El astrónomo español Guillem Anglada-Escudé es uno de los científicos más destacados de 2016 por el descubrimiento de Proxima b, el planeta habitable más próximo a la Tierra, a apenas 4 años luz de distancia. El hallazgo ha revolucionado la ilusión de muchos que ya imaginan vida en nuestro vecino cósmico. Por todo esto la revista Nature le cita como científico del año.

“Es un trabajo en equipo, de muchos años recogiendo datos gracias al apoyo de organizaciones internacionales”, comenta a El Independiente este astrónomo de 37 años que trabaja en la Universidad Queen Mary de Londres. “Guillem tiene un talento natural para ver la gran foto donde otros solo ven detalles”, ha dicho de él Mikko Tuomi, colega y colaborador de la Universidad de Hertfordshire, en Inglaterra.

“El descubrimiento fue más un alivio que una sorpresa”, reconoce. El trabajo de búsqueda del planeta cercano había comenzado cuatro años antes. “Teníamos las medidas del periodo y la masa del planeta. Sospechábamos que existía pero teníamos que confirmarlo”, incide. Para ello usaron datos obtenidos con el Observatorio Europeo Austral (ESO) entre 2000 y 2014. “Insistimos e insistimos hasta que este último año diseñamos una campaña específica para encontrar este planeta”, explica. Fue la campaña Pale Red Dot. Las observaciones realizadas entre enero y marzo de 2016 fueron definitivas. “Lo conseguimos”, dice.

El exoplaneta es rocoso, un poco más grande que el nuestro, con una masa de 1,3 veces la de la Tierra. Orbita la estrella Proxima Centauri, una enana roja, a la que da una vuelta cada once días. Lo hace siempre con la misma cara mirando hacia el planeta. Los científicos creen que podría albergar vida porque está dentro de la zona de habitabilidad, es decir ni muy cerca ni muy lejos de la estrella sobre la que giran. Una distancia justa y adecuada para que pueda haber agua líquida.

A Anglada le fascina desde niño la exploración espacial. Los libros de Kim Stanley Robinson le capturaron. “La novela en la que explica la colonización de Marte, desde tantos puntos de vista, incluidos político, económico, me hizo ver que era más complejo de lo que imaginaba”, comenta. Tanto le atrapan los mundos novelados que cuando descubrió el planeta escribió a Stephen Baxter, autor del libro de ciencia ficción Proxima para que le ilustrara sobre cómo sería la vida en un planeta que siempre mira a su sol por una cara. Ese es el siguiente paso de su investigación, buscar indicios de vida en el planeta.

Tras estudiar Física en la Universitat de Barcelona se zambulló de lleno en el cosmos la mano de Gaia, el telescopio de las mil millones de estrellas. Este aparato de la Agencia Espacial Europea, ha determinado el brillo y la posición exacta en el firmamento de 1.142 millones de estrellas. En este proyecto Anglada desarrolló su agudeza para analizar datos. Pronto inventó un método que permite detectar señales débiles captadas por el primer cazador de planetas colocado en suelo terrestre, el High Accuracy Radial velocity Planet Searcher (HARPS), en el ESO.

En 2011 creyó haber descubierto el planeta Gliese 667C, con enormes posibilidades de contener agua líquida y por tanto vida. La guerra por la autoría del descubrimiento no tardó en estallar. Lejos de amargarse movilizó a su equipo y se pusieron a rastrear en busca de otros exoplanetas habitables. Su tesón y determinación tuvo recompensa. Proxima b le ha encumbrado sin duda al estrellato científico.