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Tu hijo quiere ser un gamer profesional… ¿Pero eso qué es?

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Tu hijo quiere ser un gamer profesional… ¿Pero eso qué es?
Movistar Riders

El equipo de Movistar Riders entrena en el centro de alto rendimiento del la Movistar Game Center Giulio Piantadosi

Resumen:

Desde que era un bebé te pedía la tablet, el móvil y en cuanto pudo pidió a los Reyes Magos una consola. Tú le dejabas algún ratito, para que no se “enganchara”, pero lo cierto es que a día de hoy parece que es lo único que realmente le interesa. No hay manera de que se aficione a otras actividades, y mira que lo has intentado. Estás preocupada. O preocupado. Aunque a ti también te gustaban los videojuegos de pequeño (puede que hasta te dejaras la paga en las maquinitas del barrio) ahora sólo te parece una pérdida de tiempo y un “comecocos”.

Pero ella, o él, insiste. Es lo que le gusta. Además, asegura que es muy bueno y lo confirman sus amigos.

¿Qué debo hacer? Te preguntas. Sólo sabes que el único castigo efectivo cuando no te hace caso es decirle eso de “Si no me obedeces, te quedas sin pantallas durante una semana”. Y como por arte de magia, cambia de actitud inmediatamente y cumple como un reloj.

Para colmo, últimamente te dice que quiere ser un gamer profesional, un deportista electrónico. Que él ve las partidas online y que sabe que los jugadores se dedican a ello, es su trabajo y ¡ganan dinero! Te parece de ciencia ficción. No sabes ni qué es eso.

Esta es la situación de miles de padres y madres. La mayoría seguirá pensando que los videojuegos sólo son un pasatiempo que hay que controlar, pero habrá quien decida informarse más, hacerse una idea de las verdaderas posibilidades que supondría dejar al hijo o a la hija seguir por ese camino. Romper con las ideas que hemos mamado, esas que dicen que lo mejor es estudiar una carrera clásica, de las de toda la vida, que ya sabemos que luego podrán desarrollar. Igual es el momento de abrirse a nuevas ideas, nuevas posibilidades. Si además, es chica, igual tienes que hacer un esfuerzo doble para no contribuir con la brecha de género que también existe en este nuevo mundo.

Para colmo, últimamente te dice que quiere ser un gamer profesional, un deportista electrónico.

Para empezar, es bueno conocer los beneficios de jugar a los videojuegos. Sí, porque los tienen y muchos, tal y como podéis leer en el artículo Jugar a videojuegos es bueno para el cerebro, de Cristina Castro: “Impacta en la estructura cerebral, aumenta el tamaño de algunas regiones y activa otras haciéndolas más eficientes, como la de la atención y las habilidades visuoespaciales.”

Y en concreto, centrándonos en los videojuegos de acción (¡de tiros!) que tan mala fama tienen entre los padres, resulta que al jugar a este tipo de juegos se mejoran aún más las capacidades cognitivas de los jugadores. Un tercio más que jugando a otros juegos como el Tetris o los Puzles. Esa es la sorprendente conclusión a la que ha llegado un equipo internacional de psicólogos tras elaborar durante 15 años un exhaustivo trabajo de investigación que ha sido liderado por la Universidad de Ginebra y publicado en la revista científica Psychological Bulletin.

Llegados a este punto, igual empezamos a pensar que la cosa no es tan grave como imaginábamos y que incluso podemos dar un voto de confianza a nuestros hijos. Si ellos están decididos y con la certeza de que se dedicarán con ahínco a mejorar sus destrezas, deberíamos investigar de qué modo podemos guiarles.

Sin entrar a detallar todas las carreras universitarias y cursos relacionados con los videojuegos, para aquellos que además de ser jugadores les atraiga el trabajo que hay detrás del desarrollo del propio videojuego, es interesante conocer la oferta educativa que tenemos en España, y que aparece listada en la página de la Asociación Española de Videojuegos. Puede que nuestro hijo decida volcar su pasión formando parte de ese ecosistema creador. O puede que insista en que lo que a él le interesa es ser un gamer profesional. Jugar, jugar, jugar hasta ganar (la partida y el sueldo). En ese caso, que es el que hoy nos ocupa, también puede formarse, ampliando sus destrezas y adquiriendo otras necesarias para su carrera profesional dentro de los eSports. Es cierto que para ello todavía hay pocas opciones en España. No olvidemos que es un sector muy nuevo y que casi todo está por construir. A pesar de ello, ya han surgido varias academias que ofrecen una formación integral dirigida a convertir a nuestros jugadores amateurs en profesionales. Es el caso de la academia del Baskonia o de  e_Squad, donde los jugadores además de aprender a dominar los diferentes juegos y a descubrir cuáles son sus mayores destrezas, aprenden a trabajar en equipo y reciben clases de estrategia, comunicación y marketing, etc…, que les ayudarán a convertirse en un profesional del sector. Algunos acabarán siendo gamers profesionales y otros se decantarán por otras profesiones relacionadas, tales como couch de equipos, streamer, analista de partidas o comentarista. Todas ellas necesarias para la evolución y desarrollo de los eSports.

Olvidémonos ahora de los casos de jugadores estrella que son reclutados por clubs importantes y que logran ganar sueldos estratosféricos (y que por otro lado son los que nuestros hijos tienen en mente cuando deciden decantarse por esta vía) y supongamos que nuestro hijo ya ha alcanzado un nivel suficiente para ser jugador profesional ¿En que se traduce eso exactamente? ¿Qué situación laboral va a tener? Para responder a esas cuestiones primero hay que tener en cuenta la edad de nuestra hija o hijo. Si es menor, a día de hoy todavía no están del todo claras las condiciones de participación ya que no hay una norma especial que lo contemple. En Francia, único país que ha promulgado una Ley específica sobre los eSports, se prohíbe la participación de los menores de doce años y se exige el permiso paterno expreso para el resto de menores mayores de esa edad.

Parece lógico poner un tope mínimo y exigir tal permiso paterno, aunque personalmente creo que dicho tope es excesivamente bajo, dadas las condiciones en las que entrenan estos chavales. De hecho, la legislación laboral exige tener 16 años como mínimo para ser contratado y 18 para poder darse de alta como autónomo, si bien es cierto que para el caso de los niños artistas, por ejemplo, se permite su contratación. Y saco a relucir este paralelismo, porque una de las posibilidades de contratación es, precisamente, equiparar a los jóvenes jugadores electrónicos con los artistas aplicando la regulación específica de “artistas de espectáculos públicos”.

Esto es así porque como comentaba antes, en España carecemos de una norma que regule las competiciones de videojuegos y por ende, las relaciones laborales de los jugadores electrónicos todavía no están reguladas.

Ya han surgido varias academias que ofrecen una formación integral dirigida a convertir a nuestros jugadores amateurs en profesionales

No es objeto de este artículo participar en el gran debate que hay ahora mismo sobre si los eSports deben regularse dentro de la Ley del Deporte o no -para lo cual primero sería preciso que el Consejo Superior de Deportes reconociera la modalidad deportiva, asunto harto complicado puesto que cada tipo de juego constituiría una modalidad concreta y autorizara la constitución de la/s correspondiente/s Federacion/es deportiva/s- pero sí es preciso apuntar que hasta que se decida si los eSports son o no deportes (independientemente de lo que su nombre indica) no se puede contratar a los jugadores bajo el marco especial de los deportistas profesionales. Por tanto, sólo cabe, de momento, que sean contratados bajo el régimen general (que plantea numerosos inconvenientes) o a través de contratos mercantiles, que obliga a que el joven se de de alta como autónomo por lo que tendrá que tener como mínimo 18 años.

Para aquellos que opten por jugar de modo individual está claro que necesariamente tendrán que haber cumplido la mayoría de edad y autogestionarse su carrera. Pero los jugadores profesionales de videojuegos, por lo general, compiten por equipos, manteniendo una relación laboral con el club o la entidad titular de la licencia con la que compite el equipo. Y aquí, a la hora de formalizar esa relación laboral y mientras no se regule de manera específica el contrato de trabajo para los jugadores electrónicos, será casi necesario contar con un representante que negocie bien todos los aspectos relacionados con la actividad, ya que además del sueldo y las condiciones del trabajo, habrá que tener en cuenta qué tipo de contrato se firma, cómo se gestionan los derechos de imagen del jugador (que en muchos casos pueden suponer más dinero que el propio sueldo), los derechos de propiedad intelectual de las jugadas realizadas (si el jugador es contratado como artista, entonces ¿sus jugadas serán arte?), qué pasaría en caso de cesión a otro equipo (dado que eso en el marco de la legislación común no sería posible), qué pasa con la exclusividad, etc.

Son muchas las voces que piden que se regulen los eSports para resolver cuestiones como las que acabamos de ver y que como padres de gamers son las que más nos preocupan, pero es probable que esto todavía tarde en llegar. Si normalmente la ley va mucho más lenta que el desarrollo digital, en este caso parece que lo será aún más, dado que ni siquiera en el ecosistema gamer hay una opinión unánime en el modo en el que debería regularse.

Así, mientras el debate siga abierto, tendremos que estar mucho más atentos a las oportunidades que les lleguen a nuestros hijos. Y, teniendo en cuenta que los jugadores electrónicos se retiran a la temprana edad de 25 años, de momento parece que esta sea la situación que nos toque vivir.


 

Maite Sanz de Galdeano es abogada especializada en Derecho Digital y nuevas tecnologías en en Welaw.