Europa

Mariúpol, la ciudad mártir de la guerra de Putin en Ucrania: "Es como el apocalipsis"

El ministro ruso de Exteriores niega que en la maternidad hubiera niños y parturientas y apunta que era un objetivo militar por dar cobijo a radicales del Batallón Azov. "No tenemos nada. El saqueo es total", relata un vecino de la urbe a El Independiente

Imagen de una avenida de Mariúpol este jueves.

Imagen de una avenida de Mariúpol este jueves. Hromadske

Toda guerra tiene su ciudad mártir. Las tropas rusas al servicio del Kremlin se están ensañando con Mariúpol, la ciudad portuaria de más de 400.000 habitantes, situada en la región de Donetsk que estaba bajo control ucraniano desde que la retomaron en la guerra de 2014. Los muertos son enterrados en fosas comunes, y los vivos luchan contra el hambre, el frío y la sed. El último escarnio, el bombardeo contra la maternidad, que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, considera que debería investigarse como «crimen de guerra» es otra falacia de los occidentales a ojos del ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov.

A juicio del Kremlin, el hospital era objetivo militar porque allí se encontraban miembros del Batallón Azov y las madres y niños habían sido evacuadas. Es la «operación militar especial» del Kremlin, que no reconoce estar atacando Ucrania, como dijo Lavrov tras su breve encuentro con el ministro ucraniano de Exteriores, Dmytri Kuleba, en Antalya, Turquía. Ni siquiera acordaron un alto el fuego de 24 horas y un corredor humanitario para evacuar Mariúpol. Para los ucranianos, la prioridad de este encuentro era poner a salvo a la población de Mariúpol, pero en poco más de una hora se han dado cuenta de ni siquiera era posible resolver esta cuestión humanitaria. Nadie pudo salir de la ciudad este jueves.

Desde Mariúpol, un vecino relata cómo cada día corre a la torre del operador de telefonía móvil Kyivstar para tratar de tener conexión. «Vivimos como en una película de miedo. Estamos sitiados. No paran de bombardear. Escuchamos explosiones y disparos de fondo constantemente», explica en una breve comunicación con El Independiente.

«No hay luz, no hay comunicación, no hay calefacción, no hay agua. No tenemos nada. El saqueo es total. La única tienda que está abierta es la de los espejos. Todo está saqueado. Es como el apocalipsis. Tenía tal conmoción por lo que estaba viendo que pensé que era una pesadilla», añade.

No hay luz, no hay comunicación, no hay calefacción, no hay agua. No tenemos nada. El saqueo es total

TESTIGO DESDE MARIÚPOL

Desde Zaporiyia les llegan testimonios de sus familias que le cuentan que la Cruz Roja no puede entrar a la ciudad y los coches son atacados a disparos. «Nosotros estamos en constante movimiento para conseguir conexión. Ojalá esto acabe pronto». Esa necesidad de comunicación es continua en muchos de los testimonios recogidos por medios y Ong internacionales. Es su única manera de salir del aislamiento al que les han condenado los invasores.

Sasha Volkov, vicedirector de la subdelegación de Cruz Roja Internacional en Mariúpol, describía un escenario descorazonador. «No hay manera de calentarse. Escasea el agua y el ayuntamiento está repartiendo botellas pero no da para todos. También falta la comida, sobre todo preocupan los niños. No sabemos cuánto durarán las provisiones. Las tiendas y las farmacias han sido saqueadas. No hay medicamentos para diabéticos y enfermos de cáncer», señala en un audio difundido en la red social Twitter.

Zona residencial en el este de Mariúpol, antes y después de los bombardeos. Satellite image ©2022 Maxar Technologies

Este jueves unas 70 personas han sido enterradas en fosas comunes en Mariúpol, según un video difundido por Associated Press. En la fosa, localizada en uno de los cementerios de la ciudad, podían verse los cuerpos envueltos en sábanas o bolsas de plástico. Más de la mitad de los que fallecen a diario en Mariúpol son víctimas de los bombardeos de las tropas rusas.

Según ha declarado a la BBC el vicealcalde, Sergui Orlov, desde que empezaron los bombardeos sobre la localidad se han recogido más de 1.200 cadáveres. No sabe cuántos de ellos son víctimas de los ataques. «El odio de Rusia hacia Mariúpol resulta realmente chocante y sorprendente. A diario, cuando la ayuda humanitaria inicia su ruta hacia la ciudad, el enemigo empieza a bombardear, impidiendo que avance ni un kilómetro. En el siglo XXI, Putin ha decidido matar de hambre a su población», denuncia Iryna Vereshchuk, ministra ucraniana de los territorios ocupados. «300.000 personas permanecen como rehenes del enemigo», alerta.

Tanya, una joven ucraniana de 18 años, trasladaba a The Guardian su angustia porque su madre y su hermano aún no han logrado salir de Mariúpol. Ella está en Alemania con su padre, ingeniero naval. «Nací en Mariúpol y allí he vivido los últimos diez años. He visto muchos cambios en la ciudad en este tiempo. Reconstruyeron muchas zonas y la ciudad estaba mucho mejor. Ahora todo eso está destruido».

«Mi hermano nos contó que el edificio contiguo al nuestro ha quedado destruido en un ataque. Duermen en el coche para estar más calientes y cargar el teléfono.. Han perdido mucho peso, pero sobre todo están muy angustiados, estresados. Es puro agotamiento. Solo quieren irse, estar a salvo. Todo esto me parece surrealista», relata Tanya, afectada especialmente por la muerte debido a deshidratación de un bebé. «En el siglo XXI en una ciudad avanzada como la mía».

Impotencia sobre el plomo

Oleksander, de Médicos sin Fronteras, se hacía eco también de la impotencia que generan situaciones como la que está viviendo en la ciudad ucraniana. «La gente está tratando de obtener agua de diversas formas: acuden a los parques y buscan las fuentes, o recogen el agua de los tejados cuando la nieve se derrite. La gente busca leña para cocinar sus alimentos. Las detonaciones continúan. La situación es especialmente complicada para las personas mayores y para quienes tienen algún tipo de discapacidad. No tienen forma de encontrar comida y tampoco pueden hacer un fuego para cocinar», decía este trabajador de MSF en un audio en inglés grabado el 8 de marzo.

«Es un desastre humanitario. La situación para quienes tienen niños pequeños también es muy, muy mala, porque necesitan muchas más cosas, como productos de higiene, y no hay manera de encontrarlos en ningún sitio», agregaba.

El vicealcalde, Serguei Orlov, intenta organizar la reparación de las infraestructuras afectadas y de repartir agua y comida, pero la tarea resulta ingente. En un encuentro con otros alcaldes de ciudades bombardeadas por las tropas rusas, contaba el miércoles cómo muchos calientan la comida en plena calle con leña y fuego, «como si estuviéramos en la Edad Media». También contaba cómo muchos están cayendo enfermos por el frío y la humedad.

A Orlov le ha afectado especialmente el bombardeo sobre la maternidad que fue perpetrado este miércoles y se saldó con tres muertos, entre ellos un niño de seis años. Mujeres a punto de dar a luz tuvieron que ser trasladadas de urgencia. Según Jaime Nadal, a cargo del Fondo de Población de la ONU en Ucrania, otras dos maternidades, en Zhytomyr y Saltivsky, han sido atacadas desde que empezó la invasión.

Contra la Convención de Ginebra

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, realizó un llamamiento dramático nada más enterarse y volvió a referirse a esta «atrocidad» a primera hora del jueves. Zelenski ha increpado al Kremlin por el crimen a la vez que pedía sanciones más duras: «¿Qué tipo de país es este, la Federación Rusa, que tiene miedo de los hospitales y maternidades y los destruye? ¿Iban a atacar Rostov las mujeres embarazadas? ¿Alguien en el hospital había abusado de los rusoparlantes? ¿Ha sido una desnazificación el bombardeo del hospital», se preguntaba retóricamente el presidente de Ucrania.

Todo lo que los invasores están haciendo a Mariúpol va más allá de las atrocidades

Volodimir Zelenski, presidente de ucrania

«Todo lo que los invasores están haciendo a Mariúpol va más allá de las atrocidades. Europeos, ucranianos, habitantes de Mariúpol, debemos estar unidos contra este crimen de guerra de Rusia, que refleja todo el mal de los invasores trajeron a nuestra tierra», añadía.

Raquel González, responsable de Relaciones Institucionales de MSF, se ha referido al ataque contra la maternidad en Mariúpol. «Los ataques a las estructuras sanitarias minan la poca capacidad que queda para tratar a los casos urgentes. En una ciudad en la que el sistema sanitario está al borde del colapso, privar a la gente de la tan necesaria asistencia sanitaria es una violación de las leyes de la guerra. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha verificado (a 8 de marzo) 18 ataques en Ucrania contra instalaciones sanitarias, trabajadores de la salud y ambulancias, que han acabado con la vida de 10 personas y herido a 16».

En virtud de la IV Convención de Ginebra y de la Resolución 2286 del Consejo de Seguridad de la ONU, sobre protección del personal y las instalaciones sanitarias, las unidades médicas, como los hospitales y otras instalaciones que se han creado con fines médicos, deben ser respetadas y protegidas en todas las circunstancias. Las unidades médicas no pueden ser atacadas y el acceso a ellas no puede ser limitado.   

En Mariúpol creen que el sufrimiento que están pasando tiene que ver con el valor simbólico de la ciudad. El gobierno de Kiev quiso que Mariúpol fuera un ejemplo de una ciudad del Donbás, donde se encuentran las autoproclamadas repúblicas separatistas prorrusas de Donestk y Lugansk, que prosperaba y se orientaba cada vez más hacia Occidente. «Quieren reducir a escombros Mariúpol», confesaba recientemente Diana Berg, activista ucraniana que se estableció en la ciudad a orillas del Mar Azov, tras huir de Donetsk al ser ocupado por los separatistas prorrusos.

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