«Yo soy el wali (líder) que os preside, aunque no soy el mejor de entre vosotros, así que si no tengo razón, ayudadme. Si veis que estoy equivocado, aconsejadme y devolvedme al camino correcto. Obedecedme mientras yo obedezca a Alá». Con un sermón en la hoy destruida Mezquita Al Nuri de Mosul, Abu Bakr Al Baghdadi proclamó el califato el 4 de julio de 2014. Desde entonces era el hombre más perseguido del mundo, cuya cabeza estaba valorada en 25 millones de dólares.

Al Baghdadi, a quien se ha dado por muerto sin confirmación oficial en varias ocasiones, ahora sí ha fallecido a los 48 años en un ataque de fuerzas especiales estadounidenses en Barisha, en la provincia siria de Idlib, cerca de Turquía.

En aquel verano de 2014 el califato del autoproclamado Estado Islámico se extendía por amplias zonas de Siria e Irak. Este anuncio marcó el principio de su fin, debido a que mantener el control en un territorio tan amplio devino imposible para los yihadistas.

Para sobrevivir en estos cinco años largos Abu Bakr Al Bahdadi ha tenido que convertirse en invisible. Sus apariciones públicas han sido escasas.

La última, antes de confirmarse su muerte, anunciada por el presidente Trump, emulando la proeza que se atribuyó la Administración Obama al acabar con el temible Osama bin Laden, líder de Al Qaeda, data de abril de 2019.

Era una prueba de vida de Al Baghdadi. El vídeo estaba producido por Al Furqan, la división mediática del Daesh. Aparecía con una larga barba entre canosa y pelirroja, sentado con un arma, y se le veía charlar con militantes cuyos rostros se habían ocultado.

Hace alusión a los atentados de Sri Lanka de Semana Santa. También aludía a los combates en Baguz, el último bastión del Daesh que cayó en manos de las Fuerzas Democráticas Sirias en marzo. Al Baghdadi hablaba de la guerra contra «los cruzados».

Más recientemente, el 16 de septiembre, la red mediática vinculada al Daesh (acrónico en árabe de Estado Islámico) difundió un audio de 30 minutos atribuido a Al Bagdahdi, en el que aseguraba que se estaban llevando a cabo operaciones diarias y apelaba a sus seguidores a que liberaran a las mujeres vinculadas a su grupo encarceladas en los campos de Irak y Siria.

Aseguraba que Estados Unidos y sus aliados estaban siendo derrotados en Irak y Afganistán, y que habían sido arrastrados a Mali y Níger, según informa The Guardian.

En realidad, el califato que llegó a controlar a millones de personas en un extenso territorio que se extendía por los valles del Tigres y el Eúfrates hasta los alrededores de Bagdad, había perdido sus bastiones en Irak (Mosul) y Siria (Raqqa) en 2017.

En septiembre de 2018 se sabe que sufrió un intento de golpe interno. Durante dos días hubo escaramuzas en Keshma, cerca de Baguz. Al Baghdadi se salvó del ataque de los traidores.

Al Baghdadi se había convertido en un califa sin tierra, en un fugitivo confinado en remotos parajes. Dicen que aprendió de la muerte de Abu Musab Al Zarqawi, en 2006, que solo sobreviviría entre las sombras.

En octubre de 2015 había sobrevivido a un bombardeo al convoy de vehículos en el que viajaba. Rusia le había dado por muerto a finales de mayo de 2017. Afirmó que sus aviones habían bombardeado un barrio en el sur de Raqqa, donde creían que había fallecido Abu Bakr Al Baghdadi. Pero el fantasma siguió caminando dos años más.

De futbolista a califa

Abu Bakr Al Baghdadi, también conocido como Al Shabah (el fantasma), nació en Samarra (Irak) en 1971 como Ibrahim Bin Awwad bin Ibrahim Al Badri Al Qurayshi. Pertenecía a la tribu de los Bobadri, afincada en Samarra y Diyala. Designado líder del Estado Islámico de Irak en 2010, se erigió en califa del Daesh cuatro años más tarde en Mosul.

Estudió jurisprudencia, historia y cultura islámica. En su familia hay varios imanes y profesores del Corán. Precisamente estos ancestros religiosos y su formación en el culto islámico son sus peculiaridades más destacadas.

Uno de sus amigos de juventud describió en Al Monitor en 2015 algunos de los escasos detalles que se conocen de su forma de ser y aficiones. «Estaba obsesionado con marcar goles y se ponía nervioso si no lo conseguía», confesaba en un artículo titulado Los innumerables nombres de Al Baghdadi.

Tenía dos o tres esposas y cinco o seis hijos. Contrajo matrimonio por primera vez cuando terminó sus estudios en 2003. Siete años más tarde se casó también con la hija de un comandante del Daesh que cayó en combate en 2013.

De acuerdo con sus estudios, su origen y sus aficiones, parecía destinado a ser un imam, si su carrera como émulo de Cristiano Ronaldo se truncaba, como así fue. Sin embargo, se convirtió en el líder terrorista más buscado del mundo en el último lustro.

La invasión de Irak en 2003 fue el detonante de su cambio vital. Entonces decidió tomar las armas, tras convertirse al salafismo. Su radicalización se fraguó en las cárceles de Estados Unidos en Irak. En concreto, en Camp Bucca, adonde trasladaron a los presos tras el escándalo de Abu Ghraib.

En el libro La semilla del odio (editorial Debate) Mónica García Prieto y Javier Espinosa citan a un alto cargo del Daesh que, en un artículo publicado en The Guardian, señala: «Si no hubieses existido las cárceles estadounidenses en Irak, hoy no habría Estado Islámico. Bucca fue una fábrica. Nos hizo a todos nosotros. Construyó nuestra ideología».

Al Baghdadi fue arrestado en 2004 cuando visitaba a un amigo ligado a Al Qaeda en Camp Bucca. Allí era conocido como Abu Duaa. Cuentan que fue allí donde hizo un máster en yihadismo y a la vez se relacionó con los militares que habían servido con Sadam Hussein. De ellos aprendió táctica y estrategia militar, mientras les enseñaba el Corán.

Al ser liberado se unió a Al Qaeda y le encargaron que perfeccionara el aparato mediático de la organización. Cuando matan a Al Zarqawi, en 2006, se creó el Estado Islámico de Irak, entonces ligado a Al Qaeda. Abu Omar Al Baghdadi fue su primer emir. En 2010, cuando le matan en un ataque aéreo de Estados Unidos, el Consejo de la Shura designa a Abu Duaa su sucesor. Adopta el nombre de Al Baghdadi. La reconquista de Bagdad era su objetivo.

Su sueño era revivir el califato abasida. Afianzarse en Irak, avanzar en Siria. En el verano de 2014 proclama el califato en Mosul. Y desde entonces sus fieles luchan por su supervivencia en una guerra incruenta. Pero ese soñado califato se desmorona.

Aun así, hay células durmientes en toda la región y el autoproclamado Estado Islámico se atribuye atentados recientes en Sri Lanka, con decenas de muertos. Ha fracasado como califato, pero no como idea promotora de un terrorismo internacional difícil de desenmascarar y de desactivar. Al Baghdadi ha muerto pero su guerra continúa.