El primer ministro, Mateusz Morawiecki, ha consolidado Polonia como un actor fundamental en la invasión rusa de Ucrania. Ha hecho que el gobierno polaco sea la voz más contundente contra Rusia, y al mismo tiempo ha hecho de puente y socio de las repúblicas bálticas con Alemania o Francia. Además, también ha hecho de conexión entre el gobierno ucraniano y el resto de los países. A pesar de su historial contra el europeísmo occidental, en este caso del gobierno de Varsovia ha ido al extremo contrario. Incluso ha arrastrado a Viktor Orban, quien tiene amistad con Vladimir Putin, para que lo acabe sancionando. Sin la unión total de todos los países de la Unión Europea no podremos hacer nada.

En el campo humanitario también se colocado en vanguardia. Si hace unos meses anunciaba, y lo está cumpliendo, que levantaría un muro de protección entre Bielorrusia y Polonia, ahora tiene política de fronteras abiertas para todo aquel ucraniano que escape de la guerra. Y será además acogido con todo lo que pueda requerir. En este punto Morawiecki ha puesto su falca política al señalar que el país no tiene ningún problema en acoger, siempre que sea en orden. Un punto importante después de las acusaciones de racismo por no querer abrir las fronteras a las olas de refugiados, que al final se demostró que eran utilizados por Lukashenko para provocar una crisis en la Unión Europea. Igual que los trajo se los llevó a sus países de vuelta. 

Al llevar la voz cantante en las sanciones a Rusia y el aprovisionamiento de armas a Ucrania, Varsovia pide ser tratada como una capital más de la UE, como París, Roma o Berlín»

Al llevar la voz cantante en los dos aspectos de la crisis ucraniana, el de las sanciones económicas a Rusia y el aprovisionamiento de armas para Ucrania, por un lado; y el de la ayuda humanitaria por otro, Varsovia pide ser tratada como una capital más de la Unión Europea. Es decir, Europa no termina en la frontera alemana, y en el este sigue habiendo países que no son periferia de nadie ya. Y cansado de este rol periférico o secundario, ahora el primer ministro Morawiecki pide que Varsovia sea una capital más, como París, Roma o Berlín. Y parte de razón tiene al pedirlo porque la importancia de Polonia ha crecido esta última década. 

En el campo militar, el gobierno polaco cumple con el compromiso de la OTAN de destinar el 2% del PIB al campo de la Defensa. Un hecho relevante porque Estonia, Letonia y casi también Lituania lo cumplen. Y Varsovia es la capital que mayor peso demográfico tiene de las cuatro. Su posición geográfica hace además que sea significativa en el campo estratégico militar. Con costa en el Báltico, hasta Europa central, el país está físicamente en el centro del continente europeo y es un punto de paso imprescindible entre Rusia, las Repúblicas Bálticas, Ucrania y Alemania. Esto también lo consolida en el siguiente punto, el campo económico. 

En 2015 se consolidó la Iniciativa Tres Mares. La idea fundamental es unir el mar Negro con el mar Báltico a través de Bulgaria, Rumania, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Polonia, Lituania, Letonia y Estonia. Esta iniciativa, surgida del grupo Visegrado o V4, busca consolidar en el este de Europa una nueva línea comercial, un eje vertebrador de norte a sur.

Actualmente hay un proyecto más ambicioso. Desde las costas del norte de Turquía, con barco hasta Ucrania, y de allí a través de Polonia hasta el Báltico, para llegar a Suecia y Finlandia. Otra vez, Polonia en medio. El factor bielorruso, que es una dictadura y sin infraestructuras comerciales, hace que Polonia sea más interesante económicamente. Además, ya está en Schengen, por lo que el intercambio comercial es más rápido y ágil. 

Dentro del factor económico, hay que destacar la importancia de la compañía refinadora estatal PKN Orlen SA. La política energética de Polonia se encuentra en un punto muy interesante por el contrato con Saudi Aramco, quien aprovisionará la mitad del petróleo que necesita el país. Además, su relevancia va más allá, porque países energéticamente dependientes de Rusia, pueden encontrar en la estrategia polaca algo tentador, por ejemplo, en Lituania y en República Checa existen refinerías Orlen que pueden trabajar con el crudo saudí. 

Y el tercer factor es el ideológico. Polonia con el partido Ley y Justicia ha hecho del país un referente para la derecha continental, y para el euro-criticismo. Con sus posicionamientos contrarios a la ideología de género, a leyes LGBT+ o cualquier otro colectivo, como también la defensa de la soberanía parlamentaria nacional por encima de la de la Unión Europea, hecho que le ha carreado sanciones económicas.

Además, también este partido es crítico con la inmigración irregular, defiende establecer una política de regulación estricta y es completamente hostil a Rusia. A diferencia de partidos del mismo grupo europeo como Agrupación Nacional (RN), Fidesz o Vox, Ley y Justicia no tiene una política ambivalente al respecto. Es más, el conservadurismo autoritario de Putin lo considera imperialismo, el mismo que ahogó Polonia durante 123 años.

Así pues, Polonia reivindica su papel histórico. Condenada a la periferia cuando el centro del bloque soviético estaba en Moscú, y condenada a la periferia cuando se incorporó a la UE, cumple dentro de dos años dos décadas dentro, igual que casi todo el antiguo COMECON y Pacto de Varsovia. Después de tanto tiempo es lógico revisar sinergias internas, movimientos, como también la trascendencia del este una vez incluso que Ucrania haya solicitado la incorporación a la Unión Europea. Este procedimiento puede ser largo, pero atribuirá a Polonia una relevancia aún más importante, como referente ucraniano en tiempos de guerra, como en futuros tiempos de paz.  


Guillem Pursals es politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.