Mohamed bin Salman, heredero saudí, en el lllamado Davos del Desierto, en Riad.

Mohamed bin Salman, heredero saudí, en el lllamado Davos del Desierto, en Riad. EFE

Internacional | Política CASO KHASHOGGI

El heredero saudí, al desnudo

La imagen de Momahed bin Salman, que se presentaba como el gran modernizador, se hunde por el asesinato de Khashoggi

El todopoderoso príncipe heredero saudí está desnudo. A Mohamed bin Salman (conocido por sus siglas MbS) nadie se atrevía a ponerle delante del espejo. La sangre del periodista crítico Jamal Khashoggi se ha convertido en ese reflejo que muestra el lado oscuro del heredero del rey Salman. La muerte de Khashoggi en el consulado saudí en Estambul el pasado 2 de octubre amenaza la credibilidad de MbS, y quizá su futuro como rey.

Jamal Khashoggi, que habría cumplido 60 años el pasado 13 de octubre, entró en la legación diplomática y desapareció. Crítico con Mohamed bin Salman pero cercano a la familia real saudí, había dejado el reino para trasladarse a EEUU hace algo más de un año por no poder escribir más. Ni siquiera le dejaban tuitear. Al heredero le molestaban sus críticas.

En Turquía quería establecerse y casarse con su novia, la investigadora Hetice Cengiz, que fue la primera en dar la voz de alarma. Cengiz ha contado que Khashoggi estaba preocupado con esa visita al consulado.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha asegurado esta semana ante el Parlamento que la investigación confirma que Khashoggi fue asesinado en el consulado y que fue un plan premeditado. El rey y el heredero saudíes prometieron colaborar, condenaron el crimen pero la versión saudí de los hechos ha cambiado ya cuatro veces. MbS y el rey Salman han dado el pésame al hijo de Khashoggi, que ha podido dejar el país como quería hace tiempo. El heredero ha calificado el crimen de «infame».

Erdogan ha vuelto a preguntar a Riad que aclare «quién dio la orden» de matar a Khashoggi. «Usted sabe cómo hacer hablar a la gente», dijo el presidente turco, en alusión al heredero saudí. De momento han detenido a 18 personas en Arabia Saudí. Erdogan exige que confiesen quién les ordenó el asesinato o que los entreguen a las autoridades turcas. También han destituido al asesor del heredero, Saud al Qahtani, quien habría estado en contacto por Skype con el consulado saudí el día del asesinato. El cónsul, que presenció los hechos, salió huyendo a Arabia Saudí.

Erdogan, de apestado a ‘kingmaker’

«Turquía no va a aflojar la presión sobre Arabia Saudí. Erdogan lo hace con la maestría de un líder experimentado y maquiavélico. Puede estar jugando con ventajas económicas y protagonismo geopolítico. Si posee información que pueda provocar una sacudida interna en Arabia Saudí, está en posición de pedir… La pregunta es si parte de lo que pide es el cambio de la línea sucesoria. Puede ser algo que ocurra lentamente. Entre los países vecinos de Arabia Saudí hay temor de que llegue al trono por sus aventuras temerarias», afirma Haizam Amirah Fernández, investigador senior en el Real Instituto Elcano.

Hay dos versiones sobre lo que sucedió en el consulado. Una, basada en audios que tiene en su poder el diario turco progubernamental Yeni Safak, según la cual Khashoggi fue drogado y descuartizado por un forense cuando estaba aún con vida. Su cuerpo se habría llevado en avión privado a Arabia Saudí.

Según Middle East Eye, habrían intervenido 15 agentes del llamado Escuadrón del Tigre, ligado al general Ahmed al Assiri, número dos de la inteligencia saudí, que ha sido destituido. Al menos cinco de ellos formarían parte del equipo de seguridad del heredero. En otra versión le asfixian y luego un agente local esconde el cadáver.

La sangre de Jamal Khashoggi está salpicando a la monarquía saudí, regida por un clan familiar que lleva décadas invirtiendo fortunas en quedar alejada del escarnio público. El petróleo les ha dado vía libre para dejar de lado los derechos humanos y el respeto a las libertades. Mohamed bin Salman, de 33 años, había querido ir más allá y se ha presentado al mundo como un modernizador e incluso un reformista.

Las revelaciones sobre el caso Khashoggi están mostrando su lado más siniestro. Los detalles más macabros se han difundido por todo el planeta y la comunidad internacional se ha mostrado conmocionada. Parcialmente, en realidad, porque los negocios de venta de armas se mantienen en muchos casos, como el español. El mensaje a los árabes moderados es «devastador», en palabras de Amirah Fernández.

«El príncipe heredero está ahora mismo en el centro de una tormenta que se ha desencadenado por el asesinato de Jamal Khashoggi y la gestión posterior de la crisis. Está poniéndose en evidencia ante el público internacional un estilo de gobernar que lo ha caracterizado desde que ha acumulado tanto poder. Destaca por tomar decisiones sin medir las consecuencias», señala Haizam Amirah Pernández.

Su estilo de gobernar destaca por tomar decisiones sin medir las consecuencias», señala Haizam Amirah Fernández

Haizam Amirah Fernández da ejemplos de esta conducta errática de MbS desde su fulgurante ascenso. «La guerra de Yemen iba a durar semanas y lleva tres años siendo un desastre para saudíes y yemeníes: el bloqueo a Qatar fracasó; el secuestro del primer ministro libanés salió a la luz; y la purga interna contra la familia y élites en Arabia Saudí en noviembre de 2017 sembró el temor y ahora el culmen es la desaparición y muerte de Khashoggi».

Jamal Khashoggi nunca fue un disidente radical, sino un periodista crítico. Ponía en evidencia al príncipe, muy empeñado en abrir cines pero no en dejar que la gente se expresara libremente. «¿Tenemos que escoger entre que haya cines y nuestros derechos como ciudadanos para expresarnos?», decía en uno de sus artículos. Pan y circo pero nada de verbos sueltos, defiende MbS.

MbS, una marca en caída libre

MbS se convirtió en el ministro de Defensa más joven del mundo en enero de 2015, después de que accediera su padre, el rey Salman, al trono. Ese mismo año fue designado sucesor. Nunca antes se había elegido en Arabia Saudí como heredero a un príncipe tan joven. Dos meses después de ser titular de Defensa, se embarcó en encabezar una coalición contra los rebeldes hutíes en Yemen.

Militarista ferviente, pese a carecer de formación en el ejército, su Operación Tormenta Decisiva aún no ha hecho honor a su nombre. Su animadversión por Irán, que apoya a los hutíes, le empujó a librar esa cruenta guerra, en la que ya han perdido la vida más de 15.000 víctimas mortales. La crisis humanitaria de Yemen ha afectado especialmente a decenas de miles de niños, que padecen hambre y miseria, ante la pasividad internacional.

Sin embargo, MbS consiguió que su nombre se asociara con su Visión 2030 para modernizar el país y con la apertura de una sala de cine por primera vez en 35 años, o con el gesto de dejar que conduzcan las mujeres. Las medidas económicas, condicionadas por la necesidad de buscar alternativas al petróleo como fuente de ingresos, y las sociales, aunque tímidas, pensadas para atraer a los jóvenes saudíes. Un 45% de la población saudí es menor de 24 años.

Los jóvenes le apoyan porque atiende sus demandas: trabajos bien remunerados, entretenimiento y cierta apertura», dice Itxaso Domínguez de Olazábal

«Los jóvenes que no han sido educados en la cultura democrática le apoyan porque atiende sus demandas. Es decir, trabajos bien remunerados, entretenimiento y cierta apertura. También algunos moderados religiosos y parte de la élite. Sin embargo, se han dado cuenta de que no se admite la más mínima crítica. Hay que aplaudir con pies y manos sus reformas», señala Itxaso Domínguez de Olazábal, coordinadora para Oriente Próximo y Norte de África en la Fundación Alternativas.

Sin embargo, en poco tiempo MbS se está ganando muchos enemigos internos y está incomodando a sus aliados tradicionales, sobre todo a Estados Unidos. «Tiene enemigos en los sectores más religiosos, dentro de la familia, sobre todo después de la purga de noviembre pasado, dentro de las élites que temen que les quite privilegios», apunta la investigadora, quien señala que es muy aventurado saber si el agravio le llevará a ser relevado. «Lo que parece claro es que de  momento no habrá tantas alfombras rojas. ya tenía sangre en la manos pero ahora ha sido más evidente. Luego echará balones fuera y dará a Erdogan lo que pide», agrega.

Temor en la familia Saud

En noviembre de 2017 recluyó en el hotel Ritz Carlton de Riad a cientos de príncipes y empresarios a los que acusó de corrupción. Les liberó tras obtener a cambio miles de millones de dólares. Entre los arrestados había figuras tan relevantes como el príncipe Turki bin Abdulah, ex gobernador de Riad y que podría haber optado a la sucesión en su lugar.

Otro de los hijos del rey Abdalah a quien dejó atrás fue recientemente el príncipe Miteb bin Abdalah, comandante en jefe de la Guardia Nacional, donde sirven 10.000 hombres y quedaba fuera de su control. Poco a poco se ha hecho con más poder que cualquiera de sus antecesores. El estilo recuerda al de su admirado Vladimir Putin.

«Una parte de la juventud ve en él aires de cambio y algunas reformas, que son reales. Pero se ha acompañado de una represión feroz, incluso de activistas que reclamaban el derecho a conducir. Encarcela a mujeres, blogueros, teólogos reformistas. Se ha generado un miedo incluso dentro de la familia Al Saud.  Si ha sido capaz de dejar caer a colaboradores muy cercanos, lanza un mensaje disuasorio para cualquiera que el apoye», afirma Amirah Fernández.

«El poder se ha hiperpersonalizado en una figura ambiciosa y sin experiencia.Antes se tomaban las decisiones en la familia, en consultas. Ahora se concentra en el heredero», añade el investigador.

También sus aliados, como Estados Unidos, empiezan a dar señales de incomodidad. La relación de MbS con el presidente Trump y su yerno, Jared Kushner, es «transaccional», en palabras de Itxaso Domínguez. Hay lazos de negocios, pero en el Congreso, tanto destacados demócratas como republicanos, están muy irritados por el caso Khashoggi. El senador Lindsey Graham, cercano a Trump, llegó a decir claramente: «Tiene que irse». Graham añade: «Tenemos socios pero nuestros valores están por encima».

Su futuro parece que está en manos del presidente turco, a quien intentó convertir en un paria en la zona, y del presidente Trump. En una entrevista en la revista Time, cuando visitó Estados Unidos en abril pasado, Mohamed bin Salman se definía como un hombre con prisa. «Soy joven y no tengo tiempo que perder».  El tiempo dirá si no ha ido demasiado rápido.

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