La tercera ronda de conversaciones entre Marruecos y el Frente Polisario, celebrada esta semana en Washington bajo auspicios de la administración Trump y la ONU y rodeada de un denso mutismo, ha concluido sin avances. Las dos partes en liza siguen enrocadas en posiciones completamente antagónicas, según ha podido saber El Independiente.

Fuentes conocedoras del estado de las discusiones reconocen a este diario que el nudo gordiano continúan siendo los conceptos de autonomía y derecho a la autodeterminación que mantienen como respectivas banderas Rabat y el Polisario. Para la monarquía de Mohamed VI, no existe más discusión que el proyecto de autonomía ampliado con respecto a la propuesta inicial de 2007 y contenido ahora en un documento de 40 páginas. La organización saharaui, en cambio, insiste en considerar irrenunciable el derecho de autodeterminación y defiende que el pueblo saharaui debe ser consultado sobre el futuro que desea para la ex colonia española, ya sea integración total; autonomía o independencia.

Autonomía o autodeterminación

El proceso de negociaciones está pilotado por el emisario estadounidense para África, Massad Boulos, con el respaldo del embajador de EEUU ante la ONU, Michael Waltz. Está, además, copresidido por la ONU a través el enviado personal del secretario general para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura. En la mesa se sientan el ministro marroquí de Exteriores, Naser Bourita; su homólogo de la República Árabe Saharaui Democrática Mohamed Yeslem Beisa, en calidad de representante del Polisario; y los jefes de las diplomacias argelina y mauritana, Ahmed Attaf y Mohamed Salem Ould Merzoug.

La tercera -la primera se desarrolló en enero en Washington y la segunda a principios de febrero en Madrid- no ha logrado cosechar progresos en medio de un bloqueo total entre ambas partes. Rabat mantiene que la única consulta es para validar el plan de autonomía mientras el Polisario subraya que el único que puede dirimir su porvenir es el pueblo saharaui ejercitando su derecho a la autodenominación como territorio no autónomo pendiente de descolonización ante la ONU. “Ni Marruecos ni el Polisario pueden arrogarse ese derecho”, insisten las fuentes consultadas por este diario.

La hoja de ruta de estas negociaciones parte de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad, impulsada en octubre por Washington, que prioriza la propuesta marroquí de autonomía como la base más viable para una solución política, justa y duradera aunque sin descartar el derecho a la autodeterminación del Sáhara. En estos momentos, hacer compatibles ambos principios tras una resolución que los expertos han criticado por su falta de solidez jurídica y su redacción contradictoria parece una misión casi imposible. Y, sin el mínimo consenso en este aspecto, resulta inviable avanzar en cualquier otro punto de las conversaciones.  

Los saharauis consideran que el mecanismo que más cerca estuvo de resolver el conflicto y que ya aceptaron en su momento es el Plan Baker II, presentado en 2003. Llamado formalmente “Plan de Paz para la Autodeterminación del Pueblo del Sáhara Occidental”, el texto contemplaba que el territorio se convertiría en una Región Autónoma del Sáhara Occidental dentro del Estado marroquí durante un período de transición de 5 años. Durante ese tiempo, la administración local sería compartida entre Marruecos (control de defensa y asuntos exteriores) y un gobierno saharaui autónomo (gestión interna). Tras esos 5 años, se celebraría un referéndum con tres posibles opciones: independencia, autonomía permanente o integración total en Marruecos. El Polisario lo aceptó porque garantizaba un referéndum con la opción de independencia, pero fue rechazado finalmente por Marruecos, ante el temor cierto de que los saharauis optaran por la independencia.

Uno de los interrogantes que abrió la nueva resolución del Consejo de Seguridad es cómo la ONU podría validar la política de hechos consumados: que aceptar sin más la autonomía sea considerado un ejercicio de libre determinación. Es el nudo de toda la madeja. Hay otros obstáculos, como la letra pequeña de la propuesta presentada. El hipotético Parlamento regional estaría integrado no solo por diputados elegidos por sufragio universal sino también por delegados de las tribus saharauis. El texto prohíbe el empleo por parte de las autoridades saharauis de banderas o escudos propios. Y luego está el referéndum de aprobación de la autonomía con la participación amplia de los colonos marroquíes, incluidos los militares, y su participación en los comicios regionales antes de que se cumplan diez años del inicio de la autonomía.

Manifestación ‘50 años de resistencia del pueblo saharaui’, a 15 de noviembre de 2025, en Madrid (España). | EP

Las dos partes tienen que perder

Pero el problema principal que priva a las conversaciones de cualquier progreso es que no se incluya ningún mecanismo que pueda obligar a Marruecos a celebrar un referéndum donde la autodeterminación se incluya como opción. Si el Polisario obtuviera una garantía a este respecto, el resto de los obstáculos podrían salvarse, señalan fuentes conocedoras de las conversaciones que admiten que la situación es delicada para ambas partes.

Resulta especialmente negativa para el Polisario. Podría ser la última oportunidad para lograr un acuerdo que permita una salida a un conflicto que acaba de cumplir medio siglo y que tiene a España como principal responsable tras abandonar el territorio en 1975 -entonces su provincia número 53- a las puertas de la transición hacia la democracia y el órdago lanzado hábilmente por Marruecos con La Marcha Verde. Las nuevas conversaciones, impulsadas por la aspiración de Trump de “resolver” conflictos alrededor del planeta, son una ventana de oportunidad limitada y en un contexto adverso con el creciente apoyo internacional a la propuesta marroquí y la pérdida de reconocimiento de la República Árabe Saharaui Democrática -esta semana Bolivia ha sido el país que le ha retirado su plácet-. A ese panorama se suman la amenaza de la designación del Polisario como organización terrorista; el posible fin de la Misión de la ONU; el brutal cambio demográfica cometido por Rabat en el Sáhara; la retirada de ayuda humanitaria para los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia); la perpetuación de un conflicto con recursos exiguos y el dolor que supone para el pueblo saharaui; o la posición de Argelia.

Tampoco resulta fácil la solución para Marruecos ante la exigencia de la administración Trump de una propuesta de autonomía “genuina y sustancial”, homologable con cualquier modelo de descentralización occidental como el propio español. La propuesta actual está lejos de ese principio y la aceptación de una autonomía amplia y con garantías para los saharauis -difícil en una monarquía absoluta- es un campo de minas para Rabat: sería abrir la puerta y alimentar las reclamaciones de los rifeños en el norte. Que el régimen alauí se vea obligado a estas alturas -con el respaldo internacional, las inversiones económicas en los territorios ocupados y su control del 80 por ciento del territorio- a negociar el fin del conflicto demuestra también que su dominio tiene grietas. Para las fuentes consultadas, la cruda realidad en ambos bandos podría servir a ese modo de abordar los conflictos del que presume el republicano, imprevisible y bajo su premisa de "thinking outside the box".

EEUU acepta el papel de la ONU

También se incide en un hecho que arroja cierto optimismo a un posible avance: a diferencia de otros conflictos, Washington no desempeña un papel hegemónico sino que, en el caso saharaui, los contactos son “copresididos” por la ONU. El portavoz de António Guterres, Stephane Dujarric, admitió el miércoles que la reunión sostenida los días 23 y 24 de febrero "abordaron cuestiones clave, incluida la autodeterminación del pueblo saharaui, tomando como base la propuesta de autonomía presentada por Marruecos en la resolución 2797 del Consejo de Seguridad".

Esto es alentador, pero aún se requiere un trabajo significativo, incluyendo la cuestión clave de la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental

"Las negociaciones se debatieron en profundidad, tomando como base la propuesta de autonomía de Marruecos, según la resolución 2797. Esto es alentador, pero aún se requiere un trabajo significativo, incluyendo la cuestión clave de la autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental, para alcanzar una solución mutuamente aceptable al conflicto", deslizó. Los encuentros son copresididos desde el pasado enero por Staffan de Mistura, enviado personal de Guterres, y el embajador estadounidense ante ONU, Michael Waltz.

La voluntad de EEUU de resolver el contencioso y la posibilidad de ejercer algún tipo de presión sobre Marruecos para que mejore las condiciones del plan de autonomía es percibido como una nota de moderado optimismo. Para fuentes al tanto de las negociaciones, no existe de momento una voluntad “sincera” de Rabat de llegar a un acuerdo que ponga fin a este largo conflicto, el más longevo de África, con implicaciones regionales notables, como recordó este jueves el portavoz del gobierno mauritano, El Houssein Ould Meddou. A su juicio, tiene un costo “humano, social, económico y político” cuyas consecuencias sufren Mauritania, Marruecos, Argelia y Túnez. Desde que en 2007 Marruecos presentara su propuesta de autonomía de apenas tres folios el reproche ha sido que obedecía a la táctica de “ganar tiempo” para cronificar el conflicto.

Entre los factores que podrían contribuir a una resolución está la “urgencia” de EEUU, que quiere logros tangibles. Un escenario en el que cabría la posibilidad de moverse hacia una autonomía inicial con salvaguardas y garantías con un horizonte de 10 o 15 años en el que se pudiera celebrar un referéndum a la escocesa y en el que evitara la situación de otros pueblos como el palestino, condenado hoy a su existencia en “una ratonera”, en una Franja de Gaza y una Cisjordania ocupadas.

De momento, no existe fecha ni lugar para la nueva ronda de conversaciones, las primeras desde la celebrada en Ginebra en 2019 y la ruptura del alto el fuego en 2020. Según la ONU, habrá más reuniones "según sea necesario", pero sin aportar más detalles.