A Lukashenko muchos le consideraban un cadáver político el verano pasado cuando la oposición liderada por Svetlana Tikhanovskaya, recién llegada a la política tras el arresto de su esposo, un bloguero disidente, dijo haberle derrotado claramente en las urnas.

Quien lleva siendo presidente de Bielorrusia desde el desmoronamiento de la Unión Soviética se atribuyó la victoria por un 80% de los votos frente al 10% de la opositora. Pocos le creyeron en Bielorrusia. Salieron a las calles estudiantes, abogados, profesores, y también obreros de las periferias. Y, sobre todo, mujeres de todas las edades. Pero Lukashenko no cayó.

Por primera vez en el verano de 2020 Lukashenko, a quien le gusta que los bielorrusos le llamen batka (papá), se tuvo que enfrentar a una oposición unida que clamaba por su final. Después de 26 años bajo su mandato, los bielorrusos querían, y quieren un cambio. En 1994 fue elegido en elecciones libres pero luego se ha perpetuado en el poder gracias al control del aparato del Estado, que utiliza para someter a los opositores y aterrorizar a toda la población.

Las manifestaciones en las principales ciudades bielorrusas que comenzaron después de las elecciones de agosto y se mantuvieron durante semanas enfurecieron a Lukashenko. En una ocasión se presentó empeñando un kalashnikov a pocos metros de miles de opositores, a quienes solía llamar «ratas».

En agosto miles fueron arrestados y tres personas murieron como consecuencia de «las acciones policiales», según Human Rights Watch. En otoño continuaron las protestas y la represión: unas 25.000 personas habían sido encarceladas a mitad de noviembre, entre ellas un centenar de opositores, de acuerdo con la misma fuente. Hay cientos de casos de torturas documentados.

Para hacerse idea de lo que es capaz Lukashenko cuando todo el mundo está mirando un buen ejemplo es lo sucedido el pasado domingo en el espacio aéreo de Bielorrusia. Un avión comercial de la compañía aérea Ryanair tuvo que aterrizar en Minsk, tras ser escoltado por un MiG. Supuestamente había amenaza de bomba. Apenas faltaban diez minutos para que aterrizara en su destino: Vilna, en Lituania.

Al aterrizar en la capital bielorrusa, todo el mundo supo cuál era el objetivo de esa estratagema: Roman Protasevich, que con apenas 26 años se ha convertido en la bestia negra de Lukashenko. Este joven periodista documentó con detalle las protestas que siguieron a las elecciones a través de su canal de Telegram, Nexta.

Como otros disidentes, vivía en Lituania. Hacia allí regresaba después de haber cubierto la visita de Tikhanovskaya a Atenas cuando fue interceptado el avión en el que viajaba. Desde el domingo está encarcelado por el régimen de Lukashenko.

En una práctica habitual en las dictaduras, horas más tarde difundieron un video en el que el periodista se autoinculpaba. El padre del reportero afirma que su voz es irreconocible y que cree que le han roto la nariz. la novia de Protasevich, que viajaba con él , también está en prisión.

En noviembre pasado, el régimen bielorruso incluyó al reportero en una lista de «individuos implicados en actividades terroristas». Protasevich llegó a burlarse de esa acusación. También le relacionaron con la organización de los disturbios y le acusaron de incitar a la hostilidad contra las fuerzas del orden desde Nexta.

Protasevich, que nació el mismo año en que llegó al poder Lukashenko, lleva desde que era menor de edad denunciando sus abusos. En 2012 formó grupos en la red social VKontakte y uno de ellos se llamaba Estamos hartos de Lukashenko. Desde entonces no ha parado de combatir al régimen bielorruso.

Aún así, hay en redes quienes le pretenden relacionar con círculos nazis, como ya ocurriera en el Maidan. Es un relato que alienta Moscú, que de cara a la galería ha defendido a Lukashenko. La portavoz de Exteriores, María Zajarova, ha acusado a EEUU de hipocresía tras las críticas por este arresto que supone una violación clara de la legislación internacional.

Este miércoles el presidente bielorruso ha asegurado que planeaba una masacre. A la vez ha acusado a la UE de preparar una guerra híbrida contra Bielorrusia, que sería el laboratorio para luego proceder contra Rusia.

«Lo que ha hecho Bielorrusia es un gesto agresivo y no creo que hayan calibrado bien la respuesta. Probablemente les han sorprendido las consecuencias, aunque sigan pensando que merecía la pena. Funcionan con la clave interna de aterrorizar a la oposición dentro y fuera del país. Les ha sorprendido la dureza y rapidez de la reacción europea y británica. Les va a hacer daño», explica Nicolás de Pedro, senior fellow en el Institute for Statecraft, especialista en espacio postsoviético.

La UE debería aprender la lección porque no enseñar el colmillo a los que actúan como Aleksander Lukashenko permite que acaben envelantonándose»

nicolás de pedro, i. statecraft

«La UE debería aprender la lección porque no enseñar el colmillo a alguien como Lukashenko permite que acaben envalentonándose. Ha puesto en riesgo la vida de los 200 pasajeros de avión y ha ejecutado una acción de piratería aerea, como dice la propia UE», añade el investigador.

Después de la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de este lunes, la UE adoptó medidas drásticas contra Bielorrusia. Los Veintisiete acordaron prohibir el uso del espacio aéreo comunitario a las compañías aéreas de Bielorrusia así como aterrizar en los aeropuertos de la UE. También pidieron a las compañías europeas que no sobrevuelen el espacio aéreo de Bielorrusia.

También se comprometieron a añadir más nombres a la lista de sancionados de Bielorrusia. Actualmente figuran 88 personas, entre ellas el presidente, y 77 entidades.

Hay una cuestión que habría que indagar sobre el vuelo ya que cuatro personas del pasaje eran agentes bielorrusos que viajaban con pasaporte ruso. Es de momento una incógnita qué actitud tuvieron en el vuelo y qué papel desempeñaron en la detención del reportero.

La relación con Putin

Si algo distingue a Lukashenko es su capacidad para sobreponerse a las dificultades. «Tiene una capacidad de supervivencia extraordinaria. Ahora se ha enfrentado al desafío más grande que ha enfrentado nunca, ya que está deslegitimado por sus ciudadanos, pero mantiene el control del aparato de seguridad del estado, y eso es muy determinante. Hasta el momento no tenía tanta presión exterior. Rusia le respalda lo suficiente para sobrevivir, Rusia no tiene alternativa a Lukashenko, aunque le gustaría. Lukashenko se asegura de que no haya alternativas fiables», afirma Nicolás de Pedro.

A Rusia esta jugada de Bielorrusia le viene bien porque cuanto más débil esté Lukashenko, y las sanciones le van a afectar, más fácilmente puede inclinarse hacia Moscú. Bielorrusia, con unos nueve millones de habitantes, forma parte de ese entorno que el Kremlin quiere tener bajo su control.

Putin y Lukashenko tienen en común su voluntad de mostrarse ante su pueblo como hombres fuertes. También en el sentido literal. Igual que Putin se muestra montando a caballo o practicando judo, Lukashenko presume de su habilidad jugando al hockey sobre hielo. En su juventud, jugó al fútbol pero tuvo que renunciar por una lesión de rodilla.

Lukashenko y Putin esquiando
Aleksander Lukashenko, izqda, y Vladimir Putin, esquían en Sochi. EUROPA PRESS

Un «político del pueblo» con heredero

Lukashenko (Kophys, 1954) militó en las juventudes comunistas y luego estuvo en el Ejército soviético cuando Bielorrusia era parte de la URSS. En 1990 fue elegido diputado y fue el único que rechazó un acuerdo que desembocaba en la disolución de la Unión Soviética.

Dos años después de ganar sus primeras presidenciales, forzó que se aprobara una enmienda constitucional para poder mantenerse en el poder sin limitaciones temporales. Incluso, como suele ocurrir en las dictaduras, ha dado señales de que su hijo Nikolai es su favorito.

Aún no es mayor de edad y ya ha conocido al Papa, a Putin, y antes a Obama, entre otros. Incluso representó a Bielorrusia en la Asamblea General de la ONU en 2015.

Kolia es hijo de su amante, Irina Abelskaya, que era su médico. Su esposa oficial Galina Zhelnerovich ya no vive con el dictador. Tuvieron dos hijos, en la cuarentena. El mayor, Viktor, está en el Consejo de Seguridad, y el segundo, Dimitri, se dedica a los negocios.

En su página web oficial se dice de Lukashenko que es «un político del pueblo». Pero ese pueblo ha de someterse a su voluntad. Si protesta, acaba encerrado. Muchos de los que salieron a las calles en 2020 pasaron por prisión y ya nunca se olvidarán de que Lukashenko no tolera a los disidentes. A Lukashenko le gusta ganar siempre. «Solo tengo a Bielorrusia, me aferro a ella y me mantengo», dijo en noviembre. De momento.