El ejército ruso asaltó en la madrugada de este viernes la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Ucrania y Europa y una de las diez mayores del mundo. El complejo nuclear ubicado en la localidad de Energodar fue escenario de batalla entre las tropas rusas y defensores de la central. Los seis reactores de Zaporiyia producen más del 25% de la energía que se consume en todo el país y se han convertido en una de las principales ambiciones rusas en su avance en el sur de Ucrania tras más de una semana de invasión.

Las tropas rusas accedieron a la central nuclear con tanques, carros de combate y grupos de asalto. En una transmisión en directo a través de cámaras de seguridad se pudo ver fuego de artillería dirigido contra varios edificios en todo el complejo, así como un importante incendio en uno de los edificios de la instalación de Zaporiyia. El ministro de Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, advirtió de que si la central explotase, podría causar un desastre «10 veces peor» que la catástrofe de Chernobyl en 1986.

Lo cierto es que el incendio se localizó en un edificio administrativo, relativamente alejado de los reactores. Expertos con conocimiento de la estructura de la central especificaron que en el lugar incendiado no había ningún sistema de seguridad que pudiese afectar a la operativa. Los bomberos extinguieron el fuego tras cerca de una hora, después de que les fuese garantizado el acceso a la instalación.

Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) ha informado en su cuenta de Twitter que «no se han registrado cambios en los niveles de radiación en el emplazamiento de la central nuclear» y que está en contacto con las autoridades ucranianas para controlar la situación.

Pese a que los reactores no fueron directamente golpeados, la existencia de combates, el uso de artillería o la amenaza de bombardeos dentro del complejo de una central nuclear presenta riesgos evidentes que nunca se deberían correr. Aunque no del tipo de una explosión nuclear como la de Chernobyl.

Lo primero que cabe destacar es que los seis reactores nucleares de la central de Zaporiyia son del tipo VVER 1000-320, construidos en los años 80. De diseño soviético, cuentan con la misma estructura de defensa en profundidad que los reactores occidentales, a través de cuatro capas. La más superficial, pero también la más relevante, es el muro de contención exterior.

Hormigón a prueba de aviones

En el caso del VVER 1000-320, esta capa de hormigón exterior está equiparada en sus estándares de seguridad a la del resto de reactores modernos. Entre otros ejemplos, resistiría incluso el impacto de un avión.

Ni munición corriente, ni fuego de artillería ni siquiera el alcance de un misil tradicional podría infligir el daño suficiente como para penetrar y destruir ese muro y posteriormente el armazón, hasta acceder a las barras y las pastillas de combustible del interior del reactor. Ningún impacto accidental, por tanto, podría activar el riesgo de una explosión nuclear. Lo mismo ocurre con los tanques de residuos, que se diseñan y prueban específicamente frente a este tipo de situaciones.

Pese a ello, sí existen riesgos claros asociados a un incendio en una central nuclear. El codirector del Carnegie Program de políticas nucleares, James Acton, los explicó esta madrugada en un hilo en Twitter tras conocer las noticias que llegaban desde Zaporiyia.

«A las 8 de la mañana, según el regulador ucraniano, tres de los seis reactores estaban conectados a la red; y los otros tres desconectados. No obstante, todos necesitarían refrigeración si tienen combustible dentro», explicaba Acton, que asumía que en caso de que todos quedaran aislados de la red eléctrica durante la batalla, pasarían a depender de alimentación externa para su proceso de enfriamiento.

«Un incendio puede dañar la conexión a la red eléctrica. Y también puede amenazar los aportes energéticos de refuerzo, como generadores diesel de emergencia», abundó. «Sin refrigeración, se produciría una fusión, precisamente lo que ocurrió en Fukushima en el año 2011», remataba.

Según explicó en una charla en directo Mark Nelson, miembro del Radiant Energy Fund, este riesgo nunca existió en Zaporiyia durante esta madrugada. De hecho, uno de los seis reactores seguía en funcionamiento tras los combates en la central nuclear, lo que indica que no hubo ningún problema de conexión a la red eléctrica. No hubo, por tanto, necesidad de activar ningún proceso de enfriamiento de emergencia.

«Si no estuvieran conectados a la red, sería imposible que uno de los reactores siguiera operando. Esto son buenas noticias», añadió Nelson, que explicaba que el resto de reactores simplemente se habían apagado y se enfriaban con un proceso normal de agua a presión que los cubre y los refrigera hasta disminuir lo suficiente la temperatura del combustible.

Esta mañana, la Inspección Estatal de Regulación Nuclear Ucraniana (SNRIU, por sus siglas en inglés), ha informado de que la operación de la unidad 1 de la central se encuentra interrumpida y las unidades 2 y 3 han sido desconectadas de la red y se está realizando la refrigeración de estas instalaciones nucleares. La unidad 4 sigue operando con una potencia de 690 MW, algo más del 60% de su capacidad, para garantizar una fuente de energía eléctrica segura a todos los sistemas de seguridad del emplazamiento. Las unidades 5 y 6 están paradas y en proceso de enfriamiento. La refrigeración del combustible nuclear en las unidades de energía de la central nuclear de Zaporiyia está garantizado por los sistemas de suministro eléctrico previsto en el diseño de las mismas de acuerdo con los requisitos de los procedimientos para una operación segura.

Timing perfecto: Ucrania se ‘desconectó’ de Rusia el 24 de febrero

Con esos elementos en cuenta, la perspectiva más preocupante para la seguridad nuclear en Ucrania sería la de una caída masiva de la red eléctrica nacional. Pero se trata de un riesgo oportunamente conjurado el pasado 24 de febrero, cuando el país se desconectó de la red compartida con Rusia y Bielorrusia y pasó a operar de forma autónoma, antes de integrarse en los próximos meses en los circuitos europeos.

De no haberlo hecho, habría existido el riesgo de que Rusia utilizase la desconexión de la red eléctrica en Ucrania como una táctica más de guerra. Al hacerlo, se podría ver interrumpido el proceso de enfriamiento de los reactores súbitamente desconectados y aumentaría el riesgo de una fusión nuclear.

No obstante, esto no es un proceso automático sino que necesita una interrupción energética total y continuada, durante días. En el caso de Fukushima en 2011, la fusión tardó más de tres días en producirse, pese a las circunstancias extremas del accidente. Un terremoto de 9,0 grados sacudió el área en el que se encuentra la central nuclear, desconectando a los reactores de la red y haciéndolos depender del enfriamiento por generadores diesel de emergencia. El maremoto posterior destruyó también estos sistemas de emergencia, provocó explosiones de hidrógeno y la liberación de material radioactivo, aunque en ningún caso llegó a producirse una explosión nuclear.

Como explicaba Nelson en un hilo previo en Twitter, el accidente de Fukushima también ayudó a mejorar la seguridad en el resto de centrales nucleares. «La parte buena del accidente de Fukushima es que las plantas nucleares de todo el mundo se han preparado para saber qué hacer en caso de desconexión. Haces funcionar generadores para mantener el núcleo cubierto de agua mientras se enfría durante varios días», detalla.