Ciencia y Tecnología

Hervir y filtrar el agua del grifo elimina hasta el 90% de los microplásticos

Pixabay

Los nanoplásticos, o microplásticos, están en todas partes. Y, sin darnos cuenta, estamos constantemente ingiriéndolos e inhalándolos. Hasta ahora se han intentado multitud de estrategias para eliminar estos materiales, con más o menos efectividad. Pero una solución muy sencilla ha dado, inesperadamente, un gran resultado.

Y es que un artículo publicado este miércoles en la revista científica Environmental Science & Technology Letters, de la Sociedad Química Estadounidense, asegura que hervir y filtrar el agua del grifo que contiene calcio podría ayudar a eliminar casi el 90% de los nanoplásticos y microplásticos presentes.

Estos materiales, cuyo diámetro puede llegar a ser tan pequeño como una milésima de milímetro o tan grande como cinco milímetros, se han vuelto cada vez más comunes. Los efectos de estas partículas en la salud humana aún están bajo investigación, aunque los estudios actuales sugieren que podrían ser problemáticas, porque que ingerirlas podría afectar al microbioma intestinal. Por eso hubo una gran preocupación cuando el pasado enero el vertido de un barco propició la llegada masiva de pellets a las costas gallegas.

Algunos sistemas avanzados de filtración de agua potable ya son capaces de capturar los microplásticos, pero se necesitan métodos simples y económicos para ayudar sustancialmente a reducir el consumo humano. Por eso los científicos quisieron probar si hirviendo el agua del grifo podrían eliminarlos. Y decidieron ponerlo a prueba tanto con agua dura (aquella que tiene una alta concentración de minerales) como con agua blanda (que apenas tiene sales minerales).

Los investigadores recolectaron muestras de agua dura del grifo de Guangzhou (China) y le agregaron diferentes cantidades de nanoplásticos. Luego hirvieron esas muestras durante cinco minutos, las dejaron enfriar y midieron el contenido de plástico que flotaba libremente. Al hacerlo se dieron cuenta de que se forma naturalmente una sustancia calcárea conocida como cal o carbonato de calcio (CaCO3).

Los resultados de estos experimentos indicaron que a medida que aumentaba la temperatura del agua, el CaCO 3 formaba estructuras cristalinas que encapsulaban las partículas de plástico. Los científicos explican que, con el tiempo, estas estructuras se acumulan como la cal, y en ese momento podrían eliminarse para acabar con los microplásticos. Bastaría con verter el agua a través de un filtro simple, como los que se usan para el café, para acabar con las partículas que flotan.

En las pruebas, el efecto de encapsulación fue más pronunciado en el agua dura: en una muestra que contenía 300 miligramos de CaCO 3 por litro de agua, se eliminaron hasta el 90% de los nanoplásticos que flotaban libremente después de hervir. Sin embargo, incluso en muestras de agua blanda (menos de 60 miligramos de CaCO 3 por litro), la ebullición eliminó alrededor del 25% de los microplásticos. Los investigadores afirman que este trabajo podría proporcionar un método simple pero eficaz para reducir el consumo de estos materiales.

El peligro de los microplásticos para la salud

En 2022 un estudio del CSIC fue el primero en evaluar el impacto de la ingesta de microplásticos en el tracto digestivo y la microbiota intestinal humana. Y descubrió que reduce la diversidad bacteriana de la microbiota del colon y produce una alteración del equilibrio en los microorganismos presentes. Según se explicó, después de la ingestión disminuye la abundancia de bacterias conocidas por sus efectos positivos en la salud y se incrementa la presencia de otros grupos microbianos relacionados con una actividad patógena.

Además, la investigación comprobó por primera vez que estos microplásticos pueden sufrir biotransformaciones a lo largo del tracto gastrointestinal y llegar al colon con una forma estructuralmente diferente a la original. Y apuntaba la necesidad de seguir estudiando este tema para chequear si estos materiales pueden permanecer en el cuerpo humano y acumularse potencialmente en algunos órganos y tejidos.

"Dada la posible exposición crónica a estas partículas a través de nuestra dieta, los resultados obtenidos plantean que su ingesta continuada podría alterar el equilibrio intestinal y, por tanto, la salud", expuso entonces Victoria Moreno, investigadora del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL) del CSIC. En ese momento, desde el centro de investigación alertaron de que las últimas estimaciones indicaban que, de media, cada persona podría ingerir entre 0,1 y 5 gramos de microplásticos cada semana a través de alimentos y bebidas.

No obstante, un estudio realizado en 2023 por más de una decena de centros de investigación españoles de la Red EnviroPlaNet , y liderados por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y la Universidad de Alcalá (UAH), rebajó la preocupación. Y es que, a pesar de que encontraron microplásticos en el agua potable en varias regiones de España, aseguraron que las cantidades eran tan bajas que el riesgo para la salud humana es insignificante.

"Ahora bien, por poco que haya uno no espera que del grifo salga plástico. En nuestro estudio se demostró que a pesar de que el agua de red de la zona más poblada, Madrid, era la que más microplásticos contenía, los residuos plásticos aparecieron en todas las muestras con una concentración bastante similar. Como reflexión final cabe señalar que los residuos que acabamos desechando en nuestras casas terminan volviendo a ellas, de aquí la importancia de que gestionemos de forma correcta los residuos que generamos", señalaron los autores del estudio.

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