Europa

Putinlandia

El líder del Kremlin quiere apuntalar su legado y asegurar que la zona de influencia de Rusia está bajo su control

Imagen de Putin sobre el mapa de la URSS

Carmen Vivas

Cuando el profesor Timothy Garton Ash escuchó a Vladímir Vladímirovich Putin, entonces teniente de alcalde en San Petersburgo, en 1994, tuvo la sensación de que tendría un gran futuro en Rusia. En una conferencia en la ciudad natal de Putin, le escuchó decir por primera vez: «El derrumbe de la Unión Soviética ha sido la catástrofe geopolítica más grande del siglo XX». Ese resentimiento por el desmoronamiento de la URSS, unido a su pasado en la KGB, explican cómo actúa el líder ruso, alguien tan difícil de predecir como fácil de temer.

Putin sigue gozando de una popularidad en torno al 65% y gran ascendencia en muchos de los territorios que fueron soviéticos, una especie de Putinlandia, donde poco se mueve sin que el líder del Kremlin lo controle. Los conatos de revoluciones de colores en ese entorno son considerados de alto riesgo y por ello prefiere mantener a un sátrapa como Alexander Lukashenko o interviene en el Donbás y Crimea en 2014. ¿Está dispuesto a ahora a invadir Ucrania? ¿Provocará una guerra en Europa con su intervención? ¿Qué pretende realmente?

«Putin no se entiende sin el agravio que supuso para millones de rusos el derrumbe de la URSS. Igual que no se puede comprender la aparición de Adolf Hitler sin la humillación que supuso para los alemanes las reparaciones de guerra impuestas en el Tratado de Versalles», explica Llibert Ferri, ex corresponsal en Moscú de TV3 y autor de Putin trenta anys després del final de l’URSS (Edicions de 1984). Los datos son muy claros: la caída de la Unión Soviética generó una inflación del 2.500% y el PIB se redujo más del 60%. Unos 40 millones de rusos se quedaron en la pobreza.

Putin, que había sido responsable del KGB en Dresde (RDA), volvió a San Petersburgo gracias a Anatoli Sobchak, alcalde de la ciudad. Pocos pensaban que en 1999 sería el sucesor de Boris Yeltsin, y que luego sería refrendado en las urnas en 2000. Menos aún creían que 22 años después seguiría en el poder.

Putin es un Stalin posmoderno… Los rusos vieron en él a un hombre dispuesto a recuperar la grandeza del imperio vencido, un hombre movido por un espíritu de venganza»

llibert ferrri, autor de ‘putin trenta anys desprës del final de l’urss’

«Putin es un Stalin posmoderno. En plena crisis financiera en Rusia, en 1998, Andrei Grachov, portavoz de Gorbachov me dijo que todo lo que estaba ocurriendo acabaría pronto. ‘No es verdad que Stalin se fuera; es una pulsión maligna de la vida rusa y está a punto de reencarnarse’. En otoño de 1999 aparecía Putin en escena», apunta Llibert Ferri.

«Los rusos vieron en Putin a un hombre fuerte dispuesto a recuperar la grandeza del imperio vencido, un hombre movido por cierto espíritu de venganza. Putin cree que el final de la URSS se habría podido evitar, y sobre todo la escenificación de rendición», añade Ferri.

Nostalgia de la URSS

Justo en diciembre se cumplían 30 años del desmoronamiento de la Unión Soviética. Cerca de dos tercios de los rusos, un 62%, lamentan la disolución de la URSS, según una encuesta del centro de opinión pública FOM. Entre los mayores de 60 años el porcentaje aumenta al 76%. El 52% de los rusos desea la restauración de la URSS, según ha publicado la agencia Efe.

¿Es lo que pretende Putin: restaurar la URSS? No exactamente. Como dice Mira Milosevich, investigadora principal en el Real Instituto Elcano, pocos recuerdan otra de las citas que definen a Putin: «Aquel que no lamenta la Unión Soviética no tiene corazón. Y aquel que desea su retorno no tiene cabeza». Y Putin, sobre todo, tiene cabeza.

Rusia responde a su doctrina militar de los últimos siete siglos: como no tiene fronteras naturales ve necesario crear zonas de influencia»

mira milosevich, investigadora principal en el real instituto elcano

«Rusia es consciente de que no estamos en el mismo contexto del orden internacional de la Guerra Fría y el Kremlin sabe restaurar la URSS no es ni tan sencillo, ni tan deseable, ni tan económicamente posible. Lo que es una constante en la política exterior rusa es crear zonas de influencia y lo que Dimitri Medvedev llamó ‘zonas de interés privilegiado’. No es por razones imperialistas. Responde a su doctrina militar de los últimos siete siglos: como no tiene fronteras naturales ven necesario crear estas zonas. Por eso exige que Ucrania no entre en la OTAN y sea un país neutral. Para Rusia la OTAN sigue siendo una amenaza», explica Mira Milosevich.

Esta semana los representantes rusos se han sentado en la mesa de negociaciones primero con los estadounidenses, luego con los aliados, también han mantenido conversaciones en la OSCE, con el trasfondo de la crisis en Ucrania y los ecos de la revuelta en Kazajistán. Estamos en el momento de la diplomacia.

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dejó claro que la OTAN no puede comprometerse a cerrar la puerta a ningún país. «No podemos dejar que decida por países pequeños», subrayó. Si por Moscú fuera, ni Finlandia o Suecia ingresarían. Pero ni siquiera en el próximo encuentro de Madrid habrá avances en el ingreso de Ucrania o Georgia. El artículo 10 de la OTAN fija cómo se procede a la invitación a un Estado miembro. Ni Francia ni Alemania han apoyado que entren estos países.

Una invasión demasiado anunciada

Ha terminado la semana con las acusaciones de EEUU contra Rusia: según Washington, comandos rusos atacarían sus propios intereses en el este de Ucrania para justificar una invasión. El viernes Ucrania había denunciado un ciberataque masivo y todas las miradas se dirigieron al Kremlin a la hora de buscar la autoría.

A su vez, el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, ha advertido a Occidente que espera una respuesta rápida a su demanda de garantías de seguridad. Moscú pretende que la OTAN se comprometa por escrito a no desplegar tropas ni equipamiento militar en la frontera rusa. «No vamos a esperar eternamente», dijo Lavrov. El viceministro ruso de Exteriores, Serguei Riabkov, dijo el jueves que no se puede descartar que Rusia despliegue «infraestructura militar» en Cuba y Venezuela en caso de que no haya respuesta positiva de la OTAN.

La tesis de Putin es que la agresión parte de EEUU, y sus aliados. «¿Qué diría EEUU si pusiéramos misiles en su frontera? No somos los que amenazan», dijo en la multitudinaria rueda de prensa en diciembre pasado. Aludía al supuesto despliegue militar en apoyo a Ucrania. Rusia mantiene unos 100.000 efectivos en su territorio, cerca de la frontera con Ucrania.

En el segundo número de enero de The Economist, que dedica su portada a Putin, instan a que la OTAN no se deje intimidar. «Putin dice que su país está amenazado. No lo está. La OTAN es una alianza defensiva. Incluso después de Crimea, no ha mantenido tropas de combate de forma permanente en Europa Oriental. La auténtica amenaza es Putin. Cuando plantee sus exigencias a través del cañón de una pistola, esto debería hacer que tanto Occidente como los ucranianos se decidan a disuadirlo y a resistirse».

¿Indican los pasos dados por el Kremlin hasta ahora que habrá invasión de Ucrania? La investigadora Mira Milosevich señala que, si bien es cierto que el Kremlin ha demostrado que puede usar la fuerza convencional militar, esa insistencia en que va a invadir no se sustenta por varias razones. «En primer lugar, Rusia quiere controlar Ucrania, pero no invadir. Quiere tener derecho de veto e influir en su política exterior pero no más territorio. En segundo lugar, quien prepara una invasión lo anuncia de forma tan visible. Entraría a defender Crimea y Donbás, si ve amenazados allí sus intereses. En tercer lugar, lo que sí pueden hacer es desplazar misiles nucleares de medio alcance a Cuba y Venezuela, como ya han dicho. O bien a Bielorrusia y Kaliningrado. La seguridad europea empeoraría mucho con una guerra en Ucrania, pero con esa amenaza de los misiles aún más». En todo caso, es asimétrico lo que está dispuesto a hacer Rusia por Ucrania, matar y morir, y lo que haría Occidente, aplicar sanciones.

Coincide el periodista Llibert Ferri con la investigadora Mira Milosevich en que a Putin no le interesa una guerra. «Putin es un personaje muy dado al tacticismo. Cuando da pistas no hay que creérselas. Pero si no da pistas, algo trama. Ahora da demasiadas pistas con Ucrania y eso responde a la doctrina de la soberanía limitada y la doctrina del resentimiento. Más que una guerra lo que quiere es controlar su patio trasero. Busca apuntalar ese imperio a través de la Unión Económica Euroasiática y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva porque no está consolidado», subraya el autor de Putin trenta anys després del final de l’URSS .

Putin cree que Rusia es más fuerte y EEUU está focalizada en hacer frente al desafío que supone China. Por alguna razón, parece tener prisa en apuntalar su legado y renovar la esfera de influencia de Rusia»

the economist

A Putin le inquieta que su tesis de que los valores democráticos no se sustentan en un país de cultura eslava se desmorone. Ucrania no puede salir adelante como democracia porque sería una amenaza para la Rusia de Putin. «Ha empezado a lamentar los acuerdos de seguridad alcanzados en la posguerra fría. Cree que ahora Rusia es más fuerte y EEUU está focalizada en hacer frente al desafío que supone China. Por alguna razón, parece tener prisa por crear su legado y renovar la esfera de influencia de Rusia», puede leerse en The Economist.

El reto para la OTAN y para la Unión Europea es crucial. Rusia prefiere tratar por separado con Estados Unidos, y si acaso con la OTAN, pero dejar de lado a la Unión Europea. «La Alianza Atlántica debe mantenerse unida y con una visión común. Esto es un problema porque no hay consenso en cómo tratar a Rusia. Ha sido el pilar de la seguridad europea y ha de seguir siéndolo. Rusia quiere cambiarlo. Desprecia a Europa porque considera a la UE como un caballo de Troya de EEUU, no un actor estratégico. Podemos reprochar a Rusia mucho pero en Europa no hemos sido capaces de construir un orden de seguridad y defensa aceptable». Mientras cada país libre la guerra por su cuenta, Putin seguirá llevando ventaja.

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