Internacional GUERRA EN EUROPA

El tiempo, un arma contra Putin

El líder ruso contaba con que las fuerzas rusas se impusieran rápidamente pero sus planes se han torcido

Soldados ucranianos se calientan en una hoguera en las inmediaciones de Kiev.

Soldados ucranianos se calientan en una hoguera en las inmediaciones de Kiev. EFE

El cálculo inicial en los despachos de Moscú era que la ofensiva lanzada el jueves haría colapsar rápidamente la resistencia de Ucrania. Una estrategia que, seis días después, se ha mostrado fallida. «El ejército ruso está trasladando recursos de combate adicionales para apoyar lo que ya prevén que será un conflicto mayor, más duro y prolongado de lo que habían pronosticado originalmente», advierten desde el Instituto para el Estudio de la Guerra, un centro de análisis con sede en Washington.

Los uniformados y los estrategas militares rusos han hallado un enemigo más concienciado y capaz de resistir de lo que nunca imaginaron. «La moral y la efectividad del combate del ejército ucraniano continúan siendo extremadamente altos, y las fuerzas rusas encaran el desafío de una más que probable guerra urbana intensa en los próximos días», avanzan desde el citado centro. Una coyuntura que, no obstante, podría virar hacia el Kremlin. «El curso de la guerra podría cambiar rápidamente a favor de Rusia si sus Fuerzas Armadas identifican sus errores y los abordan de inmediato, dada la abrumadora ventaja en fuerza de combate de la que goza Moscú».

Putin no ha cumplido su objetivo de tomar los principales centros de poder del país de forma rápida»

viktor savkiv, politólogo ucraniano

La mayor ventaja real de los uniformados ucranianos y las decenas de miles de voluntarios que se han sumado a sus filas en los últimos días es el tiempo. “Putin no ha cumplido su objetivo de tomar los principales centros de poder del país de forma rápida. Por esa razón han intensificado los bombardeos y los ataques con artillería contra las dos mayores ciudades del país en un intento de forzar unas negociaciones y obtener una rendición”, arguye en declaraciones a El Independiente el politólogo ucraniano Viktor Savkiv.

Coincide con esta visión Félix Arteaga, investigador principal en el Real Instituto Elcano, quien subraya cómo «el tiempo es un factor importante en este tipo de conflictos modernos donde es relevante el factor de la opinión pública y la comunicación, ya que influye sobre los estados de ánimo, las expectativas, la evolución de los acontecimientos… La primera idea era que sería una guerra relámpago, pero luego se confirma que hay resistencia».

Arteaga observa que «la victoria militar que se esperaba un principio parece estancada: visualmente vemos esas flechas rojas que representan el avance de las fuerzas rusas en los mismos lugares. Pretendían hacer caer las grandes ciudades y que eso derivara en un colapso total. Pero los avances en campo abierto son más fáciles con fuerza aérea y medios acorazados superiores, mientras que la guerra urbana da ventaja a los que defienden y hacen más difícil una victoria rápida».

Será más costosa en vidas humanas: Kiev asegura que más de 5.300 soldados rusos han perdido la vida en suelo ucraniano. El Kremlin no está dando datos pero imágenes como la del soldado ruso en el suelo, cubierto de nieve, son estremecedoras y recuerdan a la Segunda Guerra Mundial.

Imagen tomada desde un helicóptero de ataque ruso Kamov Ka-50 Black. EFE

Kiev en el punto de mira

La capital de Ucrania era el objetivo principal por concentrar ahí al poder político. El propósito de Moscú, según el politólogo ucraniano, ha sido desde el jueves “hacerse con el control de Kiev, que se encuentra a una distancia relativamente escasa de la frontera de Bielorrusia” y Járkov, la segunda ciudad del país sometida este lunes a intensos bombardeos. “Járkov es la antigua capital de Ucrania. Las tropas rusas buscan, además, cortar el acceso al mar Negro, asegurarse el suministro de agua a Crimea y conquistar la región de Odesa para unir el territorio ocupado y dejar a Ucrania sin acceso al mar Negro y sin los principales centros económicos”, explica.

El propósito era cumplir con esa misión en el menor lapso de tiempo posible, consciente de que la prolongación del conflicto «refuerza la resistencia dentro de Ucrania e incluso en el interior de Rusia». De este modo, «cuanto más se tarde en invadirla, más probable es que se incrementen los recelos dentro la propia Rusia porque, aunque muy callada y oprimida en los últimos años, existe una sociedad civil que va a tratar de aprovechar el momento y elevar la presión sobre el régimen de Putin”, subraya Savkiv.

El estancamiento hace crear dudas a los militares rusos e incluso al presidente Putin. Ya no es algo fácil y rápido. No se han cumplido sus deseos»

félix arteaga, investigador principal en el real instituto elcano

Según Félix Arteaga, hay que diferenciar el tiempo político y el tiempo militar. «En el tiempo político tiene más resistencia Putin porque la oposición es débil, pero del lado occidental es cierto que el tiempo ha ido facilitando apoyos a los líderes que ahora tienen más fácil que les respalden al reclamar un mayor compromiso militar, no solo humanitario, con Ucrania». Sin embargo, «el tiempo militar es más urgente, ya que el estancamiento hace crear dudas a los militares rusos e incluso al presidente. Ya no es algo fácil y rápido. No se han cumplido sus deseos».

Aún así, la diferencia entre los dos Ejércitos es sustancial. Según las cifras recopiladas por el Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz, en 2020, el Kremlin gastó en 2020 unos 61.700 millones de dólares en presupuesto de defensa, mientras que Ucrania dedicó unos 5.900 millones.

Al analizar los datos, la superioridad del Ejército ruso es evidente aunque las Fuerzas Armadas ucranianas hayan mejorado con respecto a 2014, cuando sufrieron la agresión del Kremlin, que todavía seguía latente cuando Putin volvió a decretar una invasión, esta vez a gran escala, aunque no lo haya reconocido así.

La Fuerza Aérea rusa cuenta con 772 aviones de combate, frente a los 69 de Ucrania. Además, el Kremlin dispone de 1.543 helicópteros, y Ucrania solo 112. En el lado ruso hay unos 900.000 soldados (una tercera parte estarían implicados en la ofensiva actual) y Ucrania ha logrado aumentar su capacidad a los 200.000. El ejército ruso cuenta con 12.420 tanques y más de 30.000 vehículos blindados, frente a los 2.596 tanques y 12.300 vehículos blindados del lado ucraniano.

«El Ejército ruso es muy poderoso, especialmente en aviación y artillería. Será muy difícil resistir, pero las tropas ucranianas tratan de conseguir tiempo para que este ataque, que en su esencia era un ataque relámpago, se alargue más y sea más costoso para Rusia tanto en bajas en sus filas como en destrucción de poderío militar y sanciones de Occidente”, detalla Savkiv. Un enquistamiento de la contienda amenaza con arruinar la economía rusa y ahondar la desconexión con el continente europeo que provocan las sanciones anunciadas por la UE, Suiza o Estados Unidos. En la coyuntura de una resistencia numantina de Ucrania, el analista considera que «las sanciones podrían ayudar mucho”.

Ventaja psicológica de los ucranianos

Kiev cuenta con otro arma en su haber. «Existe una ventaja psicológica. Los soldados ucranianos saben por lo que luchan. Sus dos opciones son resistir o enfrentarse a las consecuencias del control ruso de su país. Luchan por sus casas, sus proyectos de vida y por su futuro», enumera el politólogo. «Se trata de una gran ventaja porque saben lo que defienden mientras las tropas rusas están invadiendo un país que es supuestamente amigo, con el que existen muchos lazos culturales e incluso familiares. Para muchos soldados rusos no resulta fácil entrar con un tanque en el país al que antes viajaban de vacaciones, para disfrutar del mar Negro», argumenta Savkiv.

El analista no descarta que esa sensación de decepción se extienda entre las filas rusas si, una vez más, las escaramuzas perduran. “Algunos de los soldados rusos que han sido hecho prisioneros reconocen que les dijeron que iban de entrenamientos y que una vez en la frontera les dieron la orden de acceder a Ucrania. Les prometieron que serían recibidos como unos libertadores que salvarían a la población de un régimen opresor. Lo que se han encontrado es una situación totalmente distinta, con civiles colocándose frente a los tanques para impedir que avanzaran y tratando de convencerles de que depusieran las armas”, concluye.

Soldados por las calles de Kiev, a 28 de febrero de 2022, en Kiev (Ucrania).
Soldados por las calles de Kiev, a 28 de febrero de 2022, en Kiev (Ucrania). EP

Riesgo de pérdida de miles de vidas

Pero la situación bélica puede dar un giro en los próximos días. Tras comprobar que no pueden doblegar a los ucranianos en el entorno urbano con una intervención relámpago y lo más quirúrgica posible, pueden pasar a otra fase. «Pueden llevar a cabo una acción más contundente y salvaje. Ya lo vimos en Grozni, en Chechenia. La ciudad quedó arrasada, en sus cimientos. En una campaña como la de Ucrania, reafirmarían la imagen de intervención brutal. La victoria militar costaría miles de vidas, lo que dañaría la reputación de Putin, que cuida mucho su imagen en este sentido. Pretende siempre ser ganador con un mínimo de daños colaterales».

En el caso de que las ciudades más simbólicas como Kiev y Járkov se atrincheren, el asedio puede durar semanas. «Si los mandos militares se empeñan en hacer caer las grandes ciudades, para que caiga el gobierno, el control político, vamos a un escenario de enfrentamiento alargado. El problema logístico de la defensa de Kiev o Járkov es complicado también. Es difícil hacerles llegar equipos o nuevos soldados. Esa defensa numantina pasa por una batalla casa por casa y puede durar. Los defensores tendrán posibilidades mientras hay posibilidad de acceso al interior, pero si quedan sitiadas, antes o después caerán. Unas fuerzas armadas inferiores no pueden imponerse fácilmente. Su capacidad de aguante es limitada».

Putin sigue teniendo las de ganar, mientras se mantenga sobre el terreno la disparidad militar. «La victoria se puede demorar, pero de momento no se cuestiona», concluye Arteaga.

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