«¡Viva Chile! Lo primero que corresponde es darle gracias a Dios por cómo se desarrolló todo hasta ahora. Chile es un país que quiere la democracia. Y después de Dios, darle las gracias a mi familia… esto es un triunfo de todo el país. Formaremos una mayoría que devuelva a Chile la paz, el orden, la justicia y la esperanza a Chile». José Antonio Kast (Santiago, 1966) ha remarcado en sus primeras palabras a sus seguidores tras conocer su victoria en la primera vuelta de las elecciones presidenciales sus pilares ideológicos: Dios, orden y familia. Necesitará una segunda vuelta, ya que se ha quedado lejos del 50%. El 19 de diciembre se enfrentará al izquierdista Gabriel Boric. Bienvenidos a otro país polarizado. La abstención ha sido alta:  solo ha votado el 47,19% de los chilenos.

Procede de la derecha tradicional chilena. Su mentor fue Jaime Guzmán, fundador de la Unión Democrática Independiente. A Guzmán le unía una cercana relación personal: en su boda con María Pía Adriasola Guzmán le regaló una canasta con varios conejos. Aquello anticipaba que formarían una familia grande, como ha sido. José Antonio Kast tiene nueve hijos, y varios ellos están en política también. Guzmán fue asesinado unos días después, el 1 de abril de 1991, por militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Sin renunciar a sus principios conservadores tradicionales, ha sabido subirse a la ola nacionalpopulista que en 2016 llevó al triunfo del al Brexit y a la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. Dijo entonces Kast: «Tiene que iniciarse un nuevo ciclo en política donde se deje de lado lo políticamente correcto», dijo en 2016 cuando dejó la Unión Democrática Independiente (UDI). Su «Atrévete a hacer de Chile un gran país» suena a Make America Great Again, el eslogan sobre el que construyó su campaña Donald Trump. En 2017 competía por primera vez por la Presidencia y llegaba casi al 8% de los votos.

«Kast ha replicado el modelo de la derecha radical europea y estadounidense. La estrategia, los discursos, siguen el guion del Brexit y Trump. Tocan la tecla de las emociones: el miedo a la inestabilidad, a la violencia. Son los que no quieren más incendios. Ha capitalizado muy bien los miedos, las frustraciones y las expectativas. Ha hecho una campaña muy buena», señala Paulina Astroza, profesora de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad de Concepción en Chile.

«Kast tiene buena oratoria. Es calmado. En los debates tuvo una buena performance. Pero si lo sacan de los temas clásicos como inmigración, violencia, seguridad… entonces se puede descolocar. Muchos valoran que habla sin pelos en la lengua y eso lo interpretan como señal de sinceridad. Pero no es un outsider. La evolución de Kast es similar a la de Abascal. Estaba en la UDI y luego ha ido por su cuenta», apunta Astroza.

Efectivamente una de las primeras felicitaciones que ha recibido José Antonio Kast era de Santiago Abascal, líder de Vox. Está en sintonía con Jair Bolsonaro, a quien alentó en vísperas de las elecciones presidenciales de 2018 y con el argentino Javier Milei, que acaba de lograr un 13% de los votos en las elecciones de mitad de mandato.

A José Antonio Kast no le gusta que le califiquen como «extremo» o «ultraderechista». En un encuentro con periodistas extranjeros previo a la primera vuelta, decía: «No me traten de ultraderecha porque no lo soy» y añadía que confiaba en que le consideraran «un candidato del sentido común». Sin embargo, no oculta su justificación del dictador Augusto Pinochet. «Hay una situación que marca una diferencia con lo que ocurre en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Lo de Nicaragua refleja plenamente lo que en Chile no ocurrió: se hicieron elecciones democráticas y no se encerró a los opositores políticos. Eso marca la diferencia fundamental», dijo Kast en la campaña electoral. El plebiscito que perdió Pinochet y dio paso a la transición justifica, junto con sus medidas económicas, la gestión del dictador. Kast hizo campaña por el a Pinochet en 1988.

Hijo de inmigrantes, contra la inmigración

Es el pequeño de los diez hijos de Michael Kast y Olga Rist, que llegaron a Chile desde los Alpes bávaros en 1951. Michael Kast se había enrolado en el ejército nazi en 1942 y llegó al grado de oficial. «No aspiraba a ser oficial, pues no le interesaba morir como héroe. Solo quería volver pronto a su casa», señala la periodista María Angélica Arteaga en Misión de amor. Lo convencieron de que con más graduación tendría más opciones de regresar pronto. Al finalizar la guerra destruyó su carné y logró uno de suboficial de la Cruz Roja. Tuvo que comparecer ante un juez por su papel en la Segunda Guerra Mundial pero su caso se cerró sin sanciones, según relata el medio chileno Ex-Ante.

Los Kast emprendieron un negocio de charcutería alemana en el Paine, a las afueras de Santiago con éxito. Poco a poco lograron triunfar en la hostelería con Cecinas Bavaria, fundada en 1964, y también tienen propiedades inmobiliarias.

José Antonio estudió Derecho. Varios miembros de la familia se dedican a la política; entre ellos dos de sus hijos: José Antonio, de 28 años, que trabaja en su campaña y es director de la fundación Influyamos. Matías Kast de 23 años, es presidente de la Federación de Estudates de la Universidad de los Andes.

Uno de los hermanos del candidato, Miguel Kast Rist, fue ministro de la Oficina de Planificación Nacional en 1978, después ocupó la cartera de Trabajo y en 1982 sería presidente del Banco Central. Con un hijo de Miguel Kast, Felipe Kast, líder de Evópoli, ha discrepado precisamente por el tema de la inmigración.

En 2019 Felipe Kast se desplazó a la frontera para preocuparse por los inmigrantes venezolanos que querían entrar en Chile. Una semana después, en Arica, José Antonio Kast condenó a los que actuaban como «puente para generar flujos migratorios»

Su sobrino le respondió con alusión a sus abuelos, es decir, los padres del aspirante a la Presidencia. «El niño que viajaba en ese momento con mi abuela era mi papá (tu hermano) y afortunadamente Chile le dio a nuestra familia la oportunidad de reconstruir una vida y cumplir sus sueños en un país libre». Pero José Antonio Kast hizo oídos sordos.

El líder del Partido Republicano, hasta hoy, se ha comprometido a colocar una zanja en la frontera para controlar la inmigración irregular. Es partidario de la persecución de los delitos terroristas con agentes encubiertos en la Auracanía, donde enviaría al Ejército para contener el conflicto con los mapuches. En esta zona ha superado el 40% de los votos.

En una cumbre transatlántica en 2019 resume sus postulados ideológicos: «¿En qué creemos en Dios? El partido más fuerte, el que tiene a Dios por aliado. ¿En qué creemos? En la patria. Me siento orgulloso de ser chileno y no creemos en la gran nación bolivariana que nos tratan de imponer desde Venezuela. ¿En qué creemos en la familia? Nueve hijos. Es nuestra fortaleza, nuestro lugar de reencuentro con nuestros valores esenciales. La izquierda atenta contra la familia. Necesitamos Estado de Derecho, reglas claras para combatir la anarquía. Necesitamos una competencia justa: partir todos del mismo lugar», dice en su intervención, en la que arremete contra la agenda de género y el pacto migratorio. Cita al gobierno polaco de Ley y Justicia como modelo.

En su programa electoral propone rebajas de impuestos y asegura que dará prioridad al crecimiento económico antes que al medioambiente. De los siete candidatos que compitieron en primera vuelta es el único que quiere mantener el sistema de pensiones privados que se impuso en la dictadura.

Su agenda de orden es fundamental en su campaña. De hecho, Kast es el gran beneficiado por el vandalismo ligado al estallido social de hace dos años en Chile. Muchos pequeños empresarios, atemorizados por el caos que se impuso en esas semanas en Chile, quieren que haya orden y la situación esté bajo control. Han votado a Kast por esa razón.

A su vez da prioridad a la eliminación de la agenda de género, es decir, no ve bien el matrimonio igualitario . Está en contra del aborto y el matrimonio homosexual. Para los evangélicos es una opción que encaja con sus postulados. Es miembro del movimiento Schoenstatt. Forma parte de la organización Internacional Political Network for Values, que defiende la familia, el matrimonio y la libertad religiosa.

Al igual que Isabel Díaz-Ayuso en España se ve como el adalid de la libertad frente al comunismo, que encarnaría Gabriel Boric. Encarna el orden frente al cambio radical. Han propiciado la polarización comunismo.