gobierno entre el PSOE y Sumar necesitó el apoyo continuado de partidos soberanistas y nacionalistas como ERC, EH Bildu, PNV y Junts per Catalunya. La relación con la formación de Carles Puigdemont, sellada sobre el compromiso de una ley de amnistía para los condenados por el procés, se convirtió desde el primer momento en una prueba de fuego permanente.
El impacto de los casos de corrupción en el entorno del presidente –Ábalos, Cerdán, Zapatero, su propia esposa– apenas ha podido ser neutralizado invocando el fantasma de la extrema derecha. En agosto, la crisis de Ceuta provocó un movimiento de indignación transversal en la sociedad española que solo ha apagado el movimiento de indignación provocado por el desahucio de Maricarmen Abascal. Moncloa presume de gestión económica, pero incluso ese activo ha chocado estos días con realidades como la inflación creciente o el problema de la vivienda. El fracaso de los decretos de urgencia redactados para paliar esta situación han precipitado el desenlace de la legislatura. La suma de los votos de PP, Vox, Junts y UPN tumbó las medidas del Gobierno y ha dejado definitivamente al descubierto la imposibilidad de seguir gobernando.
Sánchez aseguró que terminaría la legislatura. No ha podido ser. En estos casi tres años han pasado muchas cosas. Han procesado o condenado a sus hombres más cercanos, a su propia mujer –lo que provocó sus inefables cinco días de reflexión–, tuvo que huir de la indignación ciudadana en Paiporta o gestionar la animadversión de Donald Trump, convertida, por otro lado, en uno de sus activos políticos. Así ha sido esta legislatura en imágenes.
El 29 de mayo de 2023, un día después del pésimo resultado socialista en las elecciones municipales y autonómicas, Pedro Sánchez convocó elecciones generales para el 23 de julio. En la imagen, Sánchez vota en el colegio Nuestra Señora del Buen Consejo de Madrid junto a su esposa, Begoña Gómez.
El PSOE y Sánchez ganaron un escaño –lograron 121– pero perdieron las elecciones ante el PP de Alberto Núñez Feijóo (137). Una mayoría insuficiente para gobernar con Vox (33 escaños). "El error de pactar con Vox" tras las municipales, "dándole una baza de movilización extraordinaria a la izquierda, ha hecho que la derecha ahora no sume, y le permite a Pedro Sánchez tener opciones para gobernar o, al menos, para forzar el bloqueo e ir a nuevas elecciones", escribía al día siguiente Casimiro García-Abadillo en El Independiente.
Sánchez demostró "que se revuelve con eficacia rayana en lo sobrenatural cuando le vienen mal dadas", escribía Victoria Prego en El Independiente el 24 de julio. Ese mismo día, el presidente del Gobierno se reunía con los suyos en Ferraz con la hipótesis de la gobernabilidad socialista ya sobre la mesa: el pacto con Junts y la amnistía a los condenados por el procés.
El 17 de agosto de 2023, Francina Armengol logró salir elegida presidenta del Congreso gracias al apoyo de Junts. Las condiciones: "uso del catalán en las cámaras y en las instituciones de la UE, comisiones de investigación sobre Pegasus y los atentados de agosto de 2017 y desjudialización del 1-O. Pero el apoyo de los independentistas no estaba garantizado.
La condición de partido más votado sirvió para que el rey propusiera a Alberto Núñez Feijóo como candidato a la investidura. El debate comenzó el 26 de septiembre. Sánchez esperaba mientras continuaba sus negociacioens para una mayoría alternativa.
El exministro de Transporte y entonces diputado del PSOE, José Luis Ábalos, abronca a la bancada popular durante la sesión de investidura de Feijóo. Cinco meses después sería expulsado de su partido tras el estallido del llamado 'caso Koldo'.
El 13 de octubre, Pedro Sánchez concluyó la ronda de contactos con los grupos parlamentarios con la portavoz de Junts, Míriam Nogueras. Los independentistas pedían "hechos, no gestos", para respaldar la investidura de Sánchez. La fallida de Feijóo había puesto en marcha el reloj para nuevas elecciones. Debía haber nuevo Gobierno antes del 27 de noviembre para evitarlas.
Finalmente hubo acuerdo de investidura. Si Sánchez negoció con ERC el traspaso de Cercanías a la Generalitat de Cataluña y la condonación de la deuda del Fondo de Liquidez Autonómica, el presidente en funciones logró el 9 de noviembre el apoyo de Junts a cambio de un "estrecho marcaje" de los independentistas durante la legislatura y, sobre todo, de la amnistía para los condenados por el procés que aseguró que nunca se produciría. La noticia, que desde días antes había encendido las protestas en toda España, provocó la consternación de buena parte de la clase política y judicial española. El debate de investidura quedó fijado para una semana después; los plazos apremiaban.
El 16 de noviembre, Pedro Sánchez fue investido de nuevo presidente del Gobierno con los votos a favor de los 179 diputados PSOE, Sumar, ERC, Junts, EH Bildu, PNV, BNG y Coalición Canaria frente a los 171 en contra de PP, Vox y UPN.
José Luis Ábalos y Santos Cerdán conversan con José Blanco durante la toma de posesión de Óscar Puente como ministro de Transportes el 21 de noviembre de 2023. Hoy, Ábalos está en prisión después de ser condenado por el Supremo a más de 24 años de prisión y Cerdán está en libertad provisional.
Sánchez rodeado de ministras el 22 de noviembre en Moncloa: Nadia Calviño, Teresa Ribera, María Jesús Montero y Yolanda Díaz. Un día antes los ministros habían prometido sus cargos ante el rey.
Foto de familia del Gobierno tras su primer Consejo de Ministros. Con cuatro vicepresidencias y 22 ministerios, de los cuales nueve eran de nueva creación, era el más 'concurrido' desde Suárez. "Pedro Sánchez ha apostado por el continuismo. Se acabaron las sorpresas", escribía Casimiro García-Abadillo. "El núcleo duro sigue siendo el mismo que en el último Gobierno, con la diferencia, esta sí esencial, de que Félix Bolaños asume la cartera de Justicia y mantiene Presidencia y Relaciones con las Cortes". Ha sido, como auguraba el director de El Independiente, el vicepresidente político de facto de Sánchez.
Al día siguiente de la primera reunión de su Gobierno, Sánchez viajó a Palestina e Israel, donde se mostró "sobrecogido" tras recorrer uno de los kibutz atacados por Hamás el 7 de octubre. Junto al primer ministro belga, Alexander de Croo, se reunió con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu. "Israel tiene derecho a la autodefensa, pero debe respetar el derecho internacional y el derecho humanitario", tuiteó entonces Sánchez. Una semana después, Israel llamó a consultas a su embajadora. Comenzaba una escalada diplomática que se agudizó con el paso de los meses y llevó a la ruptura de facto de las relaciones entre ambos países. El presidente español fue uno de los primeros mandatarios internacionales en usar la palabra genocidio para referirse a las acciones de Israel en Gaza.
Zapatero ha sido uno de los apoyos políticos más importantes de Sánchez en los últimos años. Aquí se abrazan durante un acto del partido. Quedaban más de dos años para que el caso Plus Ultra y el escándalo de las joyas pusiera en evidencia la reputación y la labor de lobbista del expresidente. Sánchez sigue creyendo en su inocencia.
Las tensiones de Moncloa con el rey y Zarzuela han sido una constante, especialmente tras el nombramiento, en febrero de 2024, de Camilo Villarino como nuevo jefe de la Casa del Rey.
En diciembre de 2023, Sánchez publicaba 'Tierra Firme', un repaso de sus experiencias durante la anterior legislatura. Lo presentó en Madrid el 11 de diciembre en el Círculo de Bellas Artes, en un mano a mano con Jorge Javier Vázquez un día antes del debate de la Ley de Amnistía en el Congreso.
El 22 de diciembre, Sánchez y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, se reunieron para desbloquear la renovación del Consejo General del Poder Judicial y la reforma del artículo 49 de la Constitución para cambiar el término 'disminuidos' por 'personas con discapacidad'. Lo segundo se aprobó en febrero de 2024; la renovación del CGPJ se pactó a finales de junio. No ha habido más acuerdos entre los dos principales partidos.
Marruecos ha sido uno de los flancos más complicados de la legislatura para Sánchez. Tras el giro sobre el Sáhara, las tensiones fronterizas, las represalias por la relación de España con Argelia y la sombra del espionaje de Pegasus han marcado estos años, hasta la crisis definitiva con el asalto a Ceuta del 30 de julio de 2026.
El Gobierno se felicita tras la aprobación de la Ley de Amnistía el 14 de marzo de 2024. Mientras, en Cataluña, la caída del pacto presupuestario entre ERC y PSC precipitaba el adelanto electoral.
Las investigaciones judiciales de las actividades profesionales de Begoña Gómez propiciaron el gran golpe de efecto de Sánchez de esta legislatura: sus cinco días de reflexión. El presidente del Gobierno amagó con dimitir, provocó una adhesión y una movilización masivas de su Gobierno e incluso una lectura dramatizada de la carta con que comunicó su insólita decisión a cargo de Marisa Paredes, durante un acto de desagravio organizado por gentes de la cultura. Finalmente, el 29 de abril, Sánchez anunció que seguía.
Sánchez hacía su primera aparición pública tras sus días de reflexión en la Feria de Abril de Barcelona, acompañando a su candidato a la presidencia de la Generalitat, Salvador Illa. La victoria socialista y la formación de un gobierno no nacionalista fue presentado como el éxito de la estrategia de "pacificación" de Cataluña, con la Ley de Amnistía como medida clave.
El 29 de octubre de 2024, la dana que asoló Levante se cobró la vida de más de 200 personas, especialmente en la provincia de Valencia. El 3 de noviembre, los reyes y Pedro Sánchez visitaron Paiporta, una de las localidades más afectadas. La deficiente y tardía respuesta del Estado ante la emergencia provocó la ira de los vecinos, que obligaron al presidente del Gobierno a huir del lugar. Mientras, los reyes permanecieron en el lugar escuchando las quejas y asumiendo en nombre del resto de las instituciones la indignación ciudadana.
Sánchez resiste, y el 41º Congreso Federal del PSOE fue un aval a su empeño. Todavía bajo la organización de Santos Cerdán y con María Jesús Montero permaneciendo como mano derecha, el partido se galvanizó alrededor de un líder cada vez más desgastado, que acudió con su mujer, Begoña Gómez, en el ojo del huracán por la investigación de su máster.
El presidente del Gobierno observa a Santos Cerdán en el Congreso el 11 de junio, un día antes de conocerse el informe de la UCO sobre el 'caso Koldo' que obligó a dimitir al secretario de Organización del PSOE. Como ya sucedió con Ábalos, Sánchez encajó la caída de su hombre fuerte en el partido, pidió disculpas y siguió adelante.
Sánchez ha tratado de construir perfil internacional en su postura sobre Gaza, pero no dudó en acudir a la cumbre de paz celebrada el 13 de octubre de 2025 en Sharm El-Sheikh y con la que Trump trató de capitalizar el relativo éxito del alto el fuego entre Israel y Hamás. El encuentro dio lugar a un incómodo apretón de manos entre ambos mandatarios, fruto de las tensiones por el aumento del gasto militar exigido por Trump a sus socios de la OTAN.
Trump ha señalado con frecuencia a España por su bajo gasto militar, amenazando incluso con represalias comerciales. España se ha comprometido a incrementarlo, aun sin aceptar las exigencias de máximos de EEUU. En cualquier caso, la sangre nunca ha llegado al río.
El pasado 30 de julio, entre 72.000 y 80.000 personas cruzaron a nado la frontera entre Marruecos y Ceuta. Al día siguiente, Sánchez, de visita relámpago en Ceuta, habló de "violación y ataque a la integridad territorial de España". Acto seguido se fue de vacaciones a Lanzarote, desde donde siguió los acontecimientos durante el mes de agosto: una ciudad acuciada por una crisis migratoria sin precedentes y un país indignado por la inacción de su Gobierno. Las versiones contradictorias entre Interior y Defensa, las advertencias previas de los servicios secretos o las especulaciones sobre el chantaje de Marruecos a Sánchez y los demás ministros espiados con Pegasus terminaron de crear una tormenta perfecta y definitiva para el Gobierno, solo aplacada por el fenómeno social provocado por el desahucio de Mari Carmen Abascal.
El paseíllo de Delcy Rodríguez para saludar a Pedro Sánchez durante la Asamblea General de la ONU, el pasado 22 de septiembre en Nueva York, reavivó los fantasmas sobre las relaciones peligrosas, conocidas o sospechadas, de figuras del entorno de Sánchez –de Zapatero a Ábalos, con actores secundarios como Víctor de Aldama– con la nomenclatura chavista.
Los suyos aplauden a Sánchez tras su intervención en el debate de los decretos de vivienda aprobados de urgencia tras las protestas sociales provocados por el desahucio de María del Carmen Abascal. La negativa de última hora de Junts a refrendarlos ha precipitado el final de la legislatura.
Sánchez en el Congreso el pasado viernes, antes de perder la votación de los decretos de vivienda. Unos opinan que la convocatoria de elecciones es la penúltima jugada maestra de un superviviente nato. Otros, que el manual de resistencia ya no da más de sí. El 29 de noviembre se sabrá quién tiene razón.
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