«Seguimos las órdenes del presidente». El embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea, Gordon Sondland, ha confirmado que Donald Trump presionó a través de su abogado Rudy Giuliani para que el gobierno ucraniano investigara al hijo de Joe Biden, uno de sus posibles rivales en la carrera a la Casa Blanca en 2020, a cambio de favores, como una visita oficial a la Casa Blanca. Gordon Sondland no ha sido el único diplomático en rebelarse contra Trump. Ya lo hizo antes la ex embajadora en Ucrania Marie Yovanovitch.

Curiosamente son los diplomáticos estadounidenses quienes están dando ejemplo de valentía al testificar contra el presidente, en el proceso que podría derivar en su destitución, en caso de que los republicanos finalmente den de lado a Trump. De momento, no hay indicios de que haya posibilidades de que suficiente número de senadores republicanos se sume a los demócratas para destituir a Trump. Pero es cada vez más evidente que Trump trató de perjudicar a un rival político haciendo uso de sus prerrogativas como presidente. Y lo hizo con una potencia extranjera.

Gordon Sondland es un empresario de éxito que en la campaña electoral de 2016 donó un millón de dólares para que Donald Trump consiguiera la Presidencia. Nada sospechoso. Como otros grandes donantes, fue premiado con una embajada, en su caso la legación en la Unión Europea. Sin experiencia previa en política exterior, Sondland asegura que actuó de buena fe, con la intención de no perjudicar las relaciones entre Estados Unidos y Ucrania.

Las demandas de Giuliani se basaban en un intercambio de favores para concertar una visita a la Casa Blanca del presidente Zelensky», ha dicho el embajador de EEUU ante la UE

En su comparecencia en Capitol Hill, Gordon Sondland, un hombre corpulento y recio, fue contundente. El presidente le obligó a trabajar para su abogado Rudy Giuliani en contra de su voluntad. Su testimonio ante la comisión de la Cámara de Representantes que investiga a Trump, que es pública, ha sido demoledor, una auténtica bomba, según los medios estadounidenses.

«Las demandas de Giuliani se basaban en un intercambio de favores (quid pro quo) para concertar una visita a la Casa Blanca del presidente Volodimir Zelensky. Giuliani exigió que Ucrania hiciera pública una declaración en la que anunciara una investigación sobre el servidor del Congreso Nacional Demócrata en las elecciones de 2016 y Burisma, una empresa gasística en la que trabajó un hijo del ex vicepresidente demócrata Joe Biden. Giuliani actuaba a instancias del presidente Trump», ha declarado el embajador.

Y ha añadido por si había alguna duda. «Sé que aquí se han planteado las cuestiones más complejas bajo una simple cuestión. ¿Hubo un quid pro quo? Como he declarado anteriormente, puedo confirmar que en lo relativo a la llamada de la Casa Blanca y la visita sí hubo intercambio de favores».

Los demócratas estaban eufóricos. Las audiencias están siendo muy reveladoras y la mayoría ponen en cuestión el comportamiento de Trump. Como ha dicho el senador demócrata Chris Murphy, en su cuenta de Twitter, este testimonio de Sondland es extraordinario. «Cualquier estadounidense apenas necesitará 15 minutos para verlo o leerlo. Deja claro el esquema de corrupción… Hubo intercambio de favores y el presidente llevó la iniciativa».

El primero que debería caer después de esta bomba es Rudy Giuliani, abogado de Trump y quien se ocupa de sus negocios sucios, como se deduce de las comparecencias en este proceso de impeachment. Para que la destitución del presidente se hiciera efectiva, se necesitaría que la aprobaran dos tercios de los senadores, algo improbable en la actualidad. En el Senado los republicanos tienen mayoría, y además de momento no hay disidentes a la línea oficial que defiende que Trump es víctima de una caza de brujas.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, ex director de la CIA, es fiel a Trump y a Giuliani. Muchos de sus empleados ven cómo ha crecido una diplomacia paralela, sin control y sin normas. En ese mundo es posible paralizar un contrato de 400 millones de dólares en ayuda militar a una investigación sobre un rival político. Suena a película de gángsters.

Objetivo Yovanovitch

Antes que el embajador Sondland, los investigadores a cargo del proceso de impeachment escucharon el viernes 15 a la ex embajadora en Ucrania Marie Yovanovitch, la primera mujer en testificar. Al contrario que Sondland, Yovanovitch cuenta con una dilatada experiencia como diplomática. Ha estado al servicio de seis Administraciones, y de cuatro presidentes republicanos.

En la conversación de Trump y Zelensky hay referencias a la embajadora Yovanovitch, a quien el presidente de Estados Unidos critica con desprecio. Después de tres años en Kiev, primero el Departamento de Estado le ofreció quedarse un año más, pero luego rectificó y fue destituida en mayo pasado. «Me dijeron: ‘El presidente ha perdido la confianza en ti’. Después de 33 años al servicio del país, fue desvastador».

Me dijeron: ‘El presidente ha perdido la confianza en ti’. Después de 33 años al servicio del país fue desvastador», afirmó Marie Yovanovitch

Yovanovitch explicó cómo su destitución era un objetivo del ex fiscal general ucraniano Yuri Lutskenko, conocido por sus prácticas corruptas, quien habría hecho un favor político a Trump. Lutsenko difundió rumores sobre cómo desde Ucrania, con la participación de Biden, se conspiró en 2016 contra Trump. La ex embajadora trabajó activamente contra la corrupción durante su mandato.

«Cuando nuestros esfuerzos para luchar contra la corrupción estaban mejor encaminados, los ucranianos que querían mantener las viejas prácticas fueron a por mí… Lo que sigue sorprendiéndome es que encontraron estadounidenses que les ayudaron y que trabajaron contra quien era la representante de EEUU en Ucrania», dijo Yovanovitch.

Durante su declaración, Trump no pudo contenerse y esgrimió su arma de difamación masiva contra la ex embajadora. «Allá donde va lo deja todo hecho cisco. Ya le pasó en Somalia… y luego en Ucrania, desde donde el nuevo presidente se quejó», escribió Trump, quien defendió su derecho a destituir y designar embajadores.

Cuando leyeron el tuit a Yovanovitch, en plena comparecencia, dijo sentirse intimidada.

En declaraciones a Politico, Laura Kennedy, ex embajadora, con buenos contactos en el Departamento de Estado, señalaba: «La gente está harta. Hay un resentimiento que ya ha llegado hasta lo más alto. Los empleados tienen miedo. Están contentos por testimonios como el de Masha (Yovanovitch), Mike (McKinley), asesor de Pompeo ya fuera del cargo, y George (Kent), ex vicesecretario encargado de Ucrania, pero no están convencidos de que no haya represalias si levantan la voz»

Los dos funcionarios, McKinley y Kent también han comparecido ante los investigadores. McKinley confesó que había dimitido al ver cómo habían tratado a Yovanovitch, y al comprobar cómo Pompeo no defendía a los diplomáticos. Kent dijo que le habían dicho que mirara a otro lado si veía cómo las relaciones con Ucrania se llevaban por otros cauces fuera de la diplomacia.

Para William Burns, uno de los veteranos del servicio diplomático, ahora director del Carnegie Endowment for International Peace, el trato que da Trump a los embajadores y funcionarios del Departamento de Estado recuerda los tiempo del mccarthysmo, según expone en un reciente artículo titulado La demolición de la diplomacia de EEUU. «El daño de este asalto, ejecutado desde el Ejecutivo después de casi tres años de autosabotajes en un momento geopolítico muy delicado, es gravísimo, tanto en el servicio diplomático como en la política exterior».

El presidente Trump nunca ha sabido cómo tratar a los diplomáticos, y su primera apuesta como jefe de la diplomacia, el ejecutivo del petróleo Rex Tillerson, también terminó renunciando. Con su errática política exterior, dictada a golpe de tuit, ha dilapidado el trabajo de años de cientos de diplomáticos y funcionarios del Departamento de Estado. En un encuentro en Madrid, un funcionario del Departamento de Estado reconocía que con Trump todo es posible y lo contrario también.

Es un presidente inquietante. Ahora son embajadores de nueva hornada y experimentados, como es el caso de Sondland y Yovanovitch, quienes han dicho basta. Para muchos funcionarios, y colegas en el exterior son auténticos héroes. Es su momento. Ya no tienen nada que perder.