En su memoria está la imagen que se hizo global el 2 de septiembre de 2015. Tima Kurdi es la tía de Alan Kurdi, el niño kurdosirio cuyo cadáver se convirtió en la metáfora del drama de la guerra en Siria. Esta semana de marzo de 2020 Tima Kurdi ha vuelto a revivir la pesadilla: «Es nuestra historia. Esos barcos que se hunden con personas desesperadas en busca de paz y seguridad. Nos pasó y ahora lo contemplamos de nuevo».

«¿Cuántos Alan Kurdi han de morir para que reaccionemos, para que la comunidad internacional actúe, para que Europa reaccione, y vaya a las causas de lo que sucede?», se pregunta al otro lado del teléfono Tima, hermana del padre de Alan, Abdalá.

Tima vive en Canadá desde 1992 y fue quien hizo llegar a su hermano Abdalá los 5.000 dólares que necesitaba su familia para llegar a Europa. Ha escrito The Boy on the Beach. My Family’s Escape from Syria and Our Hope for a New Home (Simon & Schuster), aún por traducir al español.

Abdalá no solo enterró a Alan, de dos años, sino también a su esposa Rehana y otro niño, Galib, de cuatro años. «Está traumatizado. Lo ha perdido todo y se siente culpable», cuenta Tima sobre su hermano, que reside en Erbil, capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí.

Alan Kurdi yace en la costa de Bodrum, en Turquía, tras el intento fallido de su familia de llegar a Grecia. / EFE

Los Kurdi han revivido su peor pesadilla estos días de marzo. También quienes todavía viven en Siria, después de nueve años de guerra, o guerras en sentido estricto. Esto días la situación es especialmente dramática en Idlib donde se ha acantonado la debilitada insurgencia.

En esta provincia siria la vida de unos tres millones de personas pende de los juegos de poder del neootomanismo de la Turquía de Erdogan, el dictador Bashar Asad, y su firme aliado, el presidente ruso Vladimir Putin.

Idlib, que fue de las primeras zonas en sublevarse contra el régimen de Asad y será la última en rendirse, cuenta con presencia turca. En febrero el ejército sirio y sus aliados rusos e iraníes han atacado las posiciones turcas en Idlib.

Han muerto medio centenar de combatientes turcos y otros tantos sirios. La aviación rusa ha salido en ayuda de sus aliados sirios.

La implicación de Erdogan en Siria actualmente tiene un objetivo primordial: evitar que los kurdos logren un estatus similar al de los kurdos de Irak. También contener la oleada de refugiados. Este jueves Erdogan y Putin firmaron un alto el fuego que apenas se respetó durante media hora.

Estos penúltimos estertores de los tambores de guerra han agravado la situación de los refugiados en Turquía y de quienes aún resistían en Idlib. La caída de esta provincia siria en manos de las tropas de Bashar Asad hará que más sirios quieran huir a Turquía y además Rusia no ofrece garantías a Erdogan de que pasará con los kurdos en Siria.

Un millón de sirios están ahora en la frontera turca tras los bombardeos de los últimos días. El 80% son mujeres y menores de edad.

También reviven sus peores pesadillas, tanto los atrapados en el limbo de Turquía, como los que llegaron a Grecia pero siguen varados en el campo de Moria, en la isla de Lesbos, donde se hacinan unas 20.000 personas, muchos de ellos afganos, no solo sirios.

Es el mayor campo de refugiados en Europa. Quienes lo han visto aseguran que las escenas que se contemplan allí son inimaginables en una Europa solidaria y de valores.

Grecia, ‘escudo’ de Europa

Es la Europa acorazada de la que habla la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Von der Leyen, en su reciente visita a Grecia, donde esta nueva fase de la crisis de los refugiados, ha hecho que el gobierno suspenda el derecho de asilo, ha expresado su respaldo a las autoridades griegas. «Grecia es el escudo de Europa», ha afirmado.

La agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) ha criticado la decisión del gobierno griego de suspender el derecho de asilo por carecer de fundamentos jurídicos. Grecia, con amparo de las instituciones europeas, estaría incumpliendo con la legislación de la UE en materia de refugiados.

El gobierno griego afirma que ha impedido la entrada de unas 35.000 personas en su territorio y ha arrestado a 244 migrantes. Las autoridades turcas acusan a las fuerzas de seguridad griegas de expulsar en caliente a 4.900 migrantes.

Grecia asegura que Turquía ayuda a los refugiados a huir del país y Ankara acusa a Atenas de atacar a quienes intentan acceder a su territorio. Dos personas han muerto como consecuencia de la intervención de las fuerzas griegas. Turquía pretende denunciar a Grecia ante el Tribunal de Estrasburgo.

Hay testimonios de ataques de exaltados vestidos de negro en moto que impiden a los refugiados entrar en sus localidades, e incluso persiguen a los periodistas que cubren los hechos.

Los choques entre policías griegos y refugiados están a la orden del día, al igual que los enfrentamientos de las fuerzas de seguridad a uno y otro lado de la frontera greco-turca.

Peor que en 2015

Europa quiere evitar el escenario dramático que vivimos en 2015, cuando cientos de miles de refugiados, la mayoría sirios, llegaron a sus puertas. Entonces la canciller Merkel dio un paso adelante (wir schaffen das, lo lograremos) y Alemania acogió a cerca de un millón.

Sin embargo, dada la negativa de la mayoría de los países a seguir su ejemplo, la UE acabó recurriendo a los servicios de Turquía, que acoge a más 3,6 millones de refugiados, a quienes ahora utiliza para chantajear a Europa.

La UE ha dejado sus políticas migratorias en manos de terceros Estados, que además no son ejemplares en el respeto de los derechos humanos. La solución no puede ser cerrar las puertas de Europa», dice Serrano, de AI

«La UE ha dejado sus políticas migratorias en manos de terceros Estados, que además no son ejemplares en el respeto de los derechos humanos. La resolución a lo que ahora sucede no puede ser la fuerza, ni cerrar las puertas de Europa», afirma María Serrano, responsable de migración de la oficina regional europea de Amnistía Internacional (AI).

A quienes hablan de «efecto llamada» pide la responsable de AI que se fijen en el «efecto huida» y sus causas. «La gente no deja su país por creer que va a encontrar unos voluntarios con unas botellas de agua para ayudarlos. Huyen de la guerra», señala Serrano. «Las fronteras no van a impedir que la gente busque un futuro mejor para sus hijos».

Esta organización acaba de presentar un informe titulado Castigo a la compasión: la solidaridad a juicio en la Fortaleza Europea, donde documentan cómo la policía y las fiscalías, con la connivencia de los gobiernos, hacen un uso indebido de leyes contra la trata de personas y se las aplican a quienes ayudan a los refugiados, solicitantes de asilo y migrantes.

Hay casos tan sobrecogedores que dan vergüenza. Sarah Mardini es una nadadora profesional que llegó a Lesbos procedente de Siria en agosto de 2015. Llegó en una barcaza y prestó ayuda, gracias a su destreza en el agua, a sus compañeros de viaje. Desde allí pudo llegar hasta Alemania, donde logró el estatus de refugiada.

Cuando me di cuenta de que podían condenarme a pena de cárcel, mi vida se vino abajo», dice Sarah Mardini, refugiada acusada de ayudar a otros refugiados

Creyó entonces que debía hacer algo por quienes luchaban por lo que ella había logrado. Mardini se ofreció a trabajar como voluntaria con el Centro Internacional de Respuesta a Emergencias, una ONG de rescate. Allí conoció a Sean Binder, un buceador alemán residente en Irlanda, también voluntario.

Cuando realizaban tareas de rescate, fueron interceptados por la policía griega que les detuvo en 2018. Están pendientes de juicio y pueden condenarlos a 25 años de cárcel.

«Cuando me di cuenta ante el juez de que podían condenarme a la cárcel, mi vida se vino abajo», afirma Sarah, según el informe de AI. De momento no habla con los medios por estar en shock.

Siria como tablero de ajedrez

Rusia presiona a Turquía en Siria y Turquía a Europa, cuando debería ver en la UE un posible aliado. Erdogan pierde el pulso frente a Putin, pero un Erdogan frustrado perjudica a la vecina Europa, aunque sean aliados en la OTAN. Entre todos estos juegos de poder, seres humanos que huyen de una guerra de la que son víctimas.

Turquía aceptó en 2016 contener la oleada de refugiados que quería entrar en Europa a cambio de unos fondos de 6.000 millones de euros. Pero las autoridades turcas no reciben directamente el dinero, sino las ONG que están sobre el terreno.

El presidente turco Erdogan quiere mejorar ese acuerdo para gestionar el dinero que queda por llegar. También pretende que los turcos puedan viajar a la UE más fácilmente. Y cuando quiere negociar en condiciones favorables facilita la salida de los refugiados.

La UE ha tenido una posición errática en Siria: sin estrategia ni visión ni medios para actuar en su vecindario inmediato», explica Haizam Amirah

«En Siria la Unión Europea ha tenido una posición vacilante desde el primer momento, mientras la Administración Obama abogaba por la salida de Assad sin hacer nada para lograrlo. Cuando Obama no intervino, a pesar de que el régimen de Asad sobrepasó las líneas rojas (uso de armas químicas), en el verano de 2013, el dictador y sus aliados lo interpretaron como una luz verde. Desde entonces la UE ha tenido una posición errática: sin estrategia, ni visión, ni medios para actuar en su vecindario inmediato», explica Haizam Amirah, investigador en el Real Instituto Elcano.

A juicio de Haizam Amirah, todos los actores en liza tienen claros sus objetivos: Rusia, Turquía, Irán, y el régimen de Assad. No es el caso de la Unión Europea, a pesar de que la cercanía de Siria, como ocurre con Libia, hace que lo que pase allí tenga un efecto seguro antes o después en su territorio. Nada de lo que pase en Siria o Libia nos es ajeno.

El vecindario europeo

«Europa vuelve a centrarse en los síntomas sin atender a las causas. Lo peor es que nada de lo que ha ocurrido era inevitable, pero Europa optó por desentenderse. Creía que el coste lo iban a asumir los países vecinos, pero en el mundo en que vivimos no se encapsulan los problemas», señala Haizam Amirah.

La nueva Comisión Europea va a presentar su Pacto Europeo de Migración y Asilo a finales de marzo, justo cuando más se cuestiona su actuación. El vicepresidente Margaritas Schinas, comisario de Promoción del Modo de Vida Europeo, y la sueca Ylva Johansson, titular de Interior en la Comisión Von der Leyen, supervisan la política migratoria de la UE.

El comisario griego reconoce como la migración es un arma en el juego estratégico de Turquía. “En los dos días que estuvimos en Turquía no hubo llegadas en las islas griegas. El día que nos fuimos, 300. Hay una instrumentalización de los flujos migratorios”, confesaba recientemente Schinas en un encuentro con prensa española. Lo estamos viendo una vez más en esta última crisis de refugiados.  

Los ejes del Pacto Europeo para el Asilo y la Migración serán la responsabilidad y la solidaridad, según Schinas. “A Polonia y a Hungría (que rechazaron los repartos por cuotas en la crisis migratoria) hay que hacerles ver que la cuestión de la responsabilidad en el nuevo Pacto es real. Habrá control de fronteras (y para ello el nuevo cuerpo uniformado y equipado por la UE) y habrá retornos”, señalaba Schinas, quien reconocía que la UE no puede fracasar de nuevo. Sin embargo, está fallando.

Esta nueva Comisión se presentó como un Ejecutivo geopolítico. Según el investigador del Real Instituto Elcano, afronta en Libia y en Siria dos tests. «Lo que pase en Libia y en Siria condiciona la seguridad de Europa, los sistemas políticos y el sistema de construcción europea: el espacio Schengen, el libre tránsito, el respeto al derecho de asilo… más allá de los movimientos de extrema derecha y el uso de los refugiados como moneda de cambio», añade Haizam Amirah, quien apunta a que la Unión Europea debería «hablar el lenguaje del poder, como dice Josep Borrell«.

Tima Kurdi vive cada día como si fuera ese 2 de septiembre de 2015. No entiende cómo no se dedican medios para pacificar Siria, aunque solo fuera por interés, por evitar que los refugiados sigan llegando de forma imparable. «Cerrar las fronteras no es la solución. La comunidad internacional creó la crisis, y es responsable de buscar una solución. Nadie quiere dejar su país si tiene seguridad y empleo», dice la tía de Alan.

Seis años después de aquellas imágenes del niño de la orilla que conmovieron a la comunidad internacional seguimos sin actuar. Y el coste de la inacción puede ser inasumible.