Gonzalo Santonja nació en Béjar en 1952 en una familia de médicos, pero desde chico se rodeó de letras. «Nunca, jamás, intentaron disuadirme. Me veían siempre con libros, y me apoyaron», decía en una entrevista en julio de 2020 en la que se mostraba descreído y muy distante de la clase política. Tendrá que taparse la nariz cuando asuma la consejería de Cultura y Turismo de Castilla y León, para la que Vox le ha designado tras su pacto de investidura con Alfonso Fernández Mañueco.

Las primeras crónicas sobre su nombramiento han resumido su currículum en «escritor taurino». Y en efecto. Santonja ha dedicado buena parte de su producción a investigar el origen de la tauromaquia en España, ha documentado la ganadería de toro bravo tan atrás como el siglo XIII, ha rescatado contratos de ‘toreadores’ del siglo XV y festejos populares hasta el año 815. En 2021 recibió en el Congreso el premio de la Asociación Taurina Parlamentaria.

El galardón que más pesa en su historial, sin embargo, es el Premio Nacional de Ensayo de 1995 por su relato de la vida en Cuba de Manuel Altolaguirre, uno de los referentes de la Generación del 27 exiliados tras la Guerra Civil. Aquella obra contó con el prólogo de Rafael Alberti, amigo íntimo de Santonja, al que el poeta y miembro activo del Partido Comunista llegó a nombrar asesor de su Fundación dos años antes de morir. En la mencionada entrevista con El Español, el futuro consejero nombrado por Vox se refiere a su relación con Alberti como una «amistad honda».

Un falso pasaporte suizo para esquivar la represión

Santonja exhibe su juventud antifranquista, real y comprometida, pero no traumática. «A los sicarios de la Brigada Político Social los he olvidado por completo. Algo, por cierto, que no pueden hacer quienes se han inventado un pasado antifranquista inexistente, la inmensa mayoría de esos escritores/intelectuales/hombres públicos de mi edad que tanto partido han sacado al descaro y a la imaginación», recordaba en 2020.

Salió de España tras ser procesado por el Tribunal de Orden Público, pero rechazó el exilio. Iba y venía desde Francia, con un pasaporte suizo -que aún conserva- obra de Domingo Malagón, el mítico falsificador del PCE, favorecedor de muchas huidas y al que se refiere como «un verdadero genio». «Detesté el franquismo y eso tuvo consecuencias, mejores y peores, todas las asumo sin recriminaciones, cuentas pendientes ni arrepentimientos», recuerda.

La experiencia le puso en contacto con otros destacados intelectuales antifranquistas como José Bergamín o Alfonso Sastre, de los que también escribió. Aunque su experiencia va más allá de sus amistades. Es catedrático y Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, en la que tuvo un papel relevante como cofundador y vicedirector de sus Cursos de Verano de El Escorial durante sus cuatro primeros años. La Fundación Miguel Delibes conserva fotos del escritor junto a Santonja, Alberti y su esposa María Asunción Mateo, en la primera edición de los cursos.

Activista contra el expolio de Castilla y León

Director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua desde 2002 y durante casi 20 años, Santonja tiene otra obsesión recurrente en su producción académica: el patrimonio histórico expoliado a esta comunidad autónoma.

Su Museo de la niebla (2005) es una de las recopilaciones más exhaustivas del patrimonio que salió de Castilla y León y nunca regresó. Y completa otra obra publicada ocho años antes de temática similar: Lo que se llevaron de esta tierra.

Santonja fue también uno de los referentes en la defensa del Archivo de Salamanca a principios de siglo. En 2006, en plena polémica sobre su traslado a Cataluña, pronunció un discurso muy recordado por los protagonistas de aquel pleito, en el que defendió que sólo los «nostálgicos de la dictadura» saldrían ganando con el traslado de los documentos, que describió como testigos de «la represión espantosa, incivil y cainita» del franquismo y de la «persecución sistemática a las víctimas de tan terrible situación».

La pelea de Santonja buscaba que el Archivo no se convirtiera en un relato falso de la Guerra Civil como un España contra Cataluña. Aunque al lugar también le unía un cariño biográfico desde 1973, cuando el entonces director general de Cultura Popular Ricardo de la Cierva -después ministro de Cultura con Adolfo Suárez de presidente- llegó a prohibir la entrada en el Archivo a Santonja, que acababa de cumplir 21 años.

En una carta dirigida al vicealmirante jefe de los Servicios Documentales, José Fontán, de la Cierva se refiere al estudiante y activista como «un sujeto absolutamente indeseable para entrar en los archivos de Salamanca». «Es más, me indigna que piense que somos tan estúpidos como para atreverse siquiera a formular la solicitud», escribía de la Cierva visiblemente molesto para solicitar «no solamente la negativa, sino una negativa indignada» a que el díscolo Santonja pudiese acceder a los documentos.

Así analizó la campaña

Ahora lo hará como consejero, miembro destacadísimo de una clase política a la que se ha referido en ocasiones con desdén. En uno de sus últimos artículos publicados en prensa tras las elecciones autonómicas, defendía que el pacto entre el PP y Vox era la única opción natural de Gobierno porque los votantes huidos de los populares «se han pasado a VOX, posiblemente para quedarse, hartos de decepciones». «Pocos pactos serían tan naturales como éste», aseguraba mientras defendía que el acuerdo debía recoger las reivindicaciones de Soria Ya -«a mi juicio justificadísimas»-, las de UPL -«cuyos tres procuradores ponen de relieve un problema gravísimo, la desafección creciente al proyecto compartido de Castilla y León»- y las de Por Ávila -«fruto de una escisión en el PP y quizás presagio de otras».

Lo cierto es que sus artículos tuvieron otro valor, algo premonitorio: falló por uno en su predicción de diputados del PP, clavó las cifras del PSOE y adelantó la fortaleza de Vox en el territorio que ahora dirigirá: «Su proyecto se dibuja más sólido de lo que el buenismo rampante quiere hacernos creer. En otras palabras: quien considere a Vox peligroso, abunda en motivos para estar muy preocupado«.