A Arancha González Laya (Tolosa, 1969) le gusta verse como «una tejedora de consensos». Nos cuenta que es a lo que se dedica desde hace más de 25 años, cuando dio sus primeros pasos en las instituciones comunitarias. Sabe que hay líneas rojas, pero asegura que su guía es dar respuesta a los ciudadanos. Nos recibe en el Palacio de Santa Cruz, el magnífico edificio que se construyó en 1636 como cárcel de la Corte y desde 1938 es la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, que González Laya encabeza desde el 13 de enero de 2020. Ha pasado una eternidad desde entonces.

Confiesa que duerme poco últimamente y echa de menos ver a su familia. Le quitó el sueño al principio la operación para traer a los españoles que se habían quedado varados en otros confines cuando el mundo se cerró casi de un día para otro. También le quitó el sueño la construcción de un fondo de recuperación europeo y construir una red que aguante a las empresas y al sector turístico. Y ahora confiesa que le preocupan conflictos que están empezando a aparecer, «expresión de la fragilidad social, económica y climática».

Pregunta.- Dentro de poco cumple un año en el cargo y ha sido un año intenso. ¿De qué está más satisfecha? ¿De qué menos?

Respuesta.- Bueno, hemos tenido enormes limitaciones por el Covid en el ejercicio de nuestra función, que es alimentar la relación de España con el resto del mundo. Pero de lo que estoy más orgullosa es de que, pese a esas enormes limitaciones, en la capacidad de viajar, en la posibilidad de reunirse con nuestros interlocutores, de compartir todas estas reuniones donde tantas cosas se arreglan, hemos sido capaces de impulsar nuestras relaciones internacionales y de cumplir objetivos importantes para nosotros, como por ejemplo una actitud más solidaria y una respuesta más solidaria, apoyando a otros a luchar contra el Covid.

A pesar de las limitaciones de la pandemia, hemos sido capaces de impulsar una actitud y una respuesta más solidaria»

Y ahí conseguimos y construimos una Conferencia de Donantes, por ejemplo, para los refugiados de Venezuela, que fue enormemente apreciada por la comunidad internacional. Hemos trabajado sin descanso para construir un fondo de recuperación europeo, que tras cuatro meses de trabajo intensísimo, vio finalmente la luz en julio. Es el resultado de una construcción española a un consenso europeo y a un consenso desde una postura constructiva. Ahí está la resolución que hemos impulsado en la Asamblea General de las Naciones Unidas, adoptada por consenso por todos los miembros de las Naciones Unidas, sobre mujeres, niñas y Covid, poniendo el énfasis en las mujeres y las niñas también en nuestra respuesta al Covid.

Luego, sí, han sido momento de enormes dificultades, pero también hemos sido capaces de dar una respuesta en lo más urgente repatriando, asegurándonos suministros de equipos de medicinas, construyendo un plan de recuperación, pero también sembrando para el largo plazo. Y de eso nos tenemos que sentir orgullosos. 

P.- Acaban de presentarse las líneas estratégicas de la política exterior en la Academia de la Diplomacia. ¿Cuáles son esas líneas? 

R.- Nos parece que la política exterior, la acción exterior, tiene que ser una política de Estado, y por eso llevamos varios meses consultando con todas las fuerzas políticas, sociales, think-tanks, universidades, comunidades autónomas, sobre cuáles deben ser los ejes fundamentales de la política exterior española. Hay tres grandes pilares sobre los que nos vamos a asentar: un multilateralismo, en el que España quiere jugar un papel nodal desde nuestra pertenencia a la Unión Europea, una Unión Europea que nosotros vemos como un continuo de nuestro país.

En segundo lugar, unas relaciones bilaterales más profundas con determinadas regiones del mundo y con distintos tonos y distintos ángulos, dependiendo de la región. Una región latinoamericana, por ejemplo, donde va a tener un gran peso el que seamos parte de la misma familia. Una relación con África, donde va a tener un gran peso el impulso a sus economías y a sus sociedades, porque en ello nos va también nuestra propia seguridad y nuestra propia estabilidad. Unas relaciones con el continente asiático, muy marcadas por la diplomacia económica.

Y en tercer lugar, una apuesta muy decidida por la cooperación al desarrollo. Con un programa de reformas tanto en lo institucional, reformando la AECID (Agencia Española de Cooperación y Desarrollo), en el centro de las instituciones encargadas de la cooperación al desarrollo en España, articulando un sistema donde se puedan poner más en sinergia todas las fuerzas de esta cooperación que tiene una enorme credibilidad internacional.

Queremos que al final de la legislatura la ayuda oficial al desarrollo alcance el 0,5% de la Renta Nacional Bruta»

Una pequeña muestra del compromiso de este Gobierno con la cooperación al desarrollo ha sido este paso adelante que damos en los presupuestos de 2021 con la ayuda oficial al desarrollo. Queremos que al final de la legislatura alcance el 0,5% de la Renta Nacional Bruta. Era un un objetivo que teníamos antes de la llegada de la pandemia. Es cierto que ahora hemos tenido que ser más prudentes en este nuestro primer presupuesto, pero mostrando claramente nuestro compromiso también con la cooperación internacional, con la cooperación internacional bien entendida porque si a nuestros vecinos les va mejor, a nosotros también nos va a ir mejor. 

P.- Y hablando de vecinos, la relación con Marruecos es muy compleja. Ahora va a ir el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Marruecos. ¿En qué medida esa relación se ve dañada por el hecho de que la UE no actúe de manera conjunta en su frontera sur? ¿Cómo se podría mejorar para que no estuviéramos en situación de debilidad?

R.- Bueno, yo no creo que lo estemos. Yo creo que tenemos una relación muy intensa con Marruecos, gestionada desde una gran corresponsabilidad por ambas partes. Y es una relación madura, donde hay puntos en los que estamos de acuerdo y otros en desacuerdo, pero gestionamos nuestros acuerdos y desacuerdos desde la corresponsabilidad.

Marruecos y España buscamos que la Unión Europea preste más atención a la vecindad Sur, o tanto como a la vecindad Este»

Y el caso de la emigración es un ejemplo muy claro de cómo lo estamos haciendo desde la corresponsabilidad y lo hemos hecho entendiendo que tenemos una agenda conjunta, una agenda común. Lo hacemos con la colaboración de nuestros ministerios del Interior y de nuestros servicios de inteligencia, desmontando redes de tráfico ilegal de personas. Lo hacemos juntos también ayudando al desarrollo económico y social de Marruecos, con una presencia de nuestras empresas cada vez más fuerte en el país, ayudando a generar empleo. Y lo hacemos impulsando unas relaciones entre Europa y la vecindad sur de la Unión Europea, donde los dos buscamos un objetivo común: que la Unión Europea le preste más atención a esta vecindad sur. O por lo menos le preste tanta atención como le presta la vecindad Este.

Mi relación con mi homólogo marroquí es excelente. Fue el primero a quien visité al llegar al asumir el cargo de ministra de Asuntos Exteriores, mantengo una relación absolutamente regular con él y dentro de la máxima cooperación.

P.- España sigue siendo administradora del Sáhara y hay una resolución de la ONU de 1995 que instaba a la celebración de un referéndum, pero han pasado muchos años y los saharauis están muy cansados. Ahora hay una situación realmente tensa y ahí saharauis recriminan al Gobierno español, no a este gobierno, sino a sucesivos gobiernos de España, su actitud de olvido e indiferencia. ¿Qué le diría a esos saharauis que recriminan a España que les haya abandonado?

R.- Bueno, yo lo que les diría a los saharauis, y lo que les digo porque también hablo con ellos, es el compromiso de nuestro país con ellos. Y ese compromiso tiene un nombre y apellidos. Todos los años estamos contribuyendo para que todos los saharauis puedan tener acceso a la educación, a la sanidad, a unas condiciones de vida dignas. Y lo hacemos con financiación española, con la solidaridad, no sólo del Gobierno, también de comunidades autónomas, de muchos ayuntamientos y miles de ciudadanos de este país que nos sentimos solidarios con esa situación.

Y no sólo lo hacemos como España, también nos aseguramos de que la Unión Europea, que es otro de los grandes proveedores de financiación para atender a las necesidades de los saharauis, lo siga haciendo. A pesar de que es cierto que ellos puedan tener la impresión de que se les ha olvidado, no se les ha olvidado. España está ahí.

Nuestra contribución política en el caso del Sáhara pasa por asegurarnos de que el secretario general de la ONU impulse la solución negociada. Nosotros no podemos resolver esa cuestión»

También contribuimos en lo político. ¿Y cuál es esta contribución? Pues esta contribución es asegurarnos de que el secretario general de las Naciones Unidas, que es quien tiene en sus manos la responsabilidad del impulso político a una solución negociada, la ejerza de manera vigorosa. Esa es nuestra contribución, porque nosotros no podemos resolver esa cuestión. Lo que nosotros sí podemos hacer es asegurarnos de que el secretario general de las Naciones Unidas tiene los medios para hacerlo y que pone la voluntad política. Es cierto que desde hace 18 meses no hay un enviado especial del secretario general para el Sáhara Occidental, y es cierto que es importante nombrar a este enviado especial, porque ese es el canal de mediación.

Actuamos de manera responsable, de una manera bastante consecuente, sin haber cambiado nuestra postura. Y dialogamos con Marruecos, Argelia, Mauritania, con los saharauis, y también con otros miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que van a ser fundamentales para ayudar a darle una solución negociada a esta situación.

P.- ¿Cree que se hará el referéndum?

R.- Las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas lo que dicen es que hay que buscar una solución justa, duradera y negociada. A nosotros nos servirá la solución negociada que lleve a un acuerdo, la que sea.

P.-  En el caso de la migración, usted ha dicho que no la podemos dejar en manos de las mafias, pero ¿hay otras vías? Porque no está claro cuáles son las vías legales para una persona que tiene dificultades económicas o que está perseguido. 

R.- Sí, bueno, para los perseguidos hay una vía legal, que es la vía internacional, que es la vía del refugio o el asilo, que España respeta en toda su integralidad. Hay un status internacional para refugiados y asilados y hay procedimientos para alcanzar ese estatus. De hecho, España es uno de los países de la UE que más demandas de asilo recibe y de refugio recibe cada año. La mayor parte de estas demandas no vienen de África, vienen de América Latina, de Venezuela, de Colombia, de Honduras, de Guatemala, de Nicaragua…

Para el caso de la migración económica nosotros también estamos abriendo esas vías y Marruecos es un buen ejemplo. Alrededor de 20.000 marroquíes se benefician de sistemas de migración circular acordados entre España y Marruecos, donde marroquíes se desplazan a España a trabajar con un contrato, con unas condiciones laborales, y luego vuelven a su país. Y esto dentro de la legalidad.

Y esto mismo es lo que estamos también construyendo con Senegal, abriendo vías legales donde los ciudadanos de estos países puedan participar en nuestro mercado laboral. Un mercado que también demanda mano de obra, pero lo hagan dentro de la dignidad y la regularidad. Y esta es una discusión muy importante que nosotros también estamos impulsando en Europa, porque la mejor manera de luchar contra las mafias de tráfico de personas, que ahora mismo es un negocio ingente, un negocio que lucra a unos pocos a costa de millones, además de los medios de represión y de desarticulación y de cooperación policial, es también abriendo vías legales de emigración a Europa. Y este es uno de los temas que nosotros estamos impulsando en el Pacto por la Migración y el Asilo en Europa, que estamos negociando en estos momentos, y en el que nosotros somos unos defensores muy claros de estas vías legales.

P.- Ahí chocamos con países del Este. Y usted se ha referido a los fondos de recuperación, y Hungría y Polonia también lo están bloqueando por vincularlo al estado de Derecho. ¿Qué hacemos con estos países que están en la Unión Europea pero rechazan cumplir con el Estado de derecho o se oponen al reparto de responsabilidades en la cuestión migratoria?

R.- Pues yo creo que hay que repetir que hay una serie de principios que son la base de la Unión Europea. Estos principios están en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea. Es la democracia. Es el respeto al estado de Derecho. Es la libertad. Es la igualdad. Todo eso son principios a los que nos hemos comprometido todos los Estados miembros de la Unión Europea. Y nos hemos comprometido porque entendemos que esa es la base de nuestra comunidad. Esta es la base de nuestra familia. 

Con Hungría y Polonia se trata de responsabilidad. No solo con respecto a los otros miembros de la UE. También con sus empresas y ciudadanos»

Hay una discusión sobre unir el respeto del Estado de Derecho y la integridad financiera de la Unión Europea. Y es sorprendente que algunos países se opongan a ello. A mí me sorprende que se opongan a ello, porque el estado de Derecho es la base de funcionamiento de nuestra UE. La integridad financiera también es un principio fundamental, cuando uno quiere mutualizar su economía. Además, se está haciendo con criterios objetivos claros y transparentes.

Luego yo creo que lo que queda es insistir, discutir, debatir, convencer a Hungría y a Polonia de que ahora de lo que se trata es de una cuestión de responsabilidad. No solamente es su responsabilidad con respecto a los otros miembros de la Unión Europea, también su responsabilidad con respecto a sus propias empresas y a sus propios ciudadanos, que también necesitan de este gran fondo de recuperación, y de unos presupuestos comunitarios para los próximos siete años.

P.- Hay un escenario B, que sería impulsar el fondo de recuperación sin Hungría y Polonia.

R.- Bueno, yo no creo mucho en los escenarios B. Creo en el único escenario que yo conozco, que es el escenario A, que es trabajar con ellos para convencerles. Eso es lo que nosotros modestamente llevamos haciendo en los últimos días. El secretario de Estado para la Unión Europea está en Varsovia en estos momentos, reunido con los cuatro de Visegrado. Yo misma he hablado con mis homólogos polacos y húngaros con el objetivo de convencer. No es vencer, es convencer, porque una unión como la nuestra tiene que estar fundamentada en un consenso responsable.

Cuando trabajamos sobre la base del consenso, el coste de disentir tiene que ser muy alto, porque si no, el comportamiento es tremendamente, puede ser tremendamente irresponsable. Ahora lo que nos toca es pedir a Polonia y a Hungría que sean responsables.

P.- Habla de la búsqueda de consensos, pero vivimos en un momento en el que parece una tarea titánica, casi imposible. Ni siquiera la pandemia nos ha hecho reaccionar. En España lo hemos visto.

R.- En la actualidad es uno de los momentos en los que es más difícil tejer consensos en el mundo. Yo he pasado modestamente 25 años de mi vida tejiendo consensos. Primero en Bruselas, entre los Estados miembros de la Unión Europea. Desde muy pronto, aprendí que lo que valía, lo que lo que nos ayudaba era tejer ese consenso.

Si uno ve los paquetes legislativos que se están aprobando, el plan de recuperación y transformación, lo que ve es una nueva época que empieza para nuestro país»

Y aquí en España nos pasa lo mismo. Y lo curioso, en el momento actual en España es que si uno baja el volumen de un cierto histrionismo político que se ha instalado en nuestra vida política y una hipérbole que está llevando al exceso, lo que se ve es una enorme tarea legislativa que se está impulsando, una tarea legislativa que está en la base de la transformación de España a futuro. Si uno ve todos los paquetes legislativos que se están aprobando en materia de cambio climático, en materia de igualdad en este país, en educación…. Si uno ve lo que se está haciendo con el plan de recuperación y transformación de España, lo que uno ve es una nueva época que empieza para nuestro país.Y a veces tenemos una dificultad para visualizar esto, pero es una época que empieza con un proyecto muy claro, ahora con un presupuesto que es la base para ejecutar un proyecto, y también con mucha luz al final del túnel, esperemos, con la vacuna contra el Covid, que esperamos que nos va a traer el sosiego necesario para darle este impulso a este país.

P.- Por primera vez en España hay un gobierno de coalición y hemos visto dificultades, como en su viaje a Bolivia, donde el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, tenía una agenda propia. ¿Cómo lleva esa relación?

R.- Es cierto que en nuestro país no hay una experiencia de gobiernos de coalición y entonces no hay una experiencia ni de vivir ni de ver un gobierno de coalición y por lo tanto estamos todavía en fase de aprendizaje. Yo lo llevo con muchísima normalidad y lo vivo con normalidad desde unas reglas de juego muy claras en el acuerdo de coalición. En materia de política exterior decide la ministra de Asuntos Exteriores con el presidente del Gobierno y por eso nuestras acciones son bastante estables.

Las reglas de juego de nuestra coalición son muy claras: en política exterior decide la ministra de Exteriores y el presidente del Gobierno»

No hay cambios radicales en la política exterior de este país porque es una política de Estado. Entonces yo me quedo con eso. A mí no me gusta mucho ni el ni el exceso ni la hipérbole, y sobre todo, huyo de los superlativos. Y es verdad que estamos en un momento donde se hace un abuso constante de los superlativos.

P.- El Brexit es otro de los grandes problemas de este fin de año 2020. Todavía no hay un acuerdo sobre la relación entre el Reino Unido y la Unión Europea. A nosotros nos afecta especialmente por Gibraltar. ¿Cómo va a quedar la situación en el caso de que no haya acuerdo?

R.- Bueno. Es la parte más fácil. Si no hay acuerdo, la frontera externa de la Unión Europea es la frontera con la verja de Gibraltar. Esa es la frontera externa de la Unión Europea, porque el Reino Unido sale de la Unión Europea el 1 de enero del 2021. Y por lo tanto, eso se convierte en la frontera externa de la Unión Europea. Y todos sabemos lo que es una frontera. Entonces, si el 1 de enero no hay un acuerdo, ahí hay una frontera.

Si no hay acuerdo con el Reino Unido, la frontera externa de la Unión Europea es la frontera con la verja de Gibraltar»

Por eso nosotros en esta negociación siempre hemos buscado un entendimiento con el Reino Unido en lo relativo a Gibraltar, que evitase esa nueva frontera. Y lo hemos hecho buscando crear un espacio que sea de prosperidad compartida para todos los habitantes del Campo de Gibraltar.

En estos últimos dos años, desde que se iniciaron las negociaciones para la salida del Reino Unido de la Unión Europea, hemos avanzado en cuestiones fiscales, hemos avanzado en cuestiones medioambientales, de cooperación aduanera, de precio, el tabaco, todas ellas cuestiones que no se habían tratado durante 300 años. Sin renunciar a la soberanía, como no vamos a renunciar a ella, como tampoco el Reino Unido, imagino, va a renunciar a sus pretensiones, pensábamos que podíamos llegar a un terreno de acuerdo y seguiremos intentándolo hasta el último momento. 

P.- ¿Y habrá acuerdo en el último momento? ¿Es usted optimista?

R.- Yo siempre sigo la máxima de Jacques Delors que decía que ni optimista ni pesimista, sino activista, activista hasta el último minuto. 

P.- ¿Cree que la nueva Administración en Estados Unidos puede impulsar el acuerdo con el Reino Unido? Boris Johnson ha perdido a un aliado para su causa en la Casa Blanca con la salida de Donald Trump.

R.- Bueno, yo lo que creo que ha sido muy interesante es el mensaje que ha llegado del presidente electo, Joe Biden, y este mensaje lo enviaba incluso antes de serlo. Es un doble mensaje. En primer lugar, que lo que el Reino Unido ya había pactado con la Unión Europea debía respetarse. Y segundo, también ha sido muy claro al decir que creía mejor que el Reino Unido y la Unión Europea alcanzasen un acuerdo antes que una salida con ruptura. Este es un mensaje muy importante para alguien que quiere y que necesita construir unos lazos económicos y comerciales con Estados Unidos al salirse de la Unión Europea.

P.- ¿Es posible reparar todo lo dañado en estos cuatro años del mandato de Trump en la relación transatlántica? ¿Podría servir de base esta alianza renovada frente a China?

R.- Yo diría dos cosas. En primer lugar, tenemos una oportunidad para reconstruir el lazo transatlántico. Este lazo fue extremadamente fuerte después de la Segunda Guerra Mundial. Hoy esta relación transatlántica carece de una brújula estratégica. Y esto es quizás lo que sí podemos hacer con la nueva Administración del presidente electo Biden. Si tuviera que imaginar una brújula para esta relación transatlántica, diría que hoy debería ser el proyecto compartido de rehumanizar la globalización, de seguir impulsando lo que tiene de más eficiencia, más competitividad, más oportunidades, más empleo, pero donde no se nos olvide que esa globalización tiene que ser puesta al servicio de la humanidad, al servicio de acabar con las desigualdades, al servicio de asegurarnos que nadie se quede atrás, al servicio de unos bienes públicos globales que todos protejamos y que todos impulsemos.

Con EEUU podremos impulsar un mayor multilateralismo y unas relaciones más equilibradas con China»

Ahora bien, mientras se construye esta agenda transatlántica dentro de la Unión Europea, también tenemos otra discusión que es la de la autonomía estratégica. De alguna manera, el fondo de recuperación que hemos construido es una expresión de nuestra autonomía estratégica y a partir de ahí, trabajando con Estados Unidos, podremos impulsar un mayor multilateralismo y unas relaciones más equilibradas con China, donde tengamos una agenda positiva con un país que hoy es sistémico y por lo tanto, cuyo concurso es necesario para tratar de cuestiones como el cambio climático, la estabilidad del sistema financiero internacional o el comercio internacional. Pero también ha de ser capaz de responder a aquellas cuestiones en las que China y la Unión Europea no estamos en la misma longitud de onda, bien porque sintamos que son espacios donde hay una competencia desleal, o simplemente porque los valores y los principios no sean compartidos.

P.- Para España sigue siendo vital Latinoamérica. Usted ha visitado recientemente México. El presidente, Andrés Manuel López Obrador, aludió al mensaje de la conquista, al perdón de los conquistadores. ¿Por qué siguen esos reproches contra España?

R.- En primer lugar, expreso todo mi respeto al presidente López Obrador. Nosotros hemos sido muy críticos con nuestra propia historia. También en América Latina y en el caso de México, también ha habido momentos muy claros donde España se ha disculpado con actos que pudieran haber tenido lugar durante esos momentos de historia compartida. Esto lo hicieron los Reyes de España en una visita a México en los años 90, con las comunidades indígenas con quienes se reunieron.

Nosotros sentimos de alguna manera que ese capítulo ya lo hemos cerrado y lo hemos cerrado juntos. No lo hicimos desde la unilateralidad, sino que lo hicimos junto con el pueblo mexicano y sentimos de alguna manera que lo que ahora nos toca es imaginarnos cómo vamos a proyectarnos a futuro.

Lo que podemos hacer ahora es construir para el futuro, asentado sobre las lecciones del pasado, sería impulsar muy decididamente la protección de los derechos humanos, luchar por la igualdad de las mujeres y contra el feminicidio, apoyar a todos nuestros ciudadanos y ciudadanas para que ninguno se quede atrás. Es la base sobre la que quizás podemos imaginarnos nuestro futuro.

P.- Venezuela ya casi es política doméstica. Este domingo se celebran unas elecciones legislativas organizadas por el régimen, consideradas fraudulentas por la oposición. España ha apostado por el diálogo político. ¿También si participa Maduro? El ex presidente González mantiene que siempre que esté Maduro al frente las elecciones no serán libres ni transparentes. ¿Coincide con González?

R.- Es cierto que nosotros queremos una solución negociada para Venezuela. Una solución entre los venezolanos. Y es cierto que no se han dado pasos muy relevantes en esta dirección en los últimos años y esto nos preocupa. Y esto nos tiene que hacer pensar quizás en cuál ha sido la táctica que hemos seguido para apoyar esos esfuerzos porque igual no hemos seguido la táctica correcta. Quizás tengamos que verlo con calma con una nueva administración que llegará el 20 de enero en EEUU, desde la UE, y también con otros países del continente latinoamericano. Nosotros, desde luego, vamos a buscar impulsar esa solución negociada.

Sobre la situación humanitaria en Venezuela debería buscarse un mínimo común denominador entre el régimen y la oposición»

Entretanto, con respecto a las elecciones, España ha sido muy clara. En Venezuela, como en cualquier otro país del mundo donde tengamos dudas o cuestionemos la transparencia, si hay dudas sobre la limpieza electoral lo decimos. Buscamos que no sea solamente España, siempre es la Unión Europea. Entonces esperamos poder tener ocasión de discutir esto en el Consejo de Asuntos Exteriores, que tendrá lugar el próximo lunes. E insisto: si las condiciones no son democráticas, si no son libres, pues España no reconocerá su resultado.

Pero más allá de eso, será útil pensar cómo podemos apoyar estos esfuerzos para impulsar una negociación política dentro de Venezuela. No en vez de Venezuela o sustituyendo a Venezuela, sino apoyando a Venezuela desde la responsabilidad que un Gobierno de España que acoge a más de medio millón de venezolanos en su territorio y con más de 300.000 españoles en Venezuela, desde esa responsabilidad también. 

Y luego, una tercera cuestión que nos preocupa y nos preocupa enormemente, es la situación humanitaria y en la que nos parece que debería buscarse un mínimo común denominador entre el régimen y la oposición. Porque se puede estar en desacuerdo en muchas cosas, pero no se debe estar en desacuerdo en apoyar los esfuerzos para que a los ciudadanos y ciudadanas venezolanas no les falte la comida, la medicina o el albergue. Y esa respuesta humanitaria hoy está fallando y creo que ahí debemos pedir un ejercicio de responsabilidad a oposición y a régimen para atender a las necesidades de millones de venezolanos.

P.- Casa de América está pendiente del nombramiento de su director, tras la renuncia del diplomático Antonio Pérez-Hernández. El candidato que avala Exteriores es Borja Cabezón, que no es diplomático y de quien el Partido Popular dice que está propuesto por ser amigo de Iván Redondo. ¿Por qué esta elección?

R.- Lo que se busca es un perfil: una persona dinámica, una persona con experiencia, sobre todo en América Latina. Ha de tener capacidad de gestión y capacidad de animar la Casa y también de darle un impulso, incluida la búsqueda de fuentes de financiación. En estos momentos la Casa es financiada en un 94% por el Ministerio de Asuntos Exteriores. El 6% por ciento restante entre la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Y a nosotros nos parece que hay una posibilidad también para conseguir mejores fuentes de financiación.

Sobre el relevo en Casa de América sería poco útil transformar una discusión de perfiles en una pelea política»

Por lo tanto, el perfil que nosotros buscamos atiende a esas necesidades. No buscamos una categoría. Y por eso el hecho de que sea diplomático o no nos parece que es secundario. De hecho, Casa de América ha tenido en sus cargos anteriores casi la mitad de diplomáticos y no diplomáticos. Sobre este perfil estamos consultando en estos momentos a la Comunidad de Madrid y al Ayuntamiento de Madrid, que esperamos puedan sumarse, como se han sumado siempre.

Sería poco útil transformar esta discusión, que es una discusión de perfiles, en una discusión política o en una pelea política, que la verdad no va a ayudar mucho a impulsar la Casa de América. Y también en esto, modestamente, siempre, claro, un poquito de responsabilidad creo que sería útil.

P.- Hablaba recientemente con Antonio Garrigues Walker de la falta de liderazgo en esta crisis en la mayor parte de los países, y solo salvaba a Angela Merkel. ¿Coincide con esta valoración?

R.- Bueno, yo creo que somos tremendamente injustos cuando decimos que no ha habido liderazgo, porque nos ha tocado una crisis sin precedentes, que ha afectado a todo el mundo a la vez que ha afectado lo más precioso que tenemos, que es la vida. Y que ha paralizado las economías. Entonces es un poco fácil decir que no ha habido liderazgo. Lo que ha ocurrido en la Unión Europea es un milagro.

Lo que ha ocurrido en Europa es un milagro… se ha construido el fondo de recuperación mayor de la historia de la UE en tiempo récord y con solidaridad»

Se ha dado una respuesta a lo sanitario y se ha dado, ciertamente al inicio de una manera cacofónica. Pero inmediatamente después, con una gran coordinación entre los jefes de Estado y de Gobierno, y el nuestro ha sido particularmente activo en esa respuesta. Sobre todo, se ha dado una respuesta económica y financiera sin precedentes. Es curioso decir que no ha habido liderazgo europeo cuando se ha construido el fondo de recuperación mayor de la historia de la Unión Europea en un tiempo récord y con solidaridad. Ha sido tremendamente complicado y ha habido momentos de gran incertidumbre, pero si comparo esta crisis a la última gran crisis que vivimos, en 2008- 2009, creo que esta vez hemos sido capaces de construir una solución, por lo menos en Europa. Una solución mucho más rápida, mucho más solidaria y mucho más incluyente.

Ahora, donde yo sí he visto una menor coordinación y una menor capacidad de respuesta ha sido en el G20. Si el motor en el 2009, fue el G20, el motor en esta crisis del 2020 ha sido más Europa. Europa ha estado a la cabeza de una solución para impulsar la investigación para las vacunas y para asegurarse su distribución de una manera equitativa. Ahí ha estado Europa en el G20, impulsando alivio de deuda para los países más pobres. Insisto: con nuestro presidente del Gobierno a la cabeza. Europa ha ejercido un liderazgo, y España ha ejercido un liderazgo dentro de Europa en la búsqueda de las soluciones sanitarias, económicas y de cooperación internacional.

P.- ¿Cree que saldremos mejores de esta crisis?

R.- En nuestras manos está, en todo caso. Hemos aprendido una lección y es que no basta el sálvese quien pueda. Para salvarnos como país tenemos que asegurarnos de que se salvan todos los países. Esta es la gran lección de esta crisis. Para salvarnos hemos de hacerlo desde la solidaridad, gastando todo lo que podamos y no desde la austeridad, ahorrando o recortando, sino poniendo todos los medios para mantener nuestras economías y para impulsar la respuesta sanitaria.

Llevamos apenas nueve meses de pandemia, nueve meses en los que se ha construido un fondo de recuperación sin precedentes, se ha inventado una vacuna en nueve meses. Europa la ha comprado para todos sus ciudadanos y ciudadanas. Y comienza la vacunación en apenas un mes. Creo, modestamente, que Europa ha estado a la altura de las circunstancias y que España ha contribuido decisivamente a que Europa lo estuviera.