El Tren de la Libertad (Freedom Convoy) se ha plantado contra el liberal Justin Trudeau. Miles de camioneros se han rebelado contra el primer ministro de Canadá por obligar a los camioneros a vacunarse. «No cederemos ante los que ondean banderas racistas. No dejaremos que nos hostiguen los vándalos ni que desprestigien la memoria de nuestros veteranos. No nos intimidan los saqueadores ni los que roban comida a los sin techo», ha dicho Trudeau, abanderado del liberalismo en Occidente, a los manifestantes. «Estamos aquí por la libertad», dicen los camioneros sublevados.

Los abanderados del Tren de la Libertad han tomado el centro de Ottawa desde el pasado fin de semana. Este lunes llegaron a las inmediaciones del Parlamento. Trudeau está confinado porque tiene Covid al igual que dos de sus hijos, pero ha llamado al orden a los manifestantes con quienes se niega a reunirse. «Están faltando a la verdad», ha sentenciado Trudeau.

Esvásticas y banderas confederadas

Algunos de los manifestantes portan esvásticas, banderas confederadas y otros símbolos de odio. Han convertido el National War Memorial en un urinario público y han arrasado un refugio para sin techo. También están entrando en los escasos comercios que aún no han cerrado sin mascarillas.

Los camioneros se oponen a unas medidas tan estrictas que hacen obligatorio de facto que se vacunen. En caso contrario, han de guardar cuarentena de 15 días. Hasta el 15 de enero estaban exentos por ser considerados trabajadores esenciales. La policía estima que esta protesta está ocasionando unos daños superiores a los 800.000 dólares canadienses diarios (560.000 euros).

Los camioneros han usado símbolos nazis, ya que consideran que las medidas son similares a las aplicadas por Hitler contra los judíos. Cercanos al Centro Simon Wiesenthal sobre Estudios del Holocausto han criticado lo que consideran «una forma atroz de distorsionar el Holocausto», según informa la BBC.

Stephen Penderness, un camionero de 28 años de Ontario, decía a France24 que su lucha es por todos los canadienses. «Defendemos nuestra libertad. La libertad de cada uno de nosotros a vacunarse o no». Después de dos años de restricciones, hay un creciente hartazgo en la población canadiense, pero los camioneros representan a los más extremos, son los trumpistas canadienses.

Según Trudeau, «la libertad de expresión, de reunión y de asociación, son puntales de nuestra democracia, pero el simbolismo nazi, las imágenes racistas y la profanación de memoriales no tienen razón de ser en nuestro sistema».

Impacto político

El líder conservador, Erin O’Toole, se ha puesto del lado de los camioneros. «Creo que Erin O’Toole necesita reflexionar sobre los pasos que ha dado porque suponen que deja de lado a la gran mayoría de los canadienses», dice O’Toole, según informa The Globe and The Mail. Trudeau mantiene que el 90% de los camioneros sí están vacunados y que los manifestantes díscolos son una minoría. También han recibido el apoyo del hijo mayor de Donald Trump, Donald Trump jr.

En un video emitido en su cuenta de Facebook, O’Toole ha acusado a Trudeau de dividir a los canadienses con sus comentarios. El líder conservador ha dicho que un líder ha de «escuchar, no ignorar» a quienes discrepan con su visión. La número dos de los conservadores, Candice Bergen, ha elogiado a los manifestantes, a quienes considera «apasionados, patriotas y pacíficos».

Los camioneros que se han plantado en Ottawa contra el gobierno canadiense se han financiado a través de la página web, GoFundMe. Han logrado más de siete millones de dólares canadienses (4,9 millones de euros). Dos de los organizadores, Benjamin Dichter y Tamara Lich, han reconocido que su objetivo es provocar «una pesadilla logística» con el fin de poner contra las cuerdas al gobierno de Canadá.

El 80% de la población mayor de 18 años está vacunada en Canadá, pero los dirigentes conservadores han aprovechado la protesta por varias razones: la población está cansada y dividida tras dos años de pandemia; la inflación es creciente y la cadena de suministro ya presenta dificultades por la pandemia y la falta de mano de obra.