Quienes le conocían bien aseguran que jamás se arrepintió de la decisión por la que pasará a la Historia. Benedicto XVI, fue el primer Papa en 600 años que renunció a su Ministerio petrino. Desde entonces, se especula que su sucesor, el Papa argentino Jorge Mario Bergoglio, que adoptó el nombre de Francisco I, podría seguir su ejemplo. Pero nunca lo haría con su antecesor aún vivo. El Papa emérito llevaba años con una mente lúcida y una salud frágil, en palabras de su fiel secretario George Gänswein. Este miércoles la preocupación volvía con motivo de las palabras de Francisco I, gran admirador del Pontífice nacido en Alemania. «Está muy enfermo. Pidamos a Dios que lo consuele y lo sostenga en su testimonio de amor a la iglesia hasta el final», ha dicho el actual Papa este miércoles justo antes de ir a visitarlo. Benedicto XVI cumplió 95 años el 16 de abril.

Fue el 11 de febrero de 2013 cuando, poco después de las 11 de la mañana, en una reunión del Consistorio dijo: «Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el Ministerio petrino». Lo hizo en latín y solo lo entendió Giovanna Chirri, vaticanista de la agencia Ansa, que dio la exclusiva.

El Papa alemán, considerado conservador, hizo así su propia revolución, que se haría efectiva el 28 de febrero. Estaba a punto de cumplir los 85 años. Hubo quienes especularon con que no lo hacía por voluntad propia y se hicieron eco de que era víctima de un complot internacional. Era tan inconcebible su decisión hasta ese momento que lógicamente dio pie a todo tipo de intrigas vaticanas. El único precedente se remontaba al siglo XIII: entonces fue Celestino V quien se retiró voluntariamente tras cinco meses en el Ministerio para volver a su vida de ermitaño.

En realidad, fueron muchos los problemas a los que tuvo que hacer frente Benedicto XVI, entre ellos el estallido del escándalo de la pederastia en la Iglesia, por lo que pidió perdón, y no se veía con la energía suficiente para seguir.

Joseph Ratzinger (Marktl am Inn, 1927) se atrevió en 2018 a anunciar su muerte. En una carta, entregada en mano y con el sello de urgente en la sede romana del Corriere della Sera, el Papa emérito reconocía que estaba perdiendo fuerzas lentamente. «En el lento debilitamiento de mi fuerza física, interiormente estoy en peregrinación hacia la Casa», confesaba el 5 de febrero de 2018 a los lectores, que se preguntaban por su salud.

«Es una gran gracia estar rodeado en esta última parte del camino, a veces un poco fatigante, de un amor y una bondad tales que no habría podido imaginar», escribió quien fuera Pontífice de la Iglesia católica durante ocho años. Sucedió al polaco Karol Wojtyla, Juan Pablo II, que falleció el 2 de abril de 2005. Fue el primer alemán que ocupaba el trono de Pedro desde 1523.

Benedicto XVI ha vivido su jubilación en el monasterio de Mater Ecclesiae de los jardines vaticanos junto a cuatro religiosas y su secretario personal, Georg Gänswein, quien ha reconocido varias veces que el Papa emérito se estaba «apagando como una vela». Ha conservado su lucidez pero hace ya tiempo que no podía disfrutar de una de sus pasiones, tocar el piano.

Veo cada día que era lo correcto… Se puede partir solo si nadie lo fuerza y así fue mi caso. Fue una sorpresa para todos», dijo a su biógrafo

Como confesó Joseph Ratzinger a su biógrafo Peter Seewald, «veo cada día que era lo correcto…Se puede partir solo si nadie lo fuerza y así fue en mi caso. Fue una sorpresa para todos». En su Alemania natal tardaron en confirmar la noticia porque creían que era una broma de carnaval. Acordaron que se le llamaría «Papa emérito».

Hubo voces críticas entonces porque evocaban como ejemplar el calvario del Papa polaco. «Uno no desciende de la cruz», había dicho el secretario de Wojtyla, el cardenal Stanislaw Dziwisz. Poco después de reconocer la debilidad de su estado físico, el sacerdote Alfred Xuereb, que había sido su secretario, decía en La Nación, cómo Benedicto XVI había realizado “un acto heroico y de amor por la Iglesia, cuya grandeza se va comprendiendo cada vez más”.

El teólogo Hans Küng auguró que sería «un Papa encubierto», pero finalmente no ha sido así. Los dos Papas, el alemán y el argentino Francisco I, no han sido íntimos pero se han respetado mutuamente. Al alemán su sucesor le parecía “un soplo de aire fresco”, en palabras de Gänswein, y el jesuita Bergoglio le consideraba un experto en teología. El jesuita había quedado segundo en el cónclave que eligió a Ratzinger como Papa en abril de 2005.

Como Prefecto para la Doctrina de la Fe, recogió los documentos aprobados y redactados en el Concilio Vaticano II e hizo interpretaciones para dar respuesta a los problemas diarios. Fue estricto con algunas cuestiones, pero sus reflexiones contribuyeron a aclarar las dudas de los creyentes.

Benedicto XVI y Francisco I en uno de sus encuentros en El Vaticano.
Benedicto XVI y Francisco I en uno de sus encuentros en El Vaticano. EFE

Desde que se apartó voluntariamente, y pese a quienes veían complicada la convivencia de dos Papas, Benedicto XVI actuó con discreción. Raras veces rompió su silencio ni acaparó los focos. Al inicio del Pontificado, apareció en algunas celebraciones especiales pero hacía ya tiempo que apenas salía de su residencia. En su residencia se ha volcado en la oración, la lectura y la música. La lectura de prensa italiana y alemana era otro de sus hábitos hasta que tuvo energía.

En septiembre de 2016 se publicaron las Últimas Conversaciones, un libro de reflexiones que escribió el alemán Peter Seewald, donde explica cómo el texto de la renuncia fue de su puño y letra, y que lo hizo unas dos semanas antes del anuncio. «Lo hice en latín porque las cosas importante se hacen en latín».

Sobre sus años al frente de la Iglesia, hacía autocrítica, sobre todo, por «su falta de determinación» a la hora de «gobernar y tomar decisiones». Ratzinger , que había sido Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, era más teórico que hombre de acción. Quizá por ser hombre de dogma pudo permitirse dar el paso de retirarse cuando vio que perdía fuerzas.

Muy conservador en la interpretación de la doctrina (por ejemplo, favoreció la celebración de la misa en latín), dudó en exceso a la hora de afrontar el tema de los abusos sexuales de sacerdotes católicos. Habló de «suciedad» y «soberbia» de «quienes deberían estar entregados al Redentor», pero no adoptó medidas. Finalmente se disculpó. Esa rémora aún pesa sobre el Pontificado del argentino Bergoglio.

Disculpas por el Holocausto

Nacido en la localidad bávara de Marktl am Inn el 16 de abril de 1927, en su juventud estuvo en las Juventudes Hitlerianas, lo que reconoce en su autobiografía. En la enseñanza secundaria era una obligación hacerlo. También sirvió en una unidad antiaérea que protegía una planta de BMW cerca de Múnich Después de la derrota del III Reich, estudió Teología y Filosofía. En 1951 fue ordenado sacerdote.

Durante años ejerció como profesor de Historia del Dogma en universidades alemanas. Tanto los historiadores como los colectivos judíos reconocieron que esta experiencia era común entre los jóvenes de su generación. También fue uno de los firmes defensores de que el Papa Juan Pablo II expresara las disculpas por el papel de los católicos durante el Holocausto.

Sin embargo, cometió el error de levantar la excomunión al obispo británico Richard Williamson, que fue expulsado de la Iglesia en 1988 y en 2009 hizo comentarios negacionalistas del Holocausto. Al parecer, Ratzinger desconocía su negacionismo y su perdón sí que indignó a la comunidad judía internacional.

En 1977 fue elegido cardenal y arzobispo de Múnich y Friesing. El Papa Juan Pablo I le encomendó la Prefectura de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Sucedió a Juan Pablo II el 19 de abril de 2005.

Al año siguiente publicó su primera encíclica, Deus caritas est. Su obra teológica es inmensa, más de un centenar de libros, pero se considera que su legado espiritual se condensa en su Jesús de Nazaret.

«El discípulo que camina con Jesús se verá implicado con Él en la comunión con Dios. Y esto es lo que realmente salva: el trascender los límites del ser humano, algo para lo cual está ya predispuesto desde la creación, como esperanza y posibilidad, por su semejanza con Dios», dejó escrito el Papa emérito. Esa ruta ya la ha emprendido a ojos de los creyentes.