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Triturar virus, purificar proteínas: guía para entender la vacuna del coronavirus

La vacuna es todavía una esperanza

Peter Steffen/dpa

Que si estará en 12 meses. Que si China la ha probado en humanos. Que si España puede ser el país donde se diseñe. La búsqueda de «vacuna coronavirus» en Google ofrece casi 50 millones de resultados en menos de un segundo. Sin embargo, lo único cierto ahora mismo es que no existe una vacuna contra el Covid-19 y que nada puede asegurar que se vaya a encontrar a corto plazo.

“Hay una carrera sin precedentes para desarrollar una vacuna contra el coronavirus. Con al menos 44 vacunas en las primeras fases de desarrollo, ¿qué resultado podemos esperar? ¿Será la primera vacuna en cruzar la línea de meta la más segura y efectiva?», se preguntaba a finales de marzo Seth Berkley, director ejecutivo de la organización internacional Gavi Alianza por las vacunas, en un artículo en Science. «¿O serán las vacunas mejor financiadas las que estarán disponibles por primera vez, o tal vez las que utilicen tecnologías de vacunas con la menor cantidad de obstáculos reglamentarios?”

En los periódicos y en muchos programas de radio y televisión se leen y se escuchan estos días palabras un tanto extrañas para muchos: inmunogenicidad, anticuerpos, ARN, plásmidos infectivos… Vamos a intentar explicar a través de una guía con preguntas y respuestas cómo se desarrolla una vacuna y qué tiene de particular la del coronavirus.

Lo primero, ¿qué es una vacuna?

En pocas palabras, una vacuna es la solución que ha encontrado el hombre para volverse inmune y no contagiarse de un virus. Se trata de un medicamento biológico que lo que hace es introducir una muestra atenuada o muerta del virus en un organismo para «engañarle». Nuestro sistema inmunológico es tan inteligente que cuando detecta la presencia de un virus genera los llamados anticuerpos o inmunoglobulinas, que se encargan de identificar y combatir a los agentes infecciosos. Además, estos anticuerpos tienen memoria.

Con una vacuna lo que estamos haciendo es enseñarle un simulacro de virus a nuestro cuerpo para que lo memorice: así, cuando el virus de verdad nos ataque, el organismo sabrá identificarlo y eliminarlo antes de que se expanda.

¿Por qué no encontramos vacunas para ciertos virus?

«Cada patógeno es un mundo», responde José Antonio López Guerrero, profesor de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). «Depende mucho del tipo de virus, de su capacidad de inmunogenicidad, de cómo y dónde se replique. Hay virus para los que es más fácil encontrar una vacuna», añade. El virus del VIH es posiblemente el mayor fracaso de la biología molecular, ya que a pesar de miles de millones invertidos durante décadas, la ciencia todavía no ha encontrado una vacuna. De acuerdo al programa ONUSIDA, la epidemia del Sida ha causado ya la muerte a más de 30 millones de personas desde 1980.

«El del VIH es un virus que lo primero que hace es infectara las células que tiene que producir defensas contra él y además se puede quedar insertado en el genoma de una forma que es muy difícil de acceder», explica López Guerrero. «Así es muy difícil desarrollar una vacuna que pueda llegar al virus y lo pueda atacar. El VIH es muy puñetero, uno de los más difíciles de abordar».

En general, es más fácil desarrollar una vacuna contra un virus que no muta con el tiempo. Normalmente, los virus cuya composición genética es ARN (ácido ribonucleico) mutan más que los de ADN (ácido desoxirribonucleico). El Covid-19, aunque es de ARN, no muta tanto como otros de similares características.

¿Cómo es el virus del Covid-19?

El coronavirus Covid-19 fue identificado por científicos chinos el 7 de enero de 2020 después de la aparición de varios casos de neumonía en la ciudad china de Wuhan. Se cree que pasó del murciélago al ser humano a través de un animal todavía no identificado.

El Covid-19 puede formar mil millones de partículas por mililitro de saliva en los primeros días»

«Es un virus que crece bien en cultivo y aunque sea de ARN no muta mucho y es más estable que el resto», señala el profesor. «La clave está en una enzima, la exonucleasa, que le permite corregirse cuando comete un fallo durante la replicación virus». El hecho de que sea un virus no mute mucho hace que la vacuna, si algún día llega, sea bastante efectiva. Por ejemplo, el virus de la gripe muta muy rápido y por eso tenemos que cambiar las vacunas cada cierto tiempo.

El Covid-19 ha aprendido a replicarse de una forma sumamente eficiente. «Por ejemplo, en los primeros días que está en nuestras vías respiratorias superiores puede formar mil millones de partículas por mililitro de saliva. Aunque por otro lado, no se disemina por el viento», añade López Guerrero.

¿Cómo se desarrolla una vacuna?

Una vez que se ha identificado un virus, arranca el proceso para descubrir la vacuna que nos haga inmunes. Y lógicamente no hay un único camino. «Hay diferentes abordajes», señala López Guerrero. En la situación actual, con una pandemia que supone una amenaza para todo el planeta, «lo ideal sería encontrar una vacuna rápido, aunque luego haya que modificarla», añade.

«Se puede triturar el virus y purificar (aislar) una proteína concreta. Si ya se tiene la secuencia del virus, se puede hacer una construcción plasmídica que in vitro te va a producir la proteína que tú quieras», continúa el profesor de microbiología. «Eso ya se puede hacer con técnicas de ingeniería genética y permitiría producir una vacuna rápida, sencilla y que no suele dar problemas de tolerancia en humanos».

«Si queremos una vacuna más sofisticada, necesitaríamos más tiempo. Por ejemplo, en el laboratorio de Luis Enjuanes (del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC), se está utilizando la técnica de la genética reversa, que permite modificar la construcción genética de un plásmido infectivo a nuestro antojo», desarrolla López Guerrero.»Esto nos permitiría producir partículas virales muy parecidas a las originales, pero eliminando todos los factores que producen virulencia. Estas son vacunas más efectivas, porque generan una inmunoprotección muy parecida a la que produciría el propio virus. Sin embargo, estas vacunas tardan más tiempo en producirse».

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