Hay mucha gente que cree que la política italiana es una especie de ópera bufa, donde cada acontecimiento es fruto de una serie de casualidades, o de situaciones caóticas descontroladas. Pero no es así, los entresijos y los constantes equilibrios institucionales demuestran que muchas veces existe un cálculo político previo en cada acción. Y hay una continuidad de pactos entre cortinas completamente metódicos muchas veces, y aquello que nos puede parecer obvio y rotundo desde fuera, desde dentro ya no lo es tanto. Hay quien apunta que Giorgia Meloni, con su posible triunfo electoral, tenga la silla de presidenta del Consejo de Ministros asegurada, pero quizás no.

Según las encuestas, el bloque de la coalición de centro-derecha conseguiría la mayoría absoluta, y no solamente esto, si no que puede llegar a los dos tercios en ambas cámaras, Senado y Cámara de Diputados, porque el voto uninominal se decante en casi su totalidad para ellos. Es decir, tendremos el poder legislativo italiano, si los sondeos no se equivocan en exceso, en manos de la coalición de centro-derecha formada por Fratelli d’Italia, Lega, Forza Italia y Noi Moderati. Durante la campaña electoral la coordinación entre los cuatro partidos ha sido ejemplar, y ha destacado más frente una izquierda y un centro progresista que hasta el último momento han sido un hervidero de desacuerdos, renuncias y escándalos internos. 

Pero a pesar de que haya una sólida coalición de centro-derecha, y los pactos estén asegurados entre ellos, y por ende, la estabilidad de la legislatura también, quien ocupe cada lugar no es algo que nunca haya estado muy asegurada. Existe una gran probabilidad que si los resultados son como los plasman las encuestas Giorgia Meloni se convierta en la primera presidenta del Consejo de Ministros de Italia. Pero también podría ocupar un cargo de primera espada del gobierno, y que el primer ministro sea otra persona. 

A lo largo de la llamada popularmente Primera República, que va desde la proclamación en 1946 hasta 1994, sucedió en diferentes ocasiones que a pesar de que ganara la Democracia Cristiana como primera fuerza, y existiera una coalición anti-PCI con el resto de los partidos, fueron el liberal Giovanni Spadolini, del Partido Republicano, o el socialista Bettino Craxi quienes estuvieron al frente del gobierno. Y durante la Segunda República, que va de 1994 hasta hoy, el papel de los independientes como figuras de consenso ha sido clave. Lamberto Dini, Romano Prodi, Giuseppe Amato o Giuseppe Conte son otros ejemplos de presidentes del gobierno que no eran líderes del partido más votado. 

Es posible que tengamos un perfil técnico al frente del nuevo gobierno para así no desgastar a ninguno de los integrantes de la coalición»

Es por este motivo que quizás, a pesar de que el resultado parezca asegurado, finalmente nos encontremos con sorpresas. Esto no significa que Meloni pierda relevancia política, dirigirá la fuerza más votada, según las encuestas, tanto en el Senado, como en la Cámara de Diputados. Pero es posible que tengamos un perfil técnico al frente del nuevo gobierno, para así no desgastar a ninguno de los partidos integrantes de la coalición. 

Matteo Salvini, desde su escaño en el Senado, marcó muchas veces el posicionamiento de la derecha y de la izquierda, los primeros porque su discurso era popular, los segundos porque hacían un discurso a la contra de lo que él decía. Y por otro lado Giuseppe Conte, que a pesar de ser presidente del Consejo de Ministros después de un acuerdo entre Luigi Di Maio (M5S) y Salvini (Lega), su figura llegó a ser irrelevante porque fue su gabinete ministerial la parte protagonista. La política italiana es así, a veces el protagonista no es quien tiene el primer papel de la obra. 

En conclusión, tendremos que estar atentos a los entresijos que surjan después de las elecciones de este domingo. Por un lado, comprobar si la coalición de centro-derecha es tan estable como se quiere demostrar, ya que los posicionamientos de Meloni sobre Rusia, muy crítica con Putin, la distancian de Salvini y Berlusconi, condescendientes con el líder del Kremlin, así como también sobre la integración europea y la OTAN. Y por otro lado, si estas diferencias pesan tanto como para que que no consiga ser presidenta del Consejo de Ministros, y en su lugar pongan a un independiente, o bien a otra persona de algún otro partido de la coalición. Seguiremos pendientes. 


Guillem Pursals es politólogo, máster en Seguridad, especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.