Europa

Orban, el 'victorioso' combatiente reconvertido en pacifista gracias a Putin

El primer ministro húngaro se enfrenta excepcionalmente a una oposición unida, que desafía su intento de prorrogar su mandato por cuarta vez consecutiva

Imagen de Putin, Orban y Mary Zay sobre la bandera de hungría

Carmen Vivas

«Yo no rindo cuentas ante Dios por el pueblo de Ucrania sino por el pueblo de Hungría. Nuestra política no es favorable a Ucrania ni a Rusia, sino favorable a Hungría». Viktor Orban (Székesfehérvár, 1963) aspira a su cuarto mandato consecutivo en las elecciones legislativas que se celebran este domingo en Hungría. La guerra en Ucrania ha tenido gran impacto en la campaña electoral: Orban, el victorioso combatiente se ha reconvertido en pacifista para distanciarse de su aliado, el líder ruso, Vladimir Putin.

Orban ya fue jefe del gobierno entre 1998 y 2002, cuando se presentaba como un liberal, y regresó en 2010. Desde entonces ha ido acaparando poder a manos llenas, lo que le ha permitido imponerse elección tras elección con una supermayoría que usa para parapetarse como un monarca centroeuropeo.

En 2022 hay dos novedades en la convocatoria electoral en Hungría: Orban combate contra una oposición unida; y lo hace en plena guerra en Europa, una guerra en la que la Unión Europea se ha colocado claramente del lado de Ucrania frente a la Rusia de Putin. Hungría forma parte de la UE, aunque sea un socio díscolo, y a la vez Orban ha sido fiel a Putin con quien se vio por última vez en diciembre.

Es la primera vez que los principales partidos de la oposición se presentan unidos frente a Orban. El conservador Pétr Márki-Zay, que cumple 50 años el 9 de mayo, lidera Unidos por Hungría (Egységben Magyarországért), una coalición de seis partidos que van desde los socialistas, a los verdes, socialdemócratas, liberales e incluso el antiguo partido ultraconservador Jobbik. De esta manera, hay dos bloques: el Fidesz-Unión Cívica Húngara de Orban, por un lado, y Unidos por Hungría, de Márki-Zay, por otro. La oposición promete regenerar la democracia. Católico ferviente, Márki-Zay, alcalde en Hódmezövásárhely, su ciudad natal, asegura que «se aliaría con el diablo» para acabar con la corrupción, el talón de Aquiles de Orban.

De los 199 escaños del Parlamento, 106 se deciden por mayoría simple en circunscripciones uninominales. Los 93 mandatos restantes se deciden proporcionalmente por las listas nacionales. Aunque este sistema electoral es complejo y deja margen a que pequeños partidos arañen escaños que pueden ser cruciales al final, es la primera vez que el ciudadano ha de decantarse entre Orban o lo que no es Orban. La supermayoría son más de 133 escaños, los dos tercios.

Es difícil hacer predicciones debido a varios factores: los dos bloques parecen estar cerca del 40%, lo que anticipa una competición ajustada. Además, los sondeos son un elemento que influye en la movilización del electorado cuando se trata de una elección tan crucial. En un país con unos ocho millones de votantes, habría medio millón de indecisos. Las encuestas son caras y suelen estar pagadas por medios afines al gobierno.

Las posibilidades de victoria de la oposición son reducidas: según los expertos, en torno a un 30%. Lo que sí consideran muy probable es que Orban no revalide su supermayoría, que ha sido fundamental en los últimos años para construir su particular sistema, la democracia iliberal, donde se convocan elecciones, pero no se respeta el Estado de derecho. Lo que es un hecho, y seguirá siéndolo después del domingo, es que Hungría es un país polarizado: hay dos bloques, muy desiguales debido al control del aparato estatal y mediático de Orban, para muchos Trump antes de Trump.

Cambio de narrativa por la guerra

Si hay algo que domina Viktor Orban, es el control de la narrativa. Tibor Dessewffy, presidente de DEMOS Hungría y miembro del consejo del European Council on Foreing Relations, lo compara con un discjockey que sabe cómo manejar varias pletinas a la vez. Opera guiándose de su instinto y suele sacar ventaja.

La guerra ha puesto patas arriba toda la narrativa política en Hungría… Orban era el hombre de Putin en la UE y ahora se ha transformado en un hombre de paz»

tibor dessewffy, demos

En la campaña electoral húngara hay un antes y un después de la invasión perpetrada por el líder ruso, Vladimir Putin, en Ucrania, el 24 de febrero. «La guerra ha puesto patas arriba toda la narrativa política en Hungría. Los dos frentes tenían sus estrategias pero la guerra lo ha trastocado todo. Orban ha construido una relación muy especial con Putin en los últimos 12 años. Era el hombre de Putin en la Unión Europea y hasta ahora había vetado muchas sanciones. Cuando empezó la guerra, parecía que la oposición lograría ventaja gracias a ese vínculo de Orban con Putin, pero ha sabido dar la vuelta a la situación», afirma Tibor Dessewffy en conversación telefónica por zoom desde la capital húngara.

«Orban se ha transformado en un hombre de paz, que dice a los húngaros: ‘Esta no es nuestra guerra'», añade. Hungría no ha vetado las sanciones pero tampoco está conforme con los socios europeos y, sobre todo, se niega a enviar material militar o armas a Ucrania.

Tanto es así que el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, en su alocución a los líderes europeos, se dirigió especialmente a Viktor Orban. «Escucha, Viktor. ¿No sabes lo que está pasando en Mariúpol? Acércate al paseo marítimo y contempla los zapatos que hay allí. Verás cómo los asesinatos masivos siguen dándose hoy», dijo Zelensky, que comparó el sufrimiento de su pueblo con el de los judíos por los que se levantó el memorial en Budapest. Instó a Orban a que se decantase por Putin o por Ucrania. El opositor Márki-Zai contestó en su cuenta de Twitter: «Te hemos escuchado. Nunca lo olvidaremos. Deseando encontrarte a las orillas del Danubio [donde está el memorial]».

Días después, Orban se refería al presidente ucraniano como «un actor» que se desempeña como tal en el ejercicio de su cargo. «Yo soy abogado y trabajo con los conocimientos que he adquirido como tal. Alguien que es actor, recurre a sus conocimientos como actor», dijo a la emisora pública Kossuth. Zelensky también estudió Derecho en la Universidad de Kiev.

En esa disyuntiva, el líder opositor Péter Márki-Zay se ha erigido en el portavoz de la causa europea. «Lo que está en juego está claro: Orban y Putin, o Europa y Occidente», ha reiterado en sus redes sociales.

Ni un solo húngaro puede quedar atrapado entre el yunque ucraniano y el martillo ruso»

viktor orban, primer ministro de Hungría

Sin embargo, Orban acusa a la oposición de «haber perdido la cabeza» al apoyar el envío de tropas húngaras y de armas «a una guerra sangrienta». Y remarca en sus mítines: «Ni un solo húngaro puede quedar atrapado entre el yunque ucraniano y el martillo ruso».

En una cabriola digna de un consumado malabarista, Orban se erige en un hombre de paz, a pesar de que siempre se ha presentado como un combatiente, un luchador comprometido con su amigo de Moscú. «En los últimos 12 años Hungría estaba en permanente guerra: contra el FMI, contra George Soros, contra Bruselas… y el que libraba esta guerra era Viktor, de victorioso, Orban. Con el actor Chuck Norris grabó un vídeo en el que le confiesa que era un luchador. Siempre se presenta como tal. Ahora el guerrero se convierte a la doctrina de la paciencia estratégica. Solo él puede conseguirla. Su mensaje sería que en tiempos de caos no hay que hacer nada», señala Tibor Dessewffy, quien apunta que más de la mitad de los votantes de Orban no cree que Rusia sea el agresor y el 25% considera que son los ucranianos los culpables de la guerra.

Una encuesta del instituto Median del jueves, que nos indica Dániel Mikecz, investigador en el Republikon Institute de Budapest, apunta que la mayoría de los húngaros, un 55%, condena la invasión rusa, aunque en el caso del Fidesz, el partido de Orban, es tan solo el 37%. Y el 43% de los leales al primer ministro justifican la reacción del Kremlin en defensa de sus intereses.

Imperio mediático

Gracias a su poder sobre los medios de comunicación, el mensaje tiene un eco muy amplio en Hungría, especialmente entre los ciudadanos de poblaciones rurales y los mayores. Lleva años invirtiendo en crear una red de medios que se hace eco de su narrativa, desde los medios audiovisuales y los cientos de digitales creados o financiados para ese fin.

Es muy ilustrativo el ejemplo que evoca Tibor Desssewffy. «Cuando se celebró el referéndum del no en Chile, Pinochet dio 15 minutos en la televisión pública a sus opositores. Aquí el líder de la oposición solo ha tenido cinco minutos en cuatro años». 

Como anécdota sirva el ejemplo de la web oficial que ha pasado de informar sobre el coronavirus (actualización de los datos, detalles sobre la vacunación o medidas que hay que adoptar) a alertar sobre el peligro de que la oposición lleve a Hungría a la guerra. Hungría estaba en 2021 en el puesto 92 del Índice de Libertad de Prensa. Hace ocho años ocupaba el puesto 56.

Orban ha dejado de pronunciar el nombre del presidente de Rusia. Y su equipo de comunicación ha inventado la llamada ‘paciencia estratégica'»

krisztina arató, directora del institute of political science

«Antes de la guerra en Ucrania, Orban se presentaba como un luchador por las libertades, y por la soberanía e independencia de la nación. Sus enemigos eran Bruselas, las ONG críticas o Soros… Putin era parte de lo que llamaba la ‘apertura al Este’ en relaciones exteriores, a quien le unían intereses. Putin era un socio fiable con el que mantuvo reuniones bilaterales anuales. Después de la guerra, Orban ha dejado de pronunciar el nombre del presidente de Rusia. Y su equipo de comunicación ha inventado la llamada ‘paciencia estratégica’. No vayamos a la guerra, nos vamos a mantener al margen», señala Krisztina Arató, directora del Institute of Political Science, de la Facultad de Derecho, en Budapest.

La oposición ha recordado la estrecha relación que Orban, que partía de posiciones anticomunistas, ha forjado con Putin, a quien le une su pasión por el poder y el dinero. En 2014 Orban otorgó a Putin un contrato para la construcción de central nuclear de Paks. En 2019 invitó al International Investment Bank para que se estableciera en Hungría. A Putin le ha descrito en el pasado como un hombre de Estado. Orban sigue defendiendo hoy en día que las relaciones entre Hungría y Rusia son equilibradas y honestas.

La decadencia de Occidente

Orban está convencido de que Occidente está en decadencia. De ahí que promueva un referéndum para prohibir lo que considera adoctrinamiento de la doctrina LGTBI en los colegios el mismo día de la votación. Quiere recordar a los húngaros qué valores defiende y es un mensaje bien acogido entre los votantes más tradicionales, si bien no es un problema relevante en Hungría. En el mundo que viene, Orban considera que hay que mirar al Este, sobre todo a China. Orban tiene claro que China será la nueva superpotencia global y por ello considera que hay que acercarse a Pekín.

Pero de la Unión Europea sigue aprovechándose en la medida de lo posible. Hasta ahora la UE no ha utilizado todos los recursos a su alcance para luchar contra la corrupción en Hungría. La Oficina anti Fraude ha llegado a investigar las ventajas obtenidas por su yerno, por ejemplo, sin tomar medidas finalmente. En Hungría es imposible perseguir cualquier caso de corrupción, debido a que gracias a la supermayoría ha dejado de lado a cualquier juez crítico, ha perseguido a las ONG o centros educativos como la universidad ligada a George Soros, quien le becó de joven, y ha construido un aparato mediático a su servicio.

Si gana, no será un camino de rosas. «El próximo gobierno tendrá que enfrentarse a una grave crisis económica. La inflación está en auge, como en otros sitios. En Hungría parece muy grave y ya se aprecia en los precios de los alimentos. A causa de la guerra, la energía, subvencionada por el gobierno hasta ahora, será cada vez más cara. El gobierno ya ha repartido ventajas a familias y otros grupos antes de las elecciones. Además, la UE ha impedido que lleguen los fondos Next Generation. Orban nunca antes ha gobernado en recesión», afirma Krisztina Arató.

En la Unión Europea ha perdido a su aliado, Polonia, que ha abanderado la posición anti Putin con grandes dotes de liderazgo. Y cada vez será más evidente que es un socio incómodo, como solía considerarse al Reino Unido antes del Brexit. «Orban y Hungría estarán aislados: el Fidesz está fuera del Partido Popular Europeo, la cooperación de Visegrado-4 ha terminado por el momento. Si la guerra no termina pronto, será imposible restaurar la camaradería polaco-húngara relacionada con el procedimiento del artículo 7», apunta la investigadora húngara. En ese caso sería probable que se suspendieran los derechos de voto y la entrega de fondos a Hungría. Si la Unión Europea evoluciona por el camino de un mayor federalismo y mantiene la cohesión que ha mostrado estas semanas bélicas, Orban quedará cada vez más arrinconado.

Dániel Mikecz coincide en que si Orban sigue por la misma vía, «Hungría estará cada vez más aislada en la UE, con menos apoyo por parte de Polonia y los conservadores alemanes». Han sido sus apoyos en las instituciones comunitarias hasta ahora. A Orban solo le importará si afecta a los fondos realmente.

Sin embargo, la guerra abre muchas incógnitas y Viktor Orban ha demostrado que es un superviviente. Igual que se presenta como un pacifista de nueva hornada puede reconvertirse en europeísta si con ello puede mantenerse en el poder. No tiene límite de mandatos.

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