Jesús Rul Gargallo (Castellón, 1949) conoce la escuela catalana desde sus entrañas. Fue profesor, formador de directores de centros y la mayor parte de su carrera, durante más de tres décadas, inspector de Educación en Cataluña. Tiempo suficiente para darse cuenta de que la Generalitat, durante sucesivos gobiernos, «ha ido imponiendo la dominación lingüística» para que el catalán sea la lengua preferente de los alumnos con «exclusión del castellano», considera.

Autor de distintos libros, entre ellos ‘La guerra de secesión contra la nación de españoles’ y ‘Nacionalismo catalán y adoctrinamiento escolar’, no ha tenido tapujos para denunciar que los partidos independentistas utilizan la escuela como parte de su proyecto para conseguir una sociedad catalana independiente, lo que «vulnera los derechos fundamentales de los alumnos y sus familias».

Presentó un escrito ante la Fiscalía contra la utilización de las escuelas para la consulta inconstitucional del 9-N de 2014 por la que fueron condenados el expresidente Artur Mas y las consejeras Joana Ortega e Irene Rigau. El Ministerio Público le propuso como testigo para declarar en el juicio. Su posición no ha sido fácil, reconoce que no es bien visto por una buena parte del sector educativo catalán «que ha asumido la ideología étniconacionalista» convirtiéndose en «activos defensores del secesionismo». Pero se alegra de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, ratificada por el Tribunal Supremo, que obliga a la Generalitat a que el castellano tenga una presencia del 25% en las aulas. La ve como un triunfo de la legalidad porque «eleva el derecho de las familias a aprender en español a rango constitucional», reflexiona en la entrevista concedida a El Independiente.

Pregunta: ¿Qué está ocurriendo con el catalán y el castellano en la escuela pública catalana?

Respuesta: Lo que está pasando se viene cultivando durante décadas. La situación inicial, y lo dice la Constitución y el Estatuto de Autonomía, es que hay dos lenguas que son oficiales: el español como lengua oficial de España y el catalán como lengua cooficial de Cataluña. Lo que ha hecho el nacionalismo durante más de 40 años es imponer la lengua cooficial en detrimento del español como lengua oficial, vehicular y propia de la mayoría de los ciudadanos catalanes. Poco a poco, se ha ido erosionando la presencia del español en el sistema educativo catalán, de manera que ha llegado un punto en el que el español es una lengua residual.

En general, los políticos españoles (tanto del PSOE como del PP) han mirado para otro lado y han sido las familias, a través de asociaciones, las que han ido contra esta situación que consideran lesiva para sus derechos. La sociedad ha tenido que recurrir a la vía administrativa, viendo las puertas cerradas de la Generalidad y, finalmente, a la Justicia. Ésta, durante 40 años ha dado soluciones generales, considerando que la lengua española también es vehicular en Cataluña, que otras lenguas deben cultivarse…pero en la práctica, lo que iba haciendo la Generalidad era imponer la dominación lingüística, que todos los niños aprendieran únicamente en una lengua oficial, el catalán, con exclusión del castellano. Pero la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que validó el Tribunal Supremo supone un cambio de tendencia, un cambio copernicano. Se pasa de lo que son consideraciones generales sobre la lengua a bajar al terreno concreto de los derechos personales vulnerados de todos los alumnos, con fundamento en una sentencia del TEDH. Ahora, ninguna de las dos lenguas oficiales que se aprendan en el sistema educativo español puede tener un tratamiento por debajo del 25%, porque por debajo de ese porcentaje se conculcan derechos personales e intereses legítimos, susceptibles de tudela judicial efectiva sobre los que no cabe indefensión. Esta sentencia es fundamental porque eleva el derecho de las familias a aprender en español a rango constitucional. Y eso es coherente con el artículo 3 de la CE, pero han tenido que pasar 40 años para llegar a esto.

-P: ¿Esta imposición de una lengua sobre otra que menciona se extiende a la educación privada y concertada? ¿O los padres que pueden pagar un colegio privado en Cataluña deciden en qué lengua pueden hablar sus hijos?

-R: Ahí entramos en los proyectos educativos de las instituciones y cada institución puede dar un tratamiento a la lengua en lo que son los proyectos plurilingües o bilingües. Han existido siempre y hay escuelas internacionales que los tienen. Pero sí, la situación se repite tanto en la educación pública como en la concertada. Lo único es que en el segundo caso hay escuelas concertadas que son más flexibles, que emplean las dos lenguas e incluso a una tercera en proyectos plurilingües. Por ejemplo, en la escuela a la que lleva a sus hijos el consejero de Educación -yo fui inspector de esta escuela concertada en los años 80 y ya se daba un tratamiento plurilingüe- los niños salen aprendiendo muy bien tres lenguas.

La Generalidad llama inmersión lingüística a lo que es imposición

Lo que ocurre es que en la escuela pública el dominio nacionalista ha sido mucho más extremo porque la Generalidad llama inmersión lingüística a lo que es imposición, porque es obligatoria. Si la inmersión funciona en otros países precisamente es por ser voluntaria y adapta los perfiles diferenciales de los alumnos.

-P: Fue inspector de Educación en Cataluña durante más de tres décadas, conoce el sistema desde dentro. ¿Sabe cual es la principal labor de los inspectores en este momento?

La inspección de Educación en Cataluña es una pieza más del entramado político del nacionalismo

-R: Entramos en otro tema, el de la administración y la inspección. El presidente Suárez cedió a Jordi Pujol la Inspección educativa, suponiéndole lealtad. Tenemos una inspección que a finales de los 70 era estatal y hoy en día es una inspección fraccionada en 17 trozos en una nación unitaria como es España (el desarrollo autonómico ha seguido los patrones de los nacionalismos antiespañoles). Suicida.

¿Qué ha hecho el nacionalismo con la inspección? Dominarla, controlarla y fraccionarla. Y de alguna manera dividirla. En la inspección catalana hay inspectores transitorios por un año, por lo que es un proceso de desprofesionalización. Hace unos años se llegó al 80% de la plantilla en esta situación. Se trata de un sector perdido desde el punto de vida educativo, de respeto al ordenamiento jurídico, y una pieza más del entramado político del nacionalismo. Lo conozco por dentro, he visto cómo ha ido evolucionando en los 30 años que he estado en la inspección. Ha perdido el perfil profesional e independiente en el ejercicio de sus funciones. Cada vez se ha ido arrinconando más y hoy en día la función de los inspectores ha quedado reducida a una medida puramente burocrática dentro del entramado nacionalista.

-P: ¿Qué es lo más grave que ha hecho el independentismo a la educación pública?

-R: Los nacionalistas han participado en la elaboración de todas las leyes de Educación que hemos tenido, y son siete, por el particular sistema parlamentario que tenemos que es la representación de la nación española. Allí hay independentistas: ¿cómo puede ser que en el parlamento haya independentistas cuando la constitución española dice que las Cortes representan a la nación española? En fin, los nacionalistas siempre han procurado barrer para su terreno, fragmentar la educación española, y es lo que tenemos. Una educación fragmentada, dividida y, sobre todo y lo más grave, se ha degradado el del contenido en muchas materias. Sólo tiene que mirar el currículum de Historia de Bachillerato.

Se ha tenido una política clientelar con los profesores y los directores

Se ha tenido una política clientelar con los profesores y los directores. Y eso ha ido degradando cada vez más el sistema educativo. No tenemos un sistema propio de evaluación riguroso del sistema. Los estándares internacionales, como son las pruebas PISA o las pruebas PIRLS, apuntan a que el sistema educativo español en su conjunto es mediocre. Fraccionado y mediocre. En el caso de los alumnos castellanohablantes en la Educación catalana, si hacemos una extrapolación de los datos de las pruebas PIRLS de Lengua en primaria o de PISA en secundaria, vemos que sufren un deterioro en cuanto a resultados por la falta de respeto a consolidar su propia lengua habitual. Se puede ver, hay estudios interesantes hechos por Convivencia Cívica Catalana sobre el estudio de las pruebas PIRLS en Cataluña. Los datos son alarmantes. O el estudio de la Fundación Europea en el informe publicado por Calero y Choi sobre la extrapolación de los datos PISA en cuanto a los alumnos españoles que se ven perjudicados por no poder aprender castellano en la escuela catalana.

-P: ¿Existe un adoctrinamiento ideológico en las aulas de Cataluña?

-R: Si mira los proyectos educativos de las escuelas, la gran mayoría adoptan la ideología nacionalista como su rasgo de identidad. Eso es coherente con el ‘Proyecto 2000’ que se publicó en los años 80 y busca la nacionalización de la educación. Uno de sus objetivos es que la escuela sea una pieza clave en la construcción de la futura sociedad independiente catalana. La consejera de Educación de los tiempos de Puigdemont, Clara Ponsatí, decía que cuando Cataluña sea independiente, a la escuela no hay que hacerle nada porque ya es una estructura del estado independiente. Esto una consejera de Educación. Es decir, el problema escolar, los libros de texto, lo que se dice de Historia, el tratamiento de las lengua, el profesorado, el control de la función directiva y de la función inspectora, todo gira alrededor de esta idea fundamental. Y están todos los factores: profesores, directores, inspectores, control de la lengua, de la Historia, la Geografía…el ambiente de la escuela, que es uno en el que el español no existe. Muchos profesores han asumido la ideología nacionalista porque lógicamente son activos defensores de este modelo. Se han cometido errores muy graves porque el estado durante muchos años ha mirado para otro lado, ha intentado cesiones para apaciguar al sector nacionalista y cada día le ha dado más competencias.

Los sectores más radicales del independentismo llaman a los españoles que vivimos aquí ‘colonos’

-P: El título de su último libro apunta a una «guerra» del secesionismo contra la «nación de españoles». ¿Hay una intención del independentismo catalán de expulsar de Cataluña a quien no quiera una república independiente catalana?

-R: Ellos han jugado siempre a la idea de la integración. Pero para integrarse, uno tiene que renunciar a su identidad española. El cambio lingüístico que buscan persigue eso. El nacionalismo es una idea que siempre funciona como nosotros frente a ellos. Ya lo hicieron entre el 1982 y el 1983: hicieron concursar a 14.000 profesores que consideraron que no sabían catalán. Y tuvieron que marcharse de Cataluña. De hecho, los sectores más radicales del independentismo llaman a los españoles que vivimos aquí ‘colonos’. Esto es una realidad, pero sólo lo verbalizan los más radicales. Es el nacionalismo que se ha ido imponiendo desde finales del siglo XIX con Prat de la Riba y después con Pujol. Un nacionalismo racista, xenófobo. El breve expresidente Quim Torra dijo de los españoles que eran bestias con forma humana y que teníamos un bache en el ADN. Eso es histórico, es real. Esa persona no es del s. XIII, es de ahora.