Internacional

La diplomacia marroquí, de revés en revés

La decisión del Tribunal de la UE es un varapalo más que se suma a la tensión con Francia, Alemania, España y Argelia

Carmen Vivas

Zhou Enlai decía que la diplomacia es «una guerra continua por otros medios». Marruecos siempre ha sido un referente en este manejo del poder entre bambalinas. Sin embargo, corren malos tiempos para el reino alauí desde que perdió a su aliado el ex presidente Donald Trump. En poco tiempo Marruecos ha chocado con Alemania, España, Francia, Argelia, con las instituciones europeas a propósito de la crisis en Ceuta y ahora con el Tribunal General de la UE. Es otro problema más que tendrá que abordar el gobierno de Aziz Akhannouch, primer ministro tras su victoria en las elecciones de septiembre pasado.

El Frente Polisario ha calificado como «histórica» la sentencia del Tribunal General de la UE contra los acuerdos comerciales entre Bruselas y Rabat que incluyen el Sáhara Occidental. Es, sobre todo, un recordatorio de que el problema del Sáhara sigue sin resolverse, si bien el Consejo de la UE tiene dos meses y diez días para recurrir la sentencia.

En rueda de prensa en Madrid,  el representante del Frente Polisario para Europa y la Unión Europea (UE), Oubi Bucharaya, ha hablado de «una victoria del pueblo saharaui y de la Justicia europea». El Tribunal Europeo ratifica que «el consentimiento del pueblo del Sáhara Occidental» es «una precondición a cualquier actividad que implica el territorio y sus recursos naturales». Bucharaya dijo que la decisión confirma «la personalidad jurídica del Frente Polisario ante las instancias europeas e internacionales».

La decisión final se demorará meses. De ahí que en esta ocasión la respuesta de Rabat ha sido calmada, y coordinada con el Alto Representante de Política Exterior y de Seguridad, Josep Borrell, como quedaba claro en el tuit del jefe de la diplomacia europea. «Mantendremos los contactos para tomar las medidas necesarias a fin de asegurar el marco jurídico que garantice la continuación de las relaciones comerciales entre la UE y Marruecos», dice el tuit. El 73% de las exportaciones de Marruecos tienen como destino algún país de la UE.

A pesar de que Marruecos creía que con el apoyo de Trump a su causa, había recorrido un largo trecho, lo cierto es que ni siquiera el actual presidente, Joe Biden, ha confirmado que reconozca la soberanía marroquí del Sáhara. EEUU habría presionado para que Rabat aceptara al nuevo enviado especial de la ONU para el Sáhara, Staffan de Mistura. Si la decisión judicial fuera ratificada, supone el reconocimiento del Frente Polisario como única autoridad con soberanía sobre los recursos del Sáhara, como las capturas de pesca, que serían en un 90% saharahuis.

Con las instituciones europeas ya chocó Marruecos a raíz de la crisis con España del pasado verano. Rabat facilitó la salida de inmigrantes a Ceuta y el jefe del gobierno español llegó a desplegar el Ejército en la ciudad situada en el norte de África. Los cuatro grandes grupos del Parlamento Europeo pactaron en junio pasado una resolución por la que se condenaba el uso que hizo Marruecos de la migración, especialmente de los menores, como instrumento para presionar a España.

El gobierno español, que estaba enzarzado con Rabat a propósito de la acogida en un hospital de Logroño del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, se vio respaldado, si bien la marcha de la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, se interpretó como una forma de contentar a Marruecos. Rabat se quejaba de no haber sido informado de la entrada de Ghali en España.

Sánchez recordó entonces a los marroquíes como «España es el mejor socio que Marruecos tiene dentro de la UE para defender sus intereses estratégicos», dijo entonces Pedro Sánchez. En consonancia, el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, que reemplazó a González Laya en la renovación que hizo Sánchez en julio pasado, reconoció que Marruecos era un socio clave para España. Poco a poco hay acercamientos sustanciales: Albares ya se vio en Nueva York con el ministro de Exteriores,  Nasser Bourita, y se comprometieron a seguir hablando y verse en breve de nuevo.

«Albares ha asumido como prioridad llevarse bien con Marruecos porque asume que estamos condenados a entendernos», señala Bernabé López, arabista y catedrático en la Universidad Autónoma de Madrid.

El arabista reconoce que Marruecos se ha tomado con tranquilidad la sentencia del Tribunal de la UE. «Es un llamada de atención quizá para que encuentre una solución definitiva al problema del Sáhara, fuente de inestabilidad. Marruecos no se da cuenta de que con su empecinamiento no siempre se gana», dice Bernabé López.

Un primer ministro identificado con el Rey

Pero insiste en que la reacción ha sido de calma. «Desde el Ministerio marroquí de Exteriores se ha insistido en que hay que buscar la manera de entenderse. No opta por la vía agresiva, una de las técnicas de Marruecos. Quizá porque no le conviene con un primer ministro recién nombrado. Marruecos busca ahora vías de diálogo», añade el autor de Marruecos en trance: nuevo Rey, nuevo siglo, ¿nuevo régimen?

El magnate del petróleo Aziz Akhanouch, muy cercano al rey Mohamed VI, ganó las elecciones de principios de septiembre en las que los islamistas quedaron reducidos a 12 escaños. Akhanouch ha sido ministro de Agricultura y Pesca desde 2007, así que conoce muy bien la relación entre Rabat y la UE.

«Antes los islamistas servían como punching ball pero ahora ya no existe ese parapeto. El rey está al descubierto. Si el nuevo primer ministro logra avances para reducir las desigualdades y crea cierto bienestar en Marruecos, se verá al rey como un triunfador. Pero si fracasa, la lectura será que el rey ha fracasado. Este nuevo primer ministro sí tiene el poder, no como los islamistas que no controlaban los ministerios clave», señala Ali Lmrabet, periodista marroquí afincado en Barcelona.

Aborda un momento complejo por la crisis económica, agravada por la pandemia, y las múltiples crisis diplomáticas. Con Alemania hubo retirada de embajadores en verano, porque el embajador alemán en Naciones Unidas recordó que el estatus del Sáhara Occidental se halla sometido a la jurisdicción de Naciones Unidas.

Con Francia, el gran aliado, la tensión es patente por los ecos de la red de espionaje Pegasus, que alcanzaría incluso a Macron. Francia ha reducido visados a marroquíes, argelinos y tunecinos y Marruecos reaccionó de forma airada. Cualquier fricción con París preocupa muchísimo en Rabat.

Y con Argelia la tensión ha crecido exponencialmente en las últimas semanas. La relación entre los dos países vecinos del Magreb está condicionada por el conflicto del Sáhara. Argelia apoya la causa saharaui claramente.

«Hay dos cuestiones que han enfadado especialmente a los argelinos: la normalización de relaciones de Marruecos con Israel como contrapartida al reconocimiento de la soberanía marroquí del Sáhara anunciada por Trump, por un lado. Para Argelia este movimiento significa que Marruecos es un punto avanzado de Israel en el Magreb y por ello realiza maniobras en Orán, o en el sur. A ello se suma el descubrimiento del espionaje de 6.000 teléfonos por parte de los servicios secretos marroquíes», señala Lmrabet. A partir de ahí Argelia ha roto relaciones diplomáticas y ha cerrado su espacio aéreo. Especialmente delicado es el tema del gasoducto argelino que lleva gas a España y Portugal y pasa por Marruecos. Este delicado asunto ha llevado al ministro a Albares a Argelia esta semana.

«En suma, la diplomacia marroquí tiene problemas con Alemania, Francia, España y Argelia, cuatro países importantes para Rabat. Y de momento parece que su reacción es una huida hacia delante», añade el ex diplomático y periodista marroquí.

El momento es delicado. Francia está en tiempo de descuento electoral y la cuestión migratoria será un tema en la campaña electoral. Ya lo está siendo. A su vez, en cualquier momento Joe Biden puede dar marcha atrás en el anuncio de Trump sobre la soberanía marroquí del Sáhara. Para Marruecos cualquier tiempo pasado puede ser mejor.

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