Elecciones presidenciales 2022

Europa

Una Francia polarizada elige entre Macron y Le Pen desde el rechazo

El voto por el mal menor tiene un peso preocupante en estas elecciones presidenciales, marcadas por la desafección de un pueblo descontento a pesar de los buenos datos económicos

Dos carteles electorales de Marine Le Pen y Emmanuel Macron

Carteles electorales de las elecciones presidenciales francesas con Emmanuel Macron y Marine Le Pen. EFE

Brexit, Trump nos enseñaron en 2016 que no puede decirse nunca jamás cuando se convoca a un pueblo a las urnas. Francia vota este domingo en un clima de polarización que no ha hecho sino crecer desde 2017, cuando llegaron a la segunda vuelta electoral los mismos candidatos que ahora: Emmanuel Macron y Marine Le Pen. El candidato presidente, que ganó hace cinco años, representa el liberalismo democrático y la líder de Reagrupamiento Nacional el nacionalpopulismo. Globalistas contra soberanistas lidian su batalla en el Hexágono en un clima de creciente desafección que probablemente se traducirá en una elevada abstención.

El presidente Macron las ha planteado como un referéndum sobre la Unión Europea, ya que Le Pen plantea un Frexit encubierto, y sobre la Francia que quieren sus ciudadanos: una Francia abierta o proteccionista, una Francia laica o antimusulmana, una Francia liberal o iliberal. El último sondeo de Ipsos-Sopra-Steria para Le Monde anticipa que Macron ganaría por un 56,5% de los votos frente al 43,5% de Le Pen.

El problema es que los franceses están anclados en el rechazo: los candidatos antisistema, desde la izquierda de la Francia Insumisa a Reagrupamiento Nacional o Reconquista, sumaron más del 52% de los votos. Los datos del barómetro de confianza política del Centro de Investigaciones Políticas de Sciences Po de París señalan que un 79% desconfía de los partidos políticos, un 55% piensa que la democracia no funciona bien, un 65% cree que los responsables políticos son corruptos. En suma, un 49% ha dejado de interesarse por la política.

En palabras de Pascal Perrineau, profesor en Sciences Po de París, en la edición de Vanguardia Dossier titulada Francia en el Diván, «son el reflejo de una sociedad malhumorada que cuestiona cualquier reforma y desconfía de la política».

Este domingo muchos franceses votarán para evitar que el otro candidato llegue al Elíseo. Según un sondeo de Le Monde, el 39% de los que apoyarán a Macron lo hacen para que Le Pen no sea presidenta, y el 38% de quienes respaldarán a la líder nacionalpopulista por rechazo al presidente. La revista Marianne titula de una forma muy acertada su último número: «A pesar de la ira (contra Macron), evitar el caos (que identifica con Le Pen)».

Hay un bloqueo importante anti Macron, un voto de ‘todo excepto Macron’, equivalente al ‘todo excepto Le Pen'»

abel mestre, periodista de ‘le Monde’

«Hay un bloqueo importante anti Macron, un voto de ‘todo excepto Macron’, equivalente al ‘todo excepto Le Pen’ y eso es preocupante. Es probable que sea elegido pero será por descarte. Tendrá que empezar un segundo mandato con una base muy débil de adhesión a sus ideas y su programa», afirma Abel Mestre, redactor de política nacional en Le Monde.

«Si es elegido como mal menor, siempre hay una sombra en su legitimidad. Es probable que no gane con votos pro Macron sino anti Le Pen y eso afecta a la fuerza con que uno llega al poder. Llegó en 2017 diciendo que se iban a superar las divisiones en el país, pero se han profundizado y las dos grandes fuerzas políticas tradicionales son ahora irrelevantes. La situación es más incierta que hace cinco años en el escenario político», apunta Carme Colomina, investigadora principal y editora en el Cidob.

«Si hay una lectura clara de la primera vuelta es que los partidos críticos con la globalización, el de Le Pen y Mélenchon, superan el 50% de los votos, lo que es un mensaje a Bruselas en plena crisis postpandémica y en plena transición verde y digital. Hay que evitar que aumenten las desigualdades. El gran reto es cómo evitar que tras cada crisis Europa sea más desigual. La llamada ira de los asalariados que vemos en Francia en estas elecciones. Hay trabajo pero es precario y por eso se ven relegados», añade Colomina.

Esos airados votaron en primera vuelta por Le Pen o por la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, que se quedó a apenas 400.000 votos de pasar a segunda ronda. Sus 7,7 millones de votantes están en el punto de mira de Macron y de Le Pen. Mélenchon ha sido ambiguo en su recomendación de voto: no a Le Pen pero no ha dado el a Macron.

«Mélenchon se ha consolidado como la principal fuerza de izquierda.Es una izquierda iliberal muy dividida en cuanto a su posicionamiento frente a Macron y la extrema derecha. La mayoría se abstendrá pero se calcula que un 20% de ellos apoye a Le Pen. Llama la atención que entre los lectores de L’Humanité, comunista, hay más votante pro Le Pen (14%) que pro Macron (8%). Es revelador sobre la evolución del voto contestario», indica Alejo Schapire, periodista y autor de La traición progresista.

La banalización de la extrema derecha

Es la primera vez que una candidata nacionalpopulista cuenta con un apoyo superior al 40% en los sondeos, incluso puede llegar al 45%. Tendría opciones de ganar en caso de que se queden en casa potenciales votantes macronistas. Le Pen ha dejado de dar miedo, aunque en la recta final de la campaña Macron haya insistido en retratar a su competidora como una líder «de extrema derecha», y no como portavoz del pueblo soberano, como se presenta ella.

Juega a favor de Le Pen su carácter: es campechana, se desenvuelve con naturalidad en los platós y en la calle. Así se ha convertido en un personaje amable, normal en el panorama político»

guillermo fernández vázquez, profesor de ciencia política en uc3

Según Guillermo Fernández Vázquez, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III y autor de Qué hacer con la extrema derecha en Europa: el caso del Frente Nacional, el fenómeno se ha normalizado por varios factores: «Uno de ellos es el paso del tiempo: es la tercera vez que Marine Le Pen lo intenta. Los franceses se han habituado, se ha banalizado. En segundo lugar, Le Pen lleva desde 2011 en un proceso de desdiabolización y está logrando que Reagrupamiento Nacional se vea como un partido más en la escena política francesa. Y en tercer lugar juega a su favor su carácter: es campechana, se desenvuelve con naturalidad en los platós y en calle. Así se ha convertido en un personaje cercano y amable, normal en el panorama político».

¿Qué haría Le Pen en el Elíseo? ¿Sería tan peligrosa como describe Macron? «Tendrá que demostrar que es diferente porque su partido lleva 40 años diciendo que los otros son todos lo mismo. Lanzará la discusión sobre la prioridad nacional en la Constitución francesa y tomará alguna medida simbólica como la restricción de construcción de mezquitas o impulsará la prohibición del velo en el espacio público», señala Fernández Vázquez, quien vaticina el aumento de la conflictividad en las banlieu por choques entre la policía, que será reforzada, y los jóvenes de esas barriadas.

Aunque no abogue a ahora el Frexit, defiende que cambie la naturaleza del proyecto europeo anteponiendo la soberanía nacional, incluso por encima del derecho europeo»

carme colomina, investigadora principal en cidob

En la Unión Europea sí que se echarían a temblar. La segunda potencia de los Veintisiete estaría presidida por una líder que defiende tesis cercanas al Grupo de Visegrado. «Habría un efecto Putin contrario al deseado por Bruselas: se reforzará el autoritarismo en la UE. Aunque no abogue ahora por el Frexit, defiende que cambie la naturaleza del proyecto europeo anteponiendo la soberanía nacional, incluso por encima del derecho europeo. Las consecuencias serían desastrosas para el proyecto europeo», dice Colomina.

A pesar de esa normalización de la figura de Marine Le Pen, despierta grandes temores que una líder nacionalpopulista llegue al Elíseo. «No sé con quién podría gobernar. Si fuera elegida, creo que habría tensión porque ganaría por poco. El país estará dividido en dos bandos, dos campos antagonistas en todos los asuntos: sobre los valores, la concepción de la República, la identidad francesa (legal o étnica). Sería un periodo de inestabilidad e inseguridad política, jurídica, social y económica. Como los EEUU con Trump o el Brasil de Bolsonaro», indica Abel Mestre.

Grandes cuestiones pendientes

Los analistas consultados se decantan por la victoria final del presidente Macron, una victoria sin entusiasmo y condicionada a esa reminiscencia del llamado frente republicano, con menos tirón que hace cinco años cuando Le Pen logró el 33% de los votos y Macron el 66%. La distancia entre los dos sería de 12 puntos (56%-44%), de acuerdo con la encuesta citada de Le Monde.

«La clave no va a ser tanto cuánta gente vote a Marine Le Pen sino cuánta gente que prefiere a Macron no vaya a votar finalmente. Cuanto más grande sea ese grupo, más posibilidades tendrá Le Pen. Y si ahora las encuestas apuntan una distancia cómoda puede perjudicar a Macron porque si ese votante que irá sin entusiasmo da por hecho que ganará quizá no vaya a las urnas. Puede darse esa victoria por incomparecencia, aunque lo normal sea que gane finalmente Macron», señala Fernández Vázquez.

Si en 2017 Macron despertaba entusiasmo en ese choque con Le Pen, ahora no es así, a pesar de que su balance como gestor es muy aceptable, dado que ha tenido que gestionar crisis extraordinarias como la pandemia y ahora las consecuencias de la guerra de Ucrania. Ha creado empleo (la tasa de paro es del 7,4%), la inflación es la mitad que en España, y las ayudas por la pandemia han sido generosas, a costa de un mayor endeudamiento, eso sí. Pero los franceses siguen insatisfechos por la precariedad y el miedo al futuro. De ahí que muchos apoyen a Macron solo por evitar a Le Pen. Igual que otros tantos apoyan a Le Pen por hartazgo con lo ya conocido.

Las grandes cuestiones no se van a zanjar con la elección… se vota por lo que no se quiere. Es una patada hacia delante»

alejo schapire, autor de ‘la traición progresista’

«Las grandes cuestiones no se van a zanjar con la elección. La función que tiene una convocatoria a las urnas de dirimir entre distintos proyectos no se cumple esta vez porque se vota para evitar lo que no se quiere. Es una patada hacia delante. Y ahí siguen los obstáculos con los que se ha encontrado Macron: el movimiento contestatario, el crecimiento de la izquierda antisistema, la existencia de dos partidos de extrema derecha, y la contestación no encuentra una canalización institucional lo que augura que el descontento vaya a expresarse de manera extrapartidaria en el futuro», señala Alejo Schapire, autor de La traición progresista.

Para Schapire, «la existencia de Le Pen trastoca el sentido de las elecciones: mueren antes de la segunda vuelta. Ese voto en contra falsea el proceso electoral y no es bueno para la democracia».

Tanto si gana Macron como si sorprende Le Pen Francia parece abocada a la inestabilidad. Schapire prevé que si el actual presidente sigue en el Elíseo, aunque su partido también gane en la Asamblea Nacional, tendrá problemas de gobernabilidad por esos franceses descontentos que volverán a las calles a protestar en el otoño próximo. Pero si lo hace Le Pen, «habrá mucha convulsión social, muchos no lo aceptarán y su visión económica, que el Premio Nobel Jean Tirole, califica de kirchnerista por su proteccionismo a ultranza, despierta mucha inquietud».

Estas elecciones presidenciales, gane quien gane al final, dibujarán una Francia marcada por la desafección que se ha visto forzada a elegir el mal menor. A los descontentos, muchos de ellos jóvenes, no les agrada ni Macron ni Le Pen, como clamaban en La Sorbona hace unos días. El tercero en liza, Jean-Luc Mélenchon, contempla la escena con la vista puesta en la llamada tercera vuelta, las legislativas de junio.

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