«Recuerden aquella estupenda frase: ‘Lo que le está permitido a Júpiter, no le está permitido al buey’. Nosotros no podemos estar de acuerdo con esta fórmula. Puede que al buey no le esté permitido, pero les quiero decir que el oso no va a pedir permiso a nadie… Además, al oso se le considera aquí el rey de la taiga y sé con seguridad que no tiene intención de trasladarse a otras zonas climáticas, porque no está cómodo allí. Pero su taiga no la dará a nadie, y creo que se debe quedar claro». Son palabras de Vladimir Vladimirovich Putin en Sochi en octubre de 2014, el año en que estalló la guerra entre Rusia y Ucrania en el Donbas. Siguen vigentes.

El presidente, Vladimir Putin, cree que Ucrania forma parte de «la taiga» rusa. Ucrania y Rusia tienen un punto de partida común. El primer Estado eslavo fue el Rus de Kiev, creado en 882 por Oleg Novgorod. Rusos y ucranianos consideran esta entidad política como el origen de sus actuales naciones.

Este viernes, el portavoz del Kremlin evocaba el fantasma de Srebrenica para referirse a la situación en el este de Ucrania. «En caso de que se libren combates y se repita potencialmente una catástrofe humana similar a Srebrenica ningún país del mundo se quedará atrás», ha dicho Dimitri Peskov, según la agencia rusa Sputnik, citada por Europa Press. En julio de 1995 murieron en Srebrenica unos 8.000 hombres y niños musulmanes en una masacre perpetrada por las fuerzas serbias.

Hasta la fecha, a pesar de los Acuerdos de Minsk, firmados en septiembre de 2014 y febrero de 2015, el conflicto entre Rusia y Ucrania ha dejado unos 14.000 muertos, y el número sigue aumentando. En esta semana han perdido la vida cinco soldados ucranianos.

Ucrania acusa a Rusia de un despliegue extraordinario de militares cerca de la frontera común, mientras que el Kremlin advierte al presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, que si su país ingresa en la OTAN afrontará «consecuencias irreversibles». Zelenski, que ha visitado esta semana el frente oriental y también se ha visto con el secretario general de la organización aliada, ve la entrada en la OTAN como la única manera de frenar al oso ruso.

Las fuerzas rusas y las ucranianas se acusan mutuamente de romper el alto el fuego. Según Zelenski, este año habrían muerto 24 soldados ucranianos. El último de ellos, el pasado jueves. «Descanse en paz el joven soldado de 23 años muerto esta noche. Ucrania necesita paz y hará todo lo que esté en su mano para lograrla», escribió el primer ministro en su cuenta de Twitter.

El mayor despliegue desde la guerra

Cuando se cumplían seis años de la anexión de Crimea y el comienzo de la guerra en el Donbas, en marzo, el Kremlin ordenaba que se reagruparan varios regimientos militares. De acuerdo con el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, hay 28 grupos tácticos de batallón (BTGr) permanentemente en la frontera más otros 25 que se pueden mover cerca de la frontera. Es decir, son 53.

Los rusos tienen 146 desplegados. Cada BTG está formado por unos 800 efectivos y algunos llegan a 900. Serían unos 20.000 efectivos. Las maniobras rusas no estaban previstas y tienen lugar a 70 kilómetros de la frontera ucraniana. Han desplazado tropas desde Siberia. Es la mayor concentración de tropas desde el inicio de la guerra. Parece un déjà vu.

«El motivo de preocupación en Ucrania es real», señala Mykola Bielieskov, investigador en el National Institute for Strategic Studies que depende de la Presidencia de Ucrania.

Los rusos son muy buenos creando pretextos para una posible agresión. Solo hay que recordar lo que sucedió en Georgia en 2008″

mykola bielieskov

«Los rusos son muy buenos creando pretextos para una posible agresión. Solo hay que recordar lo que pasó en Georgia en 2008. En primer lugar las fuerzas ucranianas están ejerciendo su derecho a la defensa, estipulado en el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas. En segundo lugar, en estos años desde los segundos Acuerdos de Minsk, las fuerzas ucranianas en el este son exclusivamente defensivas. Las alusiones rusas a las violaciones ucranianas son hipocresía rusa», añade Mykola Bielieskov.

En realidad, la gran preocupación para el Kremlin es la misma que en 2014. Considera que si Ucrania se inclina hacia Occidente, hacia la UE y la OTAN, hacia EEUU, su sistema está amenazado.

«La mejor solución para Ucrania, sobre el papel, sería ceder lo que controla Rusia del Donbas (una franja de Donetsk y Luhansk) pero no lo puede hacer porque hay ucranianos que han dado su vida allí. Una de las razones que impide impulsar la agenda reformista de Ucrania es la guerra. Si pusiera las bases de un país más próspero, sería un peligro para Rusia, un gran desafío ideológico para la Rusia de Putin. Si dices que Ucrania y Rusia son lo mismo, y Ucrania es un país democrático, Rusia también podría serlo», dice Nicolás de Pedro, senior fellow en el Institute for Statecraft de Londres.

Demostración de fuerza o amenaza real

¿Qué busca el Kremlin? ¿Quiere intimidar o realmente está preparando una reedición de la guerra con Ucrania? «Es imposible anticipar si va de farol o no porque la decisión la toma Putin y un círculo muy reducido. Al principio se decía que era un mecanismo para intimidar a los ucranianos y a los europeos. Pero a medida que pasa el tiempo y los medios de comunicación rusos insisten en que la situación es grave aumentan la posibilidades de que Rusia quiera dar un golpe importante a Ucrania», señala De Pedro.

«El Kremlin está muy irritado con la situación en Ucrania en la medida de que la oportunidad que veían con Zelenski se ha evaporado. Se ha dado cuenta de que no hay posibilidades de firmar una paz duradera porque Rusia quiere que Ucrania renuncie a su soberanía. Ucrania no está por la labor. Y el Kremlin sabe que cuando se han enfrentado ha sido devastador para Ucrania», afirma Nicolás de Pedro.

No creo que se lancen a conquistar todo el territorio pero un bombardeo en la línea de frente me parece relativamente probable»

nicolás de pedro, i. statecraft

«No creo que se lancen a conquistar todo el territorio pero un bombardeo en la línea de frente me parece relativamente probable. Si no, pierden su capacidad de intimidación. Saben que Europa está fuera de juego y que la Administración de EEUU está comprometida con Ucrania, pero acaba de llegar y están en plena pandemia. Putin puede pensar que es mejor dar el golpe ahora que esperar», añade el experto en espacio postsoviético. 

Muchos expertos ven poco probable, pero posible que Rusia vaya más allá de mostrar los dientes. Pero distraer la atención hacia Ucrania le viene muy bien en tiempos de crisis económica y con unas elecciones generales a la vista, en septiembre próximo. La victoria por mayoría absoluta de Rusia Unida, partido de Putin, no está garantizada. Y se escucha demasiado hablar de Navalni y la pandemia ha causado estragos, a pesar de la vacuna Sputnik.

Rusia en los últimos años ha combinado esta intimidación con la concesión de pasaportes a las minorías rusas. En el Donbas ocupado la mayoría de la población civil ha podido acceder a la ciudadanía rusa. También osetios y abjasos.

Para mover ficha Rusia siempre busca un motivo que le permita presentar el caso antes sus aliados como un caso de defensa propia. Ahora se refieren a la muerte de un niño por un dron ucraniano, si bien hay testigos en la población que hablan de que pisó una mina. Cualquier suceso que puedan presentar como un ataque puede servir como detonante.

«En realidad, lo que les ha alarmado es la decisión de Zelenksi de cerrar tres canales de televisión prorrusos y en ruso. Son plataformas de propaganda, pero dice mucho en favor de Ucrania el hecho de que haya habido protestas contra el cierre. Hay un debate, lo que en Rusia es imposible», apunta Carmen Claudín, investigadora senior asociada en el CIDOB.

«Una segunda razón sería que esto sirva, como el caso de Crimea, como instrumento para reforzar el patriotismo de la sociedad de Rusia. El mensaje sería: ‘Salvemos a nuestros compatriotas en Ucrania’. El Kremlin juega muy bien con la proximidad de los conceptos de ciudadano y compatriota. Y este factor está vinculado a un tercero: la necesidad de volver a despertar el fervor patriótico para olvidar la crisis económica, agravada por la pandemia, que padecen en Rusia», añade Claudín.

Ucrania sabe bien que Rusia, si realmente quiere una escalada, buscará la forma y por ello se anda con tiento. A lo que se niega es a renunciar a su integridad territorial y a su soberanía. Es cierto que para Moscú una ocupación de la parte del Donbas es mucho más cara que mantener el control remoto como hasta ahora.

La política de Zelenski sigue la misma línea de defensa de la soberanía y la integridad territorial. Ahora Rusia se ha dado cuenta de que Zelenski sigue la línea de Poroshenko»

anna korbut, analista ucraniana

Cuando fue elegido Volodimir Zelenski como presidente de Ucrania en mayo de 2019, el Kremlin creía que este hombre del espectáculo no iba a seguir la senda de su antecesor, Poroshenko. Zelenski no tenía experiencia en política pero ha demostrado que aprende rápido. «Su política mantiene la misma línea de defensa de la soberanía y la integridad territorial. Ahora Rusia se ha dado cuenta de que Zelenski sigue la línea de Poroshenko», afirma Anna Korbut, periodista y experta ucraniana.

«Lo más importante es que Ucrania continúe desarrollando sus relaciones con la UE y Estados Unidos. Y la UE y EEUU han de seguir apoyando a Ucrania. La UE está ayudando a las reformas con acuerdos de asociación; es vital porque crea más desarrollo», agrega Korbut.

Como señala en Foreign Policy Taras Kuzio, profesor en la Universidad Nacional de la Academia de Kiev-Mohyla, «lo que Putin querría no es tanto invadir Ucrania sino repetir lo que ocurrió en Georgia en 2008, pero Zelenski no es Saakashvili».

En agosto de 2008, Shakashvili ordenó una operación militar en Osetia del Sur con el fin de reintegrar el territorio. Así brindó el pretexto ideal a Rusia para lanzar una invasión de castigo. Zelenski no va a caer en esa trampa. Si de algo sabe el actual presidente ucraniano es de cómo se monta un show.