Ciencia y Tecnología | Deportes

El último Boy Scout

Stephen Curry bota el balón ante la defensa de Kyrie Irving, base de Cleveland.

Stephen Curry, con el balón ante Kyrie Irving. EFE

La NBA es uno de los deportes que genera mayor expectación a nivel global y que mueve mayor cantidad de dinero a su alrededor. Hay una gran presión para dar resultados, se mide y se cuantifica absolutamente todo y por ese mismo motivo, disponen desde hace ya bastante tiempo de expertos en la explotación de dicha información.

Uno de los pioneros y más reconocidos es Daryl Morey, un economista al que ficharon los Houston Rockets en 2006 para mejorar la capacidad de contratación del equipo, buscando complementar con números el «saber hacer» de sus famosos scouters.

Para llevar a cabo ese proceso y poder contratar el mejor talento joven, la NBA dispone de un proceso conocido como el draft, mediante el cual se determina cada año el orden de incorporación de nuevos jugadores menores de 23 años procedentes de universidades norteamericanas o de ligas extranjeras. Es un procedimiento para compensar la competición, que se articula de tal manera en la que la elección de jugadores se realiza de forma inversa a los resultados del equipo el año anterior.

Pues bien, según cuenta Michael Lewis en su libro Deshaciendo Errores (Ediciones Debate, 2016), en el draft de 2007, el algoritmo de los Houston Rockets tenía de favorito a un jovencísimo Marc Gasol en base a los excelentes números e historial que albergaba, pero el equipo ignoró esta recomendación y lo dejó pasar hasta en dos ocasiones. Finalmente resultó ser elegido muy atrás, en concreto en el puesto 48, por Los Angeles Lakers, para ser traspasado finalmente a los Memphis Grizzlies, donde comenzó su carrera.

A pesar de salir elegido muy al final y contra todo pronóstico, Marc Gasol acabó siendo uno de los mejores fichajes de la década y entre otras cosas logró ser 3 veces All-Star y finalmente campeón de la NBA en 2019 con los Toronto Raptors.

Daryl Morey reconoció el tremendo error, alegando que era novato en el puesto y que se dejó presionar. El problema resultó ser una foto previa al draft en la que Marc Gasol aparecía jugando al baloncesto sin camiseta, con cara de niño, sobrepeso y pechos flácidos. Los ojeadores le apodaron «tetas de hombre» y las etiquetas son habitualmente una losa difícil de levantar.

Hoy en día, el poder del dato es cada vez más determinante en todas nuestras actividades, por lo que nuestra capacidad para tomar decisiones racionales es exponencialmente superior a la de hace unos años. Además, también están mejorando las habilidades de cálculo y análisis que nos permiten explotar dicha información y somos cada vez más conscientes del papel de los sesgos y las emociones en nuestra toma de decisiones.

A pesar de ello, sigue habiendo un gap para evitar que los algoritmos decidan todo en nuestra vida y es que, por muchos datos de los que dispongamos, la información raramente está completa y además puede estar sesgada. Todo ello sin mencionar que los algoritmos son entrenados por personas, que a su vez poseen sus propios sesgos.

El problema para una toma de decisiones racional radica en ignorar o no empezar el análisis por la información numérica, las etiquetas y las historias que nos contamos no pueden tener más peso que la información más objetiva y las cada vez más disponibles fuentes de datos.

Para esa toma de decisiones no podemos dejar todo en manos de los algoritmos y de ello son conscientes en la NBA que sigue disponiendo de scouters. Es así porque siguen sabiendo cosas que los números no aciertan a entender, porque si los algoritmos fueran perfectos, adivinen: no habría nada que decidir.

Te puede interesar

Comentar ()