Más de la mitad de los niños en Siria no ha vivido ni un solo día de paz. Uno de cada seis sirios ha visto morir a uno de sus padres. Un 50% ha perdido familia o amigos en la guerra que sufre el país desde hace una década. «Siria ha salido de las primeras páginas. Sin embargo, la situación sigue siendo una auténtica pesadilla», como ha dicho el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

Esa pesadilla empezó hace diez años con una revuelta en las calles contra el presidente sirio, Bashar Assad. La Revolución Siria derivó en una guerra en la que las potencias regionales y globales tomaron protagonismo. Los sirios la sufrieron y siguen padeciendo el conflicto latente.

Los datos confirman las palabras de Guterres: el conflicto ha provocado que 5,6 millones de sirios dejen su país. Otros 6,5 millones son desplazados internos. Es la mayor crisis de de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos estima que unas 380.000 personas han muerto o están desaparecidas.

A principios de 2011 los tunecinos y los egipcios habían visto caer a sus dictadores. El doctor B, como era conocido Bashar Assad, oftalmólogo de formación, se creía a salvo. Pero a través de Internet se extendió la rebelión. Los sirios estaban hartos de tanta corrupción y de tanta desigualdad.

El pueblo quiere la caída del régimen» «Tu turno ha llegado doctor», escribió un grupo de muchachos aquel 15 de marzo de 2011

Un grupo de muchachos escribieron en un muro en Daraa «El pueblo quiere la caída del régimen», una de las frases popularizadas en la rebelión de Tahrir. «Tu turno ha llegado, doctor». Los chicos fueron arrestados y torturados. Los sirios perdieron el miedo y salieron a las calles. Aquel abuso contra unos niños había rebasado todas las líneas rojas.

Las manifestaciones cada vez eran más multitudinarias y la represión, cada vez más salvaje. En Daraa el 23 de marzo al menos 45 personas perdieron la vida por la represión de las fuerzas de seguridad. Los activistas denunciaron el triple de fallecidos.

Esas manifestaciones eran pacíficas y el ejército sirio disparó indiscriminadamente. El régimen de Bashar Assad acusó de terrorismo a los manifestantes. Siria empezó a arder y el caos persiste diez años después.

Los sirios, traicionados

El reportero gráfico Ricardo García Vilanova empezó a desplazarse a Siria para cubrir el conflicto en 2011. Ha vuelto esta semana para intentar que los sirios no se pierdan en el olvido. Desde Raqqa, la que fuera capital y centro financiero del autoproclamado Estado Islámico, nos cuenta sus impresiones de sobre esta trágica década.

Los sirios tenían tres opcions: quedarse y verse abocados a morir; huir a otros países; o integrarse en grupos que combatieran contra el ejército de Assad»

ricardo garcía vilanova

«La gran mayoría de los sirios se ha sentido abandonada, traicionada. Ni la Liga Árabe ni la comunidad internacional les dio soporte a los civiles. Tenían tres opciones: quedarse y verse abocados a morir; huir a otros países; o integrarse en grupos que combatieran contra el ejército de Bashar Al Assad», afirma García Vilanova.

En primer lugar, se intentó en el Ejército Libre Sirio, con Riyad Moussad al Assad, que no logró unificarse. Aprovecharon el escenario diversos grupos yihadistas hasta que todo se radicaliza y se impone el Daesh (autoproclamado Estado Islámico o ISIS), que secuestra la Revolución.

«En Raqqa es peligroso salir. Hay policía, ejército y unidades antiterroristas que rastrean para comprobar si hay células durmientes del Estado Islámico», apunta el reportero. García Vilanova es autor de Fade to Black. Ascenso y caída del Estado Islámico (editorial Blume).

Al Bagdadi proclamó el califato en la mezquita de Al Nuri de Mosul en 2014. Caería el 23 de marzo de 2019, cuatro días después de un gran bombardeo. En Baghouz transcurrieron sus últimas horas. Apenas resistieron 500 familias y combatientes que ya habían perdido cualquier control territorial. Vilanova fue testigo de esos últimos estertores.

El presidente, Donald Trump, se apuntó la muerte del líder del autoproclamado Estado Islámico en octubre de 2019 cuando cayó en un ataque de fuerzas estadounidenses en Barisha, en la provincia de Idlib.

También Vilanova conoció en carne propia las prácticas del ISIS (autoproclamado Estado Islámico) que puso en su punto de mira a los reporteros occidentales para que no hubiera testigos de sus abusos contra la población y como fuente de financiación. Quienes peor acabaron fueron los rehenes estadounidenses, la mayoría decapitados.

La actitud de los ‘Beatles’ revela que sus convicciones son más frágiles de lo que parece. Es reveladora su falta de dignidad, a diferencia de sus víctimas que sí murieron de pie»

ricardo garcía vilanova

García Vilanova fue secuestrado en septiembre de 2013, cuando volvía de una cobertura junto al periodista de El Mundo, Javier Espinosa. «El secuestro forma parte de los riesgos laborales que tiene este trabajo», dice. «No es algo relevante. Son los civiles los que no pueden escapar, pero yo estaba ahí porque quería estar». Estuvieron seis meses en manos de los llamados Beatles, un grupo de cuatro yihadistas del ISIS que custodiaban a una veintena de occidentales.

En 2018 volvió a verse con dos de ellos. «Su actitud revela que sus convicciones son más frágiles de lo que parecen, que están dispuestos a traicionarlas. Es reveladora de su falta de dignidad, a diferencia de las víctimas a las que ejecutaron: ellas sí que murieron de pie». 

Ganadores, Assad y Putin

«El ganador es Bashar Assad, aunque no tiene tanto poder como tenía, si bien está condicionado por Rusia. De todas maneras, es el presidente ruso, Vladimir Putin, quien maneja los hilos. Recuerdo un video en el que salían los dos y era Putin el que hacía de maestro de ceremonias en Siria», señala Vilanova.

No solo están los rusos en Siria, también estadounidenses, turcos y las milicias proiraníes. El país se ha convertido en un tablero de ajedrez donde las potencias regionales y superpotencias mueven las fichas a su conveniencia.

«No se ve un futuro esperanzador porque no hay solución factible a corto plazo», comenta el reportero.

Los sirios comenzaron siendo víctimas de la represión de Bashar Assad, que viene de una estirpe de sátrapas, después cayeron bajo el acecho de los yihadistas, y ahora están al albur de las potencias externas.

Civiles en el objetivo

«Siria ha marcado un punto de inflexión porque se ha usado a los civiles como objetivos, y para sembrar el terror. Recuerdo a un niño al que un francotirador le dispara entre ceja y ceja en Idlib», rememora Vilanova, que refleja esta historia en Fade To Black.

También tiene en mente a los dos niños heridos con metralla a los que fotografió en el hospital de Al Shifa. Aleppo sufrió un salvaje ataque contra civiles el 16 de agosto de 2012.

El ejército de Bashar Assad bombardeó tres panaderías, donde la población trataba de lograr algo de alimento. Murieron 50 personas y casi 200 resultaron heridas. Muchas de las víctimas fueron niños.

Si el balance sobre el sufrimiento de los sirios es escalofriante, lo es más cuando las víctimas son niños. Desde el inicio de la llamada Revolución siria, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos ha documentado la muerte violenta de 22.238 menores de 18 años.

Son quienes han perdido sus opciones de educación, y quienes más padecen los estragos de la pobreza. En la actualidad el 90% de los sirios viven por debajo del umbral de pobreza.

Para que haya paz en Siria, los perpetradores de estos abusos deben rendir cuentas»

antonio guterres

Los sirios han perdido su tierra, en el mejor de los casos. Pero muchos también han perdido la vida o a sus seres queridos. «A corto plazo no veo salida, sobre todo por las injerencias externas y porque la población siria no tiene control sobre su país. El conflicto sigue latente, y los sirios siguen siendo víctimas».

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, lo ha reconocido con pesar.»La población siria ha padecido algunos de los peores crímenes que el mundo ha visto en este siglo. La escala de las atrocidades sacude la conciencia… Para que haya paz en Siria, los perpetradores de estos abusos deben rendir cuentas. Ninguna familia siria se ha salvado de los horrores del conflicto».