En las laderas de la montaña siria Jabal al-Arab los cereales aún crecen salvajes. En esas tierras hace 10.500 años los últimos humanos cazadores recolectaron algunos de esos granos silvestres de escaña, farro y cebada. Las plantaron en un poblado situado cerca de la actual ciudad de Sweida y seleccionaron las espigas que más les convenían. Fue el germen de la agricultura, que cambiaría por completo el desarrollo de la humanidad. Actualmente se producen 2.500 millones de toneladas de cereales al año en el mundo. Esta historia se escribe gracias a los hallazgos de un equipo del CSIC.

“Allí hemos encontrado las semillas más antiguas conocidas con signos de domesticación”, asegura a El Independiente el arqueólogo Juan José Ibáñez, director del equipo de investigación. Hasta ahora las evidencias más antiguas de agricultura incipiente se ubicaban en el yacimiento turco de Levante Norte y sucedieron 2.000 años después. Este nuevo descubrimiento en el yacimiento Tell Qarassa Norte adelanta la domesticación de las plantas varios milenios.

El 30% de las restos botánicos desenterrados por los científicos están domesticados. Los signos en los granos son inequívocos. Las espigas salvajes se desarticulan cuando maduran y las semillas caen al suelo. Con la domesticación pierden esta capacidad de dispersión, se mantienen enteras y los granos se quedan pegados. «El raquis, que es la unión del grano con la espiga, es frágil en los ejemplares silvestres y sólido en las domésticas», apunta este investigador de la Institución Milá y Fontanals de Barcelona. Esto impide su reproducción natural, pero permite recolectarlas todas a la vez.

Estos humanos del pasado vivían en comunidades de un centenar de habitantes. Los poblados estaban formados por casas aglutinadas de piedras. En el interior enterraban a sus muertos, que más tarde exhumaban para recuperar los cráneos, a los que rendían culto. “Hacían la selección genética de manera inconsciente”, añade. Al segar antes de la maduración, cuando el grano estaba formado pero la planta no había amarilleado favorecían la perpetuación de los mutantes espontáneos que presentaban inhibidos los mecanismos de reproducción.

Los datos obtenidos en el yacimiento demuestran el avanzado desarrollo técnico de estas primeras comunidades agrícolas. “Hemos descubierto que los cereales de Tell Qarassa se sembraban en otoño y se segaban sobre febrero o marzo, cuando no estaban plenamente maduros, para evitar que se desprendieran las espigas en el momento de la siega. El corte se realizaba cerca del suelo, para aprovechar también la paja y una vez cosechado, se procesaba en los patios de las casas y se almacenaba en su interior. Antes de consumirlo, se machacaba en morteros y se molía en molinos de mano”, detalla el investigador.

Lugar donde fueron halladas las semillas

Lugar donde fueron halladas las semillas CSIC

La domesticación de cereales se llevó a cabo con distinto ritmo en las diferentes regiones de Próximo Oriente. “Queda por saber si la posterior aparición de cereales domésticos en otras regiones se debió al uso de los cereales originarios del sur de Siria que hemos estudiado o si se produjeron otros procesos de domesticación independientes”, concluye.

Los científicos recogieron las muestras de semillas en 2010. La guerra civil en Siria estalló en 2011 y no han podido regresar. Ibáñez comenta con alivio que “los yacimientos están en buen estado. Están en el campo y no han sufrido bombardeos. Tampoco han sido saqueados puesto que no existían las monedas, no hay tablillas o esculturas con las que puedan traficar». Hace 10.000 años no se había inventado ni la cerámica, pero la agricultura estaba a punto de revolucionar el mundo.