No es un PolExit sino un ataque a la línea de flotación de la Unión Europea. Es un pulso que libra Jaroslaw Kaczynski, el líder del Partido Ley y Justicia (PiS) y hombre fuerte en la sombra del gobierno polaco, con las instituciones europeas. El paso dado por el Tribunal Constitucional, que en último término cuestiona la supremacía del derecho comunitario sobre el derecho nacional, es un paso más en ese constante desafío al Estado de Derecho. El gobierno polaco cada vez tensa más la cuerda.

Sin embargo, en las calles se ha encontrado con el rechazo de decenas de miles de ciudadanos polacos, abanderados por el ex primer ministro Donald Tusk, actual líder de la opositora Plataforma Cívica.

El Tribunal Constitucional polaco, a petición del primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, dictaminó que los artículos 1 y 9 del Tratado de la UE son incompatibles con la Constitución polaca en tanto en cuando los tribunales polacos deberían dar primacía al derecho de la UE ignorando la Constitución y leyes polacas. La interpretación del Constitucional, con dos votos particulares, deja constancia de la colisión entre los dos sistemas legales y su conclusión, de aplicarse, supondría la salida de Polonia del marco legal de la UE.

«No somos unos invitados en la Unión Europea, por eso no aceptamos ser tratados como un país de segunda clase. Queremos una relación de respeto, no una asociación de iguales y desiguales», ha dicho este viernes el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, con un toque victimista. Y Jaroslaw Kaczynski ha añadido: «En asuntos del poder judicial polaco, la UE no tiene nada que decir». Ahí queda eso. Sin embargo, Morawiecki también ha dejado claro en su cuenta de Facebook que «el lugar de Polonia es y será en la familia de naciones europeas». En Europa pero a la manera polaca.

En un comunicado, la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, se ha mostrado «profundamente preocupada» (fórmula gastada de tanto abuso por los eurócratas) por la decisión del Constitucional polaco. «Todas las decisiones del Tribunal Europeo de Justicia son vinculantes para las autoridades de todos los Estados Miembros. Usaremos todos los poderes a nuestro alcance para asegurar su cumplimiento», ha añadido Von der Leyen.

Ha anunciado que los servicios jurídicos examinarán la decisión y «sobre esta base decidiremos los próximos pasos». Es importante señalar que la resolución del Constitucional polaco no entra en vigor hasta que no sea publicada por el boletín oficial.

Tajante fue el comisario de Justicia, el belga Didier Reynders, ha dicho que la sentencia «pone en duda los principios de la UE. «Vamos a utilizar todos los instrumentos a nuestra disposición para garantizar que los principios fundadores de la UE ser respeten», ha dicho en una reunión de ministros de Justicia comunitarios.

La decisión socava los cimientos de la UE… Los ojos están ahora puestos en la Comisión como guardiana de los Tratados»

tytty tuppurainen, ministra finlandesa de asuntos europeos

Entre los ministros más duros destaca el ministro francés de Asuntos Europeos, Clément Beaune, que calificaba la decisión como «un ataque en toda regla a la Unión Europea». Para la ministra finlandesa de Asuntos Europeos, Tytti Tuppurainen, la medida «socava los cimientos de la UE». Y añadía a Politico: «Los ojos están ahora en la Comisión como guardiana de los Tratados».

La diferencia del caso polaco con otros dictámenes del Constitucional alemán o bien del Consejo de Estado francés es que en otros casos se referían a asuntos fuera de las competencias expresas en los Tratados. Además, en Polonia es el primer ministro el que plantea la pregunta al Constitucional. Es decir, el gobierno polaco pone en duda las decisiones del Tribunal Europeo de Justicia.

Crónica de un desafío anunciado

El partido Ley y Justicia, que encabeza el gobierno polaco, llevaba en su programa electoral su defensa de una Europa intergubernamental donde la soberanía nacional prima en política interior, justicia… Cuando llegaron al poder en 2015 comienza su asalto al poder judicial. Kaczynski habla del «imposibilismo» que es un reflejo de su desconfianza de la división de poderes. El poder judicial frena sus planes si no se atiene a sus deseos de modo que en 2015 decantaron el Constitucional en su favor.

«Todo tiene su raíz en el año 2015 cuando llega Ley y Justicia al poder. Con la excusa de que los jueces de Plataforma Cívica eran ilegítimos, adscribieron a su gente en el Constitucional. Fue inconstitucional pero no hubo reacción. La Comisión estaba ‘profundamente preocupada’, pero no se llevó a cabo ningún procedimiento de infracción. Lo que ha pasado ahora es el resultado final de esa falta de presión del año 2015», señala Aleksandra Sojka, profesora del departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III de Madrid.

Ahora ya no se puede ignorar lo que ha hecho Polonia. Estamos viendo los resultados de la falta de acción de la Comisión Europea desde hace cinco años»

alexsandra sojka, profesora en cc. sociales en la universidad Carlos III de madrid

«Ahora ya no se puede ignorar lo que ha hecho Polonia. Estamos viendo los resultados de la falta de acción de la Comisión Europea desde hace cinco años. Esa política de apaciguamiento que se ha aplicado con Viktor Orban, primer ministro húngaro, y en la Polonia de Kaczynski», añade Sojka.

Coincide Aleksandra Sojka con la periodista Anne Applebaum en que el fin de Kaczynski es perpetuarse en el poder. «Les encanta Orban porque maneja las instituciones y gracias a eso puede permanecer en el poder. Pero en Polonia nunca han tenido mayoría para cambiar la Constitución, de modo que toman el Constitucional y así evitan que les tumben sus leyes. Después de cinco años, la UE empieza a actuar», dice la investigadora polaca.

Añade la profesora polaca que le recuerda a lo que pasó en Reino Unido. «Cameron organizó el referéndum por política doméstica y luego se le fue de las manos. En Polonia ni los dirigentes de Ley y Justicia quieren salir pero la dinámica de la política les lleva ahí. En principio, no llegarán hasta el final. Es un punto de no retorno para las instituciones europeas. Si dejan pasar esto, se tambalea el orden jurídico de la UE». 

Solo uno de cada 20 polacos querrían salir de la Unión Europea. La mitad espera una cooperación más estrecha con la Comisión Europea y un aumento de su papel. Incluso uno de cada cuatro votantes de Ley y Justicia está a favor, según una encuesta de Ipsos para Gazeta Wyborcza.

Qué pueden hacer la Comisión y el Consejo Europeo

Una vez que los servicios jurídicos analicen la decisión del Constitucional polaco, y sea publicada de forma oficial, son varios las medidas jurídicas, económicas e institucionales, que pueden dar la Comisión y el Consejo Europeo.

«En principio, la Comisión puede, como ya está haciendo, demorar la entrega de los fondos de recuperación Next Generation, como medida de presión», explica Rafael Calduch, catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid. Son 36.000 millones de euros los que están en juego.

La Comisión puede demorar la entrega de los fondos de recuperación y adoptar sanciones económicas… Y el Consejo puede suspender el ejercicio de ciertos derechos, incluido el de voto»

rafael calduch, catedrático de derecho int público y rRII en la complutense

«También la Comisión puede adoptar sanciones económicas en la medida en que el incumplimiento polaco sea respecto de medidas que incluyen la posibilidad de tales sanciones, por ej. la Política Agrícola Común (PAC). Y el Consejo Europeo, de acuerdo con el artículo 7 de Tratado de la UE, y a propuesta de la Comisión, puede suspender a Polonia del ejercicio de ciertos derechos, incluido el derecho de voto», añade el catedrático.

Lo que no está contemplada es la expulsión de un Estado miembro. Sí puede irse voluntariamente invocando el artículo 50, lo que hizo por primera y única vez hasta ahora el Reino Unido tras aprobar su población el Brexit en referéndum el 23 de junio de 2016.

«No está en los fundamentos políticos y jurídicos de la integración europea, participar en ella de forma impuesta sino voluntaria de acuerdo con el principio de inclusión y no de imposición o anexión. Por tanto, no tiene sentido permanecer en la UE sin aceptar al mismo tiempo sus principios, normativa e instituciones. Por ese motivo no está contemplada la expulsión. Esa es también la razón por la que se han establecido procedimientos, por ejemplo la cooperación reforzada, para que los países que quieran bloquear el avance de la integración no puedan hacerlo», apunta Rafael Calduch.

¿Ampliación precipitada?

Este choque entre Bruselas y Varsovia hace que se vuelva a plantear si la ampliación al Este fue demasiado precipitada. Es lo que piensa Calduch.

«Desde el punto de vista de las condiciones establecidas en 1993 en el Consejo de Copenhague, los países candidatos no reunían los criterios políticos de democracia, estado de derecho y respecto de los derechos humanos, especialmente de las minorías, algunos criterios económicos como una economía de mercado consolidada y la capacidad de cumplir con el acervo comunitario.Toda la evolución que ha ocurrido con estos países de la última ampliación confirman las previsiones que hice en 2001 en una ponencia en las XIX Jornadas de la Asociación Española de Profesores de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales», comenta Calduch.

Discrepa la profesora polaca Aleksandra Sojka quien considera que el soberanismo no es exclusivo de países del Europa Central y Oriental. «La ampliación era un paso necesario y lógico que encajaba con el espíritu de la Unión Europea. No creo que este problema tenga que ver con la oleada de ampliación al Este pero podría haber pasado en otros países. El euroescepticismo es importante en Suecia o Dinamarca y no sabemos qué augura para el futuro de la UE. Ese rechazo a una integración más profunda no es exclusiva del Este. Estas sociedades han pasado en un corto periodo de tiempo por unas transformaciones económicas brutales y en ese contexto los populistas han visto una oportunidad».

Lucha política en Bruselas

El caso polaco pone en evidencia las discrepancias entre los países que defienden que Polonia se quede y son más condescendientes, y los que abogan por escarmientos ya que serían partidarios de una UE más pequeña e integrada.

En Bruselas hay una lucha política entre dos facciones. Por un lado, está Alemania que no quiere a Polonia en la UE. Es su cuarto socio comercial. Por otro, hay países como Bélgica que no ve problema en que Polonia salga»

jedrzej bielecki, periodista rzeczpospolita

«En Bruselas hay una lucha política entre dos facciones principalmente. Por un lado, está Alemania, con la canciller Merkel y Ursula von der Leyen, que quiere a Polonia en la UE. Es el cuarto socio comercial de Alemania, por encima de Francia. Por otro, como los belgas y de ahí la contundencia del ministro de Justicia, no ven problema en que haya un PolExit», afirma Jedrzej Bielecki, periodista del diario polaco Rzeczpospolita.

Alemania no quiere que la frontera de la UE quede en el Oder, así que hará todo lo posible por solucionar esta crisis. Y al gobierno polaco tampoco le encaja la salida de la UE, ya que si bien hay parte del electorado de Ley y Justicia euroescéptico, en realidad, el 80% de la población polaca es favorable a la UE.

«Kaczynski sabe que no puede organizar un referéndum. Harán una declaración política para que quede constancia que respetan los veredictos de los tribunales y Von der Leyen dará luz verde a que se libere parte del fondo de recuperación, pero seguiremos así hasta que no caiga este gobierno. Dentro de unos meses habrá otra crisis con Bruselas. Es una crisis de soberanía», explica el periodista polaco, ex corresponsal en la capital comunitaria y en Washington.

Tusk abandera la protesta en Polonia

La oposición polaca se ha puesto en marcha para demostrar cómo gran parte de la población está en contra de esta forma de proceder del gobierno de Morawiecki, apadrinado por Kacznyski. Abandera la reacción contra Ley y Justicia, el ex presidente del Consejo Europeo y líder de Plataforma Cívica, Donald Tusk, que convocó una protesta este domingo, en respuesta al dictamen del Constitucional a la que han acudido unas 100.000 personas en un centenar de ciudades de todo el país.

«Sabemos por qué quieren salir de la Unión Europea: así podrán violar las reglas democráticas con impunidad», ha dicho este domingo Tusk ante el Castillo de Varsovia. Los manifestantes ondeaban banderas europeas y desde los altavoces se escuchaba el Himno a la Alegría.

Donald Tusk ha acusado al gobierno polaco de «traición contra nuestros intereses nacionales y nuestros sueños sobre seguridad, prosperidad y libertad».

Varios dirigentes de Plataforma Cívica hablan del riesgo de PolExit y han insistido en que están en peligro los fondos de recuperación, y eso afectará a los trabajadores polacos. Desde la Izquierda piden que el gobierno explique sus planes en el Parlamento. «Queremos saber si su plan es seguir en la UE o salir. Han de ser honestos con el pueblo polco», ha dicho Tomasz Trela, diputado de La Izquierda.

Los polacos europeístas se preguntan si les pasará como a los británicos con el Brexit, que nació como política ficción y acabo siendo una realidad de pesadilla. Varios como Aleksandra Sojka se preguntan si no es hora de pedir una nacionalidad que les aferre a la Unión Europea.