Europa

Rishi Sunak, un Caballero Jedi con trajes de Savile Row en el 10 de Downing Street

El nuevo primer ministro británico y su esposa Akshata, devotos hinduistas, tienen una fortuna superior a la del rey Carlos III

Rishi Sunak

Carmen Vivas

«Son los valores lo que importa, no cómo vayas vestido». A Rishi Sunak (Southampton, 1980), que lleva trajes de Savile Row de 5.000 euros y calzado de Prada, no le incomoda hablar de su riqueza, pero confiesa que los ciudadanos cuando ha hecho campaña nunca se lo mencionan. Los medios sí que resaltan cómo el nuevo primer ministro británico, el más joven desde hace dos siglos, es el doble de rico que el rey Carlos III. La fortuna de los Sunak (Rishi y su esposa Askshata) supera los 850 millones de euros. Pero cuando Rishi Sunak se refiere a su historia familiar habla del «sacrificio» que hicieron sus padres y de cómo la educación ha permitido su ascenso social. Confiesa que solo una vez se vio objeto de racismo cuando yendo con sus hermanos pequeños, escuchó como les llamaban «pakis» despectivamente.

Rishi Sunak, que es el primer jefe de gobierno de origen indio en la historia del Reino Unido, antigua metrópoli, es la quintaesencia de la conjunción de estos dos países, como el críquet, el deporte que llevaron los británicos a la India, donde despierta pasiones. Es una de sus aficiones, junto con el fútbol (fan del Southampton y de Le Tissier), aunque nada le gusta más que la saga de la Guerra de las Galaxias, sobre todo El Imperio Contraataca. De niño soñaba ser un Caballero Jedi: un monje guerrero que es capaz de aprovechar el poder místico de la Fuerza con fines pacíficos. Sus críticos precisamente le reprochan que su ideología política se basa en la ficción de George Lucas. 

Mis padres se sacrificaron mucho para que pudiera ir a buenos colegios… Esa experiencia cambió mi vida y por ello defiendo que todo el mundo tenga acceso a la mejor educación»

rishi sunak, líder de los ‘tories’

Sus abuelos, originarios del Punjab, emigraron a Kenia y Tanzania. Las dos familias se trasladaron a Southampton a mitad de los 60. Allí se conocieron los padres de Rishi y de sus dos hermanos menores, Yashvir y Usha. El padre ejerció como médico de cabecera y la madre fue farmacéutica. «Mis padres se sacrificaron mucho para que pudiera ir a buenos colegios. Tuve la suerte de estudiar en Winchester College, en la Universidad de Oxford y en Stanford. Esa experiencia cambió mi vida y como resultado defiendo con pasión que todo el mundo tenga acceso a la mejor educación». Tenía un solo uniforme en Winchester cuando sus compañeros podían cambiarse cuando querían. Pero estaba allí. A punto estuvo de no ir por carecer de beca pero sus padres se pluriemplearon para que tuviera esa oportunidad. Otros cinco ministros de Hacienda antes que él estudiaron en Winchester. Y son innumerables los jefes de gobierno y ministros que han pasado por Oxford.

Como pronto se dio cuenta, no se trata solo de acceder al conocimiento, sino también a los contactos, a quienes tienen el dinero y el poder. Sus relaciones en Winchester y Oxford le facilitaron su entrada en los círculos tories. En un documental titulado Middle Clases: Their Rise and Sprawl (clases medidas: su ascenso y expansión), un jovencísimo Sunak reconocía que tenía amigos «aristócratas, de clase alta, de clase trabajadora… bueno, no de clase trabajadora no». Y añadía: «Voy mezclando y luego voy a ver chicos de una escuela públicay les digo que soliciten plaza en Oxford y les hablo de gente como yo, y luego les sorprendo al final de charlar con ellos durante media hora y les digo que estuve en Winchester y que uno de mis mejores amigos es de Eton y lo que sea, y se quedan como: ‘Oh, vale'». Cuando le increparon los laboristas por estas declaraciones, Sunak replicó que eran «tonterías» de adolescente.

No todo lo que hacía eran tonterías. En ocasiones se ganaba un dinero extra en el restaurante indio de un amigo de sus padres en Southampton antes de ir a Oxford. «Llegarás lejos», solía decirle su jefe eventual. También solía hacer las cuentas los sábados en la farmacia donde trabajaba su madre. Allí aprendió lo importante que es saber de fiscalidad. «Piensa en números y páginas de Excell», suelen decir sus aliados. Quienes le han conocido en diferentes etapas de su vida confiesan que tenían siempre la sensación de que lograría lo que se propusiera.

A diferencia de otros colegas, Rishi Sunak, devoto practicante del hinduismo, no bebía y no se iba de juerga. Su mayor adicción era la Cocacola, lo más azucarada posible. La única gamberrada que se le recuerda fue cuando introdujo un televisor en el colegio para ver una final de fútbol. Siempre ha sido un chico bueno, cumplidor, impecable, raro, como sigue siéndolo ahora con su afición a los videojuegos, incomprensible para muchos de los sesentañeros de su partido. Desde joven es un convencido conservador, admirador de Thatcher, cuando en aquella época a la mayoría de su generación era el entonces primer ministro laborista Tony Blair quien les fascinaba.

Como Blair, Sunak es un gran conversador y muy seductor en las distancias cortas. Los tabloides le llaman dishy Rishi (Rishi, el guaperas). Sin embargo, a Sunak no le gustaba nada Blair por su acercamiento al SuperEstado europeo. Es un Brexiter convencido, de modo que la relación con la UE no va a mejorar.

Tiene el talento, la integridad y la humildad necesaria para garantizarnos un nuevo comienzo con mano firme»

gavin williamson, diputado tory

Cuando fue candidato a diputado en 2015 por Richmond, en North Yorkshire, un bastión conservador, confesaba a la revista Tatler: «Mis abuelos llegaron con lo justo desde un pueblecito de la India y dos generaciones después, su nieto tiene el enorme privilegio de aspirar a un escaño en los Comunes. Para mi familia la ruta ha sido la educación». Logró el escaño, que antes habían ocupado figuras totémicas del Partido Conservador como William Hague y Leon Brittan. Hague dice de Sunak que es «un conservador moderno no ideologizado». Para el diputado tory Gavin Williamson, tiene «el talento, la integridad y la humildad necesaria para garantizarnos un nuevo comienzo con mano firme». 

Una carrera meteórica

La carrera política de Rishi Sunak ha sido meteórica. Hace siete años ganó su escaño. En Westminster les sorprendió su inagotable capacidad de trabajo. Su gran salto lo dio con Boris Johnson, a quien apoyó cuando desbancó a Theresa May, al convertirse primero en secretario de Estado y luego en ministro de Hacienda en febrero de 2020. Boris Johnson y Rishi Sunak mantenían buena relación hasta que el verano pasado el entonces ministro de Hacienda saltó del barco. La situación de Boris Johnson era insostenible por el escándalo del Partygate.

Compitió por su sucesión y ganó el voto de los diputados pero las bases optaron por Liz Truss. Fue el primero que dijo que sus planes económicos eran insostenibles. Es precisamente su competencia económica su gran valor en un momento en que el Reino Unido ha de convencer a los mercados de que su economía puede enderezarse.

Sunak, que apenas era conocido cuando llegó al Ministerio del Tesoro, ha contado con la asesoría en comunicación de Cass Horowitz, el joven hijo del escritor Anthony Horowitz. Cass Horowitz es quien ha ayudado a crear una marca más amable, potenciando el lado humano del candidato. En Instagram se ve cómo cada vez interactúa con más naturalidad con los votantes o se muestra con sus padres en Wembley o rezando con su esposa. Los Sunak están bien relacionados con los medios: son amigos del director de The Spectator, James Forsyth, casado con la periodista Allegra Stratton, que estuvo en el equipo de comunicación de Sunak y de Johnson.

También fue supersónica su trayectoria en el mundo de las finanzas: a los 24 años ya trabajaba en Goldman Sachs, tras estudiar filosofía, política y economía en la prestigiosa universidad. En este sentido se asemeja a Emmanuel Macron, quien triunfó en el mundo de las finanzas antes de dedicarse a la política. Ambos son pequeños de estatura (1,70) y siempre parecen impecables. Están cómodos en su piel y orgullosos de lo que han conseguido. 

Sus colegas en Oxford creían que acabara siendo alguien en el mundo de los negocios. En la universidad fue presidente de la Sociedad de Inversiones de Oxford, que invitaba a personalidades del mundo de las finanzas. No fue extraño que acabara en Goldman Sachs, donde estuvo tres años.

Una boda de ensueño

Después logró una beca Fulbright para hacer un MBA en Stanford. Y en California conoció a Akshata Murthy, estudiante de Artes y Moda, hija de uno de los hombres más ricos de la India, Narayana Murthy, fundador de Infosys, una de las compañías que simbolizan en la actualidad el éxito de las nuevas tecnologías en el país. 

Narayana Murthy es un hombre austero y familiar, que adora a su yerno. Hijo de un maestro filosoviético, a Narayana se le borró de la cabeza cualquier acercamiento al comunismo cuando en un viaje a Bulgaria le recluyeron una semana sin agua ni comida por preguntar cómo era la vida allí. A principio de los ochenta, aplicó sus conocimientos de ingeniería a la informática y fundó de la nada una de las primeras empresas del sector.

Después de dos años en California, Rishi Sunak se trasladó a Londres de nuevo a trabajar en el sector financiero. Era el boom de los hedge funds. Le contrató The Children’s Investment Fund. Y se le daba bien porque es muy convincente y seductor. Sabe desplegar sus encantos y hacer que confíen en él. Parecía que había llegado a su meta. Pero pronto se abrirían otros horizontes personales y profesionales.

En 2009 se casó con Akshata en Bangalore. La fiesta duró dos días y asistieron políticos, empresarios y gente del espectáculo de la India. Fue todo un acontecimiento. Como sus inversores, su suegro es otro de los que ha caído en las redes de Rishi. Pronto le hizo director de Catamaran Investment, la firma de inversiones de la familia.

Uno de los problemas que tuvo Sunak como ministro de Hacienda estuvo relacionado con su esposa, que se atuvo a una posibilidad legal de pagar 30.000 libras como no residente y así no pagar por los beneficios obtenidos fuera del país. Finalmente acabó pagando al fisco para no perjudicar la carrera política de su marido. Akshata tiene una línea de ropa con su nombre, un centro de fitness, una línea de moda masculina New & Lingwood y, sobre todo, controla con su marido las inversiones de la familia con especial atención a las start-ups.

El talento para atraer dinero de Rishi Sunak es excepcional. Las posesiones de la pareja, que tiene dos hijas, Anoushka y Krishna, dan idea de su inmensa fortuna. Viven en una casa de cinco habitaciones en Kensington, uno de los barrios más exclusivos de Londres. Ahora la familia se trasladará al 10 de Downing Street, más modesto que su vivienda londinense, pero Sunak confiesa que le estremece pensar que allí residió Margaret Thatcher.

Tienen otro apartamento en la capital, en Old Brompton Road para visitas familiares, una residencia en Santa Mónica (California), desde donde se escuchan las olas del mar, y una mansión señorial en la pintoresca villa de Kirby Sigston con una extensión de terreno de cinco hectáreas. Allí organizan unas fiestas memorables en verano con champán, canapés y cierto toque a Downton Abbbey. De ahí que la prensa local le llame el maharajá de Yorkshire Dales.

Los Sunak han transformado la mansión en una especie de resort con piscina cubierta, gimnasio, estudio de yoga y cancha de tenis. El gasto de mantenimiento de la piscina puede elevarse a unos 12.000 euros. Como ministro de Hacienda, se hizo cargo de gestionar las ayudas a empresas y cuidadanos por la pandemia, lo que le hizo ganar popularidad. Ahora, sin embargo, tendrá que explicar a los británicos medidas de austeridad para contener una deuda superior al 97% y una inflación que supera ya el 10%.

Rishi Sunak ha sido elegido líder del Partido Conservador justo cuando empieza Diwali, la fiesta de la luz en la India, con gran poder simbólico. Es el triunfo sobre la oscuridad y marca el comienzo de un nuevo año. Jurará su cargo, como lo hizo en su anterior puesto en el gobierno, sobre el Bhagavad-gītā, libro sagrado del hinduismo. Como Caballero Jedi tiene una misión: la unidad el partido y del país. «Nadie que haga un buen trabajo tendrá un mal final, ni en este mundo ni el venidero», dice el texto sagrado. Es su guía.

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