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De Laya a Albares, el cambio en Exteriores que celebran en Marruecos

El relevo abre una vía para el entendimiento entre Madrid y Rabat, ya que Marruecos culpabilizaba a la exministra del caso Ghali

Arancha González Laya, en su última rueda de prensa como ministra de Exteriores con el jefe de la diplomacia francesa, Yves Le Drian

Arancha González Laya, el viernes, en su última rueda de prensa como ministra de Exteriores. EFE

Decía Hillary Clinton que «no hay nada rápido ni fácil en la diplomacia». Y añadía: «No me hago ilusiones al respecto». Arancha González Laya, quien ha salido del gobierno de Pedro Sánchez como ministra de Exteriores, lo ha comprobado en los más de 540 días días que ha estado en el cargo. Sobre todo, en lo que se refiere a Marruecos y a Venezuela.

El diplomático de carrera José Manuel Albares (Madrid, 1972) cambiará la embajada en París por el Palacio de Viana en Madrid. ¿Qué herencia asume el nuevo jefe de la diplomacia española? Unas relaciones más que deterioradas con Marruecos serán su principal desafío. Y a ello se suma el paso a la irrelevancia en América Latina. Con la UE habrá continuidad, de la mano de un francófilo como Albares con gran experiencia en la bambalinas de las negociaciones europeas.

La designación de Arancha González Laya en enero de 2020 fue una sorpresa. Con una dilatada experiencia en organismos internacionales, González Laya era más conocida en Bruselas que en Madrid. Fue Nadia Calviño, ministra de Economía, con quien había coincidido en los foros europeos, quien avaló a Laya ante Sánchez.

Su curriculum es intachable, con especial orientación al comercio internacional. Domina seis idiomas (castellano, euskera, inglés, francés, alemán e italiano) y es una europeísta vocacional. Reemplazaba en el Ministerio a Josep Borrell, quien había dejado el gobierno para ser Alto Representante de Política Exterior y Seguridad de la UE. Antes que ella solo otras dos mujeres, Ana Palacio y Trinidad Jiménez, habían ocupado este Ministerio.

Exteriores es un Ministerio muy complejo porque los diplomáticos no somos gente fácil de gestionar… A ello se suma que Laya no tenía experiencia ni capacidad para gestionar algo tan complicado»

fuentes diplomáticas

Despertó expectación. Era un soplo de aire fresco. Sin embargo, en Exteriores ha ido de traspiés en traspiés. «Exteriores es un Ministerio muy complejo porque los diplomáticos no somos gente fácil de gestionar. No nos quedamos callados. A eso se suma que Laya no tenía experiencia ni capacidad para gestionar algo tan complicado», señalan fuentes diplomáticas.

De acuerdo con personas vinculadas al Ministerio de Exteriores, Laya tenía dos problemas: errores básicos de política internacional y una gestión desafortunada. «No consultaba a los asesores. No confiaba en los diplomáticos. No delegaba. No dirigía como equipo el Ministerio», apuntan.

Prueba de esa falta de confianza en los diplomáticos fue la crisis interna suscitada por las vacunas. Laya no puso facilidades a que se vacunaran, sino que pretendía que fuera un intercambio: cada país asumía a los representantes de otras naciones en su territorio.

Sin embargo, otros países de nuestro entorno aseguraban que sus diplomáticos tuvieran acceso, ya que hay destinos en los que resulta difícil garantizarlo. Laya dio la impresión de que le parecían unos privilegiados, cuando en Defensa no se había puesto problema a garantizar vacunas a los destinados en el exterior.

Las reglas del juego

José Manuel Albares es el primer diplomático que será ministro de Exteriores desde que Pedro Sánchez está en Moncloa. Es del PSOE y desde el principio estuvo con Sánchez. De hecho, siempre estuvo en las quinielas de Exteriores, pero se llevaba mal con Iván Redondo, el spin doctor monclovita que ahora se retira a las sombras. «Albares conoce las reglas del juego. Por ejemplo, hay una básica que Laya no ha cumplido: no puedes tocar las narices a Marruecos», dicen fuentes del Palacio de Viana.

Al permitir que el presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, Brahim Ghali, fuera atendido en España de las complicaciones derivadas del coronavirus, González Laya firmó su finiquito. La alternativa habría sido buscar un tercer país que no tuviera tan estrecha relación con el conflicto. Alemania se había negado previamente. También está en crisis con Rabat. La última palabra, en todo caso, la tuvo Pedro Sánchez.

Varios ministros del gobierno de Sánchez vieron como una maniobra suicida la iniciativa de Laya que esgrimió «razones humanitarias» para que el dirigente saharaui recibiera asistencia médica en el hospital de Logroño, a petición de Argelia. La embajadora de Marruecos en España, Karima Benayich, muy cercana al rey Mohamed VI, con quien se crió y de origen español, está en Rabat como consecuencia de la crisis.

Marruecos reaccionó de forma brutal: abrió las puertas a sus nacionales y migrantes que había cerca de Ceuta y los dejó pasar sin control. En pocas horas miles estaban deambulando por la ciudad española en el norte de África. La contundente intervención de la UE ayudó a que las aguas volvieran a su cauce, si bien las relaciones diplomáticas aún siguen sin normalizarse.

La marcha de Laya se esperaba desde hacía varias semanas. La ex jefa de la diplomacia española ha causado la peor crisis entre Rabat y Madrid de los últimos 16 años»

‘l’Opinion’, diario marroquí

El diario L’Opinion de Rabat informaba del cambio de gobierno en Madrid centrándose en González Laya y aseguraba que era una señal de Sánchez con vistas al apacigüamiento con Marruecos. «La marcha de Laya se esperaba desde hacía varias semanas. La ex jefa de la diplomacia española ha causado la peor crisis entre Rabat y Madrid de los últimos 16 años, sobre todo por su papel central en la acogida de Brahim Ghali, líder de los separatistas del Polisario en España, a pesar del rechazo del Ministerio del Interior y de los servicios secretos españoles», señala este medio marroquí.

La decisión de Laya enfadó a varios ministros, entre ellos al titular de Interior, Fernando Grande Marlaska. Lo cierto es que los marroquíes echan la culpa a González Laya, de modo que Albares tiene ahora la posibilidad de reconducir la situación.

«Albares es hábil y combina su excelente conocimiento del mundo diplomático con una visión política muy clara», comentan desde Bruselas. Saber cómo funciona la política por dentro ayuda a detectar los problemas antes de que sea demasiado tarde. Es cuestión de cumplir esa norma no escrita que dice: «No hagas nada que luego no puedas explicar». Lo que ocurrió con Ghali entra en esa categoría.

La irrelevancia en América Latina

También apuntan los expertos en América Latina cómo España ha perdido relevancia en la zona. El caso de Venezuela es paradigmático. España pasó de defender ante los socios de la Unión Europea que se reconociera a Juan Guaidó como presidente encargado, como así se hizo en enero de 2019, a dejarle de lado en la gira internacional en 2020.

Fue precisamente Albares quien tejió los hilos para hacer posible ese reconocimiento, que encabezó España. Y González Laya fue quien, sin embargo, descartó que Pedro Sánchez viera a Guaidó en la Moncloa. Laya le recibió en Casa de América, no en el Palacio de Viana. De ahí que la oposición, también recelosa del papel de Unidas Podemos en el gobierno, empezara a recelar del gobierno de Sánchez.

«La influencia que tenía España de hablar con todas las partes ya no existe. Ha perdido interlocución. Apoyaba la opción de Capriles, que no es mayoritaria en la oposición. Ha roto el consenso europeo en esta cuestión. Ha hecho que España pierda influencia cuando antes llevábamos el liderazgo», dicen fuentes diplomáticas con destino en Latinoamérica.

No es fácil afrontar la gestión de un Ministerio como Exteriores, y más aún en plena pandemia. Y España tampoco tiene una línea clara en política exterior. Si además vienes de fuera, las posibilidades de error se multiplican. De las equivocaciones de esta etapa José Manuel Albares puede aprender mucho. Sin hacerse ilusiones.

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