Joe Biden se enfrenta este martes a su primer gran examen electoral desde que asumió la presidencia de Estados Unidos en enero de 2021. Las elecciones de medio mandato (midterms), que servirán para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado, así como también una gran variedad de cargos estatales y gobernadores, nos ayudarán a comprobar la persistencia de las grandes divisiones y movimientos sociológicos que lleva sufriendo el país desde hace más de una década.

¿Y por qué hablamos de una década? A pesar que la gran mayoría de elecciones de medio mandato se han caracterizado por castigar al partido que está en el gobierno, sin lugar a dudas, las elecciones de 2010 marcaron un antes y un después en la evolución de la vida política estadounidense. Fue entonces cuando el movimiento populista del Tea Party, formado por un grupo de gente inicialmente contraria al proyecto de reforma sanitaria impulsando por los demócratas (el Obamacare), imbuidos en un rampante conservadurismo fiscal y social, consiguió penetrar en la estructura del Partido Republicano (el senador por Kentucky, Rand Paul o Marco Rubio, por Florida, son hijos de este movimiento) e infligir una durísima derrota a los demócratas. Llegaron a dejarse seis senadores y 63 congresistas, el mayor descenso para un partido en unas elecciones de este tipo desde 1938. A partir de aquí, el Partido Republicano emprendió un viraje que lo fue acercando cada vez más al nacionalpopulismo que Donald Trump hizo suyo, con éxito, en 2016. 

Estas elecciones consolidarán los cambios políticos que hemos ido viendo a lo largo del último decenio: los republicanos arrasarán entre hombres blancos sin estudios universitarios»

Las elecciones de este martes consolidarán, con bastante probabilidad, los cambios políticos que hemos ido viendo a lo largo del último decenio. Es previsible que el Partido Republicano arrase entre hombres blancos sin estudios universitarios. Según el macro sondeo realizado por Edison Research, en las presidenciales de 2020, Trump consiguió que el 70% de este grupo votase por él, incluyendo el 63% de las mujeres con la misma formación educativa. La razón por la que es bastante segura una victoria republicana en Ohio o por la que Pensilvania está tan ajustada, se debe al gran giro hacia el GOP de esta parte del electorado, que en los estados del Rust Belt – el cinturón industrial cada vez más deprimido económicamente- constituye una parte destacable de la población. 

A su vez, los republicanos han intensificado su penetración electoral entre las minorías raciales, especialmente con los hispanos. A tenor del mismo sondeo anteriormente citado, el 33% de ellos apostó por Trump en 2020, cifra que se dispara a un 56% entre aquellos que son descendientes de inmigrantes cubanos en el estado de Florida. No es nada descartable que veamos cómo Marco Rubio o Ron DeSantis consiguen imponerse en los condados que corresponden a la ciudad de Miami, con fuerte presencia de hispanos cubanos.

El discurso contrario a todo lo que tenga que ver con el socialismo o la intervención del gobierno – alimentándose de las propuestas y declaraciones de las caras visibles del ala izquierda de los demócratas, como Alexandria Ocasio-Cortez o Bernie Sanders- ha penetrado paulatinamente en este segmento de población, cuyo recuerdo de los regímenes izquierdistas de algunos países de América Latina, los ha ido empujando cada vez más a favor de los republicanos.

Joe Biden es presidente gracias a que el 51% de votantes blancos con estudios universitarios marcaron su nombre en la papeleta, así como el 50% de los residentes en suburbios

Por el contrario, los demócratas, necesitan movilizar fundamentalmente a las personas con alto nivel educativo – progresivamente más alejados de la evolución populista del GOP-, residentes en suburbios y zonas urbanas. Joe Biden es presidente gracias a que el 51% de los votantes blancos con estudios universitarios marcaron su nombre en la papeleta, así como el 50% de aquellos residentes en los suburbios. Su desempeño en estas zonas del país, le permitió arrancar por la mínima estados como Pensilvania – el área metropolitana de Filadelfia fue la zona que más se movió a favor del demócrata en el estado- o Georgia – con los suburbios de Atlanta-.

Incluso la victoria de los demócratas en las elecciones de medio mandato de 2018, cuando arrebataron 41 escaños a los republicanos, se cimentó a base de capturar distritos localizados en zonas suburbanas que, en 2016, habían votado por la mínima al magnate republicano. Otro grupo esencial, aunque con una capacidad de movilización electoral más limitada, es el de la población afroamericana, cuyo impacto es significativo si se tiene en cuenta que el 87% de ellos votó a Biden hace dos años. 

En conclusión, los demócratas se encuentran remando a contracorriente y la historia nos enseña que, salvo que ocurra un evento de gran magnitud como el 11S o un intento poco claro de destituir al presidente, el partido en el poder se lleva un correctivo: el peso de los demócratas entre las minorías va lentamente descendiendo y el ambiente de elevada inflación y ralentización económica juega en su contra en zonas de suburbios y votantes con alto nivel educativo, al ser el partido que ha ostentado el poder en Washington en los últimos dos años.

Para hacernos una idea, según la encuesta de Gallup, la economía es un asunto extremadamente importante para el 49% de los votantes. Es la cifra más alta desde el 2010, cuando un 63% de los norteamericanos afirmaba lo mismo. A diferencia de 2018, donde los demócratas partían con la ventaja de estar en la oposición y poder centrar sus ataques en la cuestión sanitaria – tras los intentos de derogar la legislación del Obamacare por parte de los republicanos-, el frame de estas elecciones se juega en un campo bastante desfavorable para el partido de Joe Biden.

A pesar del impulso que vivieron gracias a la derogación de la protección federal del aborto por parte del Tribunal Supremo, el asunto de la interrupción del embarazo y la batalla ideológica subyacente han ido perdiendo fuelle a medida que las elecciones se han ido acercando. Los intentos a última de recurrir a este tema, o al del asalto al Capitolio de enero de 2021, parecen más un intento a la desesperada de mover la portería electoral y limitar los daños ante la probable victoria electoral republicana de este martes.


Tian Baena es politólogo.