Viajar sin contaminar es prácticamente imposible, ni la inagotable Greta Thunberg ha podido evitar dejar su huella de carbono en su travesía evangelizadora por el mundo. La activista adolescente, que ha llegado este martes a Lisboa, viajará en los próximos días a Madrid en un tren-hotel, el Lusitania, cuya locomotora combina electricidad y diésel. Sin embargo, el tren sólo puede utilizar diésel en la mayor parte de su recorrido por territorio español, confirman fuentes de Renfe a El Independiente. Largo trayecto en el que el convoy emite gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático. 

La Organización Mundial del Turismo (OMT) lo ha confirmado hoy en la Cumbre del Clima de Madrid con datos actualizados con el informe Emisiones de CO2 por el transporte en el sector turístico . La industria del turismo, que generó el 10% de la riqueza mundial y creó siete millones de empleos en todo el planeta, tiene una huella de carbono que suma el 8% de las los gases de efecto invernadero. “Toda la riqueza y todo el empleo que genera se va a quedar en nada si no se actúa contra el cambio climático”, ha reconocido Ovais Sarmad, director de la Secretaría de la ONU para el Cambio Climático.

El Lusitania sólo puede utilizar su locomotora diésel durante su trayecto por España, pese a que cuenta también con propulsión eléctrica

Como no todos podemos viajar de manera simbólica como Greta Thunberg, todos contaminamos dejando una considerable huella de carbón según nos desplazamos por nuestras vacaciones. Dirk Glaesser, director de de Desarrollo Sostenible de la Organización Mundial del Turismo, ha desglosado en la cumbre los datos del informe. Las llegadas de turistas internacionales aumentaron de 770 millones en 2005 a 1.200 millones en 2016 y se pronostica que llegarán a 1.800 millones en 2030. Las llegadas de turistas nacionales se duplicaron de 4.000 millones en 2005 a 8.000 millones en 2016 y se prevé que alcancen los 15.600 millones en 2030, señala el informe de la OMT.

En 2016, se estima que las emisiones de CO2 alcanzaron las 4.650 millones de toneladas de CO2 producidas por el transporte de pasajeros. Se calcula que las emisiones del transporte de pasajeros se han dividido casi por igual entre el transporte urbano y no urbano. Según las previsiones del informe «para 2030, a pesar de los aumentos esperados en la eficiencia del combustible y la aparición de modos de transporte más limpios y ecológicos, el crecimiento en la demanda de transporte de pasajeros y mercancías conducirá a mayores emisiones de CO2. Para 2030, se estima que las emisiones totales de CO2 relacionadas con el transporte de pasajeros y carga crecerán en un 21% en comparación con 2016 y alcanzarán 8,772 millones de toneladas de CO2, lo que representa el 23% de todas las emisiones de CO2 producidas por el hombre».

Causante y víctima del cambio climático

Paradójicamente el turismo es muy vulnerable al cambio climático. “Las amenazas para el sector son diversas, incluidos los impactos directos e indirectos, como eventos climáticos más extremos, aumento de los costos de seguros y preocupaciones de seguridad, escasez de agua, pérdida de biodiversidad y daños a los activos y atracciones en los destinos, entre otros”, señala informe.

“Dado que los recursos naturales y culturales son la base de la competitividad del sector turístico, se espera que la continua degradación impulsada por el clima y la interrupción del patrimonio cultural y natural afecten negativamente al sector turístico, reduciendo el atractivo de los destinos y disminuyendo las oportunidades económicas para las comunidades locales. Destinos como los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) se encuentran entre los más vulnerables”, añade.

Las emisiones causadas por el turismo representan una de las “grandes preocupaciones de los países que ya lo tienen en cuenta en sus planes de reducción de gases de efecto invernadero para cumplir con el Acuerdo de París”, ha señalado Ovais Sarmad.