Un avión comercial despegando del aeropuerto internacional Rafik Hariri de Beirut mientras columnas de humo se elevan sobre la capital libanesa y se escucha el estruendo de los ataques aéreos israelíes resume la fragilidad del momento. La escena, difundida en redes sociales, muestra cómo la aviación civil sigue operando en un entorno marcado por los bombardeos israelíes de este martes sobre distintos puntos de Líbano, incluidos barrios del sur de Beirut y áreas próximas a infraestructuras vinculadas a la milicia chií libanesa Hizbulá.
El aeropuerto —la única puerta aérea civil del país— permanece oficialmente abierto, aunque con fuertes restricciones, cancelaciones y ajustes de última hora en función de la evolución de la seguridad. Las autoridades libanesas no han anunciado su cierre total, pero numerosas compañías han reducido frecuencias o suspendido rutas ante el riesgo de una escalada. Cada despegue o aterrizaje se convierte en una operación calculada al minuto, pendiente de la situación en el espacio aéreo y de la intensidad de los ataques.
El contraste con otros puntos de la región es significativo. En los últimos días, grandes nodos de conexión como el aeropuerto internacional de Doha han llegado a cerrar temporalmente ante la amenaza de misiles y drones en el Golfo, alterando rutas intercontinentales y obligando a desvíos masivos. También otros espacios aéreos en Oriente Próximo han sido clausurados o restringidos, multiplicando las cancelaciones y dejando a miles de pasajeros varados.
Que Beirut siga operativo en medio de bombardeos activos evidencia tanto la necesidad del país de mantener su conexión con el exterior como el nivel de riesgo asumido. La aviación civil, extremadamente sensible a cualquier amenaza balística o incursión aérea, opera bajo protocolos estrictos cuando hay conflicto armado, pero la proximidad de explosiones y objetivos militares eleva la exposición de forma evidente.
La imagen del reactor ganando altura bajo un cielo surcado por humo no es solo un episodio puntual: es la fotografía de una región donde la línea entre infraestructura civil y escenario de guerra se vuelve cada vez más tenue.
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