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La defensa rusa colapsa y anticipa un gran desastre en Jersón: "No habrá buenas noticias en el futuro"

El ejército ruso abandona posiciones para evitar quedar rodeado e impedir la pinza total hacia Jersón, sobre cuya defensa empieza a cundir el pesimismo entre los analistas cercanos a Moscú

Soldados ucranianos izan la bandera en Limán, en la región de Donetsk, tras liberar la ciudad.

Soldados ucranianos izan la bandera en Limán, en la región de Donetsk, tras liberar la ciudad. EFE

Tras la caída de Limán y mientras mantiene los avances en el norte de Lugansk, el ejército ucraniano va con todo hacia el mar Negro siguiendo la orilla del río Dnieper. La contraofensiva del sur del país ha ganado aún más velocidad y en las últimas 24 horas ha conseguido liberar cerca de 30 localidades ante una Rusia en retirada, cuyas defensas en el norte de Jersón han colapsado. Moscú había marcado dos puntos para frenar el avance de Ucrania en esta zona: Dudchany y Davydiv Brid. Las dos cayeron este martes, obligando al ejército ruso a retirarse más hacia el sur todavía, con Ucrania estableciendo las bases operativas para un cerco total sobre Jersón.

Parece la gran batalla por venir en el desarrollo de la guerra. Y una con riesgos muy altos para Vladimir Putin. Jersón es una de las cuatro provincias ucranianas anexionadas a Rusia esta misma semana, junto a Zaporiyia, Donetsk y Lugansk. En todas se están produciendo batallas y avances de la contraofensiva ucraniana, aunque Moscú resiste mejor en Donetsk que en el resto. Perder Jersón, capital de uno de los territorios recién integrados, sería un golpe muy duro para la credibilidad interna del Kremlin.

Analistas como Alexander Kots, popular en Rusia por sus coberturas en el Donbás y sancionado por países como Reino Unido o Australia, subrayan que no cabe esperar milagros. «Me reprochan que provoco depresión en la gente con mis noticias y que debo ser positivo. Bueno, esto es lo que hay, no habrá buenas noticias en el futuro próximo. Ni en el frente de Jersón ni en el de Lugansk», escribía este martes en un duro mensaje en sus canales sociales.

«El cansancio se ha instalado en muchos de nuestros sectores tras un largo período de ofensivas en el que liberamos muchos territorios. Pero ahora ya no hay fuerzas para defenderlos», proseguía ante sus cientos de miles de seguidores. «¿Por qué? Porque no hay gente suficiente. Estas bofetadas en la cara eran necesarias para que todo el mundo entendiera cuál es la situación realmente», analizaba para justificar la necesidad de la movilización ordenada por Vladimir Putin.

Lo cierto es que la situación para Rusia es crítica en el sur. El ejército ucraniano ha presionado desde el viernes con una velocidad sorprendente, aprovechando la desorganización enemiga y avanzando más de 50 kilómetros en pocos días. En Dudchany apenas hubo batalla y Rusia huyó tratando de dañar la presa de tierra sobre la que pasa la carretera T-0403, que desciende paralela al río hasta Jersón.

Los reportes de canales rusos y ucranianos aseguran que los daños a la infraestructura no han detenido el avance. En el camino hacia Berislav y Nueva Kajovka, donde se ubica el único puente que cruza el río Dnieper entre Jersón y Zaporiyia, el siguiente checkpoint es Mylove, otros 15 kilómetros más al sur, también situado tras una pequeña lengua del río donde parecen haberse replegado las tropas rusas de la zona. Nueva Kajovka es, además, el epicentro de las canalizaciones que surten de agua potable a la anexionada Crimea.

«Debido al avance de las Fuerzas Armadas de Ucrania en dirección a Berislav y ante el riesgo de quedar rodeados, se tomó la decisión de retirar los contingentes hacia una nueva línea de defensa», decían los reportes militares rusos al mediodía, después de que hubiera caído no solo Dudchany, sino también Davydiv Brid, la otra localidad clave en la ofensiva ucraniana en la zona.

Este último municipio, donde se han producido enfrentamientos durante meses, ha caído finalmente del lado ucraniano, que izó la bandera en sus torres a última hora de la mañana. Su toma es importante porque abre otro camino directo hacia Berislav, este sin ningún obstáculo acuático, y porque favorece el embolsamiento ruso hacia el Dnieper, que ya se está produciendo.

«Para evitar el incipiente embolsamiento», analizó en su canal de Telegram el ex líder militar de Donetsk, Igor Girkin, Rusia abandonó sus posiciones en Davydiv y todas las localidades de su alrededor: «La retirada continúa. Aparentemente, el objetivo de nuestra comandancia es reducir el frente, al menos hasta crear un frente continuo y no focal, que proteja Berislav y Nueva Kajovka».

Las perspectivas, sin embargo, no son buenas. «Sin la incorporación inmediata de reservistas ni el lanzamiento temprano de contraataques, la situación puede ser amenazante para la propia Jersón», analizaba un popular canal militar ruso en Telegram. «Las fuerzas armadas de Ucrania están a menos de 30 kilómetros de Berislav, uno de sus objetivos más importantes», añadía otro.

«Ante la imposibilidad de mantener la línea defensiva», se explayaba un informe de situación del grupo Rybar, la retirada era «la única opción aceptable para conservar personal y equipamiento». Precisamente, en su retirada las fuerzas rusas están dejando atrás material muy antiguo o mal conservado, documentado por Ucrania para incidir en la imagen de un enemigo mal preparado y desmoralizado.

En ese mismo informe de situación, se advertía de que «la ausencia de represalias y de contraofensivas en un futuro cercano propiciará la amenaza ucraniana sobre Berislav y Nueva Kajovka, así como sobre Jersón desde Posad-Pokrovske y Snigurovka«. La referencia a estas dos últimas localidades, ubicadas al oeste y al norte de Jersón, da cuenta de la dimensión de la amenaza. Ucrania no sólo avanza por el Dnieper, sino que está tejiendo la tela de araña sobre la ciudad desde todos los frentes, ofreciendo a los rusos una salida hacia el mar o hacia Crimea, o bien un asedio total.

Cabe destacar que Jersón, situada a orillas del río, sólo cuenta con el gran puente Antonovskiy para cruzar a la otra cuenca. Una infraestructura sobre la que Ucrania lleva golpeando meses con los HIMARS, pero que será más vulnerable cuanto más se acerque el avance de la contraofensiva. La duda para Rusia en ese punto será marchar mientras sea capaz de hacerlo o quedar atrapado en una trampa perfecta.

El riesgo para Crimea de la toma de Jersón

«Los rusos en Jersón están en una situación muy complicada, las vías de abastecimiento están prácticamente cortadas, la población local es tremendamente hostil -en gran parte gracias a como se portaron los rusos en Mariupol- y el avance ucraniano no da tregua», comenta a El Independiente el analista Victor Vasilescu.

El riesgo máximo es que los ucranianos completen la pinza cruzando el Dnieper sin necesidad siquiera de tomar Nueva Kajovka. «El control de las fuerzas armadas ucranianas de la ribera del Dnieper es un riesgo inminente para los contingentes rusos al otro lado», alerta el último informe de Rybar. «Ucrania, dado que no tiene oposición, sería capaz de organizar un desembarco en la otra orilla usando pequeñas lanchas y embarcaciones, de las que disponen en número suficiente», abundaba.

Cruzar el río daría a Ucrania la opción, una vez solventado Jersón, de avanzar hacia Melitopol desde el norte, a través de Zaporiyia, y desde el oeste, tras cruzar el río. Una hipótesis aún lejana -Melitopol está a 100 kilómetros de Zaporiyia y a 130 kilómetros del Dnieper-, pero una amenaza incipiente para Rusia en una ciudad de gran importancia estratégica, que actúa como principal puerta de acceso a toda la logística rusa estacionada en Crimea. «Solucionar este problema debería ser una prioridad y requiere una respuesta inmediata», clamaban este martes los canales de Telegram rusos.

Vasilescu coincide en que cualquier amenaza sobre Crimea, anexionada desde 2014, sería la gran línea roja para Putin en su invasión de Ucrania. «Jersón es la llave a Crimea y realmente, de todo lo anexionado, Crimea es lo único que le importa al ruso medio y de lo que se tiene conocimiento en Rusia. El mismo Zelenski en el discurso de antes de la invasión decía que ningún ruso sabe lo que son Donetsk y Lugansk, mucho menos Jersón y Zaporiyia», explica el analista.

«Putin quiere agarrarse a Jerson y Zaporiyia como puente terrestre hacia Crimea. Si pierde Jersón, Crimea está en peligro», ahonda. Si además siente la amenaza sobre Melitopol, tendría motivos de sobra para temer por la joya de la corona.

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