El partido Alemania-Hungría de la Eurocopa, el pasado 23 de junio, ha acaparado la atención de los europeos más allá de su importancia deportiva. Alemania se ha erigido en la defensora de los derechos LGTBI: el capitán Manuel Neuer llevaba un brazalete con los colores del arco iris. Hasta el Bild mostró en su portada una fusión entre la bandera alemana y la multicolor símbolo del colectivo homosexual. Era un grito colectivo contra la ley contra los derechos LGTBI recién aprobada en la Hungría de Viktor Orbán Székesfehérvár, 1963). En el Consejo Europeo, el pulso con el primer ministro húngaro, paradigma de mandatario iliberal, ha ido más lejos que nunca antes.

El comisario de Justicia Didier Reynders dijo a Viktor Orbán que la Unión Europea estaba dispuesta a ir a los tribunales por la ley húngara que prácticamente equipara homosexualidad y pederastia. La ministra húngara de Justicia, Judith Varga, ha de presentar aclaraciones sobre los aspectos de la ley que se consideran violaciones de los textos legales y los valores europeos. Es un primer paso.

La presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, del Partido Popular Europeo como Orbán hasta hace poco, ha calificado de «vergüenza» la norma. El Fidesz, el partido de Orbán, estaba en el PPE, se vio forzado a dejar el grupo conservador después de una suspensión de un par de años. Era una situación insostenible para el PPE.

Diecisiete de los 27 líderes de la UE han suscrito una carta en la que hacen un llamamiento para «continuar luchando contra la discriminación de la comunidad LGTBI». No se mencionaba a Hungría de forma explícita. Fuera se han quedado Polonia, el país donde tienen menos derecho este colectivo según un informe de Rainbow Europe, Eslovenia, Croacia, Chequia, Eslovaquia y Rumanía.

La Comisión parece dispuesta a ir a por todas. Hasta ahora la necesidad de unanimidad para tomar decisiones ha puesto freno a medidas drásticas contra Hungría y otros países que interpretan a su manera los principios de la democracia liberal sobre los que se funda la UE.

Escuchar ahora que soy gay porque vi algo en la televisión cuando era pequeño es inaceptable… Ser gay no es una elección pero ser intolerante sí lo es»

xavier bettel, pm de luxemburgo

El primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte, dijo que «Hungría no tiene nada que hacer en la UE«, en una clara invitación a Orban para que deje el club comunitario si no acepta sus valores.

El primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, que ha reconocido su homosexualidad, dijo: «Si de verdad piensa que por ver una película o por hablar en una clase sobre orientación sexual te haces gay, realmente no ha entendido nada. Aceptar que era gay fue la parte más difícil para mí, aceptarlo yo mismo y cómo decírselo a mis padres. Escuchar ahora que soy gay porque vi algo en la televisión cuando era pequeño es inaceptable… Ser gay no es una elección, pero ser intolerante sí lo es».

Contra el Imperio Europeo

A todos ellos, Viktor Orbán, desde hace tiempo la bestia negra de la UE, les ha contestado instándoles a leerse la ley. Según su interpretación, no es una norma contra los homosexuales sino que es una vía para proteger a los padres y a los niños. De acuerdo con esta ley, no puede hablarse de homosexualidad en la escuela ni en los medios de comunicación. En concreto, cualquier contenido relacionado con la homosexualidad o el cambio de sexo no puede estar al alcance de menores de 18 años.

El gobierno de Hungría ha lanzado una campaña de publicidad contra la Unión Europea. En España ha publicado una página el diario español ABC. En un texto que firma el propio Viktor Orbán se exponen «las propuestas de Hungría sobre el futuro de la Unión Europea».

Arranca con una acusación: «En Bruselas quieren construir un superestado para lo cual nadie dio autorización. Decimos no al Imperio Europeo». También señala cómo «la siguiente década es la era de los desafíos peligrosos: nos amenazan la migración en masa y las pandemias. Tenemos que proteger a las personas europeas». En Hungría la tasa de migración es de poco más del 5%.

También arremete contra el Parlamento Europeo. «Exclusivamente representa sus propios intereses ideológicos e institucionales. Se debe aumentar el papel de los parlamentos nacionales».

El Parlamento Europeo ha sido hasta ahora la institución más severa con Hungría. En septiembre de 2018 aprobó por primera vez la puesta en marcha del proceso para que se aplique el artículo 7 del Tratado de Lisboa, basándose en el informe Sargentini, sobre violaciones del Estado de derecho en Hungría.

La medida, que implicaría la suspensión de derechos del Estado miembro, era tan drástica como simbólica. Para ponerse en marcha el artículo 7 se precisa unanimidad y Hungría cuenta con defensores como Polonia.

No hay forma de expulsar a un Estado miembro. Sí puede solicitarse la salida en virtud del artículo 50 como ha hecho el Reino Unido tras el sí al Brexit en el referéndum del 23-J de 2016.

«Solo aquellos a los que no les gusta la democracia quieren desmantelar parlamentos», escribió el presidente del Parlamento Europeo, el italiano David Sassoli, en respuesta a un discurso en el que la Conferencia sobre el Futuro de Europa debería disolverse ya que iba a sovietizar el bloque europeo.

«Queremos una democracia de democracias basada en naciones europeas. Estamos en contra de los que construyen imperios», dijo en el 30 aniversario de la salida de las tropas soviéticas de Hungría.

«Orbán es soberanista, pero se queda en la Unión Europea por los fondos. Piensa que son derechos que tienen los húngaros. A la vez la UE no puede arriesgarse a perder una aliado oriental y que se traslade a la órbita de la URSS. Antes era partidario de abandonar la UE, pero ha descubierto que gana más estando dentro. Es una nueva forma de euroescepticismo: lidera el socavamiento de la soberanía de la UE», explica Ángel Rivero, profesor de Ciencia Política y Administración en la Universidad Autónoma de Madrid.

Demócrata ‘iliberal’ de manual

Hace más de dos décadas fue Fareed Zakaria quien acuñó el término democracia iliberal en un ensayo publicado en Foreign Affairs, en el que trataba sobre su auge. Su tesis era que las democracias estaban dejando de estar asociadas al liberalismo. La democracia es el proceso para elegir los líderes con participación popular. El liberalismo se refiere a las normas y prácticas de la vida política.

«Desde Perú a la Autoridad Palestina, desde Sierra Leona a Eslovaquia, de Pakistán a las Filipinas, vemos el auge de un fenómeno preocupante en la vida internacional: la democracia iliberal», escribía Zakaria, comentarista habitual en la CNN.

En las democracias iliberales hay una gran restricción de los derechos de reunión y de expresión, hay limitaciones a la acción de los opositores, se oprime a las minorías… Muchos de los iliberales son populistas, como es el caso de Viktor Orbán, que lleva en el poder desde 2010.

Orbán es un populista sin duda. Considera que representa la voluntad auténtica del pueblo húngaro, que está en el centro del sistema político»

ángel rivero, uam

«Orbán es un populista sin duda. Considera que representa la voluntad auténtica del pueblo húngaro, que está en el centro del sistema político. El Fidesz, su partido, representa esa identidad. Y en esa visión en la que él se coloca en el centro los demás representan lo peor que ha ocurrido en Hungría: los comunistas (la izquierda) y los fascistas (Jobbik)», añade Ángel Rivero, coautor de Geografía del populismo: Un viaje desde los orígenes del populismo hasta Trump.

¿Qué le pasó a Orbán?

En el último consejo europeo del 24 y 25 de junio, en el que Orbán se convirtió en protagonista inesperado debido a la polémica ley anti LGTBI, el presidente francés, Emmanuel Macron le preguntó al primer ministro húngaro: «Tú eras un liberal, ¿qué te ha pasado?». De hecho, Orbán llego a tener una beca para ampliar estudios en Oxford de la Fundación Soros. Ahora George Soros, el multimillonario de origen húngaro, es una de sus bestias negras.

István Hegedűs, director de la Hungarian Europe Society, coincidió con Viktor Orbán en los primeros tiempos del Fidesz. El ahora primer ministro húngaro empezó su lucha política como liberal efectivamente. Eran los tiempos de lucha contra el dominio soviético. «Orbán se dio cuenta de que era más conservador. Se movió hacia la derecha y también hizo que se moviera el partido. Y luego hizo lo mismo con la nación», explica Hegedűs.

Orbán realmente odia lo que muchos de nosotros creemos: los valores europeos, los valores liberales… Cree que la élite liberal quiere destruirlo»

istván Hegedűs

Según este ex diputado húngaro, «Orbán puede ser muy pragmático pero también tiene una ideología firme. Realmente odia lo que muchos de nosotros creemos: los valores europeos, los valores liberales… Cree que la élite liberal es un problema y quiere destruirlo. Está convencido de que hay más libertad de prensa en Hungría que en Alemania». Orbán se ve como el nuevo padre de la nación húngara. El nacionalismo en Hungría es una ideología sólida. Y tiene sus razones históricas. Hungría ha sufrido afrentas que han calado muy hondo, tanto desde naciones como Alemania o Francia como desde la antigua URSS.

El gran agravio tienen nombre: el Tratado de Trianón de 1920 por el que las potencias ganadoras de la Primera Guerra Mundial trazaron las nuevas frontras. La Gran Hungría se vio obligada a ceder dos tercios de su territorio. Millones de húngaros se vieron de la noche a la mañana en el extranjero.

Hungría perdió dos tercios de su territorio hace cien años. Con el Tratado de Trianón, las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial trazaron las nuevas fronteras de la región. La Gran Hungría, como parte perdedora del conflicto bélico, se vio obligada a ceder grandes partes de su territorio a países vecinos, Rumania entre otros. De la noche a la mañana, millones de húngaros se encontraron en el extranjero. «Para la población, el Tratado fue un choque sin precedentes, la gran catástrofe inicial», decía a la Deutsche Welle el historiador húngaro Krisztián Ungváry.

Unos dos millones de húngaros viven como minoría en países vecinos. Después de su segundo mandato, en 2010, les dio la ciudadanía húngara y por tanto el derecho a votar. La gran mayoría apoya al Fidesz. Conmemora el 4 de junio como el Día de la Cohesión Nacional, cuando se impuso la paz de forma brutal.

Esperanza de cambio

Con esos mimbres nacionalistas e identitarios, ha tejido su éxito Viktor Orbán. Pero su popularidad empieza a tambalearse. La oposición confía en dar la sorpresa en las elecciones de 2022.

«Orbán ha calculado mal en su pulso a la Unión Europea. Es un político astuto pero no es un genio. Ha malinterpretado lo que significa la cultura política con respecto a los derechos de las minorías en Europa. Hay un cambio en las actitudes. En Alemania hasta Markus Söder, líder de la CSU de Baviera, un bastión tradicional y católico, ha posado con la mascarilla del arco iris. Orbán no quiere entender que lo que ha hecho es una provocación y no solo contra la élite liberal. Está aislado», apunta el intelectual húngaro István Hegedűs.

El mayor peligro para Orbán vendrá de una oposición que le plante cara unida. Su gestión del coronavirus ha sido deficiente. Hungría es el segundo país del mundo en muertes per capita después de Perú. Este aislamiento en Europa juega en su contra: un 70% de los húngaros son claramente proeuropeos. Y si ven peligrar los fondos, se incrementa el riesgo para la continuidad de Orbán.

Quien destaca como líder de los opositores a Orbán es el alcalde de Budapest. Gergely Karácsony (Fehérgyarmat, 1975) está empeñado en demostrar que aquel político que emergió tras la caída del Muro de Berlín como un defensor de las libertades es ahora un aliado de regímenes autoritarios como el de Putin o Xi Jinping.

Karácsony ha llevado a cabo una acción provocadora para detener un proyecto que avala Orbán, que pactó con China para distribuir su vacuna Sinopharm. El primer ministro húngaro quiere que la Universidad Fudan de Shanghai cree un campus en Budapest, con préstamos chinos. Estaría emplazada donde el alcalde defiende que se hagan viviendas asequibles para estudiantes, la llamada Ciudad Estudiantil.

Karácsony ha promovido que varias calles de la capital adquieran nombres en honor al Dalai Lama y al Hong Kong libre. «Es una muestra de solidaridad con los que han sido reprimidos por el Partido Comunista», decía el alcalde en respuesta a Politico. Según el opositor, el 66% de los húngaros se opone al proyecto chino, de ellos un 31% de votante del Fidesz, de acuerdo con un sondeo del Republikon Institute.

Orbán es el principal aliado de China en la Unión Europea. El alcalde opositor afirma que su rechazo no es contra Pekín, pero que su compromiso con los derechos humanos es básico.

Es la Hungría urbana y los más jóvenes los que están empezando a plantarse frente a Orbán. La Unión Europea se sentiría mucho más cómoda con alguien como Karácsony en el poder. Sería una garantía para seguir avanzando. Alemania y Hungría empataron a dos goles pero Hungría quedó eliminada. Es pronto para saber si Europa podrá con Orbán. Pero hay esperanza en que sean los húngaros los que le saquen la tarjeta roja.