Que vienen los rojos. La última carta de la Unión (CDU y CSU) es atizar el temor a los rote Socken (calcetines rojos) como son conocidos los herederos de los comunistas de la República Democrática Alemana (RDA). La propia canciller aprovechó la última sesión en el Bundestag para aludir a la posible entrada en el gobierno federal de Die Linke, la izquierda a la izquierda de los socialdemócratas que procede de la fusión de los comunistas orientales (SED) y el ala crítica del SPD que abanderó Oskar Lafontaine. «Sí importa quién gobierna este país. Los ciudadanos pueden elegir si debe ser dirigido con moderación», dijo Merkel en la sesión del martes pasado.

Poco antes se había conocido una encuesta de Forsa en la que la coalición que representa Merkel se despeñaba por debajo del 20% y se quedaba seis puntos por debajo de los socialdemócratas liderados por el vicecanciller Olaf Scholz. El actual ministro de Finanzas, tan anodino como fiable, es quien hoy por hoy tiene más opciones de ser el próximo canciller de Alemania. Es el más merkeliano de los candidatos. Incluso ha adoptado el gesto del corazón que se identifica con la canciller.

En Armin Laschet, el candidato de la Unión, confían cada vez menos alemanes. La tercera en liza, Annalena Baerbock, de los Verdes, despuntó en su presentación como lideresa pero luego se ha desinflado. Aún así los Verdes pueden lograr un resultado histórico y son una opción segura en la mayoría de las coaliciones posibles.

La tendencia se mantiene en la última encuesta de INSA/Bild am Sonntag que se ha dado a conocer este sábado. El SPD encabeza la intención de voto con un 26%, la CDU y CSU figura en segundo lugar con un 20% y en tercer puesto están los Verdes en el 15%. Los liberales se mantienen en el 13%. Die Linke contaría con un 6% de apoyos. El 5% es el límite para entrar en el Bundestag. Pero el sistema electoral alemán es complejo porque combina el sistema de voto directo con el proporcional.

Si a los encuestados se les pregunta cuál es su favorito para la Cancillería, Scholz vence por goleada. Tendría un 31% de apoyos, seguido por la ecologista Baerbock con un 14%, y en tercer lugar Laschet con un 13%. Y el que podría haber sido candidato de la Unión, el líder de la CSU Markus Söder, suele figurar en cabeza cuando le incluyen. Llega hasta el 38%.

No hay líneas rojas con Die Linke

El vicecanciller Scholz no ha descartado la coalición Rot2Grün (doble rojiverde). «Estamos listos», insiste el líder de Die Linke en el grupo parlamentario, Dietmar Bartsch, que encabeza el cartel junto a Janine Wissler.

Laschet ha atacado por ese flanco. Siempre que puede recuerda que la diferencia clara entre la Unión y el SPD es que los conservadores descartan categóricamente pactar con Die Linke. Lo hizo en el primer debate, el pasado 29 de agosto, y lo volverá a hacer este domingo, cuando se celebra el segundo encuentro televisado a tres. Aún queda otro que tendrá lugar el 19 de septiembre, a una semana de las elecciones.

Los Verdes sí que rechazan esta opción. En realidad, dado que Scholz es mucho más moderado que su partido, es probable que esté lanzando un mensaje dirigido a los liberales: hay otras opciones si no apoyáis una coalición semáforo (SDP, Verdes y liberales).

Es la tesis de Heribert Prantl, columnista en el Süddeutsche Zeitung, quien expone cómo la Unión recurre al anticomunismo como lo hicieron Helmut Kohl y Franz-Josef Strauss en los 70 contra el socialdemócrata Helmut Schmidt cuando esgrimían eslóganes como «libertad o socialismo» o bien «libertad en lugar de socialismo».

«Cuarenta y cinco años después, la Unión intenta atacar a Scholz como hicieron con Schmidt… como si siguiera existiendo el bloque comunista y como si una coalición rojirojiverde fuera un frente de izquierdas», señala Prantl, que apunta: «Scholz no descarta esa opción porque necesita esa amenaza para sumar a los liberales a una coalición semáforo (con los Verdes). Mientras den las cuentas, Lindner sabrá que existe la posibilidad de quedarse fuera. Eso hace que sea más fácil que se abra a lograr acuerdos».

Los liberales participaron en las conversaciones exploratorias para intentar formar gobierno en 2017 con los conservadores y los Verdes, pero se descolgaron a última hora. Ese fracaso forzó una nueva Gran Coalición, a pesar de que el SPD no quería repetir. Pero unas nuevas elecciones habrían servido para fortalecer aún más a la ultraderecha (Alternativa para Alemania, AfD).

Ni Scholz ni los Verdes tienen como primera opción gobernar con Die Linke. Tendrían que hacer concesiones a políticas progresistas»

reiner wandler, corresponsal del ‘taz’

«Ni Scholz ni Los Verdes tienen como primera opción gobernar con Die Linke. Tendrían que hacer concesiones a políticas progresistas. Para Alemania sería un gran paso porque sería definitivamente la reunificación de alguna manera», señala Reiner Wandler, corresponsal del Taz en España. Este diario de la izquierda alternativa berlinesa exhibió una de resus irónicas portadas esta semana a propósito de la intervención de Merkel en el Bundestag. Titulaba el Taz: «Oma erzählt von Kommunismus«. Es decir, la abuelita nos viene con el cuento del comunismo.

No hay una línea roja con Die Linke. De hecho, han gobernado en coalición y gobiernan en varios Länder alemanes. El mejor ejemplo es Turingia, donde gobierna desde 2014 Bodo Ramelow, de Die Linke, con socialdemócratas y Verdes. En Turingia fue donde la CDU pagó muy caras sus dudas a la hora de llegar a acuerdos con la ultraderecha de AfD para impedir que siguiera Ramelow. Finalmente quien cayó fue Annegret Kramp-Karrenbauer como sucesora de Merkel.

Berlín ha sido uno de sus bastiones, sobre todo el este de la ciudad, pero en las elecciones del domingo, cuando también se vota el gobierno de este Land, están siendo desplazados pues figuran en cuarto lugar después de SPD, Verdes y CDU. En Berlín los socialdemócratas no han tenido problema en pactar con Die Linke.

En Alemania sí que hay una clara línea roja con la ultraderecha de AfD. Ningún partido se plantea pactar con AfD en el gobierno federal. Hasta el momento tampoco lo hacen en los Länder, si bien ha habido algún intento.

En una entrevista con El Independiente, el embajador alemán en Madrid, Wolfgang Dold, dejaba claro que no es lo mismo la ultraderecha que Die Linke. «En Alemania hay una preocupación más grande ante el auge de la ultraderecha… NO se puede comparar a Die Linke con AfD. Existe un debate en estas elecciones sobre si también debería ser necesario establecer una línea roja respecto a Die Linke. Sin embargo, no hay, ni mucho menos, el mismo consenso entre los partidos en relación a AfD».

Una singularidad alemana

Die Linke (la izquierda, literal) es un partido muy singular, ya que está vinculado en origen a la RDA, un país que ya no existe. Parte de sus dirigentes procedían del SED, el partido comunista, y otros de la izquierda del SPD. No es fácil encontrar similitudes con otros partidos de la izquierda europea.

No encuentro muchos puntos en común con Podemos. Tienen orígenes muy diferentes. En Die Linke confluyen dos tradiciones: la izquierda de la RDA y de Alemania occidental. Están más a la izquierda que Podemos»

Ángel ferrero, autor ‘la quinta alemania’

«No encuentro muchos puntos en común con Podemos. Tienen orígenes muy diferentes. En Die Linke confluyen dos tradiciones: la izquierda de la RDA y de Alemania occidental. Su programa está más a la izquierda que Podemos. En política exterior es donde marcan más diferencias. Estarían más en línea con Izquierda Unida clásica», señala el periodista Ángel Ferrero, coautor del libro La quinta Alemania.

Su anuncio estrella es de los más originales de la campaña. Die Linke demuestra cómo en 16 años de la era Merkel no se han resuelto problemas fundamentales como el agujero de ozono, las jubilaciones, los empleos con sueldos bajos, la exportación de armas o la atención sanitaria. Un hombre que ha vivido aislado ese tiempo pregunta a sus amigos qué ha cambiado y la respuesta es decepcionante. Todo sigue igual. De mal. El lema es: «Hemos perdido ya demasiado tiempo. Tratemos al país de manera justa».

«Die Linke es un partido con mucha historia. Eso es malo por un lado pero también es bueno porque ha gestionado siempre. Tiene en su ADN la gestión. Eso marca la diferencia con IU o Podemos. Un ejemplo de su gestión en los Länder es Turingia. Es un gobierno que gestiona bien y sin grandes sobresaltos», explica Wandler.

Die Linke ha contado en su historia con dirigentes muy solventes como Gregor Gysi, uno de los mejores oradores que se han visto en el Bundestag, o el ex ministro de Finanzas Oskar Lafontaine. «Pero cuando se han apartado el partido se ha mantenido porque, a diferencia de Podemos, hay una estructura. El partido no se vino abajo. Se mantuvo en las encuestas», señala Ferrero. En su mejor momento rondaron el 11%.

Die Linke está a favor de la disolución de la OTAN. Es la política exterior lo que más les distancia de ser opción de partido de coalición en el gobierno. También son críticos con cualquier intervención militar y se abstuvieron cuando se votó sobre la evacuación de Afganistán en el Bundestag. En los diez puntos básicos de su programa, sin embargo, no mencionan a la OTAN pero sí insisten en sus críticas a las exportaciones de armas, por ejemplo.

No son cuestiones que les hayan apartado del poder en los Länder, pero en el gobierno federal es diferente. Aún así, en un pacto de gobierno a la alemana todo queda escrito y difícilmente en el hipotético caso de que pudieran negociar una coalición nunca iban a encontrar quien apoyara un cuestionamiento de la Alianza Atlántica, por ejemplo. De eso se tendría que ocupar Scholz y es lo que esgrime como argumento para no descartarlos.

Erhard Eppler, pensador y político socialdemócrata, ya defendía que «el comunismo como fuerza histórica ha muerto, el anticomunismo le ha sobrevivido, pero en algún momento también morirá».