Zapata surca el cielo del Canal de la Mancha

Zapata surca el cielo del Canal de la Mancha Étoile Noire, Julian Nodowslky

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¿Por qué nos empeñamos en volar?

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¿Por qué nos empeñamos en volar?

Un francés se convirtió este fin de semana en el primer hombre en cruzar volando el Canal de la Mancha

El ser humano no tiene alas. Pero como es humano, quiere lo que no tiene. Y entonces, se empeña en volar. Miren si no a Franky Zapata, el último loco de esta obsesión del hombre por surcar los cielos. El francés cruzó este fin de semana los 35 kilómetros del Canal de la Mancha subido a una tabla voladora.

Si esto es histórico o no, no lo decido yo, lo veremos con el tiempo”, dijo el hombre volador tras cumplir su objetivo

Las imágenes de Zapata acelerando en solitario por encima del mar tienen un poder comunicativo descomunal: una persona dominando el aire sin más ayuda que una tabla a propulsión de unos pocos centímetros. Una imagen icónica. “Si esto es histórico o no, no lo decido yo, lo veremos con el tiempo”, dijo después de aterrizar en suelo británico sano y salvo tras 22 minutos de viaje.

De Ícaro a Da Vinci, la historia siempre ha querido volar

El hombre ha anhelado volar desde tiempos inmemoriales. La mitología griega tiene a Ícaro y la leyenda de sus alas. Y siglos más tarde apareció en Italia el genio Leonardo da Vinci y diseñó varios aparatos voladores, prototipos de aeronaves que no andaban nada mal encaminados para el siglo XV.

Luego llegaron los vuelos en globo aerostático y el avión, que revolucionó el mundo en el siglo XX. Por no hablar de las naves espaciales. Y también del cine, que ha dibujado en incontables ocasiones un futuro en el que todo vuela, incluidos los humanos. Algunos hombres han llevado al extremo sus ansias de volar, como el propio Zapata o el austríaco Felix Baumgartner, que en 2012 se lanzó desde casi 40 kilómetros de altura equipado apenas con un traje espacial y un paracaídas.

Hoy en día hay muchas empresas que hacen caja vendiendo la experiencia de «volar». Pero no volar en avión ni con otro aparato: volar de verdad. Volar, volar. Por unos cuantos euros, uno puede meterse en un túnel del viento y sentir la sensación de mantenerse suspendido en el aire sin necesidad de estar conectado a un aparato tecnológico.

Drones tripulados, ¿los taxis del futuro?

Desde hace ya varios años nos hemos acostumbrado a ese zumbido que emiten los drones, el artilugio con hélices que tiene mil usos más allá de sacar unas fotografías para Instagram. Y lo siguiente en el mundo dron parecen los taxis voladores para las ciudades. La empresa japonesa NEC presentó un prototipo esta semana, pero tampoco hay que irse tan lejos para imaginarse el futuro. En el País Vasco, la empresa Tecnalia está desarrollando un taxi autónomo que podría transportar personas por el aire en los próximos años.

Lo que hace un tiempo parecía ciencia ficción, hoy suena más que real. Obviamente, el hombre siempre va a necesitar alguna máquina o algún trasto para imitar a las aves, pero lo que parece claro es que no se detendrá en la búsqueda ¿eterna? por volar.