“En los congresos tienes que ir vestida lo más masculina posible. Si no, se abre la veda a los comentarios y a cuestionar tu trabajo. Te confunden con una azafata, aunque acabes de dar una conferencia”, dice Diana. “Cuando una mujer joven tiene un cargo de responsabilidad se la infravalora y tiene que justificarse por estar en esa posición”, añade Aida. “La única referencia de mujer científica cuando era niña era Marie Curie. Queremos que las niñas de hoy tengan en quién fijarse”, recuerda Ruth. Son tres científicas treintañeras unidas por la lucha contra la invisibilidad de la mujer en la ciencia. Acaban de iniciar la delegación en Madrid de 500 Women Scientists. Tienen el ansia de cambio de la juventud y la experiencia de haber prosperado en un entorno mayoritariamente masculino.

El movimiento original nació en Estados Unidos a raíz de la subida al poder de Donald Trump. “Su discurso era antifeminista y anticiencia”, explica Diana de la Iglesia, doctora en ingeniería informática, especializada en la aplicación de técnicas de inteligencia artificial en biomedicina. En 2 días el movimiento logró su objetivo: reunir a 500 científicas. En 2 meses alcanzaron las 13.000. Hoy son más de 20.000 mujeres científicas, ingenieras, tecnólogas y matemáticas.

“Yo estaba en Estados Unidos visitando a mi familia. Leí el manifiesto y encajaba a la perfección con mis intereses y reivindicaciones”, relata Ruth Hernández, geóloga. “En ese mismo momento yo también estaba haciendo la tesis en la Universidad de Nueva York y me uní a la delegación de allí. La manera de organizarse me convenció. Muy descentralizado y comunitario, las actividades se deciden según los intereses de los miembros de esa delegación, no de la sede central”, apunta Aida Verdes, doctora en biología evolutiva, que estudia gusanos marinos bioluminiscentes y venenosos. “Yo llevaba tiempo con ganas de involucrarme en una iniciativa feminista. En la carrera éramos 10 chicas entre un centenar de alumnos. No tienes voz. Cuando esté en una posición mejor, lucharé, pensaba”, dice Diana. A principios de este año fue su momento. Las tres solicitaron simultáneamente abrir una delegación en Madrid. En 24 horas la organización las puso en contacto y se movilizaron.

Acaban de despegar. La delegación ha empezado a reclutar miembros. “Queremos enfocar las actividades a las necesidades en Europa y en España, y a su regulación”, explica Diana. Han tenido su primera reunión, donde se han unido presidentas de asociaciones universitarias. La iniciativa quiere reunir perfiles muy diversos, desde físicas de los materiales o ingenieras de telecomunicaciones a divulgadoras en museos o periodistas de ciencia. “Nos enriquecemos unas a otras”, apuntan.

Las integrantes de 500 Women Scientists Miriam García, Lidia Martínez, Ruth Hernández, Diana de la Iglesia, Aída Verdes y Elena Cuesta.

Algunas integrantes de 500 Women Scientists Miriam García, Lidia Martínez, Ruth Hernández, Diana de la Iglesia, Aída Verdes y Elena Cuesta. 500 WOMEN SCIENTISTS MAD

“Nuestro objetivo principal es empoderar a las mujeres para que desarrollen todo su potencial en ciencia e investigación. Defendemos la igualdad y la diversidad en el mundo científico. Queremos fomentar una ciencia abierta, inclusiva y accesible”, asegura la informática. Aunque hay más mujeres graduadas y doctoradas, solo el 20% de los puestos de liderazgo son ocupados por ellas. “Queremos que la mujer tenga más representación en los puestos altos para queotras mujeres las vean como ejemplo”, dice Aida.

“En España todavía predomina lo arcaico. Sí, las nuevas generaciones tienen otra mentalidad, los hombres tienden hacia lo políticamente correcto, que es la igualdad, pero hay comportamientos y comentarios que no han cambiado”, reflexiona De la Iglesia. “Ahora trabajo en el CNIO en un grupo dirigido por una mujer, la doctora Al-Shahrour, lo cual ha contribuido mucho a que mi ambiente de trabajo sea más equitativo que en mis anteriores puestos”, reconoce con orgullo.

“Queremos derribar prejuicios para que las mujeres se dediquen a carreras científicas y técnicas”, dice. En las universidades españolas pocas mujeres se inclinan por carreras técnicas (reunidas bajo el acrónimo inglés STEM). En ciencias, matemáticas e informática las mujeres representan el 30%, en ingeniería son el 23%. “Me decidí a estudiar ingeniería informática precisamente porque mi entorno trataba de desanimarme. Los amigos, los familiares te subrayan que es una carrera dura y difícil. Por cabezonería también me hice doctora”, apostilla.

Los estereotipos han distorsianado la imagen de la realidad de los niños. A los seis años, las niñas se vuelven menos propensas a asociar una mente brillante con su propio sexo y tienden a rehuir las actividades catalogadas para niños muy inteligentes, revelaba el año pasado un estudio de las universidades de Nueva York, Illinois y Princeton publicado en Science. “Las niñas no tienen mujeres científicas en las que inspirarse porque han sido invisibilizadas. Queremos reformular la historia incluyendo a esas mujeres”, asegura Ruth. Están preparando un programa de mentoría para que tengan referentes, así como una agenda de mujeres científicas, para que los medios de comunicación puedan recurrir a ellas. Estas científicas están calentando motores, engrasando la maquinaria y a punto de lanzarse a ocupar su lugar.