Miles de flashes, micrófonos, cámaras de vídeo, cientos de policías y cordones humanos. Expectación máxima. Horas y horas en la televisión. Emisiones en directo que no acaban. Un tren, una cumbre y una manifestación. Una niña de 16 años con capucha en el objetivo de todas las miradas. Una adolescente perseguida durante un día entero en su periplo por Madrid, adonde llegó para seguir amplificando su mensaje: «La gente muere y sufre por esta emergencia climática y no podemos esperar más».

Greta Thunberg, la sueca que inició esta revolución por el clima, se convirtió en la gran protagonista del viernes en España, que la recibió como una auténtica rockstar. No podía dar un paso sin que nadie la fotografiase. Ni un respiro en todo el día. Tanto, que tuvo que abandonar la Marcha por el Clima ante la avalancha de gente que pretendía acercarse a ella. Todos querían verla, animarla, captar esa mirada cansada. «¡Greta, Greta!», gritaban los fotógrafos en La Casa Encendida antes de la rueda de prensa. «¡Greta, please, here!»