Internacional

Putin recurre a tácticas de desinformación de la época soviética en la guerra en Ucrania

El Kremlin nunca reconoce errores y niega las evidencias con una estrategia adaptada a la era de Internet

Retirada rusa de la región de Kiev

Destrucción de maquinaria militar rusa en las áreas recuperadas por Ucrania en la ciudad de Bucha. EFE

El Kremlin está dando una lección magistral de desinformación (deziformatsiya) en la guerra en Ucrania. El líder ruso, Vladimir Putin, de quien dicen que nunca ha dejado de ser un espía del KGB, es fiel a la tradición soviética pero aprovecha las posibilidades que brinda la era de Internet. La finalidad de la desinformación cuando sucede una masacre como la de Bucha es poner en cuestión la evidencia más palpable, sembrar la duda sobre los hechos, y así socavar la confianza de los ciudadanos en los medios de información independientes, y en las instituciones.

«Son técnicas concebidas durante el régimen zarista, codificadas tras la Revolución Rusa y ampliamente utilizadas en la Guerra Fría para terminar adaptándolas con gran éxito en el mundo virtual», en palabras de Guillem Collom Piella, autor de la investigación Anatomía de la desinformación rusa. «La desinformación contemporánea arrancó con la Tercera Internacional, en 1919, para apoyar la subversión comunista. Cuatro años después, el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos creó una oficina específica para coordinar la desinformación soviética o distorsión de hechos y propagación de rumores». El KGB la definía como «la invención de datos para generar, en la mente del adversario, imágenes incorrectas o imaginarias de la realidad para que éste tome decisiones beneficiosas [para Moscú]». Se mueve en el terreno de lo encubierto y clandestino.

La desinformación es un instrumento muy valioso desde tiempos de Lenin. Era la praxis de todo el Estado, no solo de los servicios de Inteligencia»

manuel torres, catedrático de ciencia política en la univ. Pablo de olavide

De esta manera, los servicios de inteligencia de la URSS teorizaron el concepto de la desinformación y lo llevaron a la práctica. «La acción del Estado en el exterior desde tiempos de Lenin se entendía así. La desinformación era un instrumento muy valioso. Era la praxis de la acción de la URSS, de todo el Estado, no solo de los servicios de inteligencia. Era y es una acción combinada en la que intervienen diplomáticos, políticos de todos los ministerios. Por ello vemos como los mensajes se repiten y multiplican desde todos estos ámbitos», afirma Manuel Torres, catedrático de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Formaba parte de las llamadas «medidas activas», como la propaganda o las operaciones encubiertas, y se define como una acción cuyo fin es «desacreditar y debilitar a los oponentes y distorsionar su percepción de la realidad».

Sobre la masacre de Bucha hemos visto cómo opera la maquinaria de la desinformación made in Moscú. Mientras decenas de testigos daban cuenta del horror de ucranianos enterrados en fosas comunes o asesinados en plena calle maniatados, el Kremlin coreaba al unísono que aquello era una «escenificación». Desde el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, al portavoz de Putin, Dmytri Peskov. Lo que están viendo es una puesta en escena. Ya lo dijeron cuando atacaron la maternidad en Mariúpol, donde, además, se habían escondido los combatientes del Batallón Azov, nazis a ojos del Kremlin.

Ya sabemos que cuando los hechos obran en tu contra, siempre puedes recurrir a los «hechos alternativos». Fue George Orwell quien describió así el modo en que el régimen de su Gran Hermano en la novela 1984 falseaba la realidad y la transmitía por medio de unos medios de comunicación bajo control. Revivió el término Kellyane Conway, la asesora de comunicación de Donald Trump, para suscribir, como había dicho el portavoz de la Casa Blanca, que había asistido más gente a la toma de posesión del republicano que de su antecesor, Barack Obama. ¿A quién creemos en la era de la saturación informativa?

El Kremlin ha construido su realidad paralela sobre la guerra en Ucrania desde el minuto cero. La invasión ordenada el 24 de febrero es una «operación militar especial» destinada a «desnazificar» y «desmilitarizar» el país vecino. Hablar de guerra está castigado con penas de cárcel. Con esos mimbres, Moscú ha construido un mundo en el que cualquier hecho que ponga en cuestión su versión oficial de operación aséptica queda eliminada. Da igual que hayamos visto imágenes procedentes de diversos medios internacionales de relevancia o hayamos escuchado testimonios de supervivientes. Cualquier evidencia en contra de su versión será considerada falsa.

Pasos de la operación del Kremlin

Los pasos, según explica Manuel Torres, autor de #Desinformación. Poder y manipulación en la era digital, que sigue el Kremlin en un caso como el de Bucha son los siguientes: «En primer lugar, el primer paso ante un hecho incómodo es la negación sin matices. Así se desvía cualquier tipo de responsabilidad. Después se aborda el hecho bien como una falsificación o como algo real pero que es obra del enemigo. Incluso se vincula a campañas de desinformación. A partir de ahí se sueltan todo tipo de datos alternativos que trasladen la percepción de que todo es posible y nada es verdad. A continuación se procede a la ampliación y el enriquecimiento de las narrativas desinformativas con otros actores externos». El objetivo final es relativizar la verdad. Como amplificadores existen figuras reales o virtuales, como Irina, la tuitera ficticia que difunde propaganda a favor del Kremlin.

La argumentación de Lavrov se basó en referirse a cómo el alcalde de Bucha, Anatoly Fedoruk, había dicho el 31 de marzo, un día después de la retirada de las tropas rusas, que estaba todo bajo control. Insiste Lavrov en que «las pruebas de los crímenes» no han aparecido hasta varios días después de la retirada de las tropas rusas. «Y después vemos una puesta en escena organizada en las calles, que intentan utilizar con fines antirrusos». Y ha aludido este lunes a «la situación en una maternidad de Mariúpol», que apunta que se intentó presentar como «crimen del ejército ruso», pero luego «se vio que se habían presentado materiales falsos».

Los medios internacionales tardaron en entrar en Bucha, cuando se encontraron los cadáveres en una de las calles y una fosa común. Las víctimas del bombardeo en la maternidad hablaron y dieron fe de lo sucedido. Cuando pasa algo así, el Kremlin ataca a los medios informativos que realizan la investigación.

«Todos mienten»

«La idea que subyace de fondo es que la verdad es relativa y que todos juegan con las mismas armas, que no se puede creer a nadie. Desde su óptica es más eficaz ese escepticismo. Así se termina pensando que todo lo que llega es interesado. La conclusión sería que todos mienten en la guerra. De ese modo, el espectador no toma partido. Al final se termina por no creer en nada ni expertos, instituciones o medios. Esto hace a los ciudadanos más vulnerables a manipulaciones futuras», afirma Manuel Torres.

Dos tercios de las campañas de desinformación provienen de Rusia. Hasta ahora no se apuntaba al Kremlin directamente, aunque sí se insinuaba. Con la guerra en Ucrania, se ha roto este tabú.

El español es un idioma muy apreciado por el Kremlin en sus campañas de desinformación. «Sobre todo emplean el español para dirigirse a América Latina, donde tienen una audiencia bastante receptiva por el antiamericanismo. Hay mucha disposición a adoptar estos mensajes. El español permite alimentar esa audiencia con gobiernos alineados», apunta el catedrático. 

Pese a su experiencia y su formación, el Kremlin está perdiendo la batalla informativa también. Les está costando trabajo mantener un relato favorable, gracias también a que el aparato mediático de los ucranianos es muy potente con el presidente, Volodimir Zelenski, como gran estrella. A juicio de Torres, la desesperación lleva al Kremlin a no reconocer errores y a «salidas sin escrúpulos», como la negación de la masacre de Bucha.

Aún así la desinformación hace daño. Cada vez es mayor la desafección y los ciudadanos han perdido conciencia crítica. ¿Cómo puede combatirse? Según Manuel Torres, «es un esfuerzo que hemos de realizar todos: los Estados, los medios de comunicación, la sociedad civil, cada uno de nosotros como individuo. El primer paso es hablar de este tipo de campañas de forma explícita. Hemos empezado a identificar a los autores y eso es pedagógico. Los medios tienen un papel important como vigilantes de la veracidad y actores que transmiten información objetiva, que es la vacuna frente a las campañas de desinformación».  

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