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Ucrania, un balance de sangre

Entierro en Irpin

Varias personas asisten a un entierro en el cementerio de Irpin, cerca de la capital ucraniana. EFE

Tras cumplirse dos meses del comienzo de la guerra en Ucrania, más de cinco millones de personas han huido de Ucrania. A ello hay que sumar la cifra de muertos y desaparecidos que oscila en un baile macabro de cifras que van, según el gobierno de Volodimir Zelenski, de unos 2.000 soldados ucranios muertos en combate y unos 30.000 militares rusos, frente a las cifras del Kremlin que señala unos 1.300 de sus efectivos frente a 14.000 militares ucranianos. La «operación militar especial», tal como la denominó Vladimir Putin y que presagiaba que podría ser un asalto relámpago al modo de la Blitzkrieg de unos días de duración, no ha resultado como esperaba y se ha convertido en un baño de sangre con miles de víctimas.

Los analistas debemos reconocer que por el momento se desconoce la cifra exacta de soldados caídos en combate por parte de ambos bandos. A ello deben sumarse los miles de ciudadanos civiles ucranianos que han sido masacrados, siendo las víctimas mujeres, niños y ancianos y el extermino indiscriminado perpetrado en las ciudades de Bucha, Borodianka o Kramatorsk, donde la comunidad internacional ha denunciado ejecuciones sumarias por parte de los soldados rusos a civiles indefensos. Debemos suponer que Moscú conoce las cifras de sus pérdidas militares y no deja que se conozcan a los medios periodísticos. No obstante, cabe señalar que el tabloide ruso Komsomolskaya Pravda llegó a publicar, antes de que esa información fuese automáticamente eliminada, que 9.861 soldados rusos habían fallecido y unos 16.000 habían resultado heridos.

Resulta preocupante que las Naciones Unidas contabilicen cifras alarmantes de civiles muertos entre las que figuran más de 200 niños. Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) entre el 24 de febrero, al comienzo de la guerra, y el 20 de abril han muerto 703 hombres, 429 mujeres, 44 niñas y 63 niños, junto a los que habría con contabilizar, además, 70 niños y 1.036 adultos que por su deterioro no se ha podido identificar su sexo. La mayoría de las bajas civiles se han producido por el uso de armas explosivas con una amplia área de impacto, a través de bombardeos de artillería pesada y sistema de lanzamiento de cohetes múltiples junto a ataques aéreos y con misiles.

Por otra parte, cabe agregar que con la retirada de las fuerzas rusas de las cercanías de Kiev y el desplazamiento de los militares a la zona del Donbás en donde los combates se han intensificado, se calcula que en estos últimos días han muerto unas 930 personas de las cuales unas 851 pertenecen a los territorios controlados por las fuerzas ucranianas y 79 en el territorio controlado por las fuerzas separatistas de las autoproclamadas repúblicas de Donest y Lugansk.

Una guerra del siglo pasado

El modelo de guerra utilizado por Putin nos retrotrae al siglo pasado y nos hace cavilar sobre un modelo estratégico trasnochado. Hace pensar que nos encontramos ante sistemas estratégicos basados en esquemas de la Segunda Guerra Mundial y su lenguaje, además de ambiguo, resulta contradictorio cuando habla de intervención militar especial, pues, en realidad, está ocultando el verdadero significado de lo que es en toda regla un acto de agresión. Putin mantiene que se trata de una intervención armada para defender los derechos humanos de los ruso parlantes del Donbás. Aunque ello no le impide arrasar otras ciudades de ciudadanos ucranios, mientras carece de escrúpulo al hablar de tareas para el mantenimiento de la paz, al tiempo que desea de desnazificar Ucrania que se encuentra gobernada por un presidente que es judío y nieto de un superviviente del Holocausto.

En definitiva, nos estamos enfrentando ante una manipulación del lenguaje, al modelo de la propaganda alemana de Joseph Goebbels, que consideraba que una mentira repetida se convierte en verdad. El uso de la estrategia denominada «falsa bandera» (fake flag) le convierte en un manipulador de la información a través de la cual se crean situaciones falsas e ideadas con el fin de que pueda parecer reales y confundir a la población y a la opinión pública.

Los servicios secretos estadounidenses descubrieron estas operaciones en la frontera rusa cercana a Donbás con el fin de simular un ataque ucranio a su integridad territorial y poder acusar a Zelenski de agresión. Para luego, inculpar al gobierno ucranio de hacer lo mismo en el hospital maternal de Mariúpol acusando a una embarazada, que luego falleció, que era una actriz pagada para simular la infamia de la destrucción de un hospital protegido por los Acuerdos de Ginebra. Lo mismo ocurrió en Bucha, donde el mundo habría creído la patraña de que los cadáveres fotografiados eran actores o muñecos si no fuese gracias a la teledetección satelital con la que se pudo comprobar que estos cadáveres ya estaban abandonados en las calles durante la ocupación de la ciudad por las fuerzas rusas.

Por otra parte, su política se ha basado en las fake news en una época propicia para la posverdad y ha creado un partido político, Rusia Unida, a espaldas del Partido Comunista, en el que ha logrado aglutinar a grupos ideológicos como Unidad, Patria y Toda Rusia con un perfil xenófobo, homófobo, autocrático, nacionalista y clerical; que se asemeja más a un reflejo del pasado que a una propuesta política de libertades y democracia que debería ser el modelo del siglo XXI. De este modo, se echan por tierra los ingentes esfuerzos que se han realizado con el fin de alcanzar la protección de la dignidad y de los derechos humanos.

Llama la atención el clericalismo rampante que se ha enseñoreado con Rusia, donde Kiril, el patriarca de la iglesia ortodoxa rusa, ha apoyado la invasión y ha defendido la puesta en marcha de una iglesia que reagrupe a los ortodoxos de Rusia, Bielorusia y Ucrania. Cabe resaltar que afortunadamente Onufry, el metropolitano de la iglesia ortodoxa ucraniana se ha opuesto a la guerra reclamando la soberanía y la integridad territorial de Ucrania.

Errores de cálculo

Como ha señalado Stephen Kotkin, profesor de la Universidad de Princeton, «las guerras se producen por errores de cálculo» y es muy probable que la irracional deriva que está presentando este conflicto pueda deberse a ello. Es probable, aunque no podemos demostrarlo, que para Putin, Ucrania se presentaba como un enemigo fácil de abatir y sus cálculos no han dado los resultados esperados. Ni la invasión ha sido un paseo militar, ni la población ucraniana le ha recibido como el salvador de la patria rusa, ni la resistencia de las fuerzas armadas ucranias y sobre todo la de la población voluntaria en la defensa de su tierra, ni su presidente Zelenski ha sido el títere que el se esperaba que fuese, pues ha demostrado rigor y valentía.

Para colmo, otro error de cálculo ha sido pensar que la Unión Europea no reaccionaria de manera unida y contundente. Si bien es verdad, y Putin lo sabe, que la dependencia energética de Alemania con Rusia es importante dado que el 90 % de su gas se exporta gracias a los acuerdos firmado en época de Angela Merkel y que el ex canciller Gerhard Schröder pertenece al Consejo Directivo de Gasprom, no obstante, el pulso con la Unión en su conjunto y las sanciones elaboradas han sido un golpe en su línea de flotación, a pesar de que el cierre del comercio de la energía con Rusia va a afectar a la economía de los Estados europeos.

En esta línea, la Unión Europea ha decidido suspender el trato comercial y económico de carácter privilegiado que tiene con Rusia por lo cual la Comisión Europea, junto con los Estados Unidos y otros aliados del G7, tomará medidas contra el usos de criptoactivos y prohibirá las exportaciones a Rusia de artículos de lujo y obstaculizará las importaciones de productos de hierro y acero que se suman a las tres medidas anteriores con el fin de que, en esta cuarta medida, se vaya estrangulando la economía rusa si no abandona el uso de las armas. También revocará el estatus comercial de «nación más favorecida» lo que dará lugar a que los miembros del bloque puedan imponer aranceles punitivos a los productos rusos lo que equipararía a Rusia con Irán o Corea del Norte. De tal modo que se podrán suspender los derechos de Rusia como miembro del Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

Los perfiles de la guerra

Este conflicto presenta muchos perfiles que pueden resolverse no solo en las fuerzas armadas sino también en las presiones económicas, en la fuerza mediática, el perfil de ataques cibernéticos o en los esfuerzos diplomáticos. No debemos olvidar el perfil jurídico y la violación sistemática de los derechos humanos que se está realizando por parte del gobierno de Moscú en Ucrania. En este sentido, cabría preguntarse si es posible llevar a Putin y a los generales de su ejército al Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad. La respuesta es que, por el momento, resulta imposible, sin embargo se están dando pasos importantes, dado que Karim Khan, el fiscal del Tribunal Penal Internacional, a petición de Ucrania, ha comenzado a investigar y ha solicitado que la Sala de Cuestiones Preliminares dicte una orden de detención contra Putin.

Se trata, sin duda de un procedimiento complejo y difícil concreción en la media en que se encuentre parapetado en el Kremlin. No obstante, resulta oportuno destacar, con el fin de ir recabando pruebas jurídicas de carácter penal, que  el ataque armado realizado por Rusia contra Ucrania ha violado el artículo 2 (4) de la Carta de las Naciones Unidas que determina la prohibición del uso de la fuerza de un Estado contra otro y que, por tanto, se trata de un acto de agresión que ha violado el derecho a la soberanía de Ucrania y el respeto a su integridad territorial.

La agresión contra Ucrania ha desencadenado graves violaciones del Derecho internacional humanitario,  en particular los ataques contra la población civil  y objetivos no militares que constituyen crímenes de guerra. Deberá tenerse en cuenta que en el marco del Derecho internacional se consideran nulos a todos los efectos los modos de adquisición territorial realizados mediante la amenaza o el uso de la fuerza y, por tanto, resultan inadmisibles los pretendidos nuevos Estados independentistas de Donetsk y Lugansk.

Sin duda, nos encontramos ante un acto de agresión tipificado en el artículo 8 bis del Estatuto de Roma. Si bien y dado que estos Estados no han firmado el Estatuto de Roma, cabe, no obstante, la posibilidad de poner en marcha un Tribunal Penal ad hoc que ya ha sido propuesto por Dmytro Kuleva, ministro de Exteriores ucraniano, con la idea de que en algún momento se produzca un cambio radical de régimen en Rusia y la cúpula pueda ser juzgada del mismo modo que se hizo en la antigua Yugoslavia o en Ruanda.

¿La ‘isla del mundo’?

El balance podemos realizar de estos meses de contienda nos indica que, por el momento, no da ni vencedores ni vencidos, pero que en todo caso ha está dejando una ristra de cadáveres inocentes que reflejan, como he apuntado más arriba, un modelo trasnochado de contienda que viola los más elementales criterios de humanidad. 

A todo ello, cabe sumarle la insinuaciones por parte de los líderes rusos, ya sea tanto por parte de Serguei Lavrov como por parte de Dimitri Medvédev, que si el conflicto se amplia cabe la posibilidad del uso de armas atómicas. Tengamos en cuenta que la Doctrina Nuclear Rusa elaborada el 2 de julio de 2020, establece, entre otros, cuatro puntos preocupantes en los que la Federación puede activar sus ojivas nucleares: cuando existan datos fiables del ataque con misiles contra el territorio ruso; del uso en su contra de armas nucleares o de destrucción masiva; de ataques contra estructuras críticas de carácter militar o gubernamental; y la más preocupante, cuando un ataque convencional ponga en peligro al Estado ruso. Con estas mimbres la opción nuclear está servida, si bien cabe esperar que reine la sensatez y el sentido común.

Para concluir estas reflexiones cabe preguntarse sobre cuáles son los intereses que despiertan la avidez territorial sobre esta zona del mundo y resulta cuanto menos original y sugestivo el análisis que realiza el geógrafo Halford Mackinder. Cuando en una conferencia en 1904, habla del Heartland y nos dice que este pivote geográfico se estructura entre Rusia, Ucrania y Bielorusia y que constituye lo que este autor interpreta como la «isla del mundo». Apunta Mackinder, que «quien gobierne el Este de Europa, gobernará el Heartland, y por tanto, gobernará la isla del mundo y gobernará el mundo».

¿Hay algo que se nos está escapando a los  analistas?


Juan Manuel de Faramiñán Gilbert es catedrático emérito de la Universidad de Jaén y también investigador senior ssociado del Real Instituto Elcano.

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